.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capitulo 11

Quizá lo hace porque te quiere.

Akira se había despertado muy pronto, agradecido de poder encontrar café en la cocina del rubio. A pesar del asco que daba su casa, al menos la cocina estaba limpia, y tenía comida para un regimiento. Se preguntaba si Rei vendría a buscarlo, para seguir tratando de devolverlo a su mundo. Sino lo hacía, él mismo iría a ver que podía hacer, pero no iba a quedarse allí de brazos cruzados sin hacer nada.

Bajó por las escaleras del portal, ya era tarde y Rei no aparecía, no podía estar sin hacer nada. Necesitaba trabajar o hacer algo, lo que fuera.

Rei se dio la vuelta, pegando un puñetazo distraído y fallido, cerca del colchón.
–Ah… eres un idiota, Kamio… –las palabras salieron torpes de entre sus labios, a la vez que tumbaba el despertador, que más parecía de adorno, que de cualquier otra utilidad. Abrió los ojos, asueñado, recordando lo que había sucedido el día anterior. Se incorporó en la cama con pereza, refregándose los ojos. Ahora tendría que ver al pesado de Akira, y no sabía cómo iba a hacer para volver a la normalidad.

Llevaba unos minutos caminando por las calles, con el cabello totalmente revuelto, y vestido con unos vaqueros y una camiseta algo rota. Al menos, había podido dormir en su propia cama, y ya no tenía que andar usando ningún estúpido uniforme. Divisó a Akira cerca del portal de su casa, y se llevó una mano a la boca, bostezando.

–Curiosa vestimenta –dijo Akira analizándolo –¿No te preocupa perderte las clases? –el moreno llevaba la ropa de ayer, lo que venía a ser un pantalón de traje negro y una camisa azulada –Siento dejar a mis alumnos por esta inconveniencia.

–¿Me vas a dar el discurso del buen profesor? –volvió a llevarse la mano a la boca, ahogando otro bostezo –Es por eso que falto al instituto, para no tener que escuchar idioteces Pareces un viejo reprimido.

–No pienso darte ningún discurso –dijo Akira –. ¿Por dónde piensas que podríamos buscar ahora?

–Pues yo tampoco lo sé. Sólo se me ocurre el parque. Allí fue donde desaparecí yo, y es lo único que permanece inalterable en tu mundo –aunque se le estaba ocurriendo otra idea también. Si Oshi había desaparecido desde hacía dos años, y se había encontrado el tomo en la tienda de Tatsumoto, podía ser que el dueño tuviera algún registro de esa época de la mercancía que le hubiera llegado.

–Está bien, vamos allá entonces, supongo que no perdemos nada por intentarlo y menos tratándose de este mundo. Digamos que mi tiempo aquí se desperdiciaría de todos modos –se cruzó de brazos, observando el aspecto de la gente.

–Oh, sí, olvidaba que estoy ante la presencia del increíble y mágico, todo poderoso Akira sensei –dejó escapar un ruidito sarcástico, dándose la vuelta –. Supongo que debes sentirte extraño sin que te pidan autógrafos y te besen el culo.

El moreno lo ignoró, sin ver por qué darle más oportunidades de seguir soltando sandeces.

...

Cuando Akira y Rei llegaron al parque, el moreno miró a su alrededor. Exactamente igual que en su mundo. Era tan similar, que no le parecía posible que estuviesen en otro. ¿Por qué el parque seguía igual? Debía de haber estado al revés.

–Esto... todo es perfectamente igual –dijo Akira.

Rei se encaminó hacia el árbol en el que había estado sentado cuando leyó el manga, y lo rodeó, examinándolo. Nada, sólo era un árbol común y corriente, como cualquier otro. Suspiró mirando a Akira.
–¿Tienes alguna teoría de por qué esto sigue igual, mientras que todo lo demás cambia?

Akira se pasó la mano por el mentón sin descruzar sus brazos.
–Bueno, puede que este jardín sea el centro entre nuestros dos mundos, ¿me comprendes? –le preguntó.

–Pero entonces… ¿crees que podría haber una forma de pasar desde aquí, independientemente de si tenemos o no el manga? –le preguntó.

–No lo sé, podría ser que sí. Parece como si fuera el único lazo de unión coherente entre vuestro mundo y el nuestro –se ajustó las gafas, caminando y observando el parque –. Pero no se me ocurre nada. Tal vez, no lo sé, es una locura... pero tal vez Kamio debería de estar en el mismo sitio al mismo tiempo. No tiene mucho sentido, pero nada de esto lo tiene –dijo carraspeando, un tanto confuso.

