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Capitulo 13
“Joder, pero qué frase tan romántica…”
Kamio dejó al chico sobre el sofá, aún respirando con fuerza.
Y se apoyó en la pared agotado.
El chico cerró sus azules ojos, poniéndose de lado en el sofá, y sonriendo
un poco. Estaba demasiado cansado y adolorido para hacer más, pero lo
había disfrutado mucho. Entreabrió un poco los ojos, observando al rubio.
Kamio lo miró de soslayo, riéndose un poco.
–Voy a ducharme, no me imaginaba que te tomarías tantas molestias cuidándome
–se agachó para apartarle el flequillo de la cara –. Ha sido un placer
–dijo haciendo en una mueca un tanto chulesca.
Desapareció de la habitación hacia el baño, se metió en la ducha dejando
que el agua resbalase por su rostro y sonrió. Jamás se hubiera imaginado
tirarse a Yoshi, pero mucho menos que le iban aquellas cosas extrañas.
Recordó cómo le había pedido que le hiciera daño y sacudió un poco la
cabeza. En aquel mundo les iban unos rollos muy extraños. Aún no sabía
cómo había accedido.
Mientras, Yoshi volvía a cerrar los ojos en el sofá, casi empezando a
quedarse dormido Era lo que siempre hacía después de una sesión de sexo
así de intensa. No le quedaban fuerzas para más. Sonrió un poco, susurrando
bajo su aliento.
–Noboru, regresa.
Kamio salió con una toalla enroscada en las caderas, y vio al chico adormecido.
Le tendió una manta por encima, sentándose a su lado en el sofá, y cogiendo
el tomo, examinándolo. Una sombra de terrible duda cruzó su mente. ¿Y
si Rei se cabreaba por haberse tirado a su hermano pequeño?
Sacudió la cabeza, el chico ni siquiera era su hermano, y menos inocente.
Sonrió pasando las páginas y tratando de buscar una forma de volver a
su mundo, pero de nuevo sintió una extraña sensación y se levantó. Se
vistió de manera apresurada con lo que llevaba.
–Lo siento, lo siento –dijo vistiendo a Yoshi y consecuentemente molestándolo.
Lo tapó con la manta de nuevo –. No vaya a ser, con una vez de hacer striptease
me ha llegado –dijo para sí mismo, volviendo a abrir el manga y pasando
algunas hojas al descuido.
Volvió unas cuantas atrás, parecía como un conjunto de espejos dibujados
en una habitación.
–Dos manos –dijo viendo como en el dibujo aparecían dos manos en uno de
los espejos, de repente, los cristales comenzaron a girar –. Mierda, mierda,
mierda ¡Yoshi, despierta! –dijo sacudiéndole el brazo.
Yoshi se removió aún adormecido.
–¿Qué sucede, Kamio? Estoy cansado… Déjame dormir, vale? –sonrió como
pudo, volviendo a cerrar los ojos.
xXx
–¿Qué está pasando, Akira? –preguntó Rei, notando lo que ocurría en los
espejos.
–Ni idea, pero pinta bien –contestó Akira, sujetando a Rei sin dejar de
tocar el espejo. Parecía que volvería a su mundo, y eso era lo que él
quería –sintió cómo aquello giraba más y más rápido, como si la mismísima
habitación se moviese –. Me mareo... –dijo sintiendo como se le doblaban
las rodillas.
El rubio sintió algo cálido, y de nuevo un golpe contra el suelo, como
la primera vez que había viajado entre los dos mundos.
–Rei! –se giró, mirando a su alrededor, estaba en una habitación de espejos,
la que había visto en el manga. Akira y Yoshi también estaban allí.
Rei se quedó estupefacto mirando la escena. Se había tenido que agachar
en el suelo, a causa del mareo. Escuchó la voz de Kamio y alzó la vista
divisándolo, mas enseguida notó al chico que traía del brazo. Era Yoshi,
y se veía igual de maltratado que en el espejo. ¿Entonces era cierto?
Este abrió por fin sus ojos azules, sin tener idea de qué había pasado
ni dónde estaban, pero enseguida sonrió al ver a Rei allí.
–Noboru…
El moreno corrió a su lado, abrazándolo contra sí, y apartándolo de Kamio,
mientras miraba al rubio con furia.
–¿Qué mierda le has hecho, desgraciado? ¡Eres un maldito pervertido! ¿Cómo
pudiste?
El chico sólo se dejaba abrazar, por el momento, algo confundido por los
gritos de su hermano, pero feliz de volverlo a ver.
Kamio lo miró levantando las manos.
–¿Qué hice de qué? Yo no le hice nada.
–Oh sí, sí le hiciste y todos te vimos –Akira lo miró, cruzándose de brazos
y levantándose de nuevo –. “Venga córrete ya, sé que no lo soportas un
minuto más" –dijo con su misma voz y una sonrisa sarcástica, recordándole
aquello que había visto en el espejo decirle a Yoshi mientras lo hacían.
