Capítulo
19
Adivinanzas (Las razones de Kamio)
Kamio se había sentado junto a Rei, a pesar de que había un sillón
libre, y le acariciaba una mano, aunque no sabía muy bien por qué
hacía aquello, si el que estaba mal era Yoshi. La cogió con suavidad,
poniéndola sobre su mano y entrelazando los dedos, estaba nervioso
por esa tontería, como si estuviese haciendo algo malo, se había
pasado todo el tiempo despierto vigilando a Yoshi, pero los dos
dormían perfectamente tranquilos, y le estaba entrando sueño a él
también.
Rei se removió un poco, entre sueños. Sintió una mano sujetando
la suya, y la apretó con fuerza. Un rayo iluminó el lugar, quedándose
suspendido en aquella tenue luz, como por arte de magia. De nuevo
estaba en la habitación de los espejos. Miró hacia un lado, y vio
que la mano que sostenía, era la de Yoshi, pero el reflejo a su
alrededor era el de su verdadero hermano. De pronto, el reflejo
que tenía enfrente, el más alejado, se movió, y el chico pelirrojo
comenzó a salir a través del espejo.
–¡Shiori! –corrió hacia él excediendo su mano, pero nunca llegó
a alcanzarlo, Shiori desapareció antes de que pudiera llegar, a
la vez que la mano de Yoshi se deslizaba de su agarre, perdiéndose
en las sombras –No… –miró sus manos, notando que estaban manchadas
de sangre. Todo se volvió oscuridad nuevamente por un segundo, y
luego otro rayo iluminó el lugar.
Pudo ver en los espejos, aquella horrible visión del chico abierto
en canal. Sólo que esta vez, no era Akira, era Kamio. Su respiración
se hizo más agitada –No… –se despertó con brusquedad, tirando un
poco de la mano del rubio, y haciendo que éste se deslizara por
el sillón.
Se quedó hundido en el sofá al lado de Rei, aún sujetando su mano,
o para ser más precisos su mano estaba siendo estrujada.
–Pues vale, no –susurró, poniéndole un dedo en los labios para que
no levantara la voz –. ¿Tenías una pesadilla?
–No, qué va –le contestó sin soltar su mano, un poco molesto de
que lo hubiera visto en ese estado. Se percató de lo que estaba
haciendo y alzó las dos manos frente a sus ojos –. ¿Qué haces?
–No hago nada –dijo sonriéndole –. Bueno, vale, sí, te estaba agarrando
una mano, pero eso no es nada, ¿no? Tenías una pesadilla –le apartó
el flequillo de la cara –. Yo también tuve por la noche, ¿que pasaba?
–¿Para qué quieres saber eso? Pues nada… que estaba de vuelta en
aquel lugar –desvió un poco la mirada, no quería hablarle de lo
demás. Ya se imaginaba que no le sentaría muy bien, eso de que lo
hubiera visto muerto a él. Además de que se imaginaba bromas del
estilo a... “soñabas conmigo” Era algo de nunca acabar –.Ya vale,
suéltame, ¿quieres?
Kamio se levantó del sofá, resoplando un poco.
–Tranquilo, que no te toco, hombre –se metió las manos en los bolsillos
y miró a Yoshi, recordando lo que le había dicho. Por otra parte,
le daba vergüenza decírselo. Tal vez Rei también había tenido esa
relación con su verdadero hermano –. No sé si debería decirte algo.
–¿Qué? ¿Sucedió algo mientras dormía? –miró a Yoshi, un poco alarmado,
pero el chico parecía dormir tranquilamente.
–No, sólo hablamos de varias cosas –se pasó las manos por el pelo
–Bueno... –se agachó a la altura de Rei –digamos que el tal Noboru
no era un hermano muy... normal, ¿vale? Sus preferencias vienen
inculcadas por él, por decirlo finamente.
Rei suspiró, mirándolo confundido.
–Cielos, Kamio, ¿de qué estás hablando? No te entiende ni tu madre.
–Coño, después decís que soy basto, sino no me entendéis... Que
Noboru se follaba a Yoshi y era un sádico, ¿lo coges?
–¡Shh! –Rei le cubrió la boca, aunque demasiado tarde. Quitó su
mano del rostro del rubio –¿Quieres decir que… abusaba de él?
–No, quiero decir que a él le gustaba, ya sabes que le gusta. Es
masoca perdido, asimílalo. El caso es que Noboru se lo tiraba, y
le hacía daño según él porque lo quería, así que, me imagino que
buscara lo mismo en ti.
–Pero… –Rei miró al chico con los ojos abiertos por la sorpresa
–Pero…yo no puedo hacer eso. Yo no quiero hacer eso –se corrigió.
Deseaba ayudarlo y protegerlo como un hermano, sí. Pero no de ninguna
otra manera, y menos hacerle daño. Aunque ahora entendía el comportamiento
extraño del chico.
–Es que no tienes que hacerlo –dijo de manera apresurada –, que
lo quieras no quiere decir que tengas que consentirle todo lo que
desee, y menos algo así, joder. No sé ni como te lo puedes plantear,
Rei –se volvió dándole la espalda, y se sentó en el sofá. Tanto
si le gustaba como si no –. Da igual, él tiene que entender que
tú no eres Noboru, y eso implica que tú, bueno... eso, me canse
de explicarme.
–No seas idota, Kamio –le metió una palmada en el brazo, despertando
un poco de su asombro –. No me lo estaba planteando. Es sólo que…
no sé cómo manejar esto.
–Simplemente no lo manejes, da igual –se sintió un poco enfurecido.
Tal vez sí era posible que se celara como Yoshi decía –. Si se te
insinúa corta con eso y ya está, no es tan difícil creo yo –se levantó
de nuevo, inquieto.
