Capítulo 21
Love Me /Don't Love Me
Kamio se despertó entre las sábanas del cuarto de Rei, bostezando
sonoramente y se girándose en la cama, agarrando la almohada.
De nuevo había tenido pesadillas, no creía que fuera a pasar una
sola noche más sin ellas. Sus ojos se veían un poco cansados,
pero sonrió al ver los tomos que había dejado sobre la mesilla.
No iba a colocarlos, ya no recordaba donde iba cada uno, y seguro
que Rei los tenía de alguna manera en concreto. Apoyó la cara
en la almohada, frotándose con ella. Olía a Rei y olía bien, se
sintió pervertido por haber pensado algo así y se levantó de la
cama.
–No la haré, ya estaba deshecha... –dijo mientras caminaba hacia
al baño a asearse, al menos eso sí estaba bien limpio.
El rubio salió tras una ducha y metió la ropa de Rei dentro de
una bolsa, el pelo empapado le mojaba la camiseta.
Una hora más tarde subía por las escaleras del hospital,
de nuevo entrando por donde no debía. No sabía si eran horas de
visita, pero no le importaba mucho. Llamó a la puerta suavemente
y la entreabrió.
–¿Puedo?
–Pasa –Rei lo recibió con una leve sonrisa. Aún sostenía la mano
de Yoshi, que se había quedado dormido de nuevo, luego de que
le suministraran calmantes para el dolor –. Trajiste la ropa,
¿cierto?
–Cierto, pero si la quieres tendrás que compensarme los esfuerzos
–dijo lanzándole las llaves –. ¿Pensaste en eso?
Rei atrapó las llaves en el aire, soltando a Yoshi.
–¿Compensarte? ¿De qué estas hablando?
–El que te haya traído la ropa merece una compensación. Bueno,
eso y que te haya calentado la cama por la noche, y que te haya
desordenado los tomos... y bueno... ¿Así que hardcore, no? –lo
miró acercándose mucho.
Rei se sintió enrojecer. Debía haberse imaginado que Kamio revisaría
sus mangas.
–¿Cómo que los desordenaste? ¡Y lo que yo lea, no es asunto tuyo!
–le metió una colleja.
–Ay... –se llevó la mano a la cabeza, pasándole la bolsa –¿Qué
querías? Me aburría, algo tenía que hacer, ¿no? encima que me
quedo cuidándote la casa –miró a Yoshi, parecía tranquilo y dormido,
esperaba que estuviese mejorando –. ¿Qué?, ¿ya te metió mano mientras
dormías?
–¡Kamio! –se puso en pie, volviendo a meterle otra colleja –¿Es
que no sabes decir más que groserías? –miró al chico, asegurándose
de no haberlo despertado –Además, nadie te dijo que te quedaras
a dormir en mi casa –tomó la bolsa con gesto de cabreo.
–No, es que no hace falta que nadie me ordene las cosas para que
yo las haga –le dijo mirándolo serio y ya un poco cabreado con
tanto golpecito. De pronto le cogió la muñeca –. Pensaste eso,
¿sí o no? –lo soltó de nuevo, al ver que no comprendía nada, además,
seguía molesto –Bah... voy a mear.
Rei se quedó mirándolo con expresión extrañada. No estaba acostumbrado
a verlo tan serio. Sacudió la cabeza, despertándose a sí mismo.
–¿Cómo que vas a mear? –se colocó en la puerta del baño, impidiéndole
el paso con un brazo –¿Me quieres decir qué es lo qué te pasa?
Kamio se quedó mirándolo, ¿tenía que decírselo? Lo mejor era que
sí. Eso, si no quería mearse por encima.
–Nada... no me pasa nada –dijo contradiciendo lo que pensaba,
sonrió un poco –. ¿Me dejas mear, o quieres que te haga una lluvia
dorada?
–Ugh… ve, ve a mear, que eres capaz de hacerlo aquí –retiró su
mano, aunque contrariado. Así que, no le pasaba nada, ¿eh? Entonces,
él no tenía nada que adivinar.
El rubio lo apartó, entrando en el baño, se pasaban el tiempo
discutiendo, ¿se suponía que era masoca o qué? ¿Para que le gustaba
si era un insoportable? Suspiró mirando la pared y sonrió.
–Estúpido borde –le dijo al salir.
–Idiota pervertido –lo miró de igual manera, cruzándose de brazos
–. ¿Ya puedo cambiarme, o tienes más insultos?