–¡No te burles de mi, hijo de puta! –Kamio lo sujetó de la camisa, levantándolo
un poco. Lo soltó contra el espejo, sin que el moreno se inmutara, es
más, se encogió de hombros.
–No me burlaba, sólo acotaba.
–¡Callaros los dos! –Rei los miró, apretando aún más a Yoshi contra sí.
No podía creer que después de lo que había hecho, Kamio se molestara por
las palabras de Akira –. Es cierto, Kamio, te vimos. Ví lo que hiciste,
maldito enfermo.
–¿Nos visteis? –Yoshi alzó la mirada, algo confundido, y luego sonrió
débilmente, creyendo comprender –Ah… ¿es por eso Noboru? ¿Estás molesto
porque lo hice con Kamio? Estás enfadado…conmigo, ¿verdad?
–¿Qué? No…no… –le replicó, mirándolo con toda la dulzura de la que era
capaz a pesar del enfado –Claro que no, Yoshi, no es tu culpa. Es culpa
de este… este… –alzó la mirada de nuevo, sin encontrar las palabras –¡Kamio!
–Pero, Noboru, si fui yo…
–Shhh…ya pasó –lo interrumpió el chico.
–Pero no, es que…
–Que no tienes la culpa.
–¿Culpa de qué? Si sólo estábamos…
–Yoshi, no tienes que explicar nada. Yo lo vi todo –lo sujetó por los
hombros, separándolo para ver el rostro un poco consternado del chico.
Por supuesto que la razón de esa expresión, era porque Rei no lo dejaba
terminar ninguna frase, pero el moreno lo interpretó de otra manera –.
El que tiene que explicarse es otro –volvió a abrazar al chico contra
sí, y miró a Kamio, con los ojos llenos de rabia y dolor. Por supuesto
que le hubiera entristecido lo que Yoshi había tenido que pasar, fueran
cuales fueran las circunstancias, pero el hecho de que hubiera sido Kamio,
lo hacía todo más espantoso. Había confiado en él, lo consideraba su amigo,
hasta se había preocupado… –. No, ninguna explicación servirá.
Akira no pudo evitar sonreír.
–Sí, Kamio, vimos como se lo hacías como un animal, explícate ante el
señor moral –dijo señalando a Rei –. Se puede follar en la calle, pero
si lo haces en casa, mejor será que lo hagas como a él le gusta.
Kamio estaba casi blanco, y eso no era muy normal con su moreno de piel
natural, miró a Yoshi, incluso comenzaba a lamentarse. ¿Me estoy lamentando
de haber echado un polvo?, ni él mismo podía creérselo.
–¡Él me pidió que lo follara! Eso para empezar –golpeó uno de los espejos
con el puño, mirando a Rei –, y... –le daba vergüenza decir aquello, pero...
¿que narices? Él no había tenido culpa de nada –¡Él me pidió que le hiciera
daño!
Rei ignoró completamente a Akira, aunque también tenía ganas de golpearle
a él. Era otro depravado.
–¿Y crees que me voy a creer eso? ¿Por qué te pediría algo así, eh? Yoshi
es…es…
–Pero es cierto –lo interrumpió el chico –, eso fue lo que pasó. Yo…
–¡Claro que no! –volvió a cortarlo Rei, pensando que probablemente se
trataba de algo parecido al Síndrome de Estocolmo o algo así. Con la mente
como la tenía el chico, a lo mejor Kamio lo había convencido de algo que
no era cierto –. No tienes que justificarlo, Yoshi.
–¡Pero es que no lo hago! Te digo la verdad –Yoshi se empezaba a molestarse
de que no le dejara hablar, de que no le creyera –. Yo se lo pedí.
–Joder, ¿quieres hacer el favor de escucharnos? Yo estaba viendo una peli
putas, y llegó tu hermano y me trajo comida. Después... yo qué sé... después
me estaba mirando el paquete, joder. Y me dijo que quería que me lo follara
y que le hiciera daño, y aún así no le hice nada –se quedó un poco congelado,
recordando el mordisco en el cuello, se había dejado llevar por la excitación.
–¡¿Qué no le hiciste nada?! ¡¿Que no le hiciste nada?! ¡¿Y cómo llamas
a esto?! –le bajó un poco el cuello de la camiseta, para mostrar las marcas
del mordisco, que aún estaba rodeado por algo de sangre seca –¡Míralo!
Si casi no se puede mover.
–¡Rei! –Yoshi lo llamó por su otro nombre, aunque le resultaba incómodo,
pero pensó que así le haría caso. Y funcionó –Lo que dice Kamio es cierto.
Yo se lo pedí.
El chico desvió su mirada, confundido.
–No, pero…¿Por qué… ?¿Por qué harías algo así, Yoshi?
Por un momento, Yoshi lo miró muy serio, y Rei sintió un escalofrío recorrerle
la espina dorsal.
