.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capítulo 23


El Fantasma de la Cafetería

Rei subió acompañado por Kamio, ambos intentando comportarse con normalidad, pero igual había algo de nerviosismo en el ambiente. No podía negar que se había sentido bien aquel beso, y el saber que Kamio se interesaba por él de esa manera, pero aún dudaba de si debía permitir que aquello siguiera adelante. Empujó la puerta, para encontrarse con un Yoshi extremadamente serio, sentado en la cama, como si estuviera meditando algo.

El chico lo miró apenas hubo entrado.
–¡Noboru! ¿Dónde estabas? ¿Por qué te fuiste?

Rei se quedó un poco sorprendido ante la urgencia de su voz. Parecía algo agitado, así que, se sentó a su lado, rodeándole los hombros.
–Tranquilo, sólo fui a desayunar. ¿Te sientes bien? ¿Has tenido una pesadilla? –le acarició el cabello, imaginándose que algo así debía ser.

–Sí tuve una pesadilla.

Rei le sonrió para tranquilizarlo.
–Bueno, es natural –le pasó la mano nuevamente por el cabello, a la vez que el chico le lanzaba una mirada a Kamio. No eran la misma persona, pero su rostro era idéntico al de Akira, y era su culpa que su hermano lo hubiera dejado sólo.

El rubio se quedó unos pasos atrás, no se le había pasado por alto aquella mirada de odio que Yoshi le había dedicado. Le parecía una exageración, por mucho que estuviese enamorado de su hermano, sólo habían bajado a desayunar. ¿Qué pretendía, que le pusieran suero a Rei para que no se moviera de su lado? Se giró para mirar a otro lado. Hoy estaba siendo un dia terrible, todo mejor cuando pensaba las tonterías y no las hacía. Ahora Rei sabía que le gustaba, y encima no dejaba de marearlo con excusas extrañas.
–Tienes cara de haber visto un fantasma –le dijo al más joven.

Yoshi le dirigió una mirada algo sorprendida, aunque igual de seria. Él no podía saber nada, ¿cierto?
–No sé de qué hablas –le respondió enigmáticamente, apoyando su cabeza en la almohada de nuevo.

–Hablo de tu cara, que parece que te ha pasado algo. No sé... ¿quieres que llamemos a un médico? –le parecía que eran simplemente celos, pero no estaba seguro, se acercó a mirarlo –Rei, tiene sangre en la barbilla.

–¿Cómo? –el moreno le levantó el rostro, aunque el otro intentó escabullirse. Era cierto –Yoshi, ¿qué te sucedió? Llama a una enfermera, ¿quieres, Kamio?

–¡No! –Yoshi bajó la mirada –No, yo…me mordí el labio mientras dormía, eso es todo.

–Pero déjame ver –le volvió a subir el rostro, un poco confundido. No parecía tener ninguna herida en el labio. No comprendía qué era lo que le pasaba –Kamio, ¿me pasas un pañuelo?

–Yoshi, ¿hay algo que te moleste? ¿Estás enfadado por algo? –le preguntó mientras le ofrecía un pañuelo a Rei.

Yoshi lo miró de reojo, aún sostenido por la mano de Rei.
–No, no me pasa...

–Shh… quieto –el mayor lo interrumpió, intentando limpiarle la supuesta herida, y salvándolo un poco de tener que contestar a esa pregunta. Le pasó el pañuelo con suavidad, por la barbilla y el labio, luego de mojarlo un poco en un vaso de agua, que se encontraba en la mesita de noche –. Pues no, no veo ninguna cortada, Yoshi. ¿Seguro que no quieres que llame a una enfermera? –no se explicaba qué podía haberle pasado al chico. A lo mejor se le había abierto alguna de sus heridas, pero los vendajes parecían estar limpios.

Kamio suspiró, mirando al techo blanco de la habitación. Era la situación mas incómoda que había vivido en su vida, tal vez debía irse, miró el reloj, era una perdida de tiempo si pensaba quedarse a comer con Rei.
–Rei, ¿comerás conmigo?

–Sí, claro. ¿Regresarás más tarde? –despegó su mirada lentamente de la barbilla del chico, para posarla en el rubio. Suponía que tendría otras cosas que hacer. Tampoco quería que abandonase su vida por él.

–¿Me dejarás sólo de nuevo, Noboru?

–Yoshi, ya te dije que me llames Rei –lo miró algo preocupado por aquella actitud. Sin embargo le sonrió –. Bueno, no es necesario, si tanto te preocupa…podemos comer aquí. No creo que les moleste que subamos la comida de la cafetería. ¿Estás de acuerdo, Kamio? –no sabía si aceptaría. Era consciente de que era una situación incómoda, y más después de lo que le había contado la noche anterior.