– Bien… –Rei observó el césped, analizando la teoría de Akira. No le parecía tan descabellada –Si tú estabas en tu habitación cuando Kamio desapareció… Y yo… No, pero mi doble no pudo haber estado en el parque, está muerto –dejó caer los brazos, suspirando cansado. Sólo parecía que daban vueltas y más vueltas y no llegaban a ningún lado –. Esto no tiene fin, mejor vamos a la tienda. Quiero ver si Tatsumoto tiene algún registro de ese tomo.

Akira lo siguió, aunque no sabía de qué les serviría ese registro.
–Tal vez era tu hermano el que estaba ahí, o mejor dicho el espejo de tu hermano, de todos modos vamos , aunque no sé de qué nos puede servir ese registro.

–No lo sé. Supongo que si averiguamos de dónde vino, tal podríamos encontrar a quien sea que lo hizo, ¿no? Tal vez podamos saber… –se detuvo, un poco exasperado. Sonaba a cliché de historia fantástica. Se giró como si el moreno tuviera la culpa de aquello – ¿Acaso se te ocurre una idea mejor? Porque sino es así, podrías dejar de quejarte, ¿no?

–Qué desagradable eres –dijo sin más –. No tienes por qué alterarte de esa manera, sólo comentaba que seguramente no servirá de nada. Pero tampoco se me ocurre nada mejor, tal vez quien lo hizo esta ya muerto, o tal vez no es de tu mundo. Y la verdad, si tenemos que contar con la paciencia de Kamio, no creo que salga de aquí jamás.

–No soy desagradable… sólo estoy preocupado, y no haces más que poner obstáculos –le replicó, aunque sin muchas ganas. Con esa desgana con que lo insultaba, ni ganas daban de contestarle –. Además, si vas a hablar de la paciencia de Kamio, yo no vi que tú hicieras mucho. Sólo fue un golpe de suerte –de mala suerte, pensó para sí.

Akira entró en la tienda, y saludó con una reverencia, mientras esperaba que Rei entrase, sujetándole la puerta.
–Fue un golpe de suerte, pero si no fuera por mi paciencia, no habría llegado, aunque no sé, suerte para mí no, desde luego.
–¿Paciencia? No, más bien curiosidad. Admítelo de una vez –el chico lo miró de soslayo, pasando por enfrente –. Y tampoco estoy muy contento con lo ocurrido –se dirigió al mostrador.

–Rei, de nuevo por aquí? –el hombre le sonrió –¿En qué puedo ayudarte ahora?

–¿Lleva algún registro de la mercancía que vende?

–Pues sí, ¿por qué preguntas?

–Es que… estoy buscando un manga raro, y necesito ver los registros de hace dos años. Sólo quiero ver la editorial, por si… lo puedo pedir –Rei sabía que aquello haría efecto. Casi pudo ver el brillo de “venta” en los ojos del señor Tatsumoto.
–Vale, chico. Ya los busco –el hombre se alejó. Momento que Akira aprovechó para preguntarle.

–¿En qué te basas para decir que no tengo paciencia?

–Pues, mucha paciencia no demostraste cuando nos conocimos, ni durante la primera clase a la que fuimos… –se quedó pensando en los arranques de Kamio. Mucha paciencia no debía tener y si este era su gemelo opuesto, pues, él sí. Pero aún así... Kamio debía ser bastante paciente como para no haberlo mandado a la mierda aún. ¿O sería que sólo seguía con él porque era él único que compartía su experiencia? Volvió a mirar al moreno –. La verdad, no me importa si tienes paciencia o no Me importa solucionar esto.

–Si que eres encantador. ¿Será que eso es ser encantador aquí en tu mundo? –Akira sonrió con sarcasmo, y se apartó el flequillo con suavidad Dime, ¿es acaso Kamio tu pareja?

–Agh. ¡Claro que no! –Rei lo miró con gesto de disgusto –¿Cómo se te ocurre? Kamio es sólo… un amigo, un… compañero –¿Un compañero? Desvío la mirada, a la vez que aceptaba los libros polvorientos que le entregaba el señor Tatsumoto. Un compañero. Tal vez era eso, tal vez sólo estaban en un extraño viaje y cuando terminara, volverían a la normalidad. Miró al moreno nuevamente –No es asunto tuyo. Mejor ayúdame a buscar.

