.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capitulo 12

Fuck me 4 blood

Akira apareció en la casa de Rei, eran más de las nueve de la noche, pero se le había ocurrido algo y no quería dejarlo pasar. Le había costado encontrarla, pero con preguntar a la policía, le había llegado para saber la calle, llamó al timbre una sola vez y esperó frente a la puerta.

Rei estaba en el baño, cuando escuchó el timbre. Había sentido la necesidad de darse una ducha, y aún así no estaba de muy buen humor. No habían encontrado nada en todo el día, y además tener que aguantar al pesado de Akira, no era precisamente divertido. Salió, poniéndose una bata, y secándose el cabello. Nunca recibía visitas, así que supuso que se trataba de algún vendedor y fue hasta la puerta, refunfuñando.
–Mierda… ¿cómo se les ocurre venir a estas horas? ¿Es que no tienen vida propia? –abrió la puerta de una sola vez, con gesto de enfado –¡¿Qué?!

–Tan agradable como siempre –Akira le sonrió –, parece que he llegado en mal momento, ¿no? –dijo, haciendo referencia a la bata y el pelo mojado de Rei –Venía a comentarte algo que se me ha ocurrido.

Para ti, siempre es un mal momento, pensó Rei, mirándolo con desconfianza. No le gustaba eso de que el moreno, súbitamente, supiera donde vivía.Pero le interesaba saber qué se le había ocurrido. Mientras más rápido se resolviera aquella situación, mejor.
–Bien, pasa –se hizo a un lado, dándole espacio para que caminara.

–Hace un tiempo, estuve estudiando la estructura de la ciudad para poder dibujar bien los fondos. Bien, durante ese tiempo encontré bastante interesante un artículo sobre el jardín del que hablábamos esta mañana, trataba sobre uno de los monumentos que hay allí. En teoría, hay una puerta metálica y en su interior está cerrada una habitación de "espejos" –recalcó la última palabra –. ¿No te resulta curioso?

–Me parece… me parece… ¡Mierda! ¿Por qué no me dijiste eso antes? –aquella podía ser la respuesta. Si ese lugar realmente existía, tal vez era una puerta hacia el otro mundo. Miró al moreno, emocionado –¿Sabes qué? ¡Vamos para allá! Ahora –luego miró hacia abajo, recordando que estaba en bata y avergonzándose –. Bueno, primero voy a ponerme ropa, espera.

–Me sentaré mientras, si no te importa –Akira se sentó en una de las sillas, mientras Rei iba a cambiarse –. No te lo dije antes, porque no lo había recordado hasta ahora –dijo en alto, suponiendo que lo oía –. Creo que podría servir, pero más nos vale llevar algo con qué romper la cadena, porque si está como en mi mundo... hay una muy gruesa trabando la puerta.

–Genial, ¿cómo qué? –le respondió el chico, gritando desde dentro del cuarto –¿Yo no tengo herramientas pesadas, sabes? –asomó la cabeza por la puerta, a la vez que intentaba ponerse una camiseta negra. Nos sabía ni por qué, el parque era público, pero tenía la impresión de que para esas cosas, te vestías de negro. Volvió a meter la cabeza, y salió de nuevo –¿Qué hacemos?

–No sé –Akira lo miró de arriba a abajo, parecía un ladrón. Sonrió un poco –. Bueno, supongo que valdría con cualquier cosa metálica para hacer palanca. Podríamos reventar la cadena de esa manera, seguramente estará hecha un asco de estar al aire libre. ¿Tienes algo que pueda valer para eso? Una llave inglesa... o cualquier cosa así podría servir.

–Pues… no lo sé –Rei recordó algo de pronto –Espera, ahora vengo –desapareció hacia una de las habitaciones traseras, y regresó con una palanca de metal bastante grande, que honestamente no recordaba de dónde había sacado. Probablemente era de algún proyecto de la escuela o algo así. Se la mostró a Akira –. ¿Esto servirá?

–Sí, supongo que sí. Pero guárdala en algún sitio, porque así vestido de negro y con esa palanca en la mano... parecerá que vamos a atracar una joyería –sonrió, abriendo la puerta de la casa y esperándolo en la entrada –. Espero que esto sí que funcione.

–Al menos no nos perseguirán por las calles, disparándonos a la menor señal –tomó su mochila, echando los pocos libros que llevaba en el sofá, y metiendo la palanca dentro –. Tiene que funcionar.

