Capítulo
25
Don’t Let Go
–Creo que debería irme, ¿no crees? –Kamio se acercó un poco a Rei
y señaló a Yoshi.
El chico levantó la mirada sin atreverse a decir nada, aunque su
mirada lo dijera todo. No te vayas, por favor, no te vayas.
No sé qué hacer.
Yoshi apenas les dirigió una mirada de medio lado sin darse la vuelta.
–No importa, ve con él, si quieres. Sé que prefieres estar con él
que conmigo –no quería quedarse sólo, pero notaba que sobraba.
–No –Rei se inclinó sobre él, acariciándole el cabello –, no es
lo mismo, Yoshi. Os quiero a ambos, pero no de la misma manera –habló
en tono bajo, enrojeciendo un poco por tener que decir aquello delante
del rubio.
–No es cierto, no me quieres. Me dejaste solo y te fuiste con Kamio
–apretó la sábana.
Rei sintió cómo se le oprimía el corazón. Era cierto, lo había dejado
solo en el túnel, cuando soltó su mano y Kamio lo sacó de allí.
Aunque Yoshi no se refería a eso. Rei miró al rubio, como perdido,
y volvió a dirigir su vista hacia el chico que le daba la espalda.
–Pero regresé, y no voy a dejarte solo de nuevo. Incluso si lo hago,
siempre regresaré Shi… –se detuvo, consciente de que había estado
a punto de llamarlo por el nombre de su hermano verdadero –Yoshi…sé
que ahora todo te parece confuso, pero cuando llegué a tu mundo…
–Es distinto, tú lo tenías a él. Yo estoy solo –miró al rubio con
resentimiento –. El único… –el único de su mundo allí, era Akira
y no era precisamente alguien con quien contar.
El moreno suspiró. Yoshi estaba actuando como un niño. Aunque sabía
muy bien lo difícil que debían ser las cosas para él en esos momentos.
Lo tomó por los hombros con suavidad, obligándolo a girarse.
–Yoshi, mírame –sujetó su rostro con las manos, obligándolo a mirar
sus ojos, y recalcando bien las palabras –. Sí te quiero, pero no
puedo ser Noboru, así como tú no eres Shiori. No puedo quererte
como lo hacía mi doble, pero eso no significa que no quiera ser
tu hermano y que no te quiera a mi lado –lo levantó un poco, abrazándolo
contra sí –. Sé que estás asustado, y todo te parece extraño. Y
en cierta forma, lo es. Aquí todo es distinto a tu mundo, pero no
estás solo, nunca pienses eso, ¿quieres? Mira… yo seré tu guía.
Siempre que algo te confunda o te asuste, puedes preguntarme a mí,
y… estoy seguro de que Kamio también te ayudará, ¿no es así? –alzó
la vista hacia el rubio, aunque algo vulnerable por estar mostrando
ese lado de sí.
–Claro –el rubio le contestó sin ninguna duda. No debía haber dicho
que se iba, cada dos por tres le parecía que sobraba allí, o que
Rei pensaría que era una molestia, o que intentaba colarse en su
vida como fuera. Suspiró un poco, acercándose a la cama –. Tú me
ayudaste a mí cuando yo estaba solo, ¿no es así? –miró a Yoshi –Me
acompañaste y hasta me trajiste comida –sonrió un poco –. ¿Acaso
crees que eres una molestia aquí? Deberías querer quedarte, no puedes
dejar a Rei solo de nuevo, le haces mucha falta.
Rei le sonrió agradecido, y volvió a mirar a Yoshi, que seguía con
su acostumbrado semblante de seriedad, aunque ya le parecía que
ese era el estado natural del chico.
–¿Ves? No estás sólo –le besó el cabello, y volvió a recostarlo
sobre la almohada –. Ahora descansa, todo va a estar bien.
–¿Seguro que queréis que esté aquí? –Yoshi paseó su mirada desde
su hermano hacia el rubio.