–Sólo era curiosidad por saber si mi doble era monógamo –dijo sonriendo –, puesto que ayer dijiste algo que me hizo sentir muy contrariado –comenzó a examinar uno de los libros, buscando él también.

El chico lo miró de reojo, con la curiosidad reflejada en sus ojos negros. Y luego siguió buscando en las listas de libros. Pero no pudo evitar una leve sonrisa triunfal al pensar que había logrado confundir a Akira.
–¿Qué dije?

–Me dijiste que como nuestros mundos estaban al revés, por la cama de Kamio, debían haber pasado muchas personas –pasó otra página, sin mirar a Rei mientras hablaba –. Eso no tiene mucho sentido, ávida cuenta de que yo he estado con muchas personas casi a diario –para él era un tema de lo más normal y corriente.

–Genial, eres un playboy. ¿Quieres guardar tus intimidades para ti solo? –sopló un mechón de su cabello que le caía en la cara, recorriendo una página del libro con su dedo. ¿Con muchas personas casi a diario? Pues con esa actitud de frígido, no lo parecía ¿Significaba eso que Kamio era virgen o algo así? Pues qué virgen más salido. Se rió un poquito, pensando en lo que le diría el rubio si estuviera allí, y le lanzó una miradita a Akira, antes de volver a su tarea –. Para ser profesor, eres corto, Akira. Sólo intentaba enfadarte. No tengo idea de con cuantas personas se ha acostado.

Akira no lo miró, siguió viendo el libro, tras ver la sonrisa dibujada en sus labios.
–No me insultes, haz el favor –dijo sin más, cerrando el libro y tomando otro. Comenzando a examinarlo, marcando los nombres que iba leyendo, con el dedo –. ¿Encuentras algo? –preguntó a Rei, mirándolo ahora –. Te quejas mucho de mí, pero tú tampoco es que seas un modelo de amabilidad –se ajustó las gafas, observándolo un momento.

–Nunca dije que lo fuera –encogió los hombros sin mirarlo –. El asunto es que no justifico mis acciones, ni intento probar que son lógicas. Simplemente… no me agrada que me molesten. Y no, no encuentro nada aún –le contestó mientras continuaba buscando

–Eres realmente insoportable. No sé cómo Kamio puede soportarte, sin duda debe ser porque no tenía nadie más con quien estar allí.

Rei lo miró furioso. Aquello sí le había tocado profundo, directamente a sus temores.
–¿Ah, sí? Pues tú no eres ningún picnic para mí, ¿sabes? ¡La única razón por la que te ayudo, es porque no puedo esperar a devolverte a tu estúpido mundo y no tener que ver tu cara de imbécil nunca más en la vida!

–No veo que tanto tiene que molestarte mi presencia aquí, podrías limitarte a ignorarme, ¿no es así? –cerró el libro en sus manos –. Bueno, tiene que estar en el que tú tienes, si es que está en alguno.

–No eres precisamente ignorable. Nunca te callas –Rei seguía mirándolo enfadado. Hubiera querido dejar eso, y largarse. Pero en vez de eso, miró una vez más el libro –Nada, parece que el destino quiere joder conmigo.

Akira lo miró, extrañado por aquella "educadísima" expresión.
–¿El destino quiere joder contigo? Qué expresión tan maravillosa –sonrió, sabiendo que aquello le repatearía el hígado a Rei.

 

xXx

 

Al otro lado el rubio se revolvía en la cama. Rodeando a Yoshi con su brazos. Sintió el calor de su cuerpo y lo atrajo hacia él, como si estuviera aún soñando, apretándolo.
–¡Coño! –se despertó de pronto y soltó a Yoshi como si quemase.

Yoshi despertó al sentir cómo Kamio lo soltaba bruscamente. Había estado bastante cómodo hasta ese momento. Lo miró adormecido.
–¿Qué sucede?

–No, nada –el rubio lo miró, contento de ver que no se había enterado del abracito, ya que se había despertado de nuevo excitado –¿Qué estará haciendo Rei ahora? –le preguntó, mirándolo de soslayo mientras se levantaba, y se ponía de nuevo la misma ropa de siempre –Me pregunto si estará bien, me preocupa que este solo con ese.

–Él estará bien, estoy seguro de que sabe cuidarse… –Yoshi le sonrió, recordando en ese momento que él tampoco se había llevado nada de ropa propia –Debo ir a casa a cambiarme de ropa, tengo que ir a la escuela.