–¿No lo sabes, Noboru? Porque me gusta así, porque Kamio me parece atractivo,
y quise… –enterró su rostro en el pecho de Rei –. Pero fue sólo sexo…
Sólo eso… Sigues enfadado, ¿verdad? ¿Es por él? ¿Por Kamio? Sí, es porque
te gusta Kamio.
Rei permanecía en silencio, sin saber cómo reaccionar a eso.
Kamio se quedó congelado al oír aquello. Ni siquiera sabía qué decir,
hasta se le había pasado el cabreo. Pero no, eso no era posible, a Rei
no le gustaba, siempre estaba insultándolo, pegándole y pasando de él.
Mierda, pensó, mirando a otro lado mientras se mordía un poco el labio
inferior.
–Lo del cuello fue un accidente, me dejé llevar porque a él le gustaba,
sentía como su cuerpo me lo pedía –dijo con la voz un tanto apagada. ¿Por
qué se tenía que sentir tan mal por un simple polvo? –. Sólo fue sexo
–finalizó, aún a sabiendas de que aquello no arreglaría nada.
Akira los miraba muy interesado En aquel mundo todos reaccionaban extremadamente
por cualquier cosa.
Rei separó a Yoshi de él. El chico tenía una mirada casi suplicante, pero
el moreno se alejó de él, dejándolo apoyado contra uno de los espejos,
y poniéndose de pie. Se llevó una mano a la cabeza, sentía como si el
cerebro le diera vueltas, todos estaban locos. Miró al rubio.
–Un accidente… No fue un accidente. Un accidente es cuando algo sucede
sin que tú lo desees. Y en ese momento, tú lo deseabas –apartó la mirada
–. Da igual. Lo que hagas durante el sexo, no es asunto mío –intentaba
calmarse.
Kamio tenía derecho a hacerlo a quien le diera la gana, y de la forma
en que mejor le pareciese. Y lo mismo iba para Yoshi. Entonces, ¿por qué
se sentía tan mal? ¿Era porque había caído en un engaño?, ¿porque había
sido un estúpido creyendo que protegía a alguien que no necesitaba de
su protección? Y además... había hecho el ridículo. O tal vez era porque
mientras él se preocupaba y buscaba la manera de traer a Kamio de vuelta,
este pasaba de todo y se dedicaba a follar con Yoshi, y de qué manera.
Claro que todo eso formaba parte, pero había algo más. No podía evitar
sentirse traicionado, a pesar de saber que no tenía ninguna razón. Kamio
sólo era… bueno, lo cierto era que no estaban unidos de ninguna manera.
Y Yoshi... Yoshi no era su hermano por más que se le pareciese. Definitivamente,
no lo era.
Y si él había querido preocuparse, era por su propia decisión. Ninguno
le debía nada. Más molesto estaba consigo mismo por sentir esas tonterías.
Miró al chico, aún sentado en el suelo, con esa mirada de necesidad en
sus ojos, y luego miró a Kamio, con su rostro agobiado. No lo soportaba,
sentía que le faltaba el aire.
–Te… Tengo que irme –caminó con rapidez hacia la puerta, pasando al lado
de Kamio sin mirarlo, e intentando abrirla. Pero por más que lo intentaba,
no lo conseguía. –¡Mierda! ¡Está trancada! –no se pudo contener más, y
descargó un puñetazo sobre el espejo que recubría la misma, rompiéndolo.
La sangre resbaló abundante por encima de su puño, mientras apretaba los
dientes.
–Rei –Kamio se acercó a él mirándole la mano –Mierda, eres imbécil, si
quieres golpear algo, ¿por qué no usas algo que no vaya a cortarte? –se
esperaba la peor de las reacciones.
–Estaba claro, estamos en donde estábamos, pero en mi mundo, y allí la
cadena no esta cortada –dijo Akira con una sonrisa, y gesto de obviedad.
–Da igual, no me duele… –Rei se sujetó la muñeca con la otra mano, mirando
la herida. Sí le dolía y se notaba en su rostro, pero no quería admitirlo.
Se dejó caer sentado en el suelo, sonriendo tristemente, como derrotado
–Genial, estamos de vuelta y además, moriremos de hambre aquí encerrados.
Kamio se agachó a su lado. No le apetecía mucho hacer el acto heroico,
pero teniendo en cuenta que estaban allí encerrados porque habían ido
a buscarlo a él, era lo mínimo. Se rompió la camisa y sujetó la mano de
Rei para vendársela con las mangas.
–No, vamos a encontrar un modo de salir, no te preocupes –encima la sala
estaba muy oscura, pues no había ventanas. La luz de la luna y las farolas
sólo entraba por un agujero en la parte superior del techo de espejos.
Rei intentó retirar la mano, resistiéndose, pero finalmente se dejó vendar,
dedicándose a mirar fijamente la herida.
–Kamio… –levantó la vista un breve segundo, volviendo a desviarla inmediatamente
al encontrarse con los ojos miel del rubio. No sabía qué decirle. ¿Estoy
molesto porque te echaste un polvo, cuando estabas en tu pleno derecho?
