.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capitulo 14

De nuevo

Rei seguía al rubio con toda la prisa que podía, casi arrastrando a Yoshi tras él.
–¡Kamio! ¡Para! ¡Nos vamos a perder! –miró a su alrededor, no entendía nada. Probablemente ya estaban perdidos. Se dio la vuelta, gritando el nombre del moreno a todo pulmón, aunque ya se imaginaba que aquello no ayudaría en nada.

– ¿Os voy a perder? Estamos perdidos, ¿que más puedo hacer? –se pasó las manos por la frente, apartándose el flequillo de la cara, desesperado –Ya no sé como seguir, no entiendo nada y peor aún, aquí no hay bombillas, tampoco veo que la luz entre de ningún lado. ¿De donde cojones sale entonces?

–¡Kamio, cálmate! ¡Me vuelves loco! No sé, yo tampoco sé qué hacer, pero… tenemos que pensar. Debe haber algo –mentalmente, Rei intentaba recorrer todos los lugares en los que habían estado, para ver si se les había pasado algo por alto.

Yoshi, mientras, se había alejado un poco de ellos, recorriendo la superficie de los espejos con las yemas de los dedos. Uno de ellos, cedió ante la leve presión, revelando unas escaleras que iban hacia arriba.
–Mirad.

Kamio apartó a los dos chicos un tanto malhumorado, más que nada por la desesperación de no saber como salir de allí que por otra cosa. Que Akira desapareciese no era nada bueno, ya que sólo se le ocurrían dos opciones, o los había abandonado y eso era malo, o algo le había sucedido, y eso era peor. El interior de aquel nuevo pasadizo, parecía estar hecho de cristales de colores en extrañas formas. Miró a Rei y le tendió la mano de nuevo.

Rei tomó su mano, tirando de Yoshi también, para que no se fuera a quedar atrás. Ese lugar era cada vez más extraño, y el temor a no poder salir de allí era más grande a medida que pasaba el tiempo.

Kamio apretó la mano de Rei, más por sentirse seguro, que por tranquilizarlo a él, pero no pudo evitar acariciarla suavemente.
–Tranquilo, ¿vale? No lo estamos haciendo tan mal, saldremos de aquí –dijo sin mucho convencimiento, mirando a su alrededor. Lo cierto es que no se veía la salida de aquel túnel –. Está oscuro al fondo, sólo tengo un mechero, no creo que nos sirva de mucho.

–¿Crees que deberíamos…? –comenzó Rei. En ese preciso momento, la poca luz que aún los rodeaba, desapareció. Por se le escapó un gritito por el susto, y apretó con fuerza la mano de Yoshi, para asegurarse de que seguía allí, ya que no había hecho ningún sonido.

Kamio se metió la mano en el bolsillo y sacó el mechero, encendiéndolo. No veía mucho más que lo que había delante de sus narices.
–Silencio... –se quedó parado, podía oír ruidos extraños, como algo que se arrastraba.

Rei iba a protestar cuando escuchó lo que el rubio le indicaba. Atrajo a Yoshi hacia sí, pegándose a su vez a la espalda de Kamio, por si acaso algo venía en dirección contraria.
– Mierda, Kamio. ¿Qué es eso?

–No lo sé, pero estoy cagado –se rió pese a que no tenía mucha gracia, y rodeó a los dos chicos con el brazo, alumbrando a sus espaldas –. No veo nada, joder... esto no alumbra suficiente –se volteó dándoles la espalda –Nada –de pronto sólo oía su propia respiración agitada por el miedo.

–Kamio… no sé, esto no me gusta. Vámonos, ¿quieres? Regresemos –sugirió, con la esperanza de que aún hubiera luz en las habitaciones que habían pasado antes.

El rubio sujetó su mano con fuerza.
–¿Regresar a qué? ¿A quedarnos encerrados y morirnos allí? No, sigamos adelante, acabaremos haciéndolo de todo modos –tiró un poco de su mano para instarlo a seguir –. Sigamos –dijo decidido, tirando de ellos.