–Sí –Kamio le sonrió un poco, y se puso al lado de Rei –. ¿No ves
que estamos muy solos aquí? –la verdad es que él no lo estaba, pero
tal vez aquello reconfortara a Yoshi –Cuando salgas, pasaremos el
día fuera y esto te gustará, ¿quieres?
–Sí, creo que sí… –giró la cabeza, cerrando los ojos. No estaba
muy seguro de eso, todo lo que había visto de este mundo era el
interior del hospital, y le causaba algo de temor. Aunque tampoco
podía negar que sentía curiosidad –. Tal vez…pueda ir al instituto…
–señaló, sintiéndose un poco asueñado por los medicamentos.
Rei sonrió, meneando la cabeza incrédulo.
–Si eso quieres…
Kamio miró a Rei, pasándose la mano por la nuca y frotándosela como
para relajarse.
–Qué iluso, cree que va a hacer dibujitos en el instituto –le susurró
en bajo, y sonrió. Aún lo sujetaba y le acarició un poco el hombro
–Fíjate que tierno, parecemos papis.
–No empieces con tus tonterías –Rei le dio un golpecito.
–¿Qué pasa? –el rubio lo soltó, frunciendo el ceño –¿Es que no tienes
sentido del humor? –le tapó la boca con la mano –Y no hables tan
alto, que se está durmiendo y vas a despertarlo, ¿es que no puedes
estar sin armar escándalo por todo?
Rei haló la mano de Kamio con sus dos manos, para destaparse. Se
giró rojo, y con gesto de enfado, aunque más que molesto, estaba
avergonzado. Sin saber qué otra cosa hacer, le mostró la lengua
al rubio.
–¿Pa que me enseñas eso? Ya sabía que la tenías ahí dentro, ¿qué
quieres? ¿Qué la use? –el rubio sonrió de medio lado, rascándose
un poco el cuello. Se preguntaba qué iba a hacer si Yoshi no quería
que se apartase de allí por nada del mundo. ¿Estar allí a todas
horas?
–¡Bah! Eres un tonto –Rei le pasó la mano por el cabello de forma
extraña, echándole todo el flequillo hacia adelante, y se fue a
sentar en una silla más alejada.
El rubio se echó el pelo para atrás de nuevo, colocándoselo y agachándose
delante de él.
–¿Te vas a quedar aquí día y noche hasta que pueda salir? –se apoyó
las manos en las rodillas –Dime.
–No lo sé. Parece alterarse mucho cuando lo dejo sólo. Es algo exagerado,
pero… después de lo que le pasó –se llevó una mano a la cabeza,
echando su propio flequillo hacia atrás –. No sé –tendría que salir
para prepararle alguna habitación en casa. Y desgraciadamente, en
algún momento tendría que presentarse por el instituto, para que
no lo expulsaran.
–Es que tienes que ir a clase, y yo también, aunque no quiero dejarte
solo. Pero no me apetece repetir –el rubio se sentó en el suelo,
mirando a Rei –. ¿Has hablado con el médico de cuando podrían darle
el alta?
–No, aún no. Es que…siempre me habla de lo mismo –desvió la mirada
–. Creo que está a punto de intentar llamar a mis padres él mismo…
–se rió nervioso –Lo haré mañana. No creo que sea mucho problema.
Yoshi ya está mucho mejor.
Kamio se levantó de nuevo, con las manos en los bolsillos.
–¿Crees que llamará a tus padres? Dios... –se giró, dándole la espalda
–les puede dar un infarto como lo vean, y encima así –se llevó la
mano a la cabeza. Eso también significaba problemas para él –. Esto
es un problema tras otro... ¿tus padres te visitan mucho?
