Capítulo 3
Paradise Lost
Aziel se enderezó un poco sobre su cama, observando la puerta
ahora. Era de suponer que tendría visita, puesto que le habían
encadenado a las barras metálicas de la pared, y sus pies
también estaban esposado. A pesar de eso, permanecía
sentado, a la expectativa. Al menos, esa noche, lo dejarían
dormir.
Jaken tecleó varios dígitos en el panel de la puerta
de la habitación de Aziel sujetando al chico aún dormido
en sus brazos -Kurosawa Jaken- dijo para que la puerta se abriese
respondiendo a su nombre y el sonido de su voz. Observó a
Aziel con seriedad y posó al chico dormido en el suelo frente
a él como si fuese carnaza.
Aziel paseó sus ojos dorados por el doctor sin demostrar
el más mínimo interés, hasta llegar al chico
en el suelo, con algo más de curiosidad. Se movió
un poco hacia delante, para observar mejor, haciendo que las cadenas
sonasen ligeramente. – Está dormido.... – comentó
más para sí mismo que para beneficio de alguien más
en la habitación.
-Ahora se despertará…- comentó el doctor quitándose
las gafas para limpiarse los cristales mientras salía por
la puerta -No vayas a lastimarlo… Es muy bueno, no como tú.
Deberías tomar ejemplo- sonrió levemente saliendo
al exterior y cerrando de nuevo la puerta.
Aziel lo siguió con la mirada, sin inmutarse por sus comentarios,
y luego su mirada regresó al chico en el suelo. Se echó
hacia atrás, apoyando la espalda en la pared, esperando.
No era común que tuviese compañía.
Kan movió un poco una mano en el suelo frío y entreabrió
los ojos. De nuevo las luces cegadoras de los fluorescentes sobre
su cara. No recordaba cuales de sus recuerdos formaban parte de
sus visiones y cuales de la realidad, pero siempre se desmayaba
tras padecer alguna de ellas. Recordó entonces, y se levantó
repentinamente para seguir corriendo ¿de nuevo se había
caído en su huída?
- ¿Adónde vas? No puedes salir de aquí. Eso
hasta yo lo sé. - murmuró el chico de cabellos celestes
como si estuviese hablando consigo mismo, pero aún mirándolo
con curiosidad.
-Me persiguen!... no….- el chico de cabello grana se alarmó
al ver al otro encadenado frente a él y se echó atrás
apoyando la espalda contra la pared. No, no lo perseguían,
estaba en una habitación cerrada, sí, ya lo recordaba,
el doctor Jaken lo había llevado a conocer a alguien -¿Qué
hago aquí?...- se preguntó a sí mismo llevándose
las manos a la cabeza y tratando de recordar. Se sentó en
el suelo con la cabeza entre las rodillas y alzó un poco
la vista para mirarlo -Qué…- dijo entonces al ver sus
alas sin atreverse a preguntar.
- No lo sé. Jaken-sensei te trajo. Esperaba que tú
me dijeras. – se inclinó un poco hacia delante preguntándose
cual era el motivo de todo aquello si ninguno de los dos sabía
lo que tenía que hacer. – Me dijo que no te lastimara.
– agregó, más por aclarar que porque pensara
hacerlo.
-Ah… pues no lo hagas…Sí… eso, mejor no
lo hagas- susurró el chico que sólo con escuchar que
le habían advertido no lastimarlo se asustó reculando
pegado a la pared hasta la esquina de la puerta lo más lejos
de la cama que pudo -Me dijo "te llevo a conocer a un amigo"…-
susurró el chico que ya estaba acostumbrado a la clase de
"amigos" que el doctor le presentaba - Estás encadenado-
dijo sin levantar la voz.
- ¿Amigo? – lo miró pensativo, sin captar del
todo. No tenía amigos ni sabía cómo sería
esa situación. Movió las cadenas como mostrándoselas.
– A veces me enfado. – explicó sin quitarle la
mirada de encima. – Pero te encerraron aquí, conmigo.