El rubio levantó una ceja y lo cogió del brazo, tirando de él
y besándole los labios. Le gustaba, pero era una persona imposible,
lo apartó sin darle tiempo a decir nada.
–Cállate un poco.
Rei se quedó petrificado con ese beso No se lo había esperado,
y además… no le había molestado. Pero Kamio sólo tuvo que abrir
la boca para cabrearlo de nuevo. Sólo hacía esas cosas por molestar.
–¿Quien te crees que eres? ¿Algún tipo de play boy? ¡No puedes
andar besando a quien se te antoje! ¡No vuelvas a hacer eso! ¿Me
oyes? –se dio la vuelta en dirección al baño, andando como un
torbellino y murmurando –Maldito idiota...
–Tsk... –Kamio chaqueó los labios, volviéndose de espaldas a la
entrada del baño, ¿para qué se ponía así? Si le hubiera molestado
tanto, no habría puesto esa cara cuando lo había besado. ¿Es que
no podía tomarlo en serio? ¿Creía que iba besando por ahí a todo
el mundo? Suspiró, asomándose a la ventana, pero de nuevo le dio
por sonreír. Rei se había cabreado bastante, ¿pero cómo le iba
a decir que se celaba? Era capaz de cortarle la cabeza.
Rei seguía encerrado en el baño, quitándose la ropa que llevaba
de hace dos días. Continuaba refunfuñando.
–Kamio estúpido, maldito engreído, grosero, pervertido… –estaba
realmente molesto con la forma en la que se lo tomaba todo. Así
no se podía saber nunca si iba en serio o no. Lo había besado
sólo por molestar, por que se callara, aunque eso tuviera el efecto
contrario. Se llevó los dedos a los labios. Era extraño, le había
gustado ese beso. Eso no era posible, era Kamio... –Agh… –protestó
desesperado –No, a mí no me gusta ese pervertido. No, por supuesto
que no –sacó la ropa de la bolsa, aún intentando convencerse a
sí mismo, y su mirada se tornó un poco más agobiada. El muy baka
le había elegido precisamente lo más ajustado que tenía en el
armario. Era ropa que por lo general sólo usaba para estar en
casa –. Mierda, Kamio, te mato… – no le molestaba tanto el usarla,
como la razón por la que se imaginaba que la habría elegido. No
tenía otra opción de todos modos.
El rubio se había apoyado cerca de la puerta del baño y en cuanto
Rei abrió, le sonrió, amarrándolo por el hombro y poniéndolo de
espaldas a él, lo volvió de frente de nuevo.
–Ya veo que escogí la ropa perfecta, ¿no? Quería que estuvieses
cómodo –se rió un poco, la verdad es que le había dado un subidón
al verlo, pero sabía disimularlo muy bien.
–Eres un idiota, Kamio. Ni siquiera eso puedes hacerlo en serio
–lo empujó enfadado, y siguió de largo, hacia la ventana. Súbitamente
se dio la vuelta, sin explicación aparente, mirando al rubio –¡Y
no se te ocurra mirarme el culo!
Kamio, de hecho, ya estaba mirándoselo, y se agachó tras él.
–Te lo estoy viendo, ¿que harás? –se levantó por si acaso –¿Vas
a pegarme? –le puso la mano en una nalga.
El chico apretó los puños, casi temblando de la furia, y se dio
la vuelta rápidamente, con el rostro rojo, a la vez que le metía
la más sonora cachetada que había lanzado en su vida.
–¡Cerdo!
Yoshi se removió en sueños, demasiado drogado como para despertarse,
pero era imposible no escuchar tal grito.
Kamio se rió llevándose la mano a la cara, lo cierto es que había
dolido y estaba seguro de que le había dejado la huella tatuada
en la mejilla.
–Puede, pero mereció la pena, ¿y si ahora yo te la devuelvo? –se
quedo mirándolo fijamente, y no pudo evitar ponerse serio al decir
aquello. Ya que ese chico parecía creer que podía pegarle sin
tener consecuencias. Y de momento no las tenía, pero porque no
quería hacerle daño.
–¿Por qué no lo intentas, y lo averiguas? –lo miró desafiante,
aún con el rostro colorado.
–¿Realmente quieres que lo intente? –lo miró a los ojos de la
misma manera que él, y apretó la mandíbula –¡No puedes andar pegándole
a quien se te antoje! –dijo imitándolo con lo del beso, en el
mismo tono serio. Lo empujó un poco, para cabrearlo más aún.