–Bueno, pues tú mismo. Yo no pienso ir –se tiró en la cama, cerrando los ojos. No quería ver a Oshi, y Rei no estaba. Con lo cual, no le quedaban motivos para moverse de allí. Cogió el tomo de la mesilla, pasando las paginas –. Puta mierda.

–¿No piensas ir? ¿Qué vas a hacer todo el día? –Yoshi se quedó mirando al rubio, un poco sorprendido, aunque a esas alturas, ya no debía estarlo.

–Nada, me quedare aquí a morirme del asco –dijo con una sonrisa burlona en la cara, como quien pasa de absolutamente todo –. ¿A qué quieres que vaya, dime? Además, no tenemos profesor por si no lo recuerdas, en este caso sería yo –se rió de lo que acababa de decir.

–¿Por qué no lo intentas? Puedes suplirlo mientras no está –el chico de cabello azul, lo proponía como si fuera lo más lógico del mundo, sin ningún tipo de sarcasmo o ironía –. Tal vez Akira esté haciendo lo mismo en tu mundo.

Kamio se echó a reír, y a los dos segundos se quedó absolutamente serio.
–¿Quieres decir que él podría estar ahora mismo suplantándome? –se alegró por una vez de que sus padres estuviesen lejos de casa. Cogió el tomo, deseando darle una patada y lanzarlo por la ventana, pero eso sería una genial estupidez, que arruinaría su único modo de salir de allí –Rei, Rei, Rei –dijo pasando las paginas de manera apresurada, estaban en blanco, le ponía enfermo aquella sensación de impotencia –. Rei sácame de aquí, no te olvides de mí.

–Él va a regresar Dijo que me llevaría, y yo le creo. Tiene que ser así.

Kamio lo miró a los ojos, levantándose y guardándose el tomo bajo el brazo.
–Sí, mira voy a ir a clase a ver si veo a Oshi –¿Cómo demonios iba a ir Rei a buscarlos, él tenía el libro y se suponía que era la única manera de viajar entre los dos mundos. Era una tontería suponer que Rei podía llevarlo a su mundo de alguna manera.

–Está bien –Yoshi se dirigió a la puerta –. Los alumnos de Akira se decepcionarán – dijo más para sí que para el rubio.

...

Al cabo de un rato, Kamio entró en la clase.
–Bueno chicos, que sepáis que no va a venir hoy el profesor Akira, le duele demasiado el ojete porque ayer le metí la tranca y se lo reventé, desvirgándolo hasta limites insospechados. Así que... –todos lo miraban como si fuera un extraterrestre, y él mismo se sentía así, pero ya no sabía ni lo que decía de lo desesperado que estaba. Se dio la vuelta al sentir una mano en su hombro, detrás estaba Oshi.

–¿Dónde esta Akira, Kamio? –le preguntó el mulato sonriendo. El rubio se sintió desconfiado, pero decidió jugar.

–Lo maté –le susurró al oído.

Oshi lo agarró por los hombros, sonriendo. El rubio se dejó arrastrar fuera de la clase.
–¿Qué pasa, Oshi? No ves que iba a impartir una de mis magistrales clases acerca de por qué todos aquí son unos reprimidos majaderos...

El mulato le tapó la boca para variar, y Kamio arqueó las cejas, apartándolo.
–¿Qué pasa?

–¿Has matado a ese cretino? –le preguntó el mulato muy serio, con las manos en los bolsillos.

–Sí, ¿y qué? ¿No hiciste tú lo mismo? Fue un accidente... ¿entiendes? –le dijo con segundas.

–Lo mío también fue un “accidente" –dijo Oshi.

Kamio sintió un escalofrío, por fin había llegado al punto que deseaba. Estaba claro que el doble de Oshi, no se había muerto por un simple accidente.
–¿Ah sí? ¿Y qué hiciste para que tuviera ese... accidente? –le preguntó.

–Nada –dijo mirándolo fijamente. El rubio apartó la mirada, no quería que descubriese que estaba nervioso, o lo echaría todo a perder.

–¿Cuánto tiempo hace que sucedió?

–Este año –dijo el chico –. Ya no lo soportaba más.

El rubio estaba nervioso, de verdad lo había matado, Oshi había matado a alguien, era algo que no podía asimilar. Pero lo cierto, es que del Oshi al que él conocía, poco quedaba. Antes se reía, los dos se pasaban el tiempo haciendo bromas. Por no hablar de que era un mujeriego empedernido, sin embargo, ahora ni siquiera lo había visto mirar a una sola mujer.
–¿Tú no quieres volver, verdad, Oshi?

