.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 24


Oshi's Girl

Habían comido hacía rato, pero todavía no habían llegado a recoger los platos de la comida de Yoshi.
–Como que ya vienen a ser las siete y aún no vienen a buscar eso... –dijo señalando los platos –¿Será que nos lo quieren dar de recuerdo con sobras y todo? –se rió un poco, estirándose en el sofá.

Una chica de pelo negro entró rápidamente en la sala.
–¡Me olvidé de coger la bandeja de esta habitación, lo siento! –dijo riéndose como si nada –Es que estoy de practicas.

Kamio levanto la cabeza al oír aquella voz.
–Así que... ¿de practicas? Podrías habérmelo dicho, ¿no?

La chica lo miró sorprendida. Era la novia de Oshi, Raiko.
–Sí, pero te llame hace unos días y no estabas, así que te deje un mensaje en el teléfono, ¿sabes? Si no miras tu contestador, no es mi culpa –dijo negando con el dedo –¿Qué haces tú aquí?

–¿La conoces? –le preguntó el moreno a Kamio, sintiéndose algo molesto, aunque sin saber especificar por qué. Miró a la enfermera –Me acompaña a mí. Estoy…mi hermano está lastimado. Soy Rei.

–Sí, claro que la conozco –dijo levantándose por fin y abrazándola –No he mirado los mensajes, porque no me apetecía escuchar las advertencias de mi madre acerca de lo bueno que es beber leche cada día –los dos se rieron.

–Sí, tu madre es un poco pelma –dijo la chica, apoyando la mano en la cabeza del rubio –. Hola, Rei, soy Raiko –dijo saludándolo con una mano, como si estuviera a tres metros –. ¿De qué os conocéis? –los miró a los dos y Kamio se quedó callado.

–De...Rei te contará.

El chico miró a Kamio con gesto de exasperación.
–De…de… –comenzó nervioso, intentando inventarse algo, pero luego sonrió para sí de manera sarcástica –pues, la verdad es que leímos un mágico libro que nos transportó a otro mundo, en donde vivimos emocionantes aventuras, pero “no hay lugar como el hogar”, así que regresamos. Y vivimos felices para siempre –giró el rostro, dejando que el flequillo resbalara –. De la escuela.

Raiko miró al moreno sonriendo.
–Se te olvidó el “se casaron y comieron perdices” ¿Y se supone que el que está enfermo es el de la cama? Porque no sé quién estará peor –se acercó a Yoshi, colocándole la almohada. Kamio no había podido evitar reírse.

–Ahora somos novios, así que, me estoy quedando con él mientras cuida de su hermano –dijo devolviéndole la pelota.

–¡No somos novios! –Rei cruzó los brazos, mirándolo con gesto de enfado. Yoshi sólo se dejaba acomodar, ya estaba algo acostumbrado a esos intercambios entre Rei y Kamio.

Raiko lo miró y apoyó de nuevo la mano en la cabeza de Kamio palmeándola.
–¿Quieres dejar de molestar niños? Así nunca le vas a gustar a nadie –se apoyó en su hombro, abrazándolo por la espalda –. No sé qué hacer contigo.

–No hagas nada, me da igual ser soltero –sonrió, mirándola de soslayo –, también tiene sus ventajas. Puedes acostarte con quien quieras, no tienes responsabilidades... etc, etc.

–¿Es que no has oído hablar de una pequeña cosa llamada enfermedad venérea? –Rei lo miró molesto, aún con los brazos cruzados –Y además, si tu idea del romance es tocarle el culo a todo el que te pase por delante, más te vale que te acostumbres a tu soltería.

–Para eso se inventaron los preservativos, Rei, para eso precisamente –le dijo Kamio serio –, y además, yo no voy por ahí tocándole el culo a nadie. ¿A quien me has visto tú tocárselo para decir eso? –dijo apuntándolo con su dedo acusador.

–Pero puedes coger ladillas –apuntó de pronto Raiko.

–Nadie te pidió opinión –el rubio la miró, riéndose.