¿Estoy molesto porque lo hiciste con alguien que no es mi hermano? ¿Estoy
molesto porque…? Prefirió dejar ese pensamiento allí. No le conducía a
ningún lado, y había cosas más importantes –. No, nada –finalizó por fin.
Cualquiera podía darse cuenta de que no era el mismo de siempre, y no
reaccionaba como solía hacerlo.
El rubio lo miró a los ojos, que parecían estar camuflados por el flequillo
negro. Rei estaba cabreado, pero también se veía triste. Lo peor de todo,
es que no estaba seguro de cuál era el verdadero motivo. Había notado
como trataba de retirar la mano, bajó la mirada y estiró un poco la parte
de abajo de su camisa secándole la sangre que le había corrido por el
brazo. Le hubiera gustado preguntarle el motivo de aquel cabreo, pero
lo cierto es que tenía varios para escoger.
–Rei, a mi también me hubiera jodido que te acostases con alguien –dijo
sentándose a su lado y evitando su mirada –, estaba muy agobiado por salir
de allí.
–Yo…yo no estoy cabreado por eso, baka… –no le salió como siempre, pero
algo era algo. Sonrió un poco para sí, a la vez que pensaba: Joder, pero
qué frase tan romántica… Era una estupidez, pero lo cierto es que esa
tontería lo había hecho sentir mejor.
Yoshi dejó escapar un casi inaudible suspiro, apoyando su cabeza hacia
atrás en el espejo. Su hermano lo había rechazado y ahora pasaba de él.
¿Tal vez estaba realmente enfadado porque se hubiese acostado con Kamio?
Pero no, más bien parecía que le importaba más el rubio. Cerró los ojos,
imprimiendo la escena en su mente.
–Sí, un poquito sí, no lo niegues –el rubio le dio con el codo en el brazo
–, de todos modos, si hubiera sabido que te molestaba, no lo habría hecho.
Y mira que llevaba mucho tiempo sin follar –dijo con una sonrisa de medio
lado, aunque no estaba muy seguro de si habría dejado de hacerlo por el
echo de saber que le molestaría, pero de todos modos lo había dicho –.
No te preocupes, la próxima vez te toca a ti –dijo sólo para cabrearlo
y ver si reaccionaba. Pero no se alejó, quería contarle lo de Oshi, aunque
no le parecía un buen momento.
Akira seguía dando vueltas por la sala, examinando los espejos, pero a
pesar de que lo miraba todo meticulosamente... por el momento no parecía
encontrar nada útil que los ayudara a salir de allí.
–¡Eres un idiota! –Rei no pudo empujar a Kamio, por culpa de lo mucho
que le dolía la mano –Salido, pervertido y ahora…sádico –las palabras
salieron sin mucha convicción. Ya no estaba tan molesto con él, aunque
no lo admitiría ni muerto.
–Yo no soy sádico, así que no me digas eso. Sólo me deje llevar, ya sabes...
cuando estas follando... No, no sabes –se rió, echándole la lengua de
manera lasciva –. Qué celoso eres, ¿quieres que te muerda a ti también?
–dijo intentándolo sin mucho empeño –Estás lisiado y puedo contigo.
–¡No estoy lisiado! –protestó echándose hacia atrás para evitarlo –Y deja
de hacer boberías. Además, no sabes lo que sé o no sé.
–No, no lo sé, pero no me molestaría averiguarlo –el rubio se acercó más
a él, Con todas las intenciones de morderle, pero cuando consiguió agarrarlo
para que no se moviera, le lamió la cara babeándosela –. ¿No echabas de
menos mis besitos de vaca? –le dio un beso en la frente, apartándose un
poco.
–¡Eres… eres un asqueroso! –lo miró molesto, de medio lado, pero en cierta
forma sintiéndose más controlado, más él –Agh… ¿esa es tu forma de disculparte
por andar follandomientras yo me esforzaba en venir a buscarte? –se removió
sin soltarse.
Kamio lo miró de medio lado, cruzando los brazos y echándose hacia atrás.
–Juegas con la ventaja de que tú me viste en el peor de los momentos –sonrió
un poco, cerrando los ojos –. Tú no sabes como estuve el resto del tiempo,
y desde luego, no lo pasé muy bien –abrió una rendija los ojos para observarlo
–. Estaba preocupado por ti, estando con el psicópata ese –dijo señalando
a Akira, que no parecía hacerles ni caso.
–Bah, no es tan malo. Sólo es increíblemente molesto –alzó la voz en la
última palabra para asegurarse de que Akira lo escuchara.
–¿Puedo contarte algo serio? – Kamio cerró los ojos de nuevo.
Rei lo miró, preocupándose un poco. Nunca veía al rubio con esa cara de
seriedad.
–¿Qué sucede, Kamio?
