Capítulo
26
Fresa
Rei dormía plácidamente, entregado a un sueño tranquilo, cuando
un sonido lo despertó. Abrió los ojos para ver cómo las enfermeras
entraban intentando no hacer ruido. Una de las chicas le sonrió.
– Disculpe, es hora de la cena.
– Sí…claro –se rascó la nuca, aún somnoliento, y miró hacia la cama,
para ver a Yoshi, que ya se encontraba despierto y sentado contra
el respaldo, observándolos de manera seria. Aquello le hizo sentirse
cohibido, y más cuando vio que una de las enfermeras los miraba
de reojo, riéndose suavemente. Dirigió su vista al rubio, que dormía
como si no fuera a haber noche, y le dio un codazo –. Despierta.
¿Piensas dormir hasta el fin del mundo?
Kamio sintió el codazo y se despertó mirando a Rei con el ceño fruncido.
–Que manera tan dulce de despertarme –miró a la enfermera y levanto
la mano –. Hola –le dijo percatándose de su risita –, si me disculpáis,
aún tengo sueño –se agarró a la cintura de Rei, apoyando la cabeza
en sus piernas –. Buenas noches.
–¡Despiértate ya! –Rei le metió una colleja en media cabeza, bastante
rojo por la vergüenza.
El rubio se rió, obviamente ya se lo imaginaba y se sentó pasándose
la mano por el cuello.
–Vale, no hace falta que te pongas rojo, que a la chica le da igual
–dijo refiriéndose a la enfermera, que también estaba roja, ahora
riéndose mientras salía de la habitación. El rubio miró a Yoshi
–. Eh, Yoshi, bajamos a buscar algo para cenar, no te importa, ¿no?
–agarró la mano de Rei, levantándolo a rastras.
Yoshi apenas tuvo tiempo de siquiera pensar en una protesta. Tan
sólo abrió la boca y Rei se soltó con brusquedad de la mano de Kamio,
más rojo aún.
–¡No estoy rojo! –miró al chico de ojos azules – ¿Está bien?
–Sí…sí, ve, no importa… –Yoshi le sonrió, no muy convencido, ni
muy deseoso de quedarse sólo, pero tampoco quería ser una carga.
No quería que llegase a cansarse de él.
El rubio lo cogió de la mano de nuevo y lo arrastró por los pasillos
a su lado.
–No creo que sea ninguna cosa del otro mundo que quiera estar a
solas contigo, aunque sólo sea un minuto –se metió en el ascensor
y marcó el bajo donde estaba la cafetería –. Necesito estar contigo
–el rubio lo acorraló contra la pared del ascensor –. Relájate un
poco, ¿vale? –se acercó a él para besarlo, y escuchó como se paraba
la máquina. Lo soltó rápidamente, y claramente molesto, mientras
tres enfermeras entraban. Se metió las manos en los bolsillos y
lo miró fijamente.
Rei no dijo nada. Sólo lo miró de medio lado, sin poder lograr dejar
de estar rojo. Como siempre, molesto consigo mismo por esa situación,
pero también bastante nervioso. El corazón le latía rápido y apartó
la mirada.
El ascensor se paró en el bajo, y Kamio salió, mirando a Rei y esperando
a que saliera. Este le devolvió la mirada y salió del ascensor,
metiéndose una mano en el bolsillo, y pasando la otra por su cabello.
Le pasó enfrente, aún no sabía cómo reaccionar.
El rubio lo cogió de la muñeca para detenerlo.
–No me apartaste antes. ¿No te dio tiempo, o no querías hacerlo?
–sintió que le temblaban un poco los labios y los apretó –Da igual,
tengo hambre –lo soltó y caminó hacia la cafetería, realmente no
sabía a qué atenerse, o más bien no quería atenerse a lo obvio.
Rei nunca daba un paso adelante, sólo él, tal vez forzaba demasiado
las cosas. Encima le había pasado por delante como si nada.
Rei lo siguió un tanto molesto ¿Cómo que daba igual? Lo alcanzó,
caminando a su lado sin mirarlo.