Rei lo miró de soslayo, pensando en la respuesta que el rubio sabía que no iba a decir en voz alta. Además de a Yoshi, a mí y Dios sabe quien más se lo habrá tocad. Después de todo, la chica parecía conocerlo muy bien.

–¡Agh… ladillas! ¿Ves? –señaló por toda contestación, apuntándolo con su dedo, de la misma manera que Kamio lo había apuntado a él.

Kamio y Raiko lo miraron sin comprender muy bien la reacción histérica a las ladillas.
–Oye, oye, que yo no tengo ladillas, ¿quieres ver? –dijo abriéndose la cremallera del pantalón para bajarse el slip.

Raiko lo detuvo cuando iba a hacerlo.
–¿Qué haces? Eso sólo lo veo yo –le dijo ella, levantando las cejas con picardía.

Rei prácticamente gruñó ante aquella inofensiva broma. ¿Sólo lo veo yo? ¿Sólo lo veo yo? O sea que ella y Kamio… ¿Y eso por qué lo molestaba? Sin pararse a analizarlo mucho, tomó una de las revistas que se encontraban por allí, lanzándola contra el rubio sin ningún tipo de reparos.
–¡Idiota!

Kamio se tapó con el brazo bastante tarde, recibiendo el revistazo, que aterrizó después en la cabeza de Raiko.
–¡Coño! ¿Por qué me pegas ahora? –el rubio sólo tuvo tiempo de mirar a Raiko antes de que esta le lanzase la revista de rebote a Rei.

–¡Por pervertido! –apenas tuvo tiempo de contestar, antes de que tuviera que cubrirse también, recibiendo el golpe en el brazo y poniéndose de pie inmediatamente. Miró a la chica, con un el rostro entre sorpresa y enfado –¿Y ahora, por qué me pegas tú?

Yoshi seguía mirándolos en silencio. No comprendía a las personas de este mundo. Se escandalizaban por su manera de hacer el amor, pero luego todo lo resolvían a golpes.

–Porque tu me pegaste de rebote a mí, además, le pegaste a mi niño... –dijo abrazándolo y besuqueándolo mientras Kamio se reía.

–Yo no soy pervertido –dijo el rubio como pudo –, eres tú que eres un agresivo. ¿Seguro que no quieres asegurarte de que no tengo ladillas?

Raiko le pegó en la cabeza.
–¿Ves como sí eres un pervertido? Y tú también le pegas –añadió para la chica, aún señalando a Kamio con el dedo.

–Yo le pego, porque puedo –dijo achuchándolo –, es mío –la morena le echó la lengua.

–¿Ah, sí? Pues por mí, quédatelo –Rei se sentía extremadamente molesto, aunque realmente no tenía por qué –. Voy a salir un rato –señaló sin mirar al rubio, pero Yoshi le sujetó el brazo, impidiendo su huída.

–No, quédate.

–Genial… –refunfuñó Rei, pero sin poder negarse a aquella petición. Se sentó de nuevo, apoyando la barbilla en su mano, con gesto de niño castigado.

–¿Qué pasa? Si tan mal te cae, ¿para qué quieras que se quede contigo aquí? –le preguntó ella, mirando a Rei fijamente.

Kamio lo miró y no pudo evitar sonreír y mirar a otro lado, ella no entendía lo necio que Rei podía llegar a ser.

Rei se cruzó de brazos, soltándose de Yoshi, y mirando hacia otro lado.
–Yo no he dicho que me caiga mal. Y tampoco lo estoy obligando a quedarse aquí, si no quiere... –le dirigió una breve mirada al rubio –. Se ve que tiene cosas mejores que hacer –finalizó a la vez que volvía a desviar la mirada.

–¿Qué cosas? –el rubio lo miró, aún con la chica abrazándolo por la espalda –Ya te he dicho que sólo me apetecía ir a jugar un partido, pero para eso ya tendré tiempo –ella miró a Kamio con un gestó que lo decía todo.

–Está celoso –dijo la chica, mirando a Rei –, ¿a que sí?