–No –se encogió de hombros como a quien no le importa mucho la cosa
–. Desde que Shiori… Decidieron mudarse, creo que no soportaban
seguir en casa, pero yo me negué a irme –le sonrió un poco de medio
lado –. Y como no hubo manera de que me hicieran desistir, me permitieron
quedarme. Con la condición de que cumpla con el instituto y eso,
claro. Sólo hablamos por teléfono de vez en cuando –volvió la mirada
hacia el chico de la cama –. No pueden verlo, pero no te preocupes.
No creo que los llame, y si lo hace... ya me inventaré algo.
Kamio hizo una mueca con el labio.
–Me preocuparé de todos modos, aunque eso me deja un poco más tranquilo.
¿Qué pasó con tu hermano?
Rei bajó la cabeza, aferrándose a su asiento con las manos. No era
algo de lo que le gustase hablar.
–Estábamos jugando. Él y yo… siempre teníamos algún tipo de competencia.
Ese día estábamos en el parque. Lo reté a subir a un árbol, a ver
quien podía ir más alto… A eso jugábamos –le sonrió al rubio, mirándolo
con tristeza –. Se fue haciendo tarde y parecía que iba a llover,
pero seguimos jugando a pesar de todo. Y yo iba ganando. Verás,
Shiori tenía miedo a los truenos, y ya estábamos demasiado alto,
así que sabía… sabía que no se atrevería a continuar –apretó más
el sillón –, pero no podía dejarlo así. Así que empecé a molestarlo,
a llamarlo cobarde, gallina, ya sabes… –se encogió de hombros, y
volvió a desviar la mirada. No sabía por qué le contaba esas cosas
a Kamio –Decidió demostrarme que no lo era, y subió una rama por
encima de mí.
Pero era demasiado frágil, y el viento soplaba cada vez más fuerte.
…La rama se rompió, pero… tuvo suerte, supongo –dejó escapar una
sonrisa cínica –. Pude sujetarlo por el brazo. Intenté subirlo,
pero no podía. No podía… el tiempo pasaba, y nadie venía a ayudarnos.
Y yo… empecé a cansarme, no podía sostenerlo –sentía los ojos aguados,
giró la cara hacia otro lado, para que Kamio no lo viera, pero era
obvio que la voz le salía quebrada –. No pude, no pude sostenerlo,
se resbaló. Se resbaló de mi mano, se deslizó y yo… lo dejé caer.
Lo solté –las lágrimas corrían libremente por su rostro ahora, recordando
cómo había permanecido sentado al lado del cadáver de su hermano
por horas, sin poder creérselo, esperando a que le hablase, hasta
que finalmente sus padres habían ido a buscarlos –. Lo dejé caer.
–Perdona, no debí preguntarte –eso fue lo único que se le ocurrió
a Kamio, aparte de darle un pañuelo para que se secara las lagrimas
–. Fue un accidente –le aseguró, tocándolo con una mano.
–Ya lo sé, todos me lo dicen –le sonrió un poco, secándose con el
pañuelo, ligeramente avergonzado de llorar en su presencia –. Da
igual, lo que sé, y lo que siento, son cosas distintas. No debí
llamarlo cobarde, no debí retarlo, debí sostenerlo… No puedo dejar
de pensar esas cosas.
–Ya... lo comprendo –el rubio se sentó a su lado –, pero era un
juego y tú un niño. Sólo actuaste como tal, tal vez esto... todo
lo que ha pasado sea una segunda oportunidad, aunque no sea él.
–No lo sé. Supongo que…en cierta manera… –miró al chico que dormía
apaciblemente ahora, y luego su mano –No cambio, ¿eh? A él también
lo solté. Un segundo, es todo lo que se necesita, sólo un segundo…
–volvió a mirar al chico –. Supongo que esta vez tuve suerte.
–Los dos lo soltamos. ¿Qué demonios era eso? ¿Qué querías hacer?
¡Dejarte llevar tú también? Hubiera sido la única opción –el rubio
lo empujó un poco con el hombro.
–No tienes por qué empujarme –lo empujó de vuelta, sintiéndose un
poco mejor –. ¿Qué forma de consolar es esa?
