Capítulo 32
Cancer in the System
La mujer marcó el número de teléfono.
–Hola, buenas tardes, quería hablar con el doctor que se ocupa de
Yoshi –la mujer se sentó en el sofá, algo nerviosa de tener que
estar suplantando a alguien, y esperando que Kamio no hubiese echo
una de las suyas.
–Buenas? Aquí habla el doctor Hiroe. ¿Con quien tengo el gusto?
–Buenas tardes, soy la madre de Yoshi y Rei, mi hijo me dijo que
querían hablarme –dijo haciendo una voz un tanto estirada –, pero
yo ya estoy al corriente de lo sucedido, no veo qué problema hay
si es Rei quien esta haciéndose cargo de él.
–Con todo el respeto, señora, pero usted no ha visto a su hijo.
Está muy malherido. Me parece que lo mejor sería que viniera aquí,
y hablase con él. Tal vez después de verlo, quiera presentar cargos.
La mujer suspiró, a saber en qué la habían metido, presentar cargos...
–Entiendo, pero soy una mujer muy ocupada y confió en mi hijo, creo
que es lo suficientemente mayor y responsable como para decidir
en este caso –insistió –, yo sé que para Rei su hermano es lo más
importante –en realidad no tenía ni idea, pero era de suponer.
–Señora, lo cierto es que yo no puedo hacer nada sin su autorización.
Si eso es lo que decide, entonces eso es lo que se hará. Y no le
discuto que sus hijos estén muy unidos, o que Rei quiera lo mejor
para su hermano. Esa es precisamente la impresión que me ha dado,
pero si quiere mi opinión, lo protege de la realidad, y al final,
acabará haciéndole daño. Podría estar equivocado, pero he visto
muchos casos así, Yoshi no sanará emocionalmente, hasta que logre
dar una conclusión real a esto.
–Entiendo lo que dice, pero no creo que llevar a mi hijo a unos
tribunales y airear su desgracia ante un montón de gente sea el
modo, ¿comprende? Mi hijo tendrá el apoyo de profesionales cuando
salga, pero si él ha decidido no llevar a cabo esa denuncia, no
lo hará. No es un juguete sobre el que yo pueda decidir, haré lo
que esté en mi mano por él, pero respetando sus ideas. ¿Cuando le
darán el alta? –dijo deteniéndose en su disertación, ya casi le
había afectado como si realmente fuera Kamio.
–Como guste. Es su decisión, pero sea lo que sea que haga, por favor,
asegúrese de que reciba algún tipo de ayuda. Un ataque de esa magnitud
no es para tomar a la ligera –se oyó el movimiento de papeles al
otro lado de la línea –. Se le puede dar de alta en un par de días
como le dije a Rei, aunque mi recomendación sería que se quedará
algún tiempo más. Ya está fuera de peligro, pero requiere de muchos
cuidados. En todo caso, es decisión suya.
–Muchas gracias, doctor –la mujer agradeció de no muy buena gana,
aunque seguramente el hombre tenía razón. Ella habría respetado
la decisión de su hijo en un caso como ese –. Entonces que Rei decida,
lo dejo al cargo. Confió totalmente en su juicio, lo llevaremos
a un medico particular si es lo que Yoshi prefiere, buenas tardes
–dijo de nuevo para despedirse.
–Sí, buenas tardes. Ya sabe, si cambia de opinión, o necesita algo,
estoy a su disposición.
–Gracias –dijo la mujer colgando el teléfono, y de nuevo llamó,
está vez a Kamio.
El rubio tenía el teléfono en la mano y ya estaba nervioso esperando
aquella llamada.
–Hijo, he dejado a Rei a cargo como me pedisteis, pero espero haber
hecho lo correcto. El doctor me ha hablado de heridas graves, y
parece que sí fue muy claro que sufrió violación, ¿qué sabes tú
de eso?
Kamio sintió como se le revolvía un poco el estómago.
–No sé nada, sólo que no lo violaron, fue sexo consentido –dijo
en un tono de voz algo afectado.
La mujer frunció un poco el ceño, conocía a Kamio perfectamente,
y había notado algo extraño en su voz.
–Está bien, pon a Rei –dijo mostrando que no estaba muy convencida.
El rubio le pasó el teléfono a Rei, con cara de haber sufrido una
patada en la entrepierna.
El chico tomó el teléfono, preocupado por la cara de Kamio.
–¿Sí? Digo…buenas –le salió la voz algo temblorosa.
–Te he dejado al cargo, no sé qué piensas hacer con lo del alta,
pero a mi me dicho que aún dándosela en dos días, necesitará cuidados
y... me ha dejado bastante claro que fue una violación. ¿Estás seguro
de que no? –insistió.
El moreno suspiró aliviado, aunque aún algo nervioso por la mujer.
–Estoy seguro. No fue una violación –miró serio a Kamio –. No se
preocupe, yo cuidaré de él. Muchas gracias.
–Bien, si necesitáis ayuda, no dudéis en decírmelo. Sea lo que sea
que haya pasado, ¿vale, Rei?, cuida de tu hermano, y también de
mi hijo, que está muy solo –la mujer sonrió un poco al otro lado.
¿Por qué Kamio siempre tenía que andar en líos? –. Hasta pronto
–dijo colgando el teléfono.
Rei exhaló sonoramente. Al menos, eso ya estaba solucionado.
–Bueno, Kamio, ya no irás a la cárcel –se acercó sonriendo al otro
chico, abrazándolo y revolviéndole el cabello –. Y tú…dos días más
y sales de aquí –miró al rubio desde donde estaba –. Gracias, Kamio.
Y… puedes decirle a tu madre que no se preocupe, que no vas a estar
sólo –le sonrió de medio lado.
