.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 22
Akira, el shinigami

El moreno entró en la habitación de Yoshi, y le pasó la mano por la cara suavemente.
–Cuando duermes, pareces un angelito –sonrió de medio lado, y dejó escapar un suspiro entre los labios. Una pequeña cuchilla de metal frío, acarició la parte inferior del ojo de Yoshi –. Despierta, cariño.

Yoshi sintió algo extraño tocarle el rostro y se removió un poco, esperando ver a Rei cuando abriese los ojos. En vez de eso, lo que vio lo dejó paralizado. Sus ojos se abrieron de par en par, contemplando el rostro de Akira, y sintiendo la sensación del metal frío contra su piel. No hizo ningún movimiento, sólo podía observarlo aterrorizado.

–Yoshi, ¿qué te ha pasado? –bajó un poco las sábanas, levantándole la camisa para descubrir su cuerpo totalmente vendado –¿Tienes miedo? –se inclinó un poco, lamiéndole el cuello –No tienes por qué temerme, si eres bueno.

–Tú…tú… –era imposible, Akira estaba muerto. Era lo último que había visto antes de… No quería completar ese pensamiento –estás…

–¿Estoy qué? –se rió –Estoy... ¿muerto? ¿Crees que soy un ángel tal vez?

–Pero…yo te vi. Estabas… –no sabía qué pensar, su hermano también estaba muerto, y sin embargo… Pero esto era distinto, porque existía Kamio. Fuera lo que fuera, no podía relajarse, con ese cuchillo tocándolo.

El moreno se abrió la camisa de seda negra, mostrándole su piel pálida, un corte atravesaba desde su cuello a su pelvis.
–¿Esto? –sonrió de nuevo, y movió el cuchillo entre sus dedos, arrastrándolo por su pecho y cortándose la piel, la sangre comenzó a mojarlo. Hizo un sonido, como si aquello le excitara.

Yoshi sólo abrió la boca, dejando escapar un gemido asustado. Aquella cicatriz, significaba que sí había sucedido, era real. No se explicaba como alguien podía sobrevivir a eso.

–Sólo he venido a ver cómo estabas, ya ves, soy muy considerado. Bueno... a eso, y a buscar el libro. Supongo... que tú no sabrás donde está, ¿no? –el moreno lamió la cuchilla, mirándolo a los ojos –Y no me mientas, porque... –lamió la lengua del chico, obligándole a abrir la boca, y empapándola con su sangre –tengo muy mal temperamento.

–No…no… no sé donde está, lo juro –el chico lo miraba con ojos suplicantes. Era cierto que había tomado el libro en primera instancia, cuando llegaron a la habitación de los espejos. Por primera vez, al ver a su hermano enfadado de aquella manera, había estado seguro de que ya no lo llevaría con él. Y lo había escondido, con la esperanza de que se quedara en su mundo, de que lograran salir de allí de alguna otra manera, y Noboru permaneciera junto a él. Pero en el trayecto lo había perdido. Volvió a mirar al moreno, negando con la cabeza –. No lo tengo.

–¿No lo tienes? –el moreno apretó la cuchilla contra su cuello –Yo no existo en este mundo, ni en ningún otro ya. Si te mato, nadie sabrá que he sido yo, no es la primera vez que lo hago, Yoshi. ¿Lo repito? –sonrió de medio lado –Te vi cogerlo –le advirtió, aún rozándole con la cuchilla –. Eres precioso, no me importaría nada hacerte gemir...de dolor.

Yoshi intentó echarse un poco hacia atrás, para apartarse de la cuchilla, pero ni el miedo ni sus heridas se lo permitieron. Tenía el corazón acelerado.
–Pero… lo perdí. No miento, no sé donde está –miró nervioso hacia la puerta. ¿Dónde estaba su hermano?

–¿Qué miras? ¿Buscas a tu hermano? Está con Kamio, qué lástima, debería de haberse quedado contigo, pero...la vida no es justa –se acercó a él, hablando sobre sus labios y mirándolo a los ojos –. Te dejaré que te lo pienses de nuevo, a ver si te acuerdas. Se me acaba el tiempo... di una sola palabra de que he estado aquí y mataré a Rei. Después tú serás mi nuevo juguete, ¿lo has entendido?

Yoshi asintió con lentitud, mirándolo a los ojos. Le temía, y por encima de todo, no deseaba que lastimara a su hermano, pero, ¿cómo podía encontrar ese libro? Lo había perdido dentro de ese lugar, y no pensaba regresar allí. Parpadeó sin atreverse a pronunciar palabra.

–Buen chico –dijo tapándolo de nuevo, e hizo una señal para que se mantuviese callado –. Nos veremos de nuevo, no lo dudes –le besó los labios antes de salir –. Sería una pena tener que matar a Rei.



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