–Pues si te da igual, ¿para qué te molestas? –resopló, enfadado
consigo mismo. Era estúpido. No creía que Kamio quisiese realmente
estar con él, pero a la vez deseaba que así fuera.
El rubio lo miró de soslayo.
–Es que aunque te pregunte no vas a ser sincero, entonces... me
da igual. Se me levantó cuando me abrazaste, por eso dije que iba
al baño a mear –le dijo sinceramente, preguntándose cómo es que
le había salido aquello, si no era lo que quería decir. Se pasó
la mano por la frente, y se apoyó en la barra de la cafetería –.
Hola... ponme un bocadillo de serrano, anda –le dijo al camarero
sin mirarlo apenas.
–Agh… Lo sabía, eres un salido y un pervertido. ¡Y dices que yo
no soy sincero! ¿Aunque te conté cosas de las que ni siquiera me
gusta hablar? –lo miró molesto y un poco dolido, viajando de un
tema de forma desorganizada –¿Todo lo que te importa es si me pongo
caliente o no? ¿Es eso? Pues no te lo voy a decir –se cruzó de brazos
ante la mirada atónita del camarero.
Kamio lo miró totalmente rojo, y casi le arrebató su comida al chico,
dejándole el dinero en la barra. No sabía por qué, pero le hubiera
gustado pegarle al camarero para que no mirase a Rei con esa cara.
Era un tanto repelente y escandaloso, pero sólo él podía pensarlo.
Se rió de sus estúpidos celos, unidos de la ocurrencia de pegarle
al camarero, que para empezar era un delgaducho el pobre.
–Me importa una mierda que no me lo digas –le dijo mirando a otro
lado –, pide algo de una vez y volvamos antes de que le dé un chungo
por estar sin verte cinco minutos –dijo obviamente celoso, ¿Infantil?
Puede, pero celarse era inevitable para él.
–Genial. No tengo hambre, idiota –le pegó un manotazo, claramente
molesto con su actitud, y se dio la vuelta, saliendo sin pedir nada.
El rubio miró al camarero que se reía entre dientes.
–¿A que te comes los dientes, capullo? –la pagó con el chico, mirándolo
como si realmente fuese a pegarle, y dejó el bocadillo en la barra.
Cogió varios caramelos y se los metió en el bolsillo –Me los descuentas
del bocata que te comerás tú –ni tiempo le dio al chico a protestar,
cuando el rubio ya se había largado detrás de Rei.
Lo agarró por atrás, cogiéndolo de la cintura del pantalón e impidiéndole
andar.
–¿Qué te molesta? ¿Que no quiera saber si estas caliente? ¿Que me
cabree que pierdas el culo por volver a esa habitación? ¿O es alguna
otra cosa que me dejo en el tintero?
Rei se volvió furioso.
–¿Para qué preguntas? ¿Acaso te interesa? De todos modos, no voy
a ser sincero, ¿cierto? ¡Suéltame! –le retiró la mano de un manotazo.
El rubio lo miró, realmente estaba cabreado, pero no le gustaba
perder el control. Para eso ya llegaba con Rei. Abrió uno de los
caramelos, que casualmente era de fresa.
–A ver... sí que me interesa.
El moreno lo miró a los ojos, nervioso, sin saber qué decirle, y
se dio la vuelta.
–Idiota, sólo lo haces por molestar.
–No lo hago por molestar –el rubio lo agarró de la muñeca sin dejarlo
marcharse –. Dímelo, me interesa, es más, o me lo dices o aquí nos
quedamos los dos toda la noche. Hum... aún tengo más caramelos,
así que estaré entretenido –se apoyó en la pared sin soltarle la
muñeca –. Va, di que me canso.
–¡Idiota! ¿Crees que esa es forma de pedir las cosas? –sacudió el
brazo, intentando soltarse.
–¿Cómo quieres que te lo pida? –se agachó en el suelo, sujetándole
la mano –¿Así? ¿De rodillas? –se levantó de nuevo, sin apartar la
sonrisa de los labios –¿Te gustaría que fuera de otra manera? ¿Que
fuera serio? ¿Quieres que lo sea, Rei? –el chico lo miró a los ojos
–Dime.