–No, no quiero –Oshi no lo miró, siguió caminando sin más, aunque Kamio se había parado. Se detuvo al ver que no lo seguía –¿Qué pasa? ¿Para qué debería regresar?

–¿Para qué quieres quedarte? ¿Ella ya no te importa? –el rubio lo miró, claramente enfurecido –Aún está esperándote.
Los ojos del mulato parecieron empequeñecer al oír aquello.

–Ella estaba con él.

–¿Es que no te das cuenta? Ella está en nuestro mundo. ¿Te has vuelto chiflado? ¿Dónde esta la doble de Kazumi?

Oshi miró a otro lado
–No lo sé, no he vuelto a verla –dijo el chico con tristeza.

–Ella no es Kazumi, ¿no te das cuenta? –le gritó, acercándose a él –Kazumi está en casa, esperándote.

Oshi lo sujetó de la camiseta, levantándolo unos centímetros del suelo.
–¡No tienes ni puta idea! ¡Yo llevo aquí dos años!

–Me da igual –Kamio sujetó las manos de Oshi, sin poder soltarse. La gente del instituto los miraban impresionados, de que algo así estuviese sucediendo –. Eres un cabrón! ¿Crees que Kazumi estaría feliz de saber que tú no la esperas? ¡Esa no es ella! –le gritó en la cara, enfurecido. La novia de Oshi había sido una de sus mejores amigas.

Oshi lo levanto, golpeándole la espalda contra la pared. El rubio se dobló un poco al sentir el dolor en la espalda.
–¿Qué vas a hacer? ¿Vas a provocar un accidente conmigo también? –el mulato lo sujetó con una mano, levantando el puño a la altura de su cara –¡Venga! Mátame a mí también...

Oshi le estampó el puñetazo en el estómago, haciendo que se doblase, y la saliva resbalase por su mentón. Apoyó la espalda contra la pared, viendo como Oshi se largaba por los pasillos.

–Hijo de puta –dijo tosiendo después, doblado por el estómago. Apoyó la mano en el suelo, tratando de levantarse. Pero desistió, sonriendo –Mejor espero un poco más –dijo casualmente, como si no fuera porque en realidad no podía levantarse a causa del dolor.

Yoshi subió por las escaleras tranquilamente. Había decidido ir a ver cómo le iba a Kamio en sus clases, ya que al no estar con su hermano y con el temperamento que tenía, no le sorprendía que se metiera en problemas. Por lo tanto, no fue mucho su asombro al encontrárselo arrodillado en el suelo, sujetándose el estómago. Se acercó, y se agachó frente a él –¿Qué sucedió, Kamio? ¿Quieres que te ayude?

–¿Tú qué crees? –tomó su mano, ayudándose para levantarse –Digamos que no estoy aquí tirado por pasatiempo –tosió de nuevo un poco, apoyándose en la pared. Oshi estaba loco, realmente lo estaba.

–¿Quieres ir a la enfermería?

–Nada de enfermerías, que a saber lo que me hacen ahí. Quiero irme a mi casa, o a la casa de ese chalado más bien, poco me importa ya –dijo cabreado –. Voy al baño –hablaba cabreado, ya se le había agotado la paciencia disponible para el resto del día.

– ¿Con quien te peleaste? –le dijo una vez en el baño.

Kamio suspiró lavándose la cara y mojándose el pelo.
–Con Oshi, y no me peleé. Sería más exacto decir que simplemente yo me las comí todas, y él se fue tan campante –se levantó la camiseta, girándose para mirarse en el espejo –. Me ha dejado la espalda marcada, mira –le dijo a Yoshi, mostrándole la zona morada en su espalda.

–Una marca… –Yoshi pasó la punta de sus dedos por el morado de la espalda de Kamio, y una leve sonrisa cruzó su rostro –¿Sabes? Quizá lo hace porque te quiere. Tal vez sólo quiere ayudarte, porque te comportas extraño, y eso le preocupa.
Kamio se tapó la espalda y lo miró.

–¿Me pega porque me quiere? Tú no estás bien... –suspiró, estaba cabreado y eso era sinónimo de que iba a ser desagradable –Quédate en clase, yo me iré a casa de Akira a ponerme su estúpida ropa de adulto –le dio una patada a la puerta del baño, abriéndola y saliendo con las manos en los bolsillos.

Yoshi se apoyó en la pared del baño, lanzando un suspiro. No tenía por qué ser grosero con él, si lo que le había dicho era de lo más normal Además, que no tenía ninguna obligación de ayudarlo.


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