–Cuando te fuiste, no me apetecía salir de casa. Me pillé unas buenas
borracheras –dijo riéndose un poco, jugueteando con las piedrecillas del
suelo –. Así que, a la mañana siguiente no iba a ir a clase, pero al final
decidí que iría a ver a Oshi –lo miró fijamente –, les dije a todos que
le había reventado el culo a Akira, y yo era ahora el profesor suplente
–dejó escapar la risa entre sus labios, mirando al suelo. Aún estaba dolido
por lo ocurrido con Oshi, más por aquellos ojos con los que lo había mirado,
que por el dolor físico.
Akira sacudió un poco la cabeza al oír aquello.
–¿Que me reventaste el culo? ¿Se puede saber cómo? –lo miró sin prestar
mucha atención.
–A pollazos, por supuesto –dijo el rubio riéndose, agradecido de aquel
escape de tomarse las cosas en serio.
–Eso sí fue bueno –a Rei se le escapó una pequeña risita. No podía evitarlo,
el moreno le parecía demasiado frío, y además arrogante –. Ahora, se entretendrán
creando doujinshis hardcore hasta que regrese su sensei, supongo.
Kamio dejó escapar una fuerte carcajada, y Akira los miró con una extraña
sonrisa, provocando un escalofrío del rubio.
–El caso es que me encontré con Oshi, y aprovechando que "el rey
mono" no estaba en nuestro mundo, le dije que... bueno, le dije que
me lo había cargado.
–¿Para qué le dijiste eso? –Rei lo miró sin comprender. ¿Acaso el mulato
se había molestado por eso? –¿Qué te dijo?
–Se lo dije para que pensara que era como él y que me dijera la verdad,
¿entiendes? –ya no sonreía. Se echó un poco adelante, levantándose la
camiseta para que Rei le viese la espalda morada por el golpe –Eso me
dijo.
Rei se quedó mirando el golpe asombrado El mulato le provocaba escalofríos,
pero no se había esperado eso.
–Será cabrón… – apretó el puño con furia, inmediatamente recordando su
herida, gracias al dolor –Entonces… no fue un accidente. Lo de su doble.
–No, no lo creo. Pienso que está loco –miró a Rei fijamente –. Mira, yo
tengo una amiga. Ella es la novia de Oshi. Lleva esperándolo desde que
desapareció, nunca admitió que se hubiese fugado como dijo la policía.
Ninguno de los dos lo creíamos. Había dejado todo en casa, dinero, ropa,
todo. Ya te imaginas, no fue una salida voluntaria –refugio la cabeza
entre las rodillas –. Lamentablemente en el mundo de ellos la novia de
Oshi estaba también con el doble de Oshi.
–Y por eso lo mató… –Rei apartó la mirada, como razonándolo. Aquello le
daba miedo. Comprendía que en ese mundo las cosas eran distintas, pero
aún así, matar era matar. Y Oshi había llegado desde el mismo mundo que
ellos. ¿Realmente podía cambiar así una persona? Recordó a Kamio mordiendo
a Yoshi, y no pudo evitar estremecerse un poco –Coño, tenemos que salir
de aquí, todo esto es una locura.
Kamio lo miró, él se sentía de la misma manera, no quería acabar como
ellos. Agarró a Rei, abrazándolo sin motivo. Quería hablar con él sin
que lo oyeran, pero tampoco quería que lo vieran cuchichear.
–Perdóname, Rei –dijo en alto –. Estate quieto – le dijo al oído, pegándose
más a él –. No me fío de ellos una mierda, Oshi también disimulaba muy
bien al principio, ni siquiera sabemos si saben como usar ese puto tomo
y juegan con nosotros –bajó la mano por su cintura y la apoyó en sus nalgas
–. Tienes un bonito culo.
Rei enrojeció, empujándolo. Sintiéndose además acalorado, y aún más rojo
por eso.
–¡Eres un aprovechado! –luego recordó por qué se le había acercado e intentó
fingir un poco –Y… ¡Y…no te perdono nada! –miró a su alrededor. Kamio
tenía razón, a pesar de todo, aún le resultaba algo difícil desconfiar
de Yoshi. No podía pensar mal de alguien con el mismo rostro de su hermano,
pero ya lo había sorprendido una vez. Y por más dulce que pareciese, tenía
que recordar que era el doble de Shiori, lo que significaba que debía
ser lo contrario. Además de que Yoshi no parecía querer que él se fuera.
En cuanto a Akira, tenía que reconocer que se había descuidado un tanto
con él, tal vez por el hecho de que habían estado trabajando juntos, o
porque no había intentado hacerle daño durante todo ese tiempo, pero debía
tener más cuidado.
–Rei, busquemos una salida –le dijo Kamio sonriendo –, y después larguémonos
de aquí.
Akira los miró cruzándose de brazos y se dirigió al rubio.
–¿Y cómo saldremos? ¿Piensas tirar las paredes abajo? ¿O tal vez la puerta
de metal?
–Pues no lo sé, cualquier cosa será mejor que estar ahí como tú, sin hacer
nada y quejándonos –Rei lo miró burlonamente, aunque no le había preguntado
a él –¿Y el manga? ¿Crees que allí haya algo? –le preguntó al rubio entonces.