Rei tomó aire, sintiéndose como un idiota. No son más que miedos infantiles a la oscuridad, se decía a sí mismo. Probablemente, aquellos ruidos eran producto de su imaginación, y no iba a quedar como un cobarde enfrente de nadie. Pero sólo llegó a dar dos pasos hacia delante.
–¡Ah! –Yoshi gritó, sujetándose con fuerza a la mano de Rei, quien giró inmediatamente, presa del pánico. Algo tiraba de la pierna de Yoshi. Lo atrajo hacia él con todas sus fuerzas.

–¡Kamio, ayúdame!

El rubio se giró asustado, tirando de Yoshi por la otra mano, pero aquello no hizo mas que provocar que el encendedor cayera al suelo y no viesen absolutamente nada.
–¡Mierda! –tiró del brazo del chico de forma desesperada –¿Qué pasa Yoshi? ¿Qué te sujeta? ¡Habla por una vez!

–¡No sé! ¡No sé, lo juro! –gritó asustado de que el rubio lo fuera a dejar allí si no contestaba.

–¡Kamio, tira! –ambos tiraron con fuerza una vez más, y Yoshi cayó lejos de ellos, en la oscuridad. Se encogió asustado contra lo que creía que era su hermano.

Kamio tocó algo en la oscuridad, notando un bulto caliente.
–Yoshi, ¿eres tu? –le dijo sacudiéndolo. Sintió como aquel bulto caía al suelo como un peso muerto –¡Joder! –dijo levantándose asustado y arrastrando a Rei con él, de la camiseta.

– ¡Suéltame, idiota! No voy a dejarlo aquí! –Rei se revolvió para que el rubio lo soltara. No importaba lo asustado que estuviera, no iba a ser culpable de la muerte de Yoshi también –¡Que me sueltes, Kamio! –gritó metiéndole una patada, y cayéndose al suelo.

–¡No me sueltes vale! ¡¿Vale?! – El rubio se agachó a su lado sujetándolo y sacudiéndolo un poco –Pégame si quieres, pero no vuelvas a soltarme –buscó el encendedor a palpas por el suelo con su mano libre –. No veo el mechero, tampoco a Yoshi. Antes no sé que toqué –no parecía vivo, fuese lo que fuese no lo parecía.

De pronto la habitación se iluminó de manera intermitente, como si cayesen rayos en su interior. En todos y cada uno de los espejos, de manera fantasmal, apareció reflejada la imagen de Akira abierto desde el cuello al estómago. Kamio abrió los ojos paralizado, era como verse a sí mismo abierto en canal como un cerdo, no pudo siquiera gritar, de nuevo oscuridad...

Rei se aferró al brazo del rubio.
–Mierda, mierda, mierda… –giró la cabeza, buscando –¡Yoshi! ¡Yoshi! ¡Yoshi, coño! –el corazón le latía con fuerza, sentía que estaba a punto de hiper ventilar.

Kamio no reaccionaba seguía mirando a la oscuridad donde antes había podido ver a Akira reflejado.
–No puedo... –dijo echándose hacia atrás, apoyando la espalda contra la pared. Estaba paralizado por el miedo –¡Akira! –gritó de manera que su voz retumbo en el pasillo, era como haberse visto muerto a sí mismo, y se negaba a creerlo –No está muerto... ¡Akira! ¡No tiene gracia!

Rei respiraba agitado, ahora había desistido de llamar a Yoshi.
–No, esto no está pasando. Es… –era como estar atrapado en una pesadilla, sus manos no dejaban de temblar. Si Akira estaba muerto, entonces Yoshi… –No, no puedo… –se pasó una mano por el cabello –No puedo dejar que le pase eso. No… –tiró de la mano de Kamio desesperadamente, para que se moviera.

Kamio se sentía congelado, un sudor frío empapaba su cuerpo.
–No puedo... ¿Lo viste? Era él, es igual que yo, y... estaba...como un cerdo. ¡Dios! ¡Yoshi! ¡Yoshi! No puede ser, no puede haberle pasado nada. Ni siquiera gritó, no dijo nada. Tiene que estar... en algún lado.

–Claro, claro que tiene que estar en algún lado. Voy a buscarlo, Kamio. No me voy sin él –Rei ya ni siquiera estaba seguro de que fueran a salir de allí. Se abrazó al rubio en la oscuridad, temblando –. No eras tú… Akira está muerto, pero… Ayúdame, Kamio.