Akira bajó por las escaleras, agradeciendo que ya estuviera oscureciendo. No le apetecía que lo vieran por la calle a esas horas. Se les veía sospechosos. Le molestaba tener que hacer un acto tan vandálico como romper la cadena de un bien público. Suspiró, agradeciendo el estar haciéndolo en el mundo de Rei y no en el suyo.
–¿Por qué dices eso de dispararnos? –preguntó con indiferencia.

–Pues lo del licor por ejemplo. ¿Qué es eso de perseguirte por la calle, disparando porque eres menor de edad o estás con uno? A mí me parece que en tu mundo reaccionan exageradamente con todo y luego actúan como si fuera muy normal. Es una locura.

–Hum... no tengo ni idea de qué hablas sobre el licor. Si es algo que te ha pasado con Kamio, recuerda que somos iguales, pero yo no tengo ni idea de lo que os pasado u os ha dejado de pasar – el moreno se quedó un segundo parado, sintiéndose algo extraño, como un hormigueo en el estómago. Siguió andando como si nada, serían los nervios por hacer algo así. Aunque eso no era típico en él.

–Hmmmm… ¿no tienes idea, eh? – Rei lo miró de lado, burlonamente –Hablo de esa estúpida ley de que si eres menor o vas con un menor a comprar licor, te llevan preso. Y si te resistes, pues…ya sabes ¿No me vas a decir que eso no es exagerado? –se metió las manos en los bolsillos, mirando hacia el frente. Realmente era un alivio estar en su propio mundo y saber que no los iban a atacar por cualquier tontería

–Pues no tengo ni idea de leyes, no –Akira lo admitió como si nada. Ni que tuviera motivos para conocerlas. Simplemente sabía que no las infringiría y punto. Nunca había infringido ninguna, aunque ahora sí iba a hacerlo. Entraron en el parque, y observó a una pareja.

–Oye, hay unos tíos follando en ese banco –dijo impresionado por que lo estuvieran haciendo en plena calle.

–¡Oh! Dios! ¡Están follando! ¡¿Cómo es eso posible?! –Rei se llevó una mano a la cara en un burlón gesto de exagerada indignación. Dejó escapar una risita, mirando al moreno –¿Qué te sucede? ¿No decías que lo haces con varios todos los días? Pareces una vieja asustada.

–Sí, pero lo hago en mi casa, no en plena calle en un banco –dijo escandalizado –. A esa tía se le está viendo todo el culo. Dios, cuanto antes me vaya de aquí, mejor. Esto es una paranoia –echó a andar, alejándose de la pareja –. ¿Tú también lo haces en los bancos?

–¡Claro que no! –Rei lo miró rojo –Yo…yo… Bueno, ¡pero tampoco es para asombrarse! No es que se deba, pero es algo que sucede a estas horas aquí, y... eso –no sabía como explicarse. Además, le parecía absurdo, viniendo de un mundo donde ponían porno por la televisión –. ¡Y si tanto te molesta el culo de la tía, deja de mirárselo!

–No dije que me molestase ver su culo, sólo que no me parece lo más correcto que esté aquí en plena calle, mostrándolo. A lo mejor es a ti a quien le molesta que yo lo mire –dijo muy serio, guardándose las manos en los bolsillos –. Pero bueno, dejemos el tema antes de que acabemos en una discusión eterna en la que los dos finalizaremos pensando lo mismo que en un principio.

–Está bien, cómo quieras –Rei lo miró aún enojado, pero dispuesto a dejar las cosas tranquilas. Ninguno de los dos se aguantaba, eso estaba claro, pero tenían que trabajar juntos –. Pero déjame dejar una cosa bien clara, para que no andes presumiendo en tu mente. A mí, no me pones, ¿entiendes?

–Eso ya lo sé. Aunque no sé, porque si soy igual que Kamio y él sí te gusta... –dijo parándose ante la puerta cerrada por la cadena metálica –A ver, pásame la palanca. Supongo que tú no tendrás fuerza para abrirla, ¿no? –dijo sólo para molestarlo.

–¡Mierda! ¡Que no me gusta Kamio! Es sólo un amigo –lo miró un poco colorado, y bastante molesto, tomando la palanca, y golpeando con toda su furia la cadena, descargándose con ella.

