.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 33

Cleaning House

El tiempo había pasado de manera bastante apacible luego de solucionado el problema con el hospital, y estaban a un día de que le dieran de alta a Yoshi. Rei se levantó de la silla que ocupaba, y se fue a sentar al lado de Kamio en el sofá.
–Necesito que me hagas un favor. Quédate con Yoshi mientras voy a mi casa a limpiar una habitación, ¿vale?

El rubio se giró para mirarlo, si venía a sentarse a su lado tan amable, estaba claro que no era para darle un beso, era para pedirle un favor, y encima uno que no le gustaba nada.
–¿Por qué? No quiero, prefiero ir contigo –le dijo muy serio y algo molesto por la idea.

Rei lanzó un suspiro de contrariedad. Ya se esperaba algo así.
– Porque no puedo dejar a Yoshi sólo. No es un paseo, ¿sabes?

–Joder, pues ni que se lo fueran a comer. Tampoco tardarás tanto, podías dejarme ir contigo, ¿no?

–¿Y si le pasa algo, o si viene el doctor mientras no estoy? Además, sabes muy bien que se pondría nervioso si despierta y no nos ve a ninguno de los dos –lo empujó un poco con su hombro –. No seas pesado, anda.

–Está bien, me quedaré aquí muerto de asco, pero vete pensando ya como compensármelo –el rubio se levantó del sillón, claramente molesto –. Va, vete y acaba de una vez.

Rei se levantó, dispuesto a irse.
–Ni que fuera una tarea tan pesada. Ya me voy, estaré de vuelta para la comida –se giró antes de salir por la puerta –. Y Kamio, compórtate.

El rubio hizo una mueca con los labios, como para darle a entender que no hacía falta que le dijera eso.
–No sé qué pretendes que haga.

Rei se dirigió al ascensor con las manos en los bolsillos, pero sonriendo un poco. A pesar de todo, le hacía algo de gracia la actitud del rubio cuando no se estaba metiendo con él. Aunque no veía cual era el problema en quedarse sólo con Yoshi un par de horas.

Ya estaba en la calle, cuando Yoshi abrió los ojos, aún algo asueñado. Miró a su alrededor, pero sólo estaba el rubio.
–¿Y Noboru?

–Rei –remarcó Kamio, abriendo la ventana y aprovechando para fumar ahora que no podían regañarlo –. Se fue a arreglar una habitación para ti, porque como te dan el alta... ya sabes, ¿no? –dijo encendiéndolo por fin, y dándole una calada. Se le había olvidado comprar caramelos para entretenerse –. Pero tampoco te vayas a traumar, que no tardará nada.

El chico lo miró en silencio, para luego replicar con voz seria.
–No me traumo. A mi hermano no le gusta que fumes .

–Ya sé que no le gusta, pero ojos que no ven, corazón que no siente. A mí tampoco me gusta que se vaya, y se fue igual –dijo sin más, apoyando los codos en el alfeizar –Yoshi, ¿por qué nunca sonríes? –el rubio lo miró de soslayo.

–Yo sí sonrío, sonrío lo suficiente –lo miró igual de serio –. Sonrío cuando algo me hace feliz. ¿Tú por qué sonríes tanto?

–Sonrió porque me gusta sonreír, me veo más sexy, ¿ves? –le sonrió de medio lado, y pronto le entró la risa por la tontería que acababa de decir –. No me hagas preguntas raras, sonrió porque las cosas me hacen gracia, o porque soy feliz. Pero tu cara parece estar hecha de escayola –le reprochó, tirando la colilla y sentándose a los pies de la cama de Yoshi. A los pocos segundos ya se había dejado caer acostado de espaldas en el colchón –. Espero que nadie entrase en casa de Rei como en la mía –dijo apretándole un pie a Yoshi.

Yoshi se quedó pensativo, hasta percatarse de lo que el rubio acababa de señalar. Levantó la mirada con algo de alarma.
–¿Tú crees que alguien haya estado en su casa? –apretó un puño bajo las sábanas. ¿Y si Akira estaba allí? ¿Y si le hacía daño? –Debiste ir con él.

–No sé, ¿me has visto de adivino? Espero que no haya entrado nadie –se levantó de la cama –. Ya sé que debería haber ido con el, de hecho yo quería ir, pero no me dejó. Además –le pasó la mano por el pelo, dejándola sobre su cabeza –, no podíamos dejarte aquí solo. ¿Ya no te duele nada? –dijo deteniendo el meneo.

–Un poco, pero casi nada –miró hacia la ventana, aún preocupado, susurrando casi – . Espero que regrese pronto –luego dirigió su vista hacia el rubio –¿Te importa cómo me siento?

Kamio se giró de medio lado en la cama, y miró a Yoshi. Se apoyó en el codo con la cara un tanto pensativa.
–Tú eres tonto, ¿no? Pues claro que me importa como te encuentres. ¿Crees que te odio o algo así?

–No sé, a veces pienso que sólo lo haces por mi hermano. Porque se preocupa por mí y tú te preocupas por él –sacó las manos de debajo de la sábana, sujetándose una con la otra.

El rubio se levantó y lo abrazó, acariciándole el pelo.
–No, eso es una tontería, a mí tú me caes muy bien. Cuando estaba en tu mundo me quedaba contigo, ¿no? Si no me cayeras bien, no me habría quedado –el rubio se separó del chico, apoyándose en la ventana de nuevo –. Si Rei tarda, iré a buscarlo, tú no tienes miedo de quedarte aquí solo, ¿no?

–No, siempre y cuando él esté bien –claro que sí le daba miedo, pero le preocupaba más el que su hermano pudiera estar en peligro. Miró al rubio y le sonrió un poco, agradecido por su atención.

Kamio se vio un poco sorprendido por aquella sonrisa, y le sonrió también.
–Deberías sonreír más a menudo, te ves mucho mas macizo. Mucho más mono –puntualizó, corrigiéndose –. ¿Tú tampoco me crees con lo de que he visto a Akira ,verdad? –le preguntó.

–Yo… –se aferró más a la sábana, sin saber qué hacer. No podía decirle la verdad, pero tampoco quería que anduvieran por ahí a ciegas –¿Y si te dijera que sí te creo?

–¿Me crees? –el rubio se acercó a el, mirándolo fijamente –¿También lo has visto? ¿Lo has visto como yo? –el chico se había puesto nervioso sólo con ver que le creía, pero más nervioso le ponía pensar en como Yoshi podría haber llegado a verlo.

–Yo… –bajó la mirada para no delatar que mentía –Yo no he visto a nadie. Sólo digo que te creo. Pero… pienso que deberían tener cuidado. Mi hermano está equivocado respecto a Akira. Él…

Justo en ese momento, Rei abría la puerta de un sólo golpe, llevando una pequeña bolsa en la mano.
–¡Hey! –se sentía de muy buen humor –Pero qué caras de tragedia –se acercó hasta la cama, y sacó una bolsita de caramelos, entregándosela a Yoshi –. Toma. ¿Te sientes bien? –el chico asintió, aliviado de ver que no le había sucedido nada, y Rei se dio la vuelta, entregándole otra igual a Kamio –. Para ti, pesado. No fue tan malo, ¿verdad?

 


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