Capitulo
10
Comienza la paranoia
Kamio se paró en el portal y abrió el mismo con su llave. Comenzó
a subir las escaleras, seguido por los demás.
–No aproveches ahora para mirarme el culo.
–¡No voy a hacer eso! ¡No soy como tú! –Rei apretó los puños de
nuevo algo molesto –Y esta vez toca el timbre, que no quiero que
me termine el diseño –miró a Yoshi, pensando que tal vez no había
debido dejarlo venir Por otro lado, no podía dejar de pensar en
lo que le había dicho Kamio, acerca de si debía o no llevárselo
con él. Sonrió un poco, pensando en que si hacía eso, iba a matar
de un infarto a sus padres.
El rubio se paró contra la puerta y llamo al timbre.
–Somos nosotros, y venimos con un monaguillo.
Akira se levantó de la silla en la que estaba, y dejó un libro que
leía, sobre la mesa.
–Me sorprende que simplemente no hayáis entrado, pasad –los invitó,
apartándose un poco de la puerta.
–Y buenas tardes a ti también –le contestó Rei, mirándolo con desconfianza,
y sujetando a Yoshi por los hombros.
–Hum... ya veo que vienes muy calmado, como siempre. ¿Quieres una
tila? –Akira se sentó en la silla en la que estaba de nuevo –Podéis
sentaros si queréis.
Kamio se sentó al lado de Akira, y miró al centro de la mesa. Sentía
la mirada del moreno sobre él.
–¿Por que somos iguales? –le preguntó este.
–Yo qué sé por qué, yo soy del otro lado –le contestó el rubio,
girando la cara para verlo.
–¿El otro lado?
Yoshi se sentó a la mesa también, pero Rei permaneció de pie. No
le convencía eso de relajarse delante de Akira.
–Del otro lado…te lo dijimos ese día, ¿recuerdas? Pero estabas muy
ocupado atacándome –cruzó los brazos, dejando escapar un suspiro.
En realidad, más bien se lo habían comentado entre ellos que decírselo
a Akira. De todas formas, el chico no estaba seguro de querer ser
muy detallista.
Akira lo miró, cruzándose de brazos y echándose atrás en la silla.
–Si crees que esa actitud engreída y esa falta de respeto, te van
a ayudar en algo, estás muy equivocado. Ten en cuenta que entrasteis
en mi casa con una llave que no sé de donde sacasteis, mostrando
vuestros hermosos modales. No sé de dónde venís, pero mi reacción
fue de lo mas normal. ¿Verdad, Yoshi? –preguntó mirando al chico
–¿Acaso no reaccionarías tú de la misma manera que yo?
–Sí, creo que sí –le contestó con absoluta seriedad –. Pero no con
Noboru, él tiene derecho a entrar en casa, porque es mi hermano.
¿Kamio no es tu hermano?
–¡Que no…! –Rei se contuvo ante la mirada del chico. Su respuesta
le incomodaba, pero tampoco tenía que lastimarlo –Que me llamo Rei
–se detuvo, sin saber qué más decir.
–¿Mi hermano? –Akira miró a Kamio, y le colocó la mano en el mentón,
elevándolo un poco y mirándole la cara. Se parecían demasiado, como
si fuesen gemelos –Soy hijo único –sonrió de medio lado al sentir
como el rubio apartaba la cara de su mano bruscamente.
–No somos hermanos. No sé qué somos. Nosotros leímos un manga y
vinimos a parar a aquí ¿lo tienes? Me gustaría verlo –Kamio lo miró,
incomodo.
Akira se cruzó de brazos, divertido por su reacción.
–Lo traeré –dijo levantándose.
–Genial, gracias –Rei intentaba ser amable a su manera, aunque no
era que ese tío le inspirara mucha amabilidad.
Akira volvió al poco rato, y dejó el manga en la mesa tras sentarse,
empujándolo con dos dedos suavemente hacia el centro. Lo abrió para
que todos vieran, que la primera hoja estaba dibujada. El rubio
se acercó un poco más para observar el espejo que había en la primera
hoja.
–No era así, Rei.
