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Yoshi ya había terminado de comer, y la bandeja estaba a un lado,
apartada de la cama. Ahora el chico simplemente se encontraba mirando
el techo, como perdido en sus pensamientos.
–¿Qué tal, Yoshi? –le preguntó el rubio para espabilarlo –Tardamos
un poco, ¿verdad? Es que había mucha gente, y además ya cenamos
en la cafetería... porque no nos dejaron subir la comida. Ya sabes,
cosas de los Hospitales –se asomó a la ventana, se sentía un poco
encerrado allí dentro.
Yoshi simplemente lo miró con aquella expresión de seriedad inescrutable,
sin decir una palabra, mientras que Rei se acercaba al chico, acariciando
su cabello. En realidad, casi sacudiéndole la cabeza.
–¿Estás bien? ¿Comiste todo? ¿Necesitas algo? –se sentía un poco
culpable por haberlo dejado sólo tanto tiempo, y más por lo que
había estado haciendo.
–Está bien. No es un bebé, y sólo tardamos unos minutos, o sea,
nada –el rubio seguía mirando por la ventana como si nada, aunque
ya estaba muy oscuro en el exterior.
Rei volteó su rostro hacia el rubio.
–Eres un insensible y…
–No, estoy bien –lo interrumpió Yoshi –. No te preocupes.
–¿Ves? Está bien, no soy un insensible, pero el chico no es un bebé
ya –dijo volviéndose a mirar a Rei –. Te preocupas demasiado, y
así sólo harás que siga asustado –frunció un poco el ceño –. Y antes
de que me grites, no estoy dándote lecciones, pero me parece que
es obvio.
Rei miró al chico, sin saber qué decir. Probablemente era cierto,
pero no podía evitar sentirse responsable. Tal vez estaba sobre
compensando un poco. Pero aún así, le costaba darle la razón al
rubio. Se dejó caer en una de las sillas, simplemente emitiendo
un pequeño gruñido por todo comentario.
–Hum... y me contestas con gruñidos, que genial. ¿Es tu llamada
de apareamiento o algo? –el rubio le tiró uno de los cojines que
había en la cama de Yoshi –¿Quieres un caramelo, Yoshi?
–Es mejor que decir estupideces –Rei ni lo miró.
Yoshi tomó el caramelo, mirándolo con curiosidad, y se lo metió
a la boca.
–Sabe bien, ¿de qué es?
Kamio lo miró un tanto curioso de que no supiera como sabía un caramelo
de fresa, pero más dudoso aún de si le gustarían más los de pis
de mono o sesos de rata, pero decidió callarse la mordacidad, no
fuera a ser que Rei lo matase.
–Es de fresa –se pasó las manos por la cara y después miró el reloj
–. Va a ser que tengo que irme –dijo acercándose a Rei –. Si quieres
puedo quedarme a dormir aunque no dejen. No creo que lo noten, pero
aun así debería ir a buscar ropa, y también para ti.
–No tienes que hacerlo. Toma –Rei le entregó nuevamente las llaves
de su casa, para que le buscara algo de ropa. No quería que Kamio
se sintiera obligado a estar con él todo el tiempo. De esa manera,
le dejaba la opción libre de regresar o no. De todas formas, podía
traerle la ropa por la mañana.
–De acuerdo –cogió las llaves –, entonces ya vendré –dijo poniéndose
la cazadora –. ¿Quieres que te traiga algo en especial? –echó a
caminar marcha atrás hacia la puerta, la verdad es que no le hacía
mucha gracia irse, pero como a Rei parecía darle igual, entonces
a él le daba doblemente igual.
–No, me da igual. De todos modos, no puedes traerme algo más ajustado
que esto –señaló los pantalones que llevaba puestos, aunque no recordaba
muy bien si habría algo o no –Entonces…nos vemos –le hizo una seña
de despedida con la cabeza, sintiéndose algo decaído. Por la cara
de Kamio, no le parecía que fuera a regresar esa noche.
–Vale –dijo saliendo por la puerta entre molesto, cabreado, y dolido.
Se pasó la mano por el pelo, apartándoselo de la cara y bajó corriendo
por las escaleras. De pronto se giró de lado, cuando le pareció
ver a Akira entrando por una de las puertas, subió de nuevo a toda
prisa, pero ya no estaba.
Rei permaneció sentado mirando la puerta, dejó escapar un suspiro,
apoyando su rostro en su mano. Seguro que no regresaba.
–¿Por qué haces eso? Si quieres que se quede, ¿por qué no se lo
dices?
–Yo no quiero que se quede. ¿De dónde sacas eso? Es su decisión
de todas maneras –Rei se cruzó de brazos, obviamente molesto. Yoshi
lo seguía contemplando, al parecer, impasible.
–No tiene sentido. A ti te gusta Kamio. Cuando te gusta una persona,
quieres estar con ella el mayor tiempo posible. Al menos… –el chico
desvió la vista.
–Kamio es sólo un… –le ponía nervioso hablar de aquello con Yoshi.
Pero nuevamente fue interrumpido por el chico.
–No, a ti te gusta Kamio más que cualquier otra persona. Incluso,
más que yo… –apretó las sábanas con sus puños, y Rei se aproximó,
sentándose a su lado.
–Yoshi, ya hablamos de eso…
–Sí, lo sé –lo miró a los ojos –, pero eso no es lo importante –se
dio la vuelta, acostándose de lado, y dando por finalizada la conversación.
Rei se apartó de la cama, y se fue a acostar en el sofá. No tenía
sueño, pero aparentemente Yoshi no le quería hablar más. De todos
modos, suponía que era mejor que durmiera.
Se tapó con las mismas sábanas que habían usado durante la tarde,
lo cual no hizo más que recordarle a Kamio.
–Idiota… –susurró.

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