–¡Idiota! ¡Yo no quiero…! No quiero que seas de ninguna otra manera
–desistió de sus intentos de soltarse, bajando la mirada –. No sé
lo que quiero.
–No, si eso ya se nota –el rubio se metió el caramelo en la boca,
mordiendo el palito de plástico –, lo intentaré de nuevo –dijo sin
especificar el qué, y comenzó a caminar hacia las escaleras con
Rei de la mano. Era obvio que estarían bastante vacías, teniendo
en cuenta que había ascensor. El rubio lo miró serio, y le apoyó
el caramelo contra los labios –. Está caliente, pero así te gustará
más, ¿no?
–¿Qué haces? ¿Estás loco? –Rei apartó la cara, confundido –¿Para
qué me das eso babeado? Intento hablarte en serio.
El rubio se lo metió en la boca, riéndose y lo mordió, rompiéndolo
y masticándolo sin dejar de mirar sin decir nada.
–Estaba caliente, ya te dije por qué te lo daba, y además era de
fresa. ¿No te gustan las fresas? –mordió el palito de plástico,
mirándolo como si nada.
–Sí, me gustan las fresas, pero… ¡Eso no quita el hecho de que estés
loco! ¿Para eso vinimos aquí? ¿Para que me des un caramelo usado
de fresa? Genial... –le pasó al lado, como para irse –Puede que
no sepa lo que quiero, pero sé lo que no quiero. Perder mi tiempo.
Kamio lo detuvo, poniéndole la mano en el pecho.
–No te traje aquí para eso –lo acercó a él –, si no para hacer lo
que antes no pude –miró sus labios y después sus ojos –, pero esta
vez no me apartes, o no volveré a hacerlo. Y tendrás que hacerlo
tú si quieres que suceda –el rubio apretó un poco las mandíbulas,
nervioso, y tiró el palito de plástico al suelo –. No te haré perder
más de tu precioso tiempo, ya que tan ocupado estás en el hospital
– sin duda la frase más encantadora que jamás había dicho antes
de besar a alguien. Lo abrazó por la cintura para que no se escapara
más, y lo besó lentamente, sin dejar de mirarlo.
Rei se dejó besar, sin dejar de mirar al rubio tampoco. No deseaba
apartarlo, aunque una parte de él se opusiera, había otra que deseaba
que aquello continuara sucediendo. Y era esta la que lo dominaba
ahora.
Genial, pensó una vez más. Ni siquiera era romántico, con esa última
frasecita que le había soltado antes de besarlo... Aún así cerró
los ojos por fin, colocando su mano en el pecho de Kamio, el corazón
latiéndole fuertemente.
El rubio se sintió más aliviado que otra cosa cuando vio que cerraba
los ojos. La verdad es que por mucho que hubiera dicho aquello,
ya se imaginaba volviendo a intentarlo una y otra vez, zapateando
su orgullo por los recónditos más oscuros. Aún así, Rei seguiría
siendo como era, o sea, "un encanto", aquello sólo había
sido un pequeño paso. Lo abrazó más contra sí y su lengua acarició
la del moreno con fuerza.
Se apartó un poco, apoyando la cabeza contra la pared, sin soltarlo
con un brazo, mientras con la otra mano sujetaba la que Rei había
depositado en su pecho.
–¿Esto es lo que querías?
–¿Tienes que preguntar? Creo que está más que claro, ¿no? –intentó
ocultar su rostro, enrojecido. Ya era bastante vergonzoso el haber
sucumbido, como para tener que dar explicaciones.
–No tengo que hacerlo, pero la tentación era insuperable. Sólo para
verte sonrojado merecía la pena. Hasta pareces cute y digo "pareces",
porque no lo eres –le sonrió de medio lado –¿Qué clase de contestación
es esa para tu novio? "¿Tienes que preguntar?" – dijo
imitándolo –Así se me va a bajar.
–¡Idiota! Eres muy romántico, ¿sabes? –le contestó de manera irónica
–Por mí que se te baje, salido.