–Está muerto... No, no puede estar muerto, no me lo creo. Creo que están jugando con nosotros, alguien esta jugando con nosotros. ¿O sí? Tal vez lo ha matado y piensa hacernos eso a todos – agarró a Rei, abrazándolo –. No pienso dejar que te separes de mí para nada, ¿entiendes? No te separes, ayúdame a buscar el mechero –el rubio se agachó, tirando de la mano de Rei hacia el suelo y tocando algo metálico –. Está aquí –dijo encendiéndolo y tratando de buscar a Yoshi en la oscuridad.
Rei tan sólo podía observar los pocos centímetros que los rodeaban. Apretaba la mano de Kamio como si fuera una especie de amuleto.

–Yoshi… –ahora lo llamaba en voz baja por si acaso. Ya no sabía ni qué hacer. De pronto le pareció escuchar un suave quejido al otro lado de la habitación. Se paralizó, la sangre casi helándose en sus venas. La voz apenas le salió en un hilillo –Kamio…¿crees que es él?

–No lo sé, pero sea como sea, es lo único que tenemos. ¿Yoshi? –el rubio tiró de la mano de Rei, avanzando por el túnel a oscuras –¿Tienes miedo? –le preguntó, sólo para asegurarse de que no era el único que estaba cagado.

–Por…por supuesto… ¿tú…tú no? –Rei no tenía muchas fuerzas para estar fingiendo, y la oscuridad le ayudaba a no tener que decírselo a la cara. De todos modos, lo único que le interesaba por el momento era encontrar a Yoshi y salir de allí. A cada paso le parecía escuchar sonidos extraños, pero no estaba seguro de si sería su imaginación, ya que dado el volumen al que iban su corazón y su respiración, dudaba que realmente le permitieran escuchar nada más. Volvió a escuchar aquel quejido, y apretó la mano de Kamio con más intensidad.

–Estás escuchando ruidos raros igual que yo, ¿no? Yoshi debe estar al otro lado –la verdad es que no entendía como podría estar al otro lado, pero eso quería creer, ya que le parecía que los sonidos venían de allí.

–Sí…los escucho, Kamio –aquello lo confirmaba, no era su imaginación. No tenía ni idea de qué estaba pasando, pero aún escuchaba uno que otro quejido de vez en cuando –¿Podemos…podemos ir más rápido? –le preocupaba no llegar a tiempo. Además de que lo que fuese que hacía sonidos extraños, podía atacarlos en cualquier momento. Había visto demasiadas películas de terror como para no saber eso.

–Podemos ir más rápido, pero teniendo en cuenta que no tenemos ni idea de si hay agujeros, o una pared delante, creo que no es lo más recomendable –el rubio trataba de tranquilizar a Rei, aunque él estaba echo un manojo de nervios –. Una verja –dijo de pronto. Cogió la mano con la que sujetaba la de Rei, poniendo la del chico en la superficie metálica –, hay una verja, mira.

Rei la tocó, era un lugar extraño para poner una verja, pero allí estaba, la empujó un poco y esta cedió, con el acostumbrado sonido del hierro oxidado.

El rubio lo rodeó de los hombros. Necesitaba sentir que estaba cerca, y que no desaparecería en cualquier momento. Escuchó un sonido pegajoso bajo sus pies y levantó una de sus deportivas, algo asqueado.
–¿Notas eso? Huele... extraño, ¿no? –no olía especialmente mal, pero era asqueroso.

–Huele… alúmbralo. Así sabremos qué es.

El rubio se agachó, tomando la mano de Rei.
–Hum... no sabría que decirte... – el chico tiró de la mano de Rei para que mirase –parece limo, pero no lo sé. No será sangre, ¿verdad?

Rei se agachó a su lado.
–No, no es sangre. No puede… –lo cierto era que cabía la posibilidad, pero no quería admitirlo. Había mucha, sentía que se iba a volver loco si descubría que todo eso era sangre –Esto… –escuchó el gemido de nuevo, esta vez no tan lejos, y apretó la mano del rubio con urgencia –¿¡Yoshi!? Kamio, está cerca.

El rubio se levantó entrelazando los dedos con los del chico y echó a correr con él a su lado, deteniéndose unos pasos más allá y alumbrando hacia delante.
–Rei...