–La mía, está claro –el rubio sonrió un poco, apretándole la mejilla
con un dedo. Después le tendió la mano –. Yo no te voy a soltar.
–Idiota, yo no necesito que me agarres –le contestó, empujándole
un poco la mano –. Soy capaz de cuidarme sólo. Además, ya sé que
no sueltas.
–Qué repelente eres, ¿Cómo te voy a presentar a mi madre con un
carácter como ese? ¿Eh? –el rubio se cruzó de brazos, echándose
atrás en el sofá y cerrando los ojos –Tengo sueño.
–No soy repelente, además, ¿para qué iba a conocer a tu madre? ¿Es
que estamos comprometidos? –cruzó los brazos sobre su pecho –Duérmete,
pues.
–¿Y no lo estamos? Eres mi novio –el rubio lo miró muy serio –,
puedes reconocerlo o no, pero lo eres –ni él se creía que lo decía,
y desde luego era la manera más bizarra en la que jamás había intentado
que alguien saliese con él; pero también Rei era el tío más bizarro
que le había gustado jamás. Lo abrazó, besándole la mejilla –. Me
duermo, pero si me abrazas.
–¿Tu novio? ¿Quien ha dicho eso? Yo no recuerdo haberlo hecho. Y
aún si lo fuera, no estaríamos comprometidos. Yo no sé tú, pero
yo no pienso casarme. Y no sé por qué quieres que te abrace. Mira,
sábanas… –señaló hacia el sofá, como si se tratase de un descubrimiento
nuevo.
–No, no pienso casarme, no sé ni que significa esa palabra –dijo
mirando hacia las sábanas que el chico señalaba. Se levantó y las
cogió, tapando a Rei con ellas y tirando de las puntas de la tela
para atraerlo hacia él –. Es verdad, mejor nos tapamos con una sábana,
que si no nos coge el frío, venga, abrázame –lo miró a los ojos,
esperando –. Va...
Rei lo miró incrédulo.
–¿Cuantos años tienes, Kamio? Pareces un chiquillo –refunfuñó –.
Está bien, si tanto lo necesitas… –viró los ojos, abrazándolo sin
embargo. Lo cierto es que él también lo estaba necesitando, pero
no iba a admitirlo ni bajo tortura.
El rubio sonrió triunfante y lo abrazó con fuerza contra él, acercando
los labios a su oído.
–No soy ningún crío –acarició el lóbulo del chico con su nariz –,
digamos que no me importa hacer según que cosas con tal de que me
abraces. ¿Te gusta más así? –lo soltó y se levantó, apoyándole la
mano en la cabeza y revolviéndole el pelo –Me estoy meando –dijo
yéndose hacia el baño.
–Genial –murmuró el chico en un volumen de voz apenas audible. ¿Para
qué hacía todo ese show para que él cediera si se iba a ir al baño?
Miró a Yoshi por un segundo, y sonrió para sí. Las cosas parecían
ir mejorando.
El rubio sonrió en el baño, la verdad es que sí quería ir, aunque
no tenía tanta urgencia. Miró el bulto en su entrepierna, se echó
agua por la cara. Salio del baño un poco más tranquilo y finalmente,
se sentó a su lado.
–Sigo teniendo sueño, abrázame y me callo y me duermo, ¿vale?
–Idiota –lo miró como si no tuviera ganas de hacerlo, aunque obviamente
era una mentira. Lo rodeó con sus brazos –. Vale, cállate que me
desvelas.
El rubio se volvió de espaldas a Rei y sujetó sus manos para asegurarse
de que no dejaba de abrazarlo. Sonrió un poco, con los ojos cerrados.
Era media tarde, pero los hospitales daban sueño, eran demasiado
aburridos. Se llevó una de las manos de Rei a los labios y le dio
un beso, ya se despertarían a la hora de cenar.

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