El chico sintió que se le encendían las mejillas, e inmediatamente bajó el rostro, ocultándose tras su flequillo.
–¡Yo no estoy celoso! ¿Por qué habría de estar celoso? –no pudo evitar levantar el rostro nuevamente, por la exasperación –¿Qué clase de conclusiones son esas? ¡No estoy celoso! –reiteró nuevamente

–¿Así que es eso? Estás celoso –suspiró, mirando a otro lado –. Qué estupidez, ¿es que no sabes que soy gay? A mí esta –dijo señalándola –no me gusta.

La chica frunció el ceño, sacudiéndole de nuevo en la cabeza.

–¿Qué pasa? –se quejó Kamio.

–Desconsiderado –le dijo cruzándose de brazos –, si Oshi estuviera aquí, te hubiera dado una buena por decir eso –su voz se oscureció un poco –. Verás cuando venga... – dijo dándose la vuelta.

El rubio quería detenerla, decirle que estaba vivo pero... ¿para qué?
–No, espera, quédate un rato más, hace mucho que no te veo –dijo cogiéndola de la mano.

Las palabras de protesta de Rei, se quedaron congeladas en sus labios al escuchar el nombre de Oshi. ¿Esa era su novia, de la que Kamio le había hablado? Se sintió un poco mal de haberla tratado así, pero, ¿qué se le iba a hacer? Él no era adivino.

–¿O… ?

Rei se giró rápidamente al escuchar la voz de Yoshi, y le tapó la boca, adivinando lo que estaba a punto de suceder. El chico lo miró sorprendido, solo quería saber si Oshi también iba a venir a este mundo. Después de todo ella lo había dicho, “Verás cuando venga”

Pero Rei simplemente negó con la cabeza, esperando que comprendiera que no debía decir nada.

La chica lo miró extrañada.
–¿Tú lo conoces, a Oshi? –miró a Yoshi, que seguía con la boca tapada por su hermano –¿Lo conoce, Kamio? –miró al rubio en busca de respuestas, y el chico se encogió de hombros.

–No lo creo –se rió sin ganas –, es muy pequeño. ¿Qué haría Oshi con un enano como ese?

La chica seguía tensa. ¿Por qué todos la habían mirado así cuando había dicho el nombre de su novio?

–No, por supuesto que no sé de quien hablas –Rei se apresura contestar, quizá demasiado enérgico.

Yoshi hizo un sonido de protesta y el moreno retiró su mano de la boca del chico, mirándolo nervioso.
–No…no, yo… –Yoshi miró a su hermano, bastante confundido –Iba a decir que… O… Oniisan está celoso. Por eso… –no entendía por qué no le podían decir a esa chica que conocían a Oshi, si claramente ella también lo conocía.

–Aja –lo interrumpió nuevamente Rei, cubriendo las excusas –No digas esas cosas –le sacudió el cabello, riéndose, en una actitud sumamente peculiar para él.

–Ah... eso –la chica se rió –. Eso ya lo sabíamos todos, se le nota –apoyó la mano en el hombro de Rei –. Al fin lo aceptas, pero no te lo recomiendo... porque ese de ahí –dijo señalando a Kamio –es un golfo –el rubio se llevó la mano a la frente.

–¿Por qué mejor no vuelves a tu trabajo? –le dijo tirando de sus hombros.

Ella se rió.
–Qué más da, que más da –dijo replicándole –, total son practicas, no cobro por ello –se encogió de hombros.

Rei volvió a sentarse al lado de Yoshi, suspirando. Al menos había funcionado, aunque a qué precio. Ya se imaginaba que Kamio no lo dejaría en paz. Miró al más pequeño, sonriendo un poco, y asintiendo como para decirle que había hecho bien.
Pero Yoshi sólo lo miró sin dar indicios de comprender.

Kamio la empujó fuera de la habitación y la chica golpeó la puerta.
–¡Ábreme maldito desteñido! –dijo refiriéndose a su pelo, y sin reparar en las otras enfermeras que la miraban con mala cara. El rubio abrió una rendija.

–¿Qué? –le preguntó, bastante molesto porque le hubiera dicho golfo delante de Rei.