Mi nombre es Aziel.
-Yo Kan- contestó el chico mirando las cadenas con sus ojos
rojos nervioso y asustado. Era la primera vez que veía a
una persona como esa, con alas, aunque sí había visto
a muchos otros atados o encadenados y no era la primera vez que
le atacaban o incluso le herían -Siempre lo hacen…
para que vea- explicó el chico mirándolo a los ojos
entonces -¿Quieres que vea?
- ¿Acaso importa si quiero o no? Me estás viendo.
– le contestó un poco exasperado, aunque extrañado
también. Desvió la mirada unos momentos, posándola
en el piso. – Me gustan tus ojos.
El chico se llevó las manos a la cara tapándose los
ojos como para que no los viese y se levantó, aunque sin
moverse del sitio y sin despegarse de la pared destapándose
la cara de nuevo - Verte en mi mente…- esta vez le había
tocado uno que parecía bastante enfadado, él no tenía
la culpa de nada -… Si no quieres no lo haré aunque
tal vez lo haga cuando no esté contigo porque te recordaré,
una vez que los he visto puedo ver siempre en ellos, pero no cuando
lo deseo… simplemente … sucede, el pasado, el presente
o tal vez un posible futuro…- explicó acostumbrado
a aquella charla.
- ¿Para qué querrían que hicieras eso? Ellos
lo saben todo – lo miró, nuevamente hablando con tranquilidad,
y moviendo un poco sus brazos para acomodarse. Se preguntó
si podría ver lo que él veía, sus fantasías.
No quería que las viera, eran suyas, nadie más sabía
acerca de ellas. Se las quitarían.
-Sólo tú puedes saberlo todo de ti mismo… ellos
no pueden robarte eso- el chico lo miró a los ojos -Y nadie
puede saber el futuro, ni siquiera yo… porque continuamente
cambia- explicó atentamente -No sé lo que vería…
tal vez tu pasado, tal vez lo que piensas ahora mismo y tal vez
lo que será de ti en el futuro si las cosas no cambiasen…
Es tu decisión enterarte o no, porque de cualquier modo tal
vez lo vea, en otro lugar y en otro momento, dime ¿Qué
es lo que quieres?
- ¿Ya no estás asustado? – alzó la mirada,
estudiándolo, y se enderezó, agitando un poco sus
alas. Si podía hacerlo de todas maneras, lo mejor era saber.
– Mi decisión.......Hazlo.
El chico se echó atrás de nuevo cuando lo vio levantarse
agachándose al ver que agitaba aquellas enormes alas negras,
con el corazón batiéndole rápidamente en el
pecho -No…no estoy asustado, no mucho- dijo contrariamente
a su aspecto, levantándose de nuevo - pero no me hagas daño,
porque voy a tocarte - tragó un poco de saliva, acercándose
pegado a la pared donde no podía alcanzarlo con las cadenas
y parándose frente a él -¿Está bien?
Aziel alzó la cabeza, siguiéndolo con la mirada.
– No voy a hacerte daño. ¿Por qué piensas
eso? No tengo motivos...... – respondió pasivamente,
como si el hecho de estar encadenado y de que el doctor le hubiese
advertido, no fueran suficientes.
-No… - respondió el chico sonriéndole delicadamente
y acercándose hacia él pensando en que si no fuera
a atacarle no estaría encadenado y sobre todo que aquellas
alas impresionaban demasiado como para no temerle. Se paró
frente a él y levantó una mano temblorosa hacia el
chico apoyándola en su pecho -No me hables…- pidió,
cerrando los ojos y bajando la cabeza.
Aziel se limitó a mirarlo, observando la cabeza del chico
y luego bajando los ojos hasta la mano en su pecho. Bajó
el rostro, el flequillo resbalando alrededor, su cabeza sobre la
del otro chico, cansado.