Este miró hacia donde alumbraba, y entonces lo vio. Yoshi estaba pegado a uno de los muros, su ropa hecha jirones y su cuerpo ensangrentado, como si algo o alguien le hubiera atacado, ensañándose con él. Pero aún estaba vivo, aunque parecía estar semi-inconsciente, ya que sus ojos estaban cerrados. No se habían equivocado, los quejidos provenían de él. Corrió hacia él, llevando a Kamio consigo. Se sentía aliviado de haberlo encontrado, pero por otro lado, su aspecto no lo tranquilizaba en nada. Se agachó a su lado, apartándole el flequillo.
–¿Yoshi…?

El chico apenas abrió los ojos una rendija, echándose hacia atrás aterrorizado, si poder ver quien lo tocaba.
–No…no…

–Yoshi, soy yo, Rei.

–¿No…Noboru…?

–Sí, Noboru... –decidió concederle eso por el momento.

El rubio levantó un poco la cabeza de Yoshi para verle los ojos, pero parecía estar muy mal.
–Yoshi, ¿quién te ha hecho esto? ¿Un animal? –le preguntó mientras lo cogía sobre su espalda –Rei, agárrame y no te sueltes. Si te pierdes me da un chungo, ¿vale?

Rei se sujetó del brazo de Kamio, tampoco quería soltarse. Aquello cada vez era más real, y no parecía tener fin.
–¿Yoshi?…Yoshi, ¿estás bien? –el chico sólo contestaba con balbuceos incoherentes. Parecía estar perdiendo la conciencia de nuevo. Rei se pegó más al rubio, señalando lo obvio –Kamio, tenemos que salir de aquí –el no saber a dónde se dirigían, ni lo que estaba sucediendo, le estaba haciendo perder la esperanza.

–Ya, y vamos a hacerlo, vamos a salir de aquí, no te preocupes –el rubio apretó la mano de Rei con su brazo, de nuevo comenzaba a iluminarse el camino, y un tono rojizo aparecía en las escaleras de caracol hechas de cristal. Miró a Rei, sí, era una imbecilidad, pero le alegraba verle la cara, le sonrió con esperanzas, al menos estaban avanzando.

Rei logró esbozar una sonrisa, aunque débil. Kamio tenía razón, al menos habían encontrado a Yoshi, permanecían juntos y ya no escuchaba aquellos extraños sonidos. Claro, también ayudaba el hecho de que pudiera ver, aunque fuera un poco. Aunque el tono rojizo de la escalera era un tanto siniestro, como si todo estuviera manchado de sangre. Miró a Yoshi, que ahora tenía los ojos cerrados y respiraba agitado, pero era de esperarse.
–Escaleras de cristal Me siento como la Cenicienta –intentó bromear con el rubio para tranquilizarse.

–El ceniciento –el rubio se rió, mirándolo de medio lado –. Ahora que lo dices, es normal que te sientas así, porque estas llenito de mierda... –se rió de nuevo, le ponía de los nervios mirar hacia abajo, daba vértigo –Rei... he pensado una cosa, no sé si te gustara oírla –lo miró de soslayo –¿Te arriesgas?

–Eres un idiota, el que está lleno de mierda eres tú –le sonrió un poco, sintiéndose más normal – ¿Qué?

–Estamos subiendo escaleras. Akira dijo que había tres pisos, me imagino que estamos en el segundo. Y dime una cosa... ¿Cómo saldremos después? ¿Tirándonos del tercero para abajo?

–No lo sé… –le contestó Rei, soltando un suspiro y poniéndose algo serio –Pero no podemos regresar. A lo mejor hay una salida, algún pasadizo. No lo sé. Tiene que haber algo –empezaba a ponerse nervioso de nuevo. Lo único que sabía es que no iba a pasar por aquella habitación oscura de nuevo.

Tras subir las escaleras, Kamio miró a su alrededor. Era una habitación, y en el techo había una enorme lámpara de cristales que colgaban y tintineaban movidos por una inexplicable brisa, las paredes estaban pintadas con una especie de mural que recordaba al estilo caótico de Dalí. Le llamó la atención un ángel que atravesaba un espejo y se transformaba en demonio.
–Esto es delirante –una extraña música comenzó a sonar en la sala, y las puertas de la escalera se cerraron.