El rubio hizo una mueca al escuchar aquello, le ponía nervioso estar allí los tres y aún encima era el único momento en el que podía estar a solas con Rei.
–No me importa –dijo sonriendo un poco –, pero no me voy. Total... no me merece la pena para el rato que queda.
Rei le sonrió agradecido.

–Bien, nos quedamos. Ahora que estás tranquilo, descansa –le dijo a Yoshi, mientras le acariciaba la frente, empujándolo con suavidad para que se acostara. Suspiró, mirando al rubio nuevamente. Le aliviaba que no se fuera, pero él no se lo hubiera podido pedir jamás.

Kamio le hizo una mueca, que se suponía debía de ser una sonrisa, y de serlo era la mas falsa que jamás se hubiese marcado en una cara. Eso mismo pensó Kamio, antes de sonreír realmente.
–Bueno, ya sabes que soy un pesado, no vas a echarme fácilmente, y mucho menos con esos pantalones, si me voy no te vería el culo –dijo mirándolo fijamente, aprovechando que él estaba sentado y el chico de pie.

–¿Ya empiezas de nuevo? –el chico le lanzó una mirada enervada. Es que no se podía ser amable con él, porque siempre se aprovechaba –Eres un pervertido, además, es tu culpa que lleve estos pantalones, endemoniado libidinoso –se sentó rápidamente, para que dejara de mirarle el culo.

–Y sé que es mi culpa. Y por eso me enorgullezco –le dio un codazo –, venga, ¿no me dijiste antes que estabas cansado? Puedes dormir ahora, yo estoy contigo... y con Yoshi –se corrigió inmediatamente, aunque en realidad preferiría que se durmiera Yoshi.

–Idiota, no era esa clase de cansancio. Ya he dormido lo suficiente –lo que había querido decir era que estaba cansado de luchar, por eso se había dejado besar. Pero eso no lo podía saber Kamio, y no pensaba decírselo.

–¿No? ¿Entonces cansado de qué? –lo miró, cruzándose de brazos –, ¿de aguantarme? ¿Te mareo?

–No… ¡Sí! Claro que me mareas, tendría que ser tornado para que no me mareases. Pero, no es eso. Es… –lo miró fingiendo enfado –¡Es privado! Deja de hacer tantas preguntas.

Yoshi simplemente los miraba desde la cama, aquello no tenía fin, pero al menos habían dejado de prestarle atención a él.

–No quiero, es que no me explicas nada, no me explicas porque no... ¿por qué no, Rei? –le dijo esperando que supiera de lo que hablaba –Dame un motivo, dime algo real y no volveré a mencionarlo.

Rei levantó la vista, exasperado. ¿Esperaba que contestara eso delante de Yoshi?
–Ya te dije por qué no, Kamio. Si prestaras atención a algo de lo que digo, en vez de mirarme el culo, lo sabrías.

–No, eso no me vale quiero un motivo de verdad... –resopló sonoramente –Eres un capullo, ¿te crees que sólo pienso en tu culo? También pienso en otros culos.

–¿Ah, sí? Pues no me sorprende, si es en lo único que piensas… –tenía las mejillas encendidas. Se sentía sumamente molesto por ese comentario, y el sentirse así, lo molestaba aún más.

Yoshi los miró con sospecha. ¿Acaso había sucedido algo entre ellos durante el desayuno?

Kamio se rió al ver su cara, pues si se ponía celoso, ¿para que le molestaba que le mirase el culo?
–Dios, no es verdad, no voy por ahí mirando culos –aunque si veía alguno interesante no le hacía ascos, pero eso se lo ahorró –, además, a ti no debería de importarte si los miro o no. ¿O es que quieres que sólo mire el tuyo?

–¡Claro que no! ¡Por mí, vete a mirar todos los culos del mundo, y que te aproveche! –con lo salido que era, no se creía eso de que no iba por ahí mirando culos.

–Juego al fútbol con un montón de tíos, y después nos duchamos juntos en el mismo vestuario. Veo muchos culos a menudo, pero ahora quiero ver el tuyo, ¿te duchas conmigo? –el rubio lo miro sonriéndole, Rei se sacaba de quicio a la mínima.

–¡No! ¡Yo no me baño contigo, ni loco! –no pudo evitar que se le subieran los colores, al imaginarse al rubio mojado y desnudo. Sacudió la cabeza con furia. ¿Qué demonios le pasaba? ¿Por qué pensaba idioteces? Tomó una de esas revistas aburridas que le habían traído las enfermeras para que se entretuviera, y la lanzó contra Kamio, con todas sus fuerzas –¡Compórtate! ¡¿No ves que alteras a Yoshi?! –le gritó, señalando al chico, a pesar de que Yoshi no había dicho ni una palabra, ni se había movido.

–Pues yo creo que el único alterado eres tú. Yoshi está muy tranquilo sin decir ni mu, así que... –se levantó para sentarse a su lado, muy pegado a él, incordiándolo. Sacudió la revista en sus manos y le pegó con ella en la cabeza –relájate un poco, hombre, que te va a dar un infarto.

–No me pegues –protestó, alborotándose el cabello con la mano, como si él jamás hubiera sido violento en su vida –. Y si me da un infarto, será por tu culpa.

–Te pego si quiero, tú siempre me pegas –se pegó más a él –. ¿Cómo que por mi culpa? Yo no te hago nada –paso la mano por detrás, metiéndola bajo la camiseta del chico y acariciándole la piel de la espalda, ni siquiera tenía ocasión para disfrutar la caricia, más bien le preocupaba sólo la reacción.

Rei arqueó la espalda, intentando escapar de su mano.
–¿No me haces nada? ¿Y cómo llamas a eso? –se movió más, la tela de la camiseta ajustaba le pegaba la mano a la piel, además, lo ponía nervioso –¡Saca! –hizo otro movimiento brusco, cayéndose al suelo.

Kamio se levantó, llevándose la mano a la frente.
–Eres de lo que no hay –le tendió la mano –. Sólo te tocaba la espalda, no es ninguna cosa pervertida para que tengas que ponerte nervioso. ¿Tan caliente eres? –sonrió de medio lado, aún tendiéndole la mano.

–Agh… Deja de decir burradas –se levantó, chocándole la mano, en vez de tomarla.

–Pues no sé que tanto me la rechazas ahora, cuando tenías pesadillas me la agarrabas bien fuerte –el rubio le echó un corte de mangas –. Dame un beso –le exigió.

–¿Estás loco? No voy a darte ningún beso, no vengas con exigencias raras –se cruzó de brazos –Y además, fuiste tú quien sujetó mi mano mientras dormía, aprovechado.

–Yo la sujeté, pero tu fuiste quien la agarró con fuerza, así... –le agarró la mano, escenificando –"Kamio, cariño, no me dejes solo por favor" y yo... "Ya, mi vida" –se empezó a reír a carcajadas –. Venga, bésame.

–Ah… suéltame, idiota –le dio un manotazo en el pecho con su otra mano, intentando zafarse –. Y te he dicho que no me imites. Además, lo haces fatal, y yo no digo esas cosas –lo empujó de nuevo.

–El manga… –Yoshi los interrumpió súbitamente –El manga que nos trajo aquí, no lo habéis vuelto a ver, ¿verdad? –sabía que probablemente no era lo más prudente preguntar de esa manera, pero no había podido soportarlo más. Y de todos modos, tendría que preguntar tarde o temprano.

Kamio se giró para mirarlo, empujando a Rei antes de contestarle.
–No, cuando llegamos al otro lado yo ta no lo tenía en las manos. En tu casa fue la ultima vez que lo vi, pero, ¿qué más da? ¿Es que quieres volver?

–No, no quiero volver… Sólo era curiosidad.

Rei pasó al lado de Kamio, devolviéndole el empujón. Se sentó al lado del chico, pensando que probablemente se sentía nostálgico.
–Sé que este mundo te debe parecer confuso, pero ya te acostumbrarás. No es tan malo, ¿eh?

El rubio se apoyó en la ventana.
–¿Sabes? De nuevo me pareció ver a Akira en la cafetería, creo que me estoy volviendo un chiflado. Ahora Akira es... “El fantasma de la cafetería” –se rió.

Yoshi apretó los puños, aferrando la sábana con sus manos, tenso, gesto que a Rei no se le escapó. ¿Le tenía miedo a Akira? Pero, ¿por qué? Si apenas habían cruzado dos palabras. No lo entendía.

–Bah, lo que pasa es que eres un paranoico, Kamio. Eso es imposible. Seguramente hay algún paciente o familiar que se le parece –sus palabras iban dirigidas al rubio, pero también tenían la intención de tranquilizar a Yoshi.

–Tampoco llegué a verle bien la cara, pero es que llevaba una ropa y todo... el peinado incluso, se parece mucho. Da mal royo, si lo vuelvo a ver le mirare la cara, sólo para quitarme la sensación, no sé, me pone nervioso.




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