.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 27


Me Da Igual

Yoshi ya había terminado de comer, y la bandeja estaba a un lado, apartada de la cama. Ahora el chico simplemente se encontraba mirando el techo, como perdido en sus pensamientos.

–¿Qué tal, Yoshi? –le preguntó el rubio para espabilarlo –Tardamos un poco, ¿verdad? Es que había mucha gente, y además ya cenamos en la cafetería... porque no nos dejaron subir la comida. Ya sabes, cosas de los Hospitales –se asomó a la ventana, se sentía un poco encerrado allí dentro.

Yoshi simplemente lo miró con aquella expresión de seriedad inescrutable, sin decir una palabra, mientras que Rei se acercaba al chico, acariciando su cabello. En realidad, casi sacudiéndole la cabeza.

–¿Estás bien? ¿Comiste todo? ¿Necesitas algo? –se sentía un poco culpable por haberlo dejado sólo tanto tiempo, y más por lo que había estado haciendo.

–Está bien. No es un bebé, y sólo tardamos unos minutos, o sea, nada –el rubio seguía mirando por la ventana como si nada, aunque ya estaba muy oscuro en el exterior.

Rei volteó su rostro hacia el rubio.
–Eres un insensible y…

–No, estoy bien –lo interrumpió Yoshi –. No te preocupes.

–¿Ves? Está bien, no soy un insensible, pero el chico no es un bebé ya –dijo volviéndose a mirar a Rei –. Te preocupas demasiado, y así sólo harás que siga asustado –frunció un poco el ceño –. Y antes de que me grites, no estoy dándote lecciones, pero me parece que es obvio.

Rei miró al chico, sin saber qué decir. Probablemente era cierto, pero no podía evitar sentirse responsable. Tal vez estaba sobre compensando un poco. Pero aún así, le costaba darle la razón al rubio. Se dejó caer en una de las sillas, simplemente emitiendo un pequeño gruñido por todo comentario.

–Hum... y me contestas con gruñidos, que genial. ¿Es tu llamada de apareamiento o algo? –el rubio le tiró uno de los cojines que había en la cama de Yoshi –¿Quieres un caramelo, Yoshi?

–Es mejor que decir estupideces –Rei ni lo miró.

Yoshi tomó el caramelo, mirándolo con curiosidad, y se lo metió a la boca.
–Sabe bien, ¿de qué es?

Kamio lo miró un tanto curioso de que no supiera como sabía un caramelo de fresa, pero más dudoso aún de si le gustarían más los de pis de mono o sesos de rata, pero decidió callarse la mordacidad, no fuera a ser que Rei lo matase.
–Es de fresa –se pasó las manos por la cara y después miró el reloj –. Va a ser que tengo que irme –dijo acercándose a Rei –. Si quieres puedo quedarme a dormir aunque no dejen. No creo que lo noten, pero aun así debería ir a buscar ropa, y también para ti.

–No tienes que hacerlo. Toma –Rei le entregó nuevamente las llaves de su casa, para que le buscara algo de ropa. No quería que Kamio se sintiera obligado a estar con él todo el tiempo. De esa manera, le dejaba la opción libre de regresar o no. De todas formas, podía traerle la ropa por la mañana.

–De acuerdo –cogió las llaves –, entonces ya vendré –dijo poniéndose la cazadora –. ¿Quieres que te traiga algo en especial? –echó a caminar marcha atrás hacia la puerta, la verdad es que no le hacía mucha gracia irse, pero como a Rei parecía darle igual, entonces a él le daba doblemente igual.

–No, me da igual. De todos modos, no puedes traerme algo más ajustado que esto –señaló los pantalones que llevaba puestos, aunque no recordaba muy bien si habría algo o no –Entonces…nos vemos –le hizo una seña de despedida con la cabeza, sintiéndose algo decaído. Por la cara de Kamio, no le parecía que fuera a regresar esa noche.

–Vale –dijo saliendo por la puerta entre molesto, cabreado, y dolido. Se pasó la mano por el pelo, apartándoselo de la cara y bajó corriendo por las escaleras. De pronto se giró de lado, cuando le pareció ver a Akira entrando por una de las puertas, subió de nuevo a toda prisa, pero ya no estaba.

 

Rei permaneció sentado mirando la puerta, dejó escapar un suspiro, apoyando su rostro en su mano. Seguro que no regresaba.

–¿Por qué haces eso? Si quieres que se quede, ¿por qué no se lo dices?

–Yo no quiero que se quede. ¿De dónde sacas eso? Es su decisión de todas maneras –Rei se cruzó de brazos, obviamente molesto. Yoshi lo seguía contemplando, al parecer, impasible.

–No tiene sentido. A ti te gusta Kamio. Cuando te gusta una persona, quieres estar con ella el mayor tiempo posible. Al menos… –el chico desvió la vista.

–Kamio es sólo un… –le ponía nervioso hablar de aquello con Yoshi. Pero nuevamente fue interrumpido por el chico.

–No, a ti te gusta Kamio más que cualquier otra persona. Incluso, más que yo… –apretó las sábanas con sus puños, y Rei se aproximó, sentándose a su lado.

–Yoshi, ya hablamos de eso…

–Sí, lo sé –lo miró a los ojos –, pero eso no es lo importante –se dio la vuelta, acostándose de lado, y dando por finalizada la conversación.

Rei se apartó de la cama, y se fue a acostar en el sofá. No tenía sueño, pero aparentemente Yoshi no le quería hablar más. De todos modos, suponía que era mejor que durmiera.

Se tapó con las mismas sábanas que habían usado durante la tarde, lo cual no hizo más que recordarle a Kamio.
–Idiota… –susurró.



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