Rei se giró asustado, y volvió a mirar al rubio. Notó que Yoshi respiraba más agitado, como si algo lo inquietara.
–Kamio, tengo la impresión de que nos están vigilando –la música sonaba cada vez más rápida, y la sensación de que alguien o algo jugaba con ellos le parecía más real.

–Creo que está bastante claro, a no ser que esto tenga sensores, lo cual dudo mucho. Aunque ya no sé nada... ya no sé lo que es raro y lo que no –se sentó en el suelo, dejando a Yoshi a su lado –¿Y ahora qué hacemos? –había cuatro puertas empapeladas por el cuadro, cada una de ellas con una estampa que formaba parte del mural –Seguro que esas puertas son más laberintos... estoy hecho polvo.

–Y yo también… –Rei se acercó a las puertas, examinándolas. La música le alteraba los nervios. No se imaginaba quien podía estar haciendo eso, ni por qué. Aún así, intentaba razonar, encontrar algo de sentido a todo aquello –Bueno, seguro que por la puerta cuatro no quiero ir –comenzó a pensar en voz alta –. Así que, entre las otras tres… –dio un paso hacia adelante, analizando el mural – Creo que deberíamos ir por la tres –sólo estaba suponiendo, pero el hecho de que aquella puerta estuviera empapelada justo debajo del espejo en el mural, le daba ciertas esperanzas. Se acercó, tocándola con los dedos, y las imágenes se movieron amenazadoramente, haciéndolo retroceder.

Kamio agarró a Rei, apartándolo.
–Espera... –cogió a Yoshi de nuevo en brazos –la atravesaremos los tres juntos. Agárrame, Rei, y abre.
El chico se sujetó una vez más al brazo de Kamio. A pesar de que estaba asustado, aquello le había parecido una señal. Parecía que lo que fuese que estuviera allí, no deseaba que ellos abrieran esa puerta. Extendió su mano para empujar, y una vez más, las figuras se movieron en el cuadro, mientras la música aumentaba de volumen y velocidad, hasta un punto casi insoportable. Se armó de valor, y empujó la puerta con todas sus fuerzas. Esta cedió, haciendo que cayeran hacia adelante, en medio de una luz blanca enceguecedora.

Cuando Rei volvió a abrir los ojos, se encontraban fuera, en el jardín, y además, a cierta distancia del edificio del que supuestamente habían salido. No se explicaba cómo había llegado allí, si estaban en el tercer piso. Miró a su alrededor, buscando a los otros.

Kamio abrió los ojos y miró a su alrededor, observando a Yoshi tendido en el suelo, parecía inconsciente. Debían llevarlo a un médico.
–¡Rei! –se levantó con Yoshi en los brazos –¡Rei! –no podía ser, no podía ser que se hubiese quedado solo en aquel lugar, corrió hacia la puerta del monumento para entrar de nuevo a buscarlo.

–¡Kamio! ¿Dónde estás?

Kamio se giró al escuchar la voz de Rei y corrió hacia él.
–Estás aquí –le habrían dado ganas de abrazarlo, pero no podía sujetando a Yoshi –Eh... imaginaré que te abrazo –sonrió aliviado de haber salido de allí y sujetó a Yoshi con un brazo atrayendo a Rei igualmente con el otro –. Bueno, ya sé que no tienes mucha imaginación, así que te ayudare –se aparto de nuevo –Ahora... deberíamos de ir al hospital, pero no sé como explicaremos esto.
–Eres un idiota…hasta para abrazarme me insultas –le sonrió Rei, igualmente aliviado de estar afuera junto a él. Miró a Yoshi, ni siquiera sabía en qué mundo estaban –. Ya pensaremos en algo, lo importante es que lo atiendan.

–Lo importante es saber si estamos en nuestro mundo o no. Porque sino, no sé qué nombre daremos en el hospital. Creo que el de tu hermano no sería la mejor opción –comenzó a caminar mirando a su alrededor –. Este jardín es igual en los dos mundos, ¿no? –Rei caminaba unos pasos mas atrás que él –Oye, Rei. Sigue agarrándome, ¿quieres?

–Baka, si ya estamos fuera… –pero le sujetó el brazo de todos modos –. Lo asaltaron…lo atropellaron… le atacó un animal salvaje… –era un poco horrible, pero intentaba buscar en voz alta, algo que decir en el hospital, a la vez que caminaba lo más rápido que podía.


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