El chico apartó repentinamente la mano del pecho de Aziel
cayendo al suelo arrodillado y sujetándose la espalda con
fuerza apretándose los homoplatos -Ahhhhhhh!!!! Noooo!!!-
sintió como las lágrimas bajaban por su rostro mientras
pasaba las manos por un suelo vacío palpándolo, sintiendo
aquel terrible dolor, allí estaban sus alas, se las habían
arrancado -Noh... noh…- dijo tanteando el suelo como un poseso
-mis alas…- Él no tenía alas "no tengo
alas, no tengo alas" se repitió mentalmente, la sangre
comenzó a brotar de su espalda empapando su camisa un momento
antes de que cayese al suelo completamente agotado en aquel charco
de sangre sin sentido ya que en su espalda no había herida
alguna.
Pero ya había pasado lo peor, ya se había desprendido
de su mente y ahora sólo era un "vigía del tiempo",
así lo llamaba el doctor Jaken. Ahora vería, pero
no podrían dañarlo.
…………………….
El inmenso azul del cielo, el mar…estaba en algún
lugar perdido entre las montañas, no lo conocía y
tampoco lo había visto antes en ninguna de sus visiones.
Alzó la vista acostado en la hierba, algo le indicaba que
debía hacerlo. Allí en lo alto, entre las nubes, allí
estaba, volando, no, sus alas eran blancas y su cabello blanco como
la nieve, no era Aziel, pero era majestuoso, su sola visión
le hacía sentirse bien.
Hombres, pisadas a su espalda, se giró rápidamente
para ver a aquel grupo de hombres que se apostaban escondidos entre
la hierba
-… qué imprudente…- escuchó cómo
decía uno de ellos entre susurros apuntándolo con
un arma.
-No!! Escapa!! Huye!!- gritó desesperado Kan al ángel
que lo miró desde lo alto antes de ser atravesado por varios
dardos somníferos y caer al suelo en picado golpeándose
contra la hierba y rodando ladera abajo. Lo sabía, sabía
que no podía hacer nada en aquellas visiones y sin embargo
una y otra vez lo intentaba.
El chico de cabello rojo en la habitación se agotaba desesperado
mientras en su imaginación corría sin detenerse siguiendo
la trayectoria de aquella majestuosa criatura -No… no puedes
estar muerto…- se acercó a el volteándolo, había
una brecha en su frente donde brotaba la sangre. Alzó la
vista al escuchar el batir de unas enormes alas, una criatura se
abalanzaba sobre el, una criatura alada, una sombra negra de profundos
ojos dorados y larga cabellera negra.
-No!!- dijo abrazándose al joven en el suelo protegiéndolo
con su cuerpo.
Su voz resonó en la habitación de Aziel, y Kan se
abrazó aún más al chico -No… no…
por favor… que no se muera, que no se muera- repitió
aún inconsciente de que la visión se había
desprendido de él.
Aziel observó al chico que se abrazaba a su cuerpo, totalmente
confundido y moviéndose un poco. Una, porque nunca lo habían
abrazado y eso lo desorientaba; y la otra, porque no comprendía
qué pasaba. – ¿Qué sucede? ¿Qué
viste? ¿Estás bien? ... – pero no lo estaba,
estaba ensangrentado. Pero él no lo había lastimado.
O ¿lo habría hecho sin darse cuenta? No parecía
tener sentido ni le había pasado algo así antes. -
¿Kan? – lo llamó, súbitamente recordando
su nombre.
El chico abrió los ojos sintiendo el aroma extraño
de la otra persona contra su cara, el calor de su piel bajo las
ropas y se separó hacia atrás de golpe casi tropezando
con la pared a su espalda. Tenía poco tiempo, muy poco antes
de desmayarse, ya se sentía mareado -Ah… voy a quedarme
inconsciente…escucha, tus alas… tal vez traten de arrancártelas…
- dijo confundiendo la visión con un posible futuro - También
se de donde podrías proceder …¿lo sabes? De
dónde procedes…-
- ¿Mis alas? No, eso ya sucedió. –le respondió,
recordando. - Sólo es una ilusión, pero se siente
real.... – bajó los ojos meditando, y volvió
a alzarlos, observando al chico. – Pero estás sangrando.