Kamio miró a Rei con los ojos abiertos como platos.
–¿Quien coño tiene el manga? –un sudor frío le corrió por la espalda,
esa era la única esperanza que tenía.
Akira aplaudió varias veces.
–Genial, si señor, genial. Y no es por nada, pero yo llevo todo este tiempo
buscando una manera de salir.
–Pues qué efectivo eres, ¿no? –Rei lo miró molesto porque se burlase de
él. Aunque en el fondo sabía que él había empezado, y que era casi imposible
salir sin el manga. ¿Y si alguno de ellos lo había tomado? ¿Y si era como
decía Kamio y sólo jugaban con ellos? Miró a Yoshi, aún recostado contra
el espejo. Sabía que era una tontería por su parte, pero no podía evitar
sentir algo de pena al verlo tan frágil y exhausto. En todo caso, no se
había movido de allí desde que Rei lo había soltado. Tendría que haberlo
escondido al llegar, y no recordaba haber visto nada en sus manos. Volvió
a mirar a Akira, este había estado moviéndose por todo el lugar. Bien
podría haberlo tomado, pero, ¿para qué querría estar encerrado con ellos
en esa habitación? No tenía lógica.
–Pues, lo único que se me ocurre es el techo, pero… –pero no tenía idea
de cómo iban a llegar allí.
Kamio miró hacia arriba, y Akira hizo lo mismo, al tiempo que los dos
se acercaban al centro de la sala, mirando el agujero del exterior.
–Sinceramente, creo que es imposible llegar ahí –el rubio miró a Akira,
que se veía pensativo.
–He estado bastante rato tratando de buscar una manera, pero no la he
encontrado. Me imagino que os habréis fijado en que por la altura, esto
al menos debe tener unos tres pisos y que el ancho del edifico no es para
nada este espacio tan pequeño de espejos, vamos, que esto sólo es una
habitación, y en algún lado debe haber otra puerta además de la que lleva
al exterior.
Rei miró a su alrededor, lo cierto es que el edificio se había visto más
grande desde el exterior.
–Entonces… –se puso de pie nuevamente –alguno de estos espejos debe ser
una puerta, ¿no? –empujó el que tenía a su lado, por si acaso.
Kamio miro a su alrededor confundido, la verdad es que esa habitación
mareaba, sus reflejos estaban en todas partes, paredes, techo, suelo,
todo era de espejos. Se acercó a Rei y apoyó las manos en el mismo espejo
que él, ayudándole a empujar.
–¿Y si los rompemos?
–Yo creo que tu eres mi versión de la era neandertal, Kamio, ¿no puedes
buscar una solución un tanto menos violenta? –Akira lo miró, pasándose
la mano por la frente.
–Joder, si lo dice el rey de los objetos filosos –Rei le dedicó una sonrisa
sarcástica, pero tenía que admitir que algo de razón llevaba. No había
por qué destrozar el lugar, sólo empujar hasta encontrar la salida –.
Lo mejor será que cada uno elija una sección y…
–Es este –Yoshi interrumpió, sorprendiendo un poco a los demás.
–¿Cómo? –Rei lo miró inquisitivamente, y el chico señaló el espejo que
tenía a su lado. Desde donde estaba recostado, podía ver que el espejo
de al lado sobresalía un poco más que los otros.
–Podría ser un defecto de construcción –lo miró serio, como diciendo que
no estaba seguro de nada.
Akira se agachó, mirando el espejo.
–Sí, parece que este podría ser la puerta, pero tal vez... –lo empujó
sin ningún efecto –no, así no servirá –trató de meter los dedos por los
lados y tirar –. Parece como si hubiese habido una palanca, esta muy oscuro,
tal vez se rompió.
–Deberíais probar vosotros que tenéis las manos mas finas.
Rei metió las manos en los agujeros de los lados, apretando los dientes
por el esfuerzo con su mano lastimada. Le pareció que se movía un poco,
aunque no estaba seguro de que no hubiera sido su imaginación. Miró hacia
atrás.
–¿Pensáis que soy Hulk? Necesito ayuda.
Kamio se puso a su espalda.
–¿Seguro que no te dolerá la mano demasiado? De todos modos no me importa
nada ayudarte –lo rodeó por detrás, apretándose excesiva e innecesariamente
contra él –. ¿Preparado para tirar?
–Eres un idiota –le replicó el chico, echándose para atrás a propósito
para meterle un codazo en el estómago –. No me duele nada, así que déjate
de juegos y tira.
Se escuchó un cric en el cristal y Kamio tiró aún más del chico, los dos
cayeron hacia atrás por el impulso y el cristal se arrancó, rompiéndose
contra el suelo. Akira apartó a Yoshi de un tirón, pegándolo contra él
para que no se cortase con los cristales que salían disparados por el
aire.