El rubio lo miró haciendo una mueca.
–Iros a la mierda, ella y tú –dijo sin más, a pesar de todo sonriendo
–¿Quien dijo que yo estaba solo? –se quedó tirado en el sofá con
las piernas cruzadas, y guardó el móvil, aliviado de que su madre
fuera de aquella manera, aunque en su voz había notado como si estuviese
molesta con él.
–Lo dijo tu madre, y parece que te conoce muy bien –le respondió
riéndose, y sentándose en una silla. Se sentía feliz, era como si
todos los obstáculos se hubieran apartado del camino. Al fin podían
seguir con sus vidas.
–Calla, las madres son unas incautas, además, creo que esta enfadada
conmigo –dijo levantándose –. No le faltan motivos, si supiera la
verdad, me cortaría los cojones –dijo pensando en alto, se apoyó
en la pared al otro lado de la habitación.
–¿Ves por qué no debes dejarte llevar por la polla? Hasta ahora
no conozco a ninguna con diploma de genio –el moreno le sonrió de
medio lado.
Yoshi los observaba comiéndose otro de los caramelos. Estaba feliz
de poder irse a casa, pero seguía sin comprender todo ese alboroto.
¿Es que acaso era tan malo tener sexo de aquella manera? Desde que
estaba allí, no le habían dado más que problemas con eso, y su hermano
había mencionado la cárcel, eso lo asustaba un poco.
Kamio se acercó a la ventana al lado de Yoshi, y la abrió, encendiendo
un pitillo y mirando hacia abajo, si entraba alguien ya lo tiraría.
Había notado el gesto del chico y no pudo evitar decirle.
–Aquí no está bien visto el BDSM.
–¿Qué tiene de malo? ¿Qué tiene de malo hacer lo que te gusta? –le
parecía completamente ilógico.
–Pues... para mí nada, desde luego –el rubio dejó escapar el humo
entre sus labios –, pero no todo el mundo es tan transigente como
yo. En tu mundo no dejan beber alcohol a los menores, ¿qué tiene
de malo si te gusta?
–No lo sé. Sólo… es así.
Rei se acercó por detrás del rubio.
–Apaga eso, ¿quieres? Nos vas a dar cáncer a todos.
El rubio se giró de medio lado y lo miró con el pitillo en los labios.
–No quiero, estoy tenso –dijo mirándolo serio –, además, estoy fumando
por la ventana, no os estoy contaminando –miró hacia afuera de nuevo.
–Bueno, pero te contaminas tú –se metió las manos en los bolsillos,
encogiéndose de hombros –. No sé de qué te estresas, si ya todo
está resuelto.
El rubio sonrió un poco porque hubiera dicho eso, y apagó el cigarrillo
en el marco de la ventana, lanzando lo que quedaba de él. Se giró,
apoyándose de espaldas, con los codos en el alfeizar.
–Por varias cosas. Mi madre esta cabreada, alguien entra en mi casa
como si fuera suya, voy a repetir este año y hay cosas que no olvido
–el chico lo miró serio –. Creo que con eso me llega, hasta para
que me salgan canas.
–Eres un exagerado –se dejó caer en una silla. Aunque había dicho
eso más para relajarlo que por otra cosa. Sí que le preocupaba aquello
de que alguien hubiese entrado en su casa sin motivo alguno.
–Ya, sí, muy exagerado, pero me da miedo dormir allí. Si te soy
sincero, no me apetece que entre Akira por la noche y me rebane
el cuello –el rubio se asomó a la ventana de nuevo –. No me creo
que esté muerto, ya he alucinado con él demasiadas veces, y además,
sólo él tenía mi llave –miró a Rei y después a Yoshi, para ver si
lo tomaban por loco –. No lo vimos muerto, sólo era una imagen en
un espejo.
Yoshi bajó el rostro, sintiendo que se le aceleraba el corazón.
Sabía por qué Akira había entrado al piso de Kamio. Probablemente
buscando el manga. Y él no podía decir nada, aunque deseaba hacerlo.
¿Y si Akira los lastimaba a pesar de todo?
Rei se llevó una mano a la cabeza.
–Pero es que no puede ser. Sí, era una imagen, pero a nosotros nos
costó mucho trabajo salir de allí, y no vimos a Akira en ningún
otro momento. Y si estuviera vivo, ¿no crees que hubiera ido a buscarnos?
Querría regresar a su mundo, ¿no?
Kamio lo miró a los ojos.
–Puede que no quiera. No lo conocemos de nada, y sinceramente, lo
poco que conozco de él, no es que me deje muy tranquilo. Tal vez
se quedó atrapado en este mundo, y ahora no sabe como volver al
suyo, ¿no crees? O tal vez está cabreado porque no tratamos de salvarlo.
–Pues lo comprendo si está cabreado… –miró a Yoshi, alegrándose
de haberlo podido ayudarlo, pero notó que el chico se veía algo
mal. Tal vez estaba exagerando de nuevo –. Pero… no podíamos hacer
nada. Cuando lo vimos… bueno, en el espejo se veía bastante definitivo
todo – volvió a mirar al rubio, sonriendo un poco –. ¡Bah! No me
pareció tan terrible cuando estuvo aquí. En todo el tiempo no me
amenazó ni una vez, ni intentó hacer nada. Creo que es un bravucón,
engreído, aburrido y pijo con complejo de superioridad, pero sólo
un bravucón al fin y al cabo.
–Puede que tengas razón, espero que sea sólo eso, un engreído con
complejo de superioridad. Porque a mí no me daba esa impresión,
¿recuerdas cuando le lance la lata? La cogió sin ni siquiera mirar,
ese tío... a mí me da miedo –miró a Yoshi –. Sólo podemos esperar.

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