–Sí, tú también eres todo amor, cielo –el rubio le sonrió, apretándolo
contra él para que notase que estaba empalmado –. Igual es que soy
muy bizarro, pero sigo igual. No me digas salido. Debería agradarte
que tu novio tenga tan buena respuesta –le apartó el flequillo de
la cara suavemente.
–Aún…aún no he dicho que seas mi novio… –le respondió, intentando
que no se notase su respiración entrecortada, pero su cuerpo estaba
reaccionando también.
–No, pero yo ya he dicho que tú sí eres el mío –el rubio bajo la
mano hasta sus nalgas y le sonrió. Rei apartó la cara, avergonzado,
y además molesto por eso mismo.
Kamio bajó la mano por la cadera de Rei, deslizándola hacia dentro
y acariciando su sexo sobre el pantalón ajustado. Lo sentía caliente
y duro a través de la ropa, y dejó que su respiración saliese agitada
entre los labios. Apartó la mano, subiéndola por su cintura bajo
la camiseta.
–Esto es un hospital, ¿sabes? ¿Por qué me haces hacer estas cosas,
Rei? Ahora he tenido que comprobar yo mismo si estabas caliente.
Por no querer contestarme antes –le sonrió un poco –. Sólo una vez
más... y nos vamos, bésame tú, va...
–Eres…un idiota. Yo no te hago hacer nada… –lo miró con los ojos
vidriosos. Se sentía cada vez más caliente. Eso no estaba yendo
bien –Pero si eso es lo que tengo que hacer para que dejes de manosearme…
–lo sujetó por la nuca, introduciendo su lengua en la boca del rubio.
Este se dejó besar, apretando las nalgas de Rei entre sus manos,
acariciando sus piernas a través de la tela. Esta vez cerró los
ojos y lamió los labios de Rei, estaba muy excitado y lo apretó
contra su cuerpo para sentir su sexo contra el de él.
Escuchó como abrían una de las puertas que daba a las escaleras,
pero siguió besándolo.
Rei apenas se percató del sonido, entregado como estaba en el beso.
Abrió los ojos una rendija, para ver a una de las enfermeras más
mayores que bajaba por las escaleras. La misma miró a los chicos
con desaprobación, carraspeando más fuerte de lo necesario. Rei
sintió cómo se le encendía el rostro, y empujó al rubio con brusquedad,
apartándolo.
–¡Kamio! –se puso tras él, intentando cubrir su erección.
El rubio sonrió viendo a la señora, pero más aún cuando vio a Rei
tapándose como si estuviera desnudo.
–Señora, no piense mal, esto es un hospital, ¿no? Boca a boca, estábamos
practicando primeros auxilios, no veo el escándalo en eso... –empujó
a Rei por la espalda para sacarlo de allí.
–No me empujes –lo miró con cara de pocos amigos, mientras se apresuraba
a alejarse de allí. Era obvio que la señora no se había creído una
excusa tan transparente –. Mierda, ahora pensarán que soy un pervertido.
–Es que lo eres –el rubio se rió mientras entraba en el ascensor
–. Los gays somos pervertidos para muchos, y encima, nosotros más,
porque nos manifestamos en lugares públicos –se calló al ver que
entraba un hombre, pero este se bajó y el rubio vio como sólo les
quedaba un piso para llegar –. Sí, soy un salido –le dijo antes
de besarlo de forma apurada de nuevo. Las puertas se abrieron, y
Kamio se separó guardándose las manos en los bolsillos –. Vamos.
–Idiota… –le susurró antes de salir, muriéndose de la vergüenza.
–Bien que te gusto –le lanzó un caramelo hacia atrás –. Toma, es
de fresa, pero lo siento, esta vez no va calentito –apoyó la mano
en el pomo para abrir la puerta, sin duda habían tardado más de
lo esperado, y encima no habían traído nada para cenar.
Rei se guardó el caramelo en el bolsillo trasero del pantalón, a
la vez que refunfuñaba.
–Cállate… –y lo empujaba para que abriera la puerta.

Sigue Leyendo!
|