–¿Ahora qué te pasa? –le había molestado que le hablara así –No
es así de simple. No quiero lastimar sus sentimientos. ¿O es que
te crees que porque viene de otro mundo y está acostumbrado a otras
cosas, no tiene sentimientos, eh? –bajó el rostro, algo enrojecido,
y lo miró de reojo, dolido por dentro –Además, si tan fácil te parece…
¿por qué no lo hiciste tú?
–No es lo mismo, yo no soy su hermano, además... no te enteras de
nada –resopló, apoyándose en la pared y mirando al suelo. Era como
si estuvieran destinados a no entenderse, y le dio la risa sin motivo
alguno.
–¿Que no me entero de nada? Pues a ver, ilumíname. ¿De qué tengo
que enterarme? ¿Qué es eso que el gran sabio Kamio sabe y yo no?
–lo miró un poco extrañado, su enojo disminuyendo –¿Y ahora de qué
te ríes?
–De nada, hombre, de nada –el rubio se dio con la cabeza en la pared
suavemente –. ¿No crees que tal vez mi comportamiento se debe a
algo? ¿No se te ocurre nada? –lo miró de soslayo.
–¿A qué? ¿Consumiste drogas?¿Tienes indigestión? ¿Qué? –sacudió
la cabeza, exasperado con el juego.
–Sí a todas esas cosas, Rei. Justamente por esas cosas –se metió
las manos en los bolsillos, levantándose de la pared –. Mira...
ya es de noche, así que creo que debería de irme a mi casa antes
de que se enteren de que estoy aquí, si me quedo sólo discutiremos
y despertaremos a Yoshi.
–Como quieras, no me digas nada, no me importa –Rei se cruzó de
brazos, contrariado –. De todas formas , me estaba cansando del
juego.
Kamio se acercó a el aun con las manos en los bolsillos y pegó su
cara a la de Rei, inclinándose hacia delante.
–Ni-ña-to –le dijo sonriendo finalmente y apartándose –"Me
estaba cansando del juego" –lo imitó exageradamente –. No era
un juego, piensa en ello, seguro que se te ocurre algún otro motivo,
y así tienes con que divertirte esta noche, pensando en mí, ¿que
podría ser mejor?
–Memo, y no te me pegues tanto, que me contagias la memez –lo miró
intrigado, no entendía a qué se refería. ¿Acaso era algo que había
sucedido durante su viaje? Pero aún así le molestaba que no se lo
dijera –. Y por cierto, no gracias, no tengo ganas de tener sueños
que no puedo comprender. Mejor piensa tú en mí, y tráeme una muda
de ropa mañana.
El rubio sacó el llavero, haciéndolo girar en su dedo.
–Aja, veré qué te traigo, y ya miraré si escondes revistas porno
o esas cosas –abrió la puerta, lanzándole un beso –. Memo, pensaré
en ti –le guiñó un ojo a modo de despedida.
–Idiota, no te atrevas a mirar en mis cajones. No quiero que me
desaparezca la ropa interior.
Kamio se limito a reírse entre dientes.
–Revisaré lo que quiera, y tú no podrás impedirlo –salió por la
puerta, y la entreabrió de nuevo, para colar la mano y echarle un
corte de mangas.
–Agh… –a veces no le aguantaba las bromitas. Seguro que no había
estado haciendo otra cosa salvo meterse con él, suspiró, aún así
lo intrigaba. Se giró a mirar a Yoshi, que dormía plácidamente.
No se podía creer lo que le había dicho Kamio, pero sabía que tenía
que ser cierto. Suspiró de nuevo. Todo era demasiado extraño, pero
tenía que comprender que para Yoshi, las cosas de su mundo, también
lo serían. No sería justo pedirle que se adaptara a sus ideas, sólo
porque fueran las acostumbradas. Ya encontraría la manera de hacer
las cosas sin lastimarlo. Le acarició el cabello, sentándose a su
lado, y Yoshi sonrió, aún con los ojos cerrados.
Kamio se paró ante la casa de Rei, obviamente era como la de Yoshi.
No tenía ningún motivo para ir por la noche en vez de a la mañana
siguiente, pero sonrió girando la llave. Entrar en su casa se veía
mucho más divertido que ir a la suya. Miró a su alrededor, estaba
bastante polvoriento y abandonado.
–Que cerdo –dijo riéndose y cerrando la puerta a sus espaldas. Apenas
había muebles, y los que había no parecía que se les hubiera sacado
el polvo en meses. Pasó un dedo por la superficie de uno, dejando
la marca, y se limpió el dedo en el pantalón –Genial... para que
después me patee a mí por el aspecto de mi cuarto –abrió la puerta
del dormitorio y miró los tomos en las estanterías, que parecía
lo único que estaba arreglado allí. Después abrió los armarios buscando
ropa.
Comenzó a revolver en la ropa interior, murmurando.
–Negro está bien – dijo apartándolo y tomando unos jeans ajustados
y rotos –. Una camiseta... – cogió una roja sin mangas y se rió
para sí. Él no hacía nada malo, si Rei tenía esa ropa ahí, era por
algo, ¿no? Se acercó a la puerta de nuevo, para salir, y se detuvo
con sonrisa maliciosa incluida –. Hoy Rei me cederá su cama con
todo su amor, porque su casa esta más cerca que la mía, ¿a que sí,
Rei? –dijo hablándole a las paredes.
Volvía al dormitorio, rebuscó en los tomos y cogió uno. Seguramente
eran "sagrados" y no podían tocarse, pero le importaba
poco.
–Yaoi... bien. ¡Encima hardcore! –se tumbó en la cama tomo en mano
y sonrió. ¿Cómo era posible que no se diera cuenta de que estaba
celoso? Sacudió un poco la cabeza como para dejar de pensar en ello.

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