Rei, que se había cubierto el rostro con las manos para no cortarse, las
bajó de su rostro con cautela. Abrió los ojos, observando el agujero en
la pared, estaba oscuro y aún no podía ver lo que había dentro. Tuvo la
sensación de estar sentado sobre algo, y se apartó con rapidez, al darse
cuenta de que el “algo” era Kamio.
Yoshi, por su parte, separó su rostro del pecho de Akira, en donde lo
había escondido, haciendo una pequeña mueca por lo súbito del tirón.
El rubio le tendió la mano a Rei para que lo ayudara a levantarse, y se
acercó al agujero en la pared.
–Bueno y como nosotros hemos tirado, ahora pasan antes los señores espejo,
¿si? –miró a Akira, invitándolo a pasar.
El moreno se había clavado un cristal con bastante profundidad en el brazo,
a causa de estar cubriendo a Yoshi. Se lo arrancó, mirando a Kamio y pasándose
la lengua por el corte, lamiendo la sangre que se derramaba.
–No te preocupes cagado, yo entraré primero si es necesario.
–Pues entra –Rei se encogió de hombros, como diciendo que perdía el tiempo
con tanta palabrería. Notó cómo Yoshi lo miraba desde detrás del moreno,
y no pudo evitar sentir algo de congoja. Por más que su mente supiera
que Kamio tenía razón, y que no debía confiarse, le era difícil ver ese
rostro y ser indiferente ante él. Le tendió la mano, sin poder contenerse
–. No tienes que pasar solo, si te asusta.
–Joder, no se ve una mierda aquí –Kamio entró tras Akira, y apoyó una
mano en la pared. Estaba fría y resbalaba –. ¡Que asco! No toquéis las
paredes –se limpió la mano en el pantalón.
–Ese pantalón en mío, capullo –le dijo Akira desde delante.
–Tío, ¿tienes ojos en el culo? ¿Cómo me has visto? –le preguntó Kamio,
sacudiendo la cabeza.
–Lo he notado, así que no te limpies en él, cerdo.
Rei caminaba detrás de ellos, con Yoshi a su lado. Había terminado por
rodearlo con su brazo para ayudarlo a caminar mejor. Se imaginaba que
con la genial sesión de sexo que acababa de tener, no le sería tan fácil.
La verdad, no tenía idea, pero de sólo imaginárselo, le dolía el culo
a él.
–¡Callaos y buscad una salida, rápido! –se estaba sintiendo asqueado con
sus comentarios, y por una vez, bastante agradecido de no poder ver lo
que había en el suelo, ni en las paredes.
Akira señaló algo al final.
–Parece que no queda mucho camino que recorrer, así que tranquilos, unas
cuantas cucarachas no matan a nadie.
–¿Cómo que cucarachas? Mierda, que asco –el rubio apartó a Akira del medio
y echó a correr hacia la salida –. Quédate tú con las cucarachas –se encontró
con otra sala de espejos, pasillos, suelos. Todo era como un laberinto.
–Ugh… – Rei alzó la vista para de milagro, ver a Kamio corriendo en la
oscuridad –¡Mierda, Kamio! ¡Que Yoshi no puede correr! –en realidad lo
decía porque él también tenía ganas de salir corriendo. Sintió cómo el
chico se aferraba más a él.
–¡Coño, Rei! Que asco –Kamio se echo atrás y entró de nuevo en el pasadizo,
lo buscó a tientas con las manos, encontrándose con el pecho de Akira
–Saca –le dijo apartándolo –¿Dónde estáis? –buscó con las manos, alcanzando
a fin el hombreo de Rei –Ven –dijo cogiendo a uno de ellos en brazos y
corriendo hacia la sala de nuevo.
–¡Joder, Kamio, eres genial! –Rei le pegó un manotazo al rubio para que
lo soltara. Casi se tiró al suelo desde sus brazos, girándose para ir
nuevamente a por Yoshi, que se había quedado un poco parado, sin saber
qué sucedía. Además de que el tirón de Kamio, lo había zarandeado un poco.
–Va, quédate ahí, pesado –dijo apartándolo sin dejar de sonreír y entrando
a por Yoshi –. ¿Ahora sí eres tú, no, Yoshi? Ven que te saco fuera.
–Sí, soy yo –le respondió mientras se dejaba cargar.
Rei refunfuñaba distraídamente, a la vez que observaba su propio reflejo
rodeándolo. Parecía que nunca iban a salir de allí. Sintió que alguien
llegaba desde atrás.
Akira salió y miró a su alrededor.
–De nuevo otra sala de espejos –le dijo a Rei, aunque más que nada lo
decía en general. El rubio salió unos segundos después, con Yoshi. Lo
dejó en el suelo, y se sacudió una cucaracha del hombro, pisándola con
saña.
–¡Coño, qué asco! y encima estamos en otra maldita sala de espejos. Esto
comienza a recordarme a un burdel.
Rei lo miró algo contrariado.
