Capítulo
36
No Tengo Hambre
Rei salió por fin del baño, ya mucho más compuesto.
Casi ni miró al rubio, con lo cohibido que estaba. - Vamos,
salido, que aún no comemos.
Yoshi respiró acostado sobre la almohada, intentando recuperarse,
y se pasó una mano por el rostro limpiando sus ojos. Se sentía
por los suelos, con la moral destrozada y para colmo, había
cometido la estupidez de entregarle las llaves. Pero sabía
que Akira no mentía, de todos modos encontraría la
forma de entrar. Se subió los pantalones con algo de dificultad,
mirando a su alrededor. Si el moreno había querido mantener
el secreto, no había hecho muy buen trabajo. Había
rosas por todos lados. Se bajó de la cama, como mejor pudo,
y empezó a recoger de manera lenta. No sabía cómo
iba a explicar los desgarres nuevos.
-Voy- el rubio lo siguió sin sorprenderse de su encantadora
actitud -yo sere un salido pero tu no parecías muy disgustado-
le dijo acercándose a su oído, sintió como
le daba un subidon al recordar el tacto de la piel suave de su sexo
en la boca y apartó la mirada.
- Eso fue porque…! – el chico volvió a bajar
la voz, metiendo las manos en sus bolsillos, y mirándolo
a través del flequillo. -…no lo estaba. Y ya tonto!
No me hagas decir cosas vergonzosas!
Yoshi dejó las rosas, o al menos las que había logrado
recoger, a un lado en uno de los sillones. Era inútil intentar
esconderlo. Ya vería cómo lo explicaba luego. Estaba
atrapado. Por un lado, Akira lo había amenazado con matar
a su hermano si decía algo. Y por el otro, el hecho de mantenerlo
en la oscuridad respecto a eso, también podía matarlo.
No se fiaba mucho de la palabra del moreno. Entró al baño
para lavarse la sangre del pecho, haciendo una mueca de dolor al
tocar su pezón, y se cerró la camisa. A lo mejor,
no se daban cuenta.
Kamio lo miró sonriendo -yo tambien me averguenzo no creas…pero
no tenía ganas de dejar de tocarte- le confesó mirándolo
de soslayo, le paso la mano por el hombro suavemente mientras esperaban
a que les dieran la comida -cada vez me gustas más…
- ¿Sí? Pues no sé por qué. Serás
raro… - le contestó medio en broma, luego retiró
la mirada, murmurando casi en voz inaudible. – Tú también
me gustas a mí.
Yoshi se recostó en la cama, cerrando los ojos y cubriéndose
la cara con una mano. Cuando la enfermera por fin apareció
con su comida, fingió estar dormido. Sabía que lo
dejarían en paz.
El rubio lo miró con una sonrisa de medio lado, imaginaba
que para Rei decir algo asi era de lo más costoso -Gracias...por
decirmelo- inmediatamente cambió de tema -bueno y mejor subimos
que Yoshi ya te estara echando de menos porque es un pegajoso.
- Pensé que ya te llevabas mejor con él, ¿no?
– lo miró de soslayo burlonamente. – Puedes decir
lo que quieras, pero si estuvieras en su lugar…no creo que
quisieras estar sólo tampoco.
-Desde luego que no querría y me llevo con él perfectamente
sélo bromeaba- el rubio lo miró de soslayo -para cambiar
de tema, pero si quieres volvemos al que estábamos- dijo
como si a él no le importara hablar de aquello, echó
a caminar hacia el ascensor.
- No..no sé de qué hablas. – lo siguió,
fingiendo no acordarse del tema, y deseando que lo dejara pasar.
– Yo no recuerdo haber estado hablando de nada en especial.
-Tal vez estás amnesico y necesitas que te refresquen la
memoria- el rubio apretó sus nalgas pegandolo a el dentro
del ascensor, le beso el pecho y lo miró a los ojos -Hablábamos
de que te gusto mucho- lo soltó palmeándole el culo
al tiempo que las puertas se abrian -Vamos, vamos
- Aghhhhh tonto, no te tomes libertades conmigo! – le metió
una nalgada, pasando a su lado rápidamente y con el rostro
rojo.
-No me tomo libertades, tu mismo dijiste que soy tu novio y estas
son las clases de libertades a las que me da derecho mi título-
dijo entrando tras Rei en la habitación de Yoshi.
-Aaaaaaaajá…ni que fueras el conde Kamio. –
le dirigió una miradita escéptica, antes de darse
la vuelta para saludar a Yoshi. - ¿Cómo te sientes?
– su gesto se tornó de preocupación, el chico
no se veía muy bien, y no había tocado su comida para
nada.
El rubio se acercó tambien apartando un poco las sábanas
y sacándole el flequillo de la cara -¿Qué pasa?-
lo miró a los ojos -¿Por qué no llamaste si
te encontrabas mal?
- No, no quise preocuparlos. Sólo me sentí indispuesto,
no es nada. – les sonrió débilmente, haciendo
un esfuerzo.
- ¿Estás seguro, Yoshi? Si no quieres salir aún….
– le preocupaba que el chico estuviese peor de lo que pensaba.
A lo mejor estaba apresurando las cosas.
- No! – Yoshi lo interrumpió. Tal vez no pudiera hacer
nada una vez fuera, pero mientras estuviera confinado a esa cama,
estaba a merced de Akira. – No….no quiero seguir aquí.
Quiero ir a casa…..
Kamio le puso la mano en el pelo -Vale tranquilo...mañana
ya sales ... no te volveremos a dejar solo hoy ¿vale? yo
bajare a por la cena a la cafeteria y Rei se quedara contigo- se
echó atras para sentarse -¿y esas flores?
- Las….las trajo una enfermera. Parece que le agrado…
- sonrió algo nervioso.
- Pero están todas destrozadas. – Rei lo miró
con sospecha. ¿Por qué sentía que le ocultaba
algo?
- - Yo…es que….. me dormí encima de ellas. Es
todo.
Kamio cogió una de ellas que tenía en tallo roto
y miró a Yoshi sin creerse mucho aquello, pero no iba a meterlo
en un aprieto preguntandole más delante de Rei ya parecia
bastante incómodo -Vale, pero come un poco Yoshi ¿no
sera que comiste muhos caramelos?
- Creo que sí. No tengo mucha hambre. – lo cierto
era que se le había quitado cualquier trazo de apetito. Además,
no se sentía muy bien de estar siendo atendido de aquella
manera después de lo que había hecho.
- Anda, come un poco, te hará bien. – Rei le pasó
una mano por la cabeza, acariciando su cabello. Lo tenía
preocupado. Era natural que quisiere ir a casa, pero ¿y si
estaba siendo demasiado atolondrado? Tal vez el doctor tenía
razón, y debían dejarlo unos días más.
-Cómete la sopa y deja lo demás, venga- el rubio
le acercó la bandeja y cogio uno de los pétalos del
colchon estrujándolo entre los dedos.
- Está bien – el chico empezó a comer con lentitud,
obviamente sin muchas ganas. Lo hacía más bien por
complacer a Kamio y a su hermano. Y así, dejaban de hacerle
preguntas.
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