–No, no era así, Y había una puerta y… –giró la página para ver
si a su tomo le habría faltado alguna, pero allí no había nada.
Miró al rubio, preocupado –. Pero es este, tiene que ser este. ¿Y
si es el segundo tomo o algo así?
–Uf, ya sabía yo que no iba a ser tan sencillo. Se me está pasando
algo realmente extraño por la cabeza, aunque a estas alturas nada
es extraño. Ellos beben pis de mono y encima pagan por él –dijo
señalándolos con el pulgar, subiendo una ceja, y mirándolo con una
mueca de extrañeza –. Creo que nosotros estamos creando este manga.
–¿Nosotros? No creo, pero ahí no… –el chico se llevó una mano a
la cabeza. Era extraño, pero no le parecía del todo descabellado
–Mierda, ¿si lo creamos nosotros, entonces por qué no inventamos
cómo salir?
Akira los miraba con la misma cara de asombro que Yoshi.
–¿Vosotros escribís un manga? ¿O es que se supone que estamos encerrados
dentro de él? –hablaba totalmente calmado, como si fuera lo mas
natural del mundo.
–¿Es que no entiendes nada? No lo sabemos, si lo supiéramos... –Kamio
se llevó las manos a la cabeza, apoyando la frente contra la mesa
–Me desespero, Rei.
Rei le puso una mano en la cabeza como para calmarlo, aunque él
mismo empezaba a pensar que tal vez Oshi tenía razón. Miró al moreno,
y luego al chico de cabello azul.
–Una vez más –suspiró –.No somos de este mundo. Leímos un manga…
extremadamente similar a éste y llegamos aquí.
–Hum... ¿y qué vais a hacer? –Akira lo miró, apoyando la cara en
su mano, tomó el manga, repasando las hojas y mirando atentamente
–Están todas en blanco –miró entonces a Kamio –. Así que... ¿tú
eres yo?
–Más o menos, con la diferencia de que yo no voy por ahí rajando
a la gente –el rubio puso la cabeza de lado en la mesa, sin moverse,
no fuera a ser que Rei quitara la mano.
–Las personas aquí son el opuesto de lo que seamos nosotros –Y no
para bien, precisamente, por una vez se tragó sus pensamientos,
no fuera a ser que se enfureciera Akira. Le dirigió la vista a Yoshi
–. Es por eso que me parezco a tu hermano, pero a la vez soy diferente,
¿entiendes ahora?
El chico lo miraba incrédulo. Eso no era verdad. Su hermano había
regresado por él, no había otra explicación.
Rei volvió a observar las páginas en blanco, inclinándose sobre
Kamio, aún distraídamente con su mano sobre la cabeza del rubio.
–¿Ahora qué? ¿Tendríamos que dibujar o algo así?
–¿Escribimos lo que queremos que pase? Bueno, dibujamos más bien
–el rubio sólo lo miró de soslayo sin moverse.
–Podríamos probar, resulta interesante después de todo –Akira se
levantó y volvió con un lápiz y una goma en la mano –¿Alguien quiere
probar, o lo hago yo? –sonrió de manera extraña, y Kamio cogió el
lápiz de su mano, levantándose por fin de debajo de la mano de Rei.
–No, que a saber lo que dibujas tú.
–Espera… –Rei fue a arrodillarse frente a Yoshi –Yoshi, si esto
funciona, ¿te gustaría venir conmigo? ¿O echarías de menos a alguien?
Tus padres, por ejemplo.
El chico negó con la cabeza. No le creía respecto a lo del otro
mundo, pero se daba cuenta de que su hermano quería irse.
–No, nuestros padres murieron, ¿no lo recuerdas, Noboru? Y luego
estábamos tú y yo solos –se abrazó al cuello del chico –. Y luego
ya no estabas. No te vayas, Noboru.
Rei tomó los brazos del chico, apartándolo de sí, para que lo mirara.
¿Cuantas veces iba a tener que repetírselo?
–No soy Noboru, soy Rei. Por eso te digo que si quieres venir conmigo.
Así no estarías sólo –cada vez estaba menos seguro de esa decisión.
¿