–¿Burdel? ¿Es que nunca piensas en nada normal como en una feria o algo
así? –se acercó a Yoshi, levantándole el rostro –¿Estás bien? –el chico
le sonrió, asintiendo.
–No, siempre pienso en metáforas que me ayuden a sobrellevar esta mierda,
ya que los demás no me animáis, bueno... Yoshi sí que me animó, pero con
lo de después, prefería haberme quedado deprimido.
Akira le tapó la boca y comenzó a caminar, llevándolo con él. Por un momento
se sintió como si fuera Oshi y no Akira quien lo sujetase, siempre se
ponía a hablar sin para cuando se ponía nervioso, y no lo soportaba, pero
eso Akira no podía saberlo y además, ¿para qué iba a ayudarlo? se apartó,
pero ya tranquilo y callado.
–¿Que pasa?
–Pasa que esto es un laberinto. Bien, mira –metió la mano tras lo que
parecía un espejo, pero era un cristal. No todo son espejos, también hay
cristales, tenemos que atravesarlo, eso esta claro. ¿Vamos?
Rei abrazó a Yoshi contra sí, de manera protectora. El chico se abrazó
a su “hermano”, y Rei lo apartó, para mirarlo a la cara.
–Escucha siento haber sido... antes…No debí juzgarte –no sabía qué decirle
en realidad.
Yoshi le sonrió una vez más.
–Está bien. Te juro que sólo fue sexo, Noboru. Lo que no entiendo…
–¿Qué? –Rei se quedó esperando una respuesta, pero Yoshi sólo lo miró
serio por un momento, sin decir nada, y luego miró hacia los dos mayores.
– Creo que han descubierto algo.
–Estas cosas siempre se me han dado fatal –murmuraba el rubio.
–Hasta un ratón puede atravesar un laberinto, es cuestión de coeficiente
intelectual y creo que yo me quedé con el de los dos –Akira sonrió de
medio lado –¿Cual sería tu sugerencia? ¿Romperlos todos y así no hay laberinto?
–Puede que sí. ¡Si es necesario, los romperé con tu cabeza! –el rubio
lo sujetó de la camisa, levantándolo un poco y empujándolo contra uno
de los espejos.
Rei soltó a Yoshi.
–¿Quieres tranquilizarte? Ya os mataréis a golpes cuando hayamos salido.
–¡No! –los dos lo miraron igual de cabreados, hablando a un tiempo –¡¿Cómo
voy a tranquilizarme si no para?! –de nuevo los dos hablaron a un tiempo
y luego se miraron –¡Cállate! –comenzaba a ser desquiciante –¡Mierda!
– ambos hablaron a un tiempo de nuevo, y golpearon el espejo, desesperados.
Kamio tranquilizándose para tratar de dejar de hablar a la vez que Akira.
–Rei, vamos a buscar la salida, ¿vale? –le tendió la mano para que la
agarrase –Para que no nos perdamos.
Rei sujetó su mano con más fuerza de la que hubiera querido, pero aquello
lo había asustado. Parecían estarse volviendo la misma persona, y más
con todos esos espejos reflejándolos.
Kamio tiro de él, internándose en el laberinto, mientras Akira entraba
tras ellos y se adelantaba. Era mejor ir delante, que seguir a aquel descerebrado.
–¿No quieres cogerme a mí la manita, Akira? –el rubio le hablo con rin
tintín.
–No, gracias, no es necesario –dijo recuperando su serenidad –. Este sitio
me esta volviendo loco, quiero salir de aquí cuanto antes.
Rei miró hacia atrás, para asegurarse de que Yoshi les seguía. El chico
caminaba con lentitud, mirándolos bastante serio.
Akira se apresuró por los pasillos, con una mano apoyada en los espejos,
como para asegurarse de que no eran cristales. Kamio lo seguía, remolcando
a Rei por todos lados.
–Yo ya me he perdido –dijo en bajo para que Akira no le oyera y soltase
una de sus mordacidades. Se detuvo un segundo, mirando hacia atrás para
ver a Yoshi, y de nuevo busco a Akira –¿Akira?
–¿Akira? –repitió Rei mirando a todos lados –Maldición… –estaba asustándose
cada vez más. El que hubiera desaparecido ya era alarmante, pero el hecho
de no saber donde estaba, lo ponía aún más nervioso. Y justo después de
lo que acababa de pasar... –Kamio –se detuvo, obligándolo a parar, y le
tendió una mano al otro –Yoshi, por favor, sujétate –miró al rubio de
nuevo, mientras el chico se acercaba para tomar su mano –. Lo mejor será
que no nos separemos.
–Sí –Kamio apoyó la mano en los cristales tal y como Akira había estado
haciendo, pero él no tenía ni idea –¡Akira! ¡Akira! ¿Dónde estas? –nadie
contestó –¡Mierda! –el rubio siguió caminando hasta llegar a una sala
de espejos triangulares que hacían extrañas formas convexas, comenzaba
a desesperarse –¿Dónde coño está Akira?

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