Akira sonrió, estaba claro que a Rei le gustaba Kamio, sino, no tenía sentido que se pusiera de aquella manera. Sintió como un escalofrío intenso recorría su cuerpo entero, como si estuviera al borde de alcanzar un orgasmo, se apretó la pierna hasta hacerse daño.

–Abre eso de una vez! –le dijo traspasando su cabreo a Rei.

–¿Y ahora qué mierda te pasa a ti? ¡Toma! ¡Hazlo tú, si tanto te desespera! –Rei le entregó la palanca con fuerza, casi golpeándolo de la rabia. Ojalá funcionara, ya no lo soportaba más.

Akira cogió la barra metálica y golpeó con todas sus fuerzas la cadena.

–Mierda, no sé en qué coño estaba pensando, así no se abrirá –sacudió un poco la cabeza. ¿Por qué estaba sudando de aquella manera? Metió la barra entre las cadenas y la puerta, e hizo palanca mientras apretaba sus mandíbulas y hacia fuerza con todos su empeño –. Mierda... –paró un segundo, y de nuevo empujó con todas sus fuerzas, partiendo la cadena. Sujetó la barra en la mano y abrió los portones.

Dentro había una sala vacía. Todas las paredes, los techos, el suelo mismo era de espejos. Algunos estaban carcomidos por la humedad y cubiertos por el musgo.
–Dios, ¿qué es esto?

Rei entró detrás de Akira, sin dejar de pensar en que el moreno actuaba extraño. A diferencia de su habitual indiferencia, ahora parecía molesto, y Rei no se explicaba el por qué. No recordaba que hubiera sucedido nada en especial. Pero aquellos pensamientos dejaron de importarle cuando vio en dónde se encontraba.

Absolutamente todo estaba hecho de espejos y a juzgar por el aspecto de algunos, nadie había estado en esa habitación en mucho tiempo. Miró a Akira, quien parecía tan asombrado como él, y se acercó a uno de los espejos, apartando un poco el musgo. Enseguida sintió una especie de electricidad recorrer la punta de sus dedos, y apartó la mano sobresaltado. Los espejos empezaron a nublarse.
–¿Akira? –lo llamó para estar seguro de que aún estaban allí.

Akira se acercó a Rei, apoyando una mano en su hombro. No es que fuera muy dado a ese tipo de preocupaciones por los demás, pero él mismo también estaba asombrado y confundido. Por otra parte, se sentía extraño y caliente sin motivo. Pasó la mano por los espejos que se movían, apartando el musgo de ellos. Unas figuras comenzaron a formarse en los reflejos de todos y cada uno de los espejos.
–Rei...


xXx


Kamio se había tirado en el sofá con la botella de sake aún sin abrir en la mano, y comida en la otra.
–Al menos puedo ver porno gratuitamente –dijo, buscando uno de esos canales que Oshi había puesto. Sonrió al encontrar uno –. Si me quedo aquí, al menos podré morir a base de sake y porno.

Yoshi se había ido directamente a su casa, y hacía poco que despertaba de la siesta que había tomado en la cama de su hermano. Aún podía sentir el olor de Noboru en las sábanas, y ya lo empezaba a extrañar de nuevo. Aunque las cosas no fueran como antes. Se levantó y fue a la cocina a preparar algo de comer para llevarle a Kamio. No sabía si el rubio tenía alguna cosa en casa de Akira, ni si sabría cocinar, pero probablemente el que cuidara de Kamio mientras no estaba, le agradaría a su hermano.

El rubio se quitó la camisa que había cogido prestada a Akira, no la había soportado más de 25 minutos. Era demasiado incomodo tener aquella tela tan firme. Se pasó la mano por el pecho de manera distraída, y abrió por fin la botella de sake, y le dio un trago largo al licor.
–Que culo mas mono... –dijo echándose hacia delante en el sofá, para ver la película más de cerca.

 

Yoshi llegó a la casa de Akira algún tiempo después. No se escuchaba nada adentro. Normal, no iba a estar hablando solo, aunque con esas personalidades tan extrañas, no le hubiera sorprendido demasiado. Tocó el timbre y esperó tranquilamente.