–La bandeja –dijo ella en el mismo tono, entrando como un torbellino y saliendo de nuevo.

Kamio la vio cerrar la puerta y miró a Rei.
–No te creas nada de lo que dice, yo no soy un golfo.

El moreno alzó la vista incrédulo.
–¿Crees que eso es lo importante? A mí eso me da igual. Sólo dije que estaba celoso porque…

–¿Por qué no podemos hablar de Oshi? Ella lo conoce –el chico de cabello azule interrumpió a Rei.

–Pues porque Oshi es de este mundo y… ella no sabe… ¡Bah! ¿Sabes qué? Que lo explique Kamio –miró al rubio. No sabía cómo explicar aquello, y de todos modos, Kamio era el que sabía la historia de primera mano.

Kamio resopló dejándose caer en el sofá.
–Porque ella es de nuestro mundo, al igual que Oshi. Es su novia, pero no puedo decirle que Oshi está bien, ¿entiendes? Porque además no lo está, está como una puta cabra –se llevó la mano a la cabeza, echándose hacia atrás en el respaldo.

–Sigo sin ver el problema. No sé por qué no le puedes decir que está en mi mundo. Además… yo no lo veo nada de malo –le respondió el chico, con la más absoluta seriedad.

–No, claro. Le diré, no te preocupes, Oshi está en un mundo al que sólo vas a través de un manga, o metiéndote en la habitación de los horrores, lo normal, ¿no? –se encogió de hombros, aún en el asiento –Además, ¿cómo no le ves nada malo? Bueno, ya sé que para ti la hostia que me dio fue una muestra de cariño...

Yoshi siguió mirándolo de la misma manera.
–Pero no tuvisteis reparos en decírmelo a mí, ni a Oshi, ni a Akira... –sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo con sólo mencionar su nombre –¿Por qué…por qué con ella sí? Y si Oshi es tu amigo, ¿es tan malo que te golpeé si se preocupa por ti? –bajó la mirada. Ese comentario del rubio le había hecho sentirse un tanto agredido, aunque ya no sabía ni qué pensar después de haber llegado a ese mundo y de su “encuentro” con Akira –. Noboru te golpea todo el tiempo, pero aún así… –alzó la mirada nuevamente –, ¿no piensas que mi hermano está loco, verdad?

–¡No es lo mismo! –Rei se cruzó de brazos nuevamente, bastante molesto de que lo comparara con Oshi.

–Sí, bueno... Rei me golpea todo el tiempo, pero él es un flojo y no me hace nada. No me coge por la camiseta y me estampa contra las paredes. Además, Rei no es un asesino, ¿vale? No me compares a uno con el otro –el chico suspiró –. Nosotros no íbamos con la intención de decirte nada, es más, ni siquiera esperábamos que estuvieses en la casa de Rei. Creíamos que como mucho estaría Noboru.

–¿Noboru? Pero… –el chico lo miró confundido, y Rei suspiró resignado.

–Sabes muy bien que no soy tu hermano. Soy su doble, así como Kamio es el doble de Akira y viceversa –estaba algo cansado de explicarlo.

Pero el chico solo bajó el rostro, con una expresión triste, y cambió el tema.
–¿Por qué decís que Oshi es un asesino? Yo no lo vi matar a nadie.

–Que no lo hayas visto, no quiere decir que no lo haya hecho. Él dijo que fue un accidente, pero yo sé que no, el mató a su doble.

–Es lo mismo, sólo asumes. No sabes qué sucedió. Un accidente… puede ocurrirle a cualquiera. Las cosas se salen de control… Noboru… Noboru me golpeaba todo el tiempo y me quería. Precisamente por eso… –miró a Rei, que lo observaba con una expresión de tristeza e incomprensión en el rostro. Estaba cansado, no le gustaba ese mundo. Todo parecía poco amistoso con él, lo hacían sentir extraño. El chico se dio la vuelta, dándole la espalda al moreno, y acostándose de lado –. No me gusta estar aquí. Quiero irme a casa.



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