–No le pego a todos, sólo a ti. Y no me gusta que me imites. ¡Además,
lo haces mal! –lo empujó de vuelta.
–Pues yo tampoco beso a todos, sólo a ti –en vez de empujarlo,
esta vez tiró de él acercándolo, pero sin dejar de mirarlo serio
–¿Y ahora qué?
–So...sólo lo haces para carearme. Suéltame –le exigió nervioso.
–No –Kamio seguía mirándolo totalmente serio, sin soltarle la
camiseta –. No lo hago por eso, ¿ya sabes qué me pasa?
Rei le sostuvo la mirada, igual de serio, examinando sus ojos.
No podía ser. ¿Acaso Kamio le estaba diciendo que le gustaba?
Pero, ¿cómo le podía gustar él? Desvió la mirada, más nervioso.
–No pienses tonterías, Kamio.
El rubio lo miró aflojando su mano, estaba claro que aquello era
imposible. A Rei no le gustaba, y en parte no tenía esperanzas
de ningún tipo, se había tirado a su hermano, y encima él lo había
visto.
–Tienes razón... si esa es tu respuesta –dio unos pasos atrás,
alejándose de Rei.
–Pues… –Rei se rascó el brazo, decepcionado, aunque no estaba
seguro de por qué. Exactamente... ¿qué quería que pasara? No tenía
sentido –¿Quieres…acompañarme a buscar desayuno? –cambió el tema,
como si allí no hubiera sucedido nada –Yoshi… no creo que se de
cuenta. Estará noqueado un tiempo más –se metió las manos en los
bolsillos, incómodo.
–Sí, te acompaño, tampoco he desayunado nada, la verdad –se metió
las manos en los bolsillos y lo miró de soslayo. Seguía pensando
“tonterías”, pero es que pensar en él era inevitable y sólo quería
besarlo. Sin embargo a Rei, sus sentimientos no le parecían más
que eso, tonterías –. Tengo hambre –dijo cuando ya andaban por
el pasillo, la atmósfera estaba un tanto tensa.
– Sí…sí, hace hambre –comentó el chico como si aquello fuera un
cambio climático. Pero no sabía qué decir –jugueteaba con sus
llaves dentro del bolsillo, aunque tampoco había tanto espacio,
con ese pantalón tan ajustado.
–¿Estás incomodo conmigo ahora? –el rubio lo miró, sonriendo de
medio lado, aunque amargamente. De hecho, él sí lo estaba, por
un lado se sentía rechazado y eso no ayudaba mucho, pero por el
otro además le había molestado la palabra "tontería"
especialmente, se rió un poco de sí mismo. Su actitud era infantil,
hasta él podía verlo.
–¡Claro que no! –lo miró de reojo, bajando la cabeza, el flequillo
cayendo en un amasijo negro con rojo, alrededor de su rostro.
Claro que lo estaba, estaba nervioso. Y precisamente por eso,
las palabras escaparon de sus labios, antes de que pudiera pensárselo
mejor fueron –Kamio, ¿qué piensas de mí?
–Ya lo sabes, ¿no? –miró hacia el chico, y luego alzó la vista
–¿Quieres avergonzarme más haciendo que lo diga?
–Idiota, yo no ando preguntando cosas que ya sé... –le lanzó una
mirada hastiada –Idiota –refunfuñó en bajito.
Kamio suspiró, observándolo.
–Que eres un borde, me maltratas, tienes un carácter odioso, eres
un guarro que tiene la casa hecha una mierda, además eres friki
y... a parte de eso... me gustas, pero no creo que eso sea una
novedad –dijo, y a pesar de que estaba colorado, sonrió.
–¿Ah sí? Pues… –estaba a punto de hacerle una lista de las cosa
molestas de Kamio, cuando comprendió lo que éste, muy a su manera,
trataba de decirle. Abrió más los ojos, sorprendido –¿Por qué?
–Eso no se pregunta, Rei, joder... –suspiró, mirando a otro lado.
Agradeció estar ya en la planta baja, sólo para encender un pitillo
y descargar con él su tensión –¿Por qué no?
El chico bajó la cabeza de nuevo, mirando al suelo.
– Porque soy todas esas cosas que dijiste hace un rato. Soy borde,
te maltrato, tengo un carácter odioso, etc, etc… –alzó la mirada
de nuevo –¿Cómo puedo gustarte entonces?