Kamio se levantó para abrir la puerta, y se quedó sorprendido al ver a Yoshi, pero después del mulato, era el único que se le ocurría que podría ser. Miró hacia abajo, su sexo se marcaba en el pantalón perfectamente. Desde luego estar viendo aquellas películas obviamente no le dejaba como si nada. Volvió a ponérsela camisa, tras dejarlo pasar.
–¿Ha pasado algo? –le preguntó sentándose de nuevo.

–No, sólo vine a traerte algo de comer, supuse que no tendrías –notó lo que estaba viendo el rubio, y lo miró de nuevo, fijándose en la erección que sobresalía de sus pantalones, incluso sentado. Volvió a mirar la televisión. No lo comprendía, a él no le parecía tan emocionante eso, la verdad.

Kamio lo miró, fijándose a donde había dirigido su mirada. Iba a decirle una bastada y sonrió de medio lado, como le había traído comida, decidió ahorrársela.
–Gracias –dijo abriendo el recipiente. La olió con algo de desconfianza –. Huele bien, ¿lleva mierda de algún animal?

–No, sólo vegetales –Yoshi igual no entendía por qué les disgustaba tanto, si era sólo comida.

Kamio se llevó la comida a la boca. No sabía muy mal, y menos para lo que se esperaba. Pero tampoco era ninguna cosa deliciosa, comió algo más y la dejó en la mesa.
–Está bueno –dijo sonriendo, como si realmente lo estuviera. Se llevó el sake a los labios, mirando la tele –¿Quieres? –dijo pasándole la botella –¿No te apetecía estar solo? ¿O es sólo porque crees que Rei aparecerá aquí?

–No, vine porque pensé que a mi hermano le agradaría que te ayudase –Yoshi le respondió de manera evidente –. Sé que cuando Noboru regrese, irá a buscarme de todos modos.

Kamio se levantó, estirándose y mirando a su alrededor como si fuera a caerle del cielo algo con lo que entretenerse. Se sentó de nuevo, quitándose la camisa. De todos modos, ya había visto que estaba empalmado, y por otro lado, él no tenía la culpa de que el chaval no fuera normal y no le pusiera cachondo ver películas porno.
–Oye, tío. No te molestes ¿pero a ti te pone algo cachondo?

–Por supuesto –miró al rubio como si estuvieran teniendo la conversación más casual del mundo, y luego volvió a mirar la pantalla –, pero no esto. Es…es demasiado suave.

Kamio sonrió enderezándose un poco en el asiento. No pudo reprimir una carcajada.
–¿A qué te refieres con eso? Dime, al parecer, aquí sois muy diferentes a nuestro mundo –le dio un trago al sake, mirando a Yoshi. Y le dio la risa imaginar el cabreo que Rei tendría si sabía que hablaban de esas cosas.

Yoshi se sentó en el sofá, al lado de Kamio, observándolo con absoluta seriedad, pero algo de curiosidad también.
–¿Sabes una cosa, Kamio? Sólo porque seamos del mismo mundo, no significa que todos seamos iguales. Si todos quisiéramos lo mismo, no se podría hacer nada. Algunos, simplemente lo hacen así –señaló el televisor, aunque le parecía una manera más bien educativa de hacerlo, que otra cosa –. A otros…les gusta hacer daño. A mí… – se le acercó un poco más, mirándolo a los ojos –A mí me gusta que me lastimen.

Kamio lo miró a los ojos y le sonrió, dejando la botella en la mesa.
–¿Estás de broma? ¿No? –no dejaba de sonreír, aunque aquello no le estaba pareciendo muy normal –¿Qué pasa? ¿Estás caliente? –dijo al ver como se acercaba. Sintió un subidón tremendo y metió los dedos por el cuello de su camiseta, acercándolo a él y lamiendo sus labios con suavidad –Contesta... ¿es una broma?

–Sí te digo que lo es… ¿me golpearás? –Yoshi sonrió, sintiendo el aliento caliente del rubio sobre sus labios –No, no es ninguna broma. Y sí, estoy excitado. ¿Me deseas, Kamio? –le mordió el labio con suavidad, arrastrando sus dientes por el mismo.

Kamio inclinó una ceja con una sonrisa de medio lado en el rostro.
–Estás bueno... –dijo abriendo los cordones de su camiseta –y me estás calentando, si no te desease, sería imbécil –el rubio le devolvió el mordisco con más intensidad y lo miró a los ojos, se sentía completamente encendido, pero también nervioso –No quiero pegarte. ¿Quieres que te pegue?