Yo no continué sangrando......No procedo de ningún
lado. Sólo he estado aquí. – se echó
hacia atrás, observándolo fijamente, sin comprender.
-Ah… sí, a veces confundo…- dijo Kan -y antes
de separarme del cuerpo de quien veo a través, a veces siento
lo que siente… como esta vez… pero no me sucede nada…-
explicó agotado -Ellos te crearon a partir de otros dos seres…
les dieron caza y los abatieron…
- Otros dos seres......¿Quiénes? ¿Lo sabes?
– se inclinó un poco hacia delante, las cadenas sonando
nuevamente. – Había otros como yo, pero murieron. –
le explicó, como quien se limita a señalar un hecho.
-Un ángel… parecía un ángel, pero le
dispararon y cayó al suelo… Después otro vino
pero sus alas eran negras como las tuyas…- sintió que
cada vez se encontraba mas mareado y le tendió la mano para
que le ayudase a levantarse.
- Mis manos están atadas. – le recordó sin
ningún tipo de ironía, pero igual le mostró
el codo para que se ayudase, si de algo le servía. Lo miró
con curiosidad. - ¿Estás enfermo?
-Ah sí… lo había olvidado- dijo sonriendo sin
muchas ganas, tratando de alcanzar al chico de cabello celeste para
izarse -Estoy bien, sólo… un poco débil…-
aseguró haciendo un último intento por levantarse
cayendo al suelo de nuevo, perdiendo la conciencia.
- ¿Kan? ¿Kan? – lo llamó, inclinándose
un poco sobre su cama para ver al chico en el suelo. ¿Se
había dormido de nuevo? Esperaba que no se hubiese muerto.
Había decidido que le agradaba, aunque probablemente no lo
volvería a ver. Cerró los ojos, y una nube de luz
rodeó el cuerpo del chico inconsciente, por unos momentos.
No, no estaba muerto. Volvió a abrir los ojos, apoyando su
espalda en la pared.
El chico de cabello rojo ni se movió dormido en el suelo
aunque por unos momentos le había parecido sentir una enorme
calidez en su cuerpo. Se sentía desfallecido una vez más.
Hoy se había extralimitado con sus visiones, tratando de
averiguar acerca del doctor, se había forzado.
Shisou, abrió la puerta, observando al chico alado sobre
la cama, y arrodillándose luego junto al otro en el suelo,
para tomarle el pulso. - ¿Fuiste un buen chico. Aziel? –
alzó la mirada sonriéndole.
Sus ojos dorados lo observaron de manera fría. - Dijo que
provengo de dos criaturas. Un ángel y......
- Un demonio. – le respondió el doctor. – Eso
es lo que eres, mitad ángel, mitad demonio. – le aclaró,
sin ver la necesidad de ocultárselo. – Si prometes
portarte bien, te puedo desatar ahora.
- No tengo por qué lastimarlo. – sentenció
Aziel, casi como si se empezase a aburrir con la conversación.
- Bien. – Shisou le sonrió, poniéndose de pie,
sin que se le pasase por alto que a él no lo había
mencionado. Pero no lo consideraba una amenaza por más escenas
que formara, sólo un dolor de cabeza. Sacó una llave
de su bolsillo soltando las cadenas, y alejándose de nuevo
para tomar al otro chico en brazos. - ¿Ves como todo es más
fácil cuando cooperas?
Kan se abrazó enroscando los brazos en su cuello -Shisou
sensei, estoy muy cansado…- susurró apoyando la cara
en su pecho, agotado entreabriendo los ojos. Reconocía el
olor del joven doctor y no era que lo apreciara especialmente, pero
al menos nunca le había dañado al igual que Jaken
sensei. Ellos siempre lo trataban bastante bien y se sentía
protegido por ellos, no como con las demás personas de las
otras habitaciones, que solían a menudo atacarlo durante
las sesiones.
- Es natural que lo estés. Siempre haces bien tu trabajo.
– el doctor le sonrió complacido. Todo resultaría
tan fácil si los demás pacientes fuesen como él,
e hicieran lo que se les pedía. – Dime, ¿Aziel
fue bueno contigo? – le preguntó, sintiendo los ojos
dorados del chico en su espalda, mientras abría la puerta
para salir de la habitación.
-Sí- contestó el chico de cabello rojo alzando la
vista para mirar al doctor a los ojos -¿Podré verlo
de nuevo?- preguntó mirando atrás al chico alado.
Era majestuoso, aunque no daba la sensación de tranquilidad
que el ángel del sueño le había infundido.
Shisou se sorprendió ligeramente, pero volvió a sonreírle.
– Ya veo, ¿tanto te impresionó?. Pues no lo
sé, creo que deberé preguntarle a Jaken sensei, pero....por
mí, no hay problema. – le parecía una buena
manera de explorar mejor los poderes del chico. Además, se
sentía curioso por ver el efecto que la interacción
tendría en Aziel. Tal vez incluso, lograsen encontrar una
manera de que cooperase más. Se giró, observando al
chico a los ojos. - ¿Tú qué dices, Aziel? ¿Quieres
que vuelva?
El chico de cabello celeste posó su mirada en la de Kan,
y se cambió de lado de la cama, moviendo las alas, antes
de observar al doctor. – No es mi decisión. –
respondió serena, aunque altivamente.
-Gracias sensei…es bonito… - explicó Kan respondiendo
al doctor respecto a lo que le había preguntado sobre si
le había impresionado, y aún mirando a Aziel. Miró
al doctor de nuevo a los ojos abrazándose más a él,
agradecido porque no se opusiese a que lo visitara de nuevo-Tengo
mucho sueño, sensei.
El doctor se rió ligeramente ante aquel comentario, y observó
de nuevo al ángel/demonio, al que no parecía hacerle
tanta gracia. – Sí, supongo que lo es, pero no dejes
que te engañe su apariencia....¿Qué piensas
tú, Aziel? ¿Qué piensas de Kan?
- Me gustan sus ojos, pero lo asusto. – su mirada recorrió
la habitación, girando el rostro para observar la pared como
si allí hubiese una ventana. –También pienso
que se va a dormir de nuevo antes de llegar a su cama. – agregó
en un tono de voz que daba a entender que no deseaba contestar más
preguntas.
- Cierto, en eso tienes razón. Bueno, Kan, despídete
de tu amiguito. – se giró, para salir definitivamente
esta vez, y Aziel movió los ojos levemente, para robar otro
vistazo del chico pelirrojo.
Kan le sonrió a Aziel a pesar de que el chico no parecía
para nada sentir simpatía por él -Su aroma es como
el de las nubes…- dijo bastante adormilado mirando el cabello
de aquella extraña criatura mientras se cerraba la puerta
y agarrando la bata del médico con una mano tratando de permanecer
consciente -Sensei … ¿ya puedo dormir?- preguntó,
preocupado por tener más visitas que hacer.
- Sí, puedes dormir por ahora. Te lo has ganado. –
el doctor continuó caminando hacia su habitación,
pensando en que el chico había tenido suerte con Aziel. Era
difícil de descifrar cuando le iba a dar uno de sus ataques,
cambiaba de temperamento en cuestión de segundos. Sí,
definitivamente esas visitas podían beneficiar la situación,
aunque a decir verdad, no le desagradaba tener que utilizar sus
poderes de vez en cuando. Siempre era necesaria un poco de diversión.
El chico se bajó de los brazos del doctor que ya lo soltaba
frente a la puerta de su habitación y se abrazó a
él. Parecía que tal vez lo pudiesen despertar de nuevo
pero no le importaba si al menos no era ahora mismo cuando lo necesitasen.
Se apartó algo tambaleante quitándose la ropa ensangrentada
y tumbándose sobre la cama. Se preguntaba qué podría
ver durante ese sueño, esperaba que fuera algo tranquilo.
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