–Porque también eres otras cosas, pero esas no quiero decirlas,
me da vergüenza. Da igual, supongo que es imposible tal y como
han ido las cosas, ojalá hubieran ocurrido de distinto modo, supongo
que ahora te daré bastante asco –sonrió de medio lado y le dio
una calada al pitillo. Le temblaban los dedos, y esa sonrisa chula
no correspondía a como se sentía.
Rei volvió a ocultar su rostro tras el flequillo, sonriendo, muy
a su pesar.
–No, Kamio, no me das asco. La verdad… la verdad es que… creo
que también me gustas –un leve rubor tiñó sus mejillas, acompañando
a esta confesión, pero bajó los ojos algo más apesadumbrado –,
pero…no creo que quieras estar conmigo.
Kamio se quedó congelado al escuchar aquello, pero mucho más cuando
oyó la segunda parte. Le dio otra calada al pitillo, tirándolo
al suelo y pisándolo. Sonrió de medio lado ora vez.
–Esa es la mejor excusa para dame largas que me han dicho hasta
ahora.
–Bien, si quieres pensar eso, hazlo. Es lo mejor –Rei empezó a
caminar más rápido, dejándolo atrás.
Kamio lo siguió corriendo hacia él y se plantó delante.
–Si te digo que me gustas, ¿cómo no voy a querer estar contigo?
¿No ves que de todos modos lo estoy? Si no asimilas eso... me
suena a excusa. ¿Qué quieres que te diga? –lo miró un tanto agobiado,
de no entender nada.
–No es excusa. Es sólo que no soy alguien...que deba gustarte.
No le gusto a nadie. Es natural, y no creo que deba gustarte a
ti tampoco –apartó la mirada –. Déjame pasar.
–No quiero –se quedó plantado delante de él –. No puedes decirme
quien no me tiene que gustar.
–¡Bien! –lo miró exasperado –Haz lo que quieras, pero no soy una
buena persona, y además, sólo te voy a meter en líos –más bien,
parecía una amenaza. Rei rodeó al rubio, intentando pasar de todas
maneras.
Kamio le impidió el paso, amarrándolo de la cintura del pantalón,
lo tenía loco con aquellas razones a medio explicar.
–Me da igual, no te estoy pidiendo que te cases conmigo, esta
en tu mano intentarlo o no, dime –lo acercó a él, tirando del
pantalón –. Yo sé que te gusto, me lo has dicho.
Rei intentaba con todas sus fuerzas no mirarlo.
–No dije eso, engreído. Dije que… creo que me gustas –se le volvieron
a encender las mejillas, y agachó más la cabeza –. Eso no importa.
¿Acaso te vas a enredar con un borde, maltratador, y detestable,
sólo porque a él le gustes?
–Pero a mí me gustas, joder –el rubio le levantó la cara para
que lo mirase –. ¿Te lo tengo que poner por escrito? Venga, dime
que sí, tú quieres decirme que sí, si no me dices que sí simplemente...
–Si no te digo que sí… ¿qué? –Rei lo miró directamente, examinándolo
con sus ojos negros.
–Te tomaré igual –tiró más de él, pegándolo a su cuerpo. Aproximó
sus labios a los de Rei, mirándolo a los ojos. Estaban dando la
escena en la entrada de recepción, pero no le importaba demasiado
–. Lo siento, no soy muy partidario de ser correcto ni obediente
–metió sus dedos entre el cabello negro del chico, tratando de
besarlo.
Rei intentó empujarlo, aunque sin poner mucho empeño. Lo cierto
era que deseaba ese beso, y deseaba dejarse llevar, por más líos
que tuviera, y por más que pensara que no se lo merecía. Dejó
que lo besara por un breve momento, pero sin cerrar los ojos,
ni dejar de mirarlo. Luego lo empujó un poco, separando sus labios,
y apoyando la frente en el pecho del rubio.
–Estoy cansado…
Kamio apoyó las manos en los hombros de Rei, y luego lo abrazó.
–Desayunemos, ¿vale? Tengo hambre –apoyó una mano en el hombro
del chico y la otra la guardó de nuevo en su bolsillo, deshaciendo
aquel abrazo. No sabía muy bien a qué atenerse, pero no se iba
a retractar. A Rei le gustaba, aunque fuera un poco, y hasta que
no comprendiese por qué no quería estar con él, no iba a dejar
aquello.

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