–No tienes que golpearme si no lo deseas…Me da igual lo que me hagas –enterró sus dedos en el cabello del rubio. Tenía las mejillas enrojecidas y respiraba más intensamente –. Sólo hazme sentir… Haz que duela…–lo miraba a la espera. Kamio era atractivo, aunque no tenía idea de lo que se traían él y su hermano. Pero al fin y al cabo, no importaba, si era solo sexo...
Kamio lo sujetó de las nalgas, subiéndolo sobre él, mientras se acostaba en el sofá. No se le presentaba la ocasión todos los días. Puede que fuera un tanto extraño de más, pero estaba bueno, y él, caliente. Era suficiente.

–Haré lo que pueda... –dijo desabrochándole el pantalón y bajándoselo hasta las rodillas, para acariciarle las nalgas –. No quiero pegarte, pero si tengo que hacerte daño para que me dejes follarte, por mí está bien –lo atrajo hacia él, mordiendo su cuello de una manera un tanto salvaje, mientras introducía tres dedos en su ano con fuerza. No iba a andarse por las ramas, eso era lo que Yoshi deseaba, y él se lo daría. Arrastró sus dientes por el hombro del chico, mordiéndole de nuevo con fuerza, mientras deslizaba la lengua por su pecho, haciéndolo sentarse y mordisqueando sus pezones.

Yoshi lanzó un grito al sentir los ataques del rubio en su cuerpo, y luego sonrió. Aquello le gustaba, era real. Se movió un poco, intentando aumentar esa mezcla entre dolor y placer. Cerró los ojos, echando la cabeza hacia atrás, perdiéndose un poco en las sensaciones. En esa invasión salvaje en su cuerpo, los dientes de Kamio despertando su piel. Dejó escapar un gemido, aferrándose a su cuello.

El rubio lo empujó un poco, sin dejar de mover sus dedos dentro de él, y lo acercó a su rostro. Acariciaba sus testículos con la lengua, lamiendo sus ingles y rodeando su sexo, humedeciéndolo.

Al final me acabara poniendo esta mierda sádica si sigue así, pensó riéndose para sus adentros, aunque no pensaba ponerle la mano encima ni de broma. Se metió el sexo en la boca profundamente, hasta que sintió cómo el glande del chico tocaba su garganta, arrastrando sus dientes a lo largo de él hasta llegar al glande. Entonces clavó en el sus colmillos con suavidad y empujó las nalgas del chico para que entrase con su boca con fuerza, sintiendo como sus dientes rozaban la fina piel.
–¿Te gusta eso? –le preguntó sonriendo y metiendo dos dedos de su otra mano también dentro de él, dilatando su entrada.

Yoshi observó al rubio, con los ojos llorosos y el rostro rojo.
–Du…duele… –se mordió el labio inferior con fuerza –Sí…sigue así, Kamio –sonrió un poco, gimiendo, y se moviéndose hacia delante, apresurando los movimientos dentro de él, su sexo hinchándose por la excitación –. Ah… ¡Ah! –sus gemidos se fueron convirtiendo en una especie de alarido con risas.

Kamio se apartó, masajeando el sexo húmedo del moreno, levantándose frente a él. Aquello más que gemidos eran auténticos gritos, era delirante, muy delirante. Era la primera vez que lo oía reírse, le sonrió, desabrochándose los pantalones y tirando de sus manos para que se levantara. Después lo colocó a cuatro patas con el pecho sobre el sofá, y se agachó, lamiendo su ano con fuerza, sintiendo como su lengua entraba fácilmente en aquella calidez.

–Ven ponte contra la pared –dijo tras apartarse y sujetarlo de las manos, para ponérselas a su espalda. Lo penetró con fuerza de una sola vez, gimiendo y doblándose un poco sobre el chico, mordiéndole el cuello de una forma un tanto salvaje, para darle placer, y a la vez acallar los gemidos.

Yoshi gritó contra el muro, y continuó entremezclando sus gritos con gemidos. Se sentía a punto de explotar. Parecía que el rubio estaba disfrutando de aquello, después de todo. Respiró con dificultad, intentando pegarse más a la pared, aplastando un poco su sexo contra el frío cemento. Aunque no lograba llegar del todo, gracias al agarre firme de Kamio en sus brazos, y a las constantes mordidas en su cuello. Pero le gustaba aquello, que lo poseyera por completo, que tuviera todo el control. Intentó alejarse de él, sólo para provocar que lo atacara de nuevo.

–No te escapes ahora –lo empujó contra el suelo, apretando su espalda con una mano, mientras alzaba sus caderas con la otra y lo penetraba de nuevo. Se acostó sobre el lamiendo su espalda, estaba a punto de correrse, no sabía cuanto tiempo más soportaría aquello. Le mordió el cuello hasta sentir como sus colmillos atravesaban la fina piel.

–Ah… ah…duele… duele, Kamio –pero no era una protesta. Yoshi se movía contra el suelo, su sexo hinchado aprisionado contra el mismo y algo de sangre resbalando hasta su pecho. Pero se concentraba en no eyacular. Así sería mejor, lo haría cuando le fuera físicamente imposible resistir a su cuerpo. Levantó sólo un poco sus caderas, justo cuando el rubio se preparaba para otra embestida, y lanzó un sonoro gemido, al sentir como su sexo se oprimía más contra el suelo, casi a fuerza de golpes.

Kamio se apartó del chico, aunque aquello era más una tortura que un placer, pues deseaba acabar ya con aquello, estaba a punto de explotar. Sonrió de medio lado, volteando al chico para verlo de frente.
–Lo bueno no es mejor por ser mas breve, ¿verdad? –lo miró a los ojos. Eran unos ojos preciosos, con un brillo muy profundo. La piel del chico era suave y cálida, observó la sangre corriendo por su cuello, se le hacía difícil asimilar que él mismo había hecho aquello, pero lo cierto es que el chico parecía estarlo disfrutando.

Levantó las rodillas de Yoshi sobre su pecho y lo penetró de nuevo brutalmente, sin dejar de respirar agitado, bajando una mano por la pierna pálida del chico, introduciendo dos dedos junto con su sexo.

El pecho de Yoshi subía y bajaba acelerado, con la excitación, ya lo sentía, casi no podía aguantar más, deseaba correrse. Pero aún resistía contra los deseos de su propio cuerpo. Contrajo algo su cuerpo, para que el roce fuera más intenso, y sintió cómo se rasgaba ligeramente la piel. Subió los brazos, rodeando el cuello del rubio y atrayéndolo hacia sí, para que lo besara.

Kamio se dejó arrastrar hacia los labios de Yoshi, lamiéndolos con fuerza y separándolos para arrastrar la lengua del chico fuera de su boca, sin dejar de rozarla con la suya. La sujetó entre sus dientes, arrastrándolos por ella con fuerza, sin dejar de penetrarlo. Aquella espera para correrse se hacía dolorosamente intensa. Lo agarró, tomándolo en brazos.
El rubio apoyó la fina espalda del chico contra la pared sin dejar de sujetarlo en sus brazos, penetrándolo sin cesar. Lamía la sangre que había resbalado por su pecho y su cuello, subiendo hasta las marcas que sus dientes habían dejado en el cuello blanco, jadeaba sobre él como un animal.

Yoshi alzó el rostro y lanzó un gemido, enterrando los dedos entre el cabello de Kamio. Sentía el aliento caliente y agitado del rubio sobre su herida, y la urgencia con la que seguía penetrándolo. Cerró los ojos, sintiendo que no podía soportarlo mas, iba a correrse. Sujetó a Kamio con un brazo y bajó una de sus manos hasta su propio sexo, apretándolo con fuerza.

Kamio sonrió al chico de cabello azulado, mirándole a los ojos y lamiendo su barbilla.
–Venga, córrete ya, sé que no lo soportas un minuto más –dijo sin dejar de lamerlo, aunque él tampoco podría aguantarse tampoco mucho más tiempo. Golpeó un poco sus nalgas para hacerle acelerar el ritmo, rodeándoselas completamente con un brazo, haciéndolo moverse sobre él.

Finalmente bajó su propia mano entre los dos cuerpos, para apretar la mano del chico con fuerza bajo la suya, moviéndolas sobre su sexo.

El chico miró al rubio con los ojos entrecerrados por el placer y se mordió el labio inferior, gimiendo al sentir la presión de Kamio sobre su propia mano, su sexo pulsando a más no poder, y algo de dolor recorriendo su espalda. Lanzó un grito sin poder contenerse, a la vez que el líquido blanco se desparramaba por encima de ambas manos, y arqueó un poco la espalda para que el rubio lo penetrara aún más profundamente.
Kamio se excitó aún más al sentir el líquido calido en sus manos y los gemidos de Yoshi. Lo apretó, metiendo la lengua dentro de su boca y sintiendo como a cada embestida su sexo comenzaba a derramarse dentro del chico. Jadeaba con fuerza en la boca del moreno, y se apartó un poco, apretando las mandíbulas y apoyando la frente contra el cabello azulado, notando como el semen resbalaba por su sexo y se derramaba por sus propias piernas.


xXx

Rei observó atentamente a las figuras que se formaban en los espejos, que cada vez se iban haciendo más y más claras. Entonces los vio. Vio la espalda del rubio, la manera en la que sujetaba al chico contra la pared.
–Ka…¿Kamio?… –no comprendía exactamente lo que estaba viendo. Era inconcebible. El rubio aprisionaba a Yoshi, penetrándolo de una manera inusitada, violenta. Y Yoshi parecía estar lastimado. Para los ojos de Rei, aquello era demasiado. Le pareció ver sangre bajando de donde Kamio apoyaba sus labios, los ojos del chico estaban llorosos, en aquel rostro idéntico al de su hermano, y el rubio no dejaba de embestirlo salvajemente. Rei meneó la cabeza sin apartar la mirada. Eso no podía ser cierto, no podía creer que Kamio fuera capaz de algo así.

Akira se quedó observando aquello fijamente. Ahora comprendía por qué se sentía tan acalorado, pero nunca antes le había ocurrido, y debía ser por estar en aquel lugar, en aquel monumento. Era como un agujero entre los dos mundos, una puerta, ¿pero era real lo que estaban viendo?
–Esto... ¿es real? ¿O es nuestra imaginación? –dijo sin atreverse a tocar el espejo. Miró a Rei y sujetó su brazo de forma algo brusca para hacerlo reaccionar –¡Rei! –le dijo alterado por todo lo que sentía.

–¡Déjame en paz! –Rei se sacudió la mano del moreno con furia, despertando de su aturdimiento –¡No, claro que no es verdad! Kamio no sería capaz de algo así –pero no estaba seguro de sus palabras. Si ese lugar era una puerta o una especie de enlace entre los dos mundos... Miró al espejo con los puños apretados, y sus brazos temblando. Más te vale que no sea cierto, pensó. No lo soportaba, desvió la mirada hacia Akira de nuevo –. Es una ilusión, tiene que ser una ilusión.

Akira lo miró sin entender el por qué de aquella reacción.
–No tienes que ponerte así, aunque fuese verdad, sólo están follando. No hay porqué alarmarse tanto, lo desquiciante es que esto parece una puerta entre nuestros dos mundos.

Rei le devolvió la mirada al moreno, incrédulo.
–¿Follando? ¡¿Follando?! ¿Me quieres decir qué clase de persona folla así? –le señaló el espejo, mientras aún parecían estar terminando. Apartó la mirada, sin poder borrarse de la mente el rostro del chico –No sé qué coño piensan en tu mundo, pero aquí, eso se llama violación. ¡Si lo está lastimando, mierda! –estaba agitado y furioso, pero no quería creer que aquello fuera verdad. Sabía que Kamio era un salido, pero no podía pensar que fuera capaz de llegar a esos extremos, y menos con alguien como Yoshi.

Akira miró a Rei como si fuera un fantasma.
–¿Qué tiene de especial hacerlo así? Puede que le este haciendo daño, pero a él le gusta. ¿O es que no lo ves? A lo mejor piensas que lo que se salió del sexo es corrector blanco, ¿no? –dijo claramente molesto de que juzgase así los gustos de los demás, y agradeciendo que desconociese los suyos.

–¡Claro que no! ¡Sé lo que es el semen! ¡No soy un ignorante! –Rei lo miró furioso de que lo tratase de esa manera –Pero…pero… no, es que no es posible –no se podía creer lo que le estaba diciendo Akira. ¿Que lo disfrutaba? No le terminaba de entrar en la cabeza. Yoshi le parecía un chico tranquilo y dulce, un poco creepy, pero no para tanto. Y Kamio… ¿sádico? No le cuadraba –. No, no me lo creo –tocó el espejo nuevamente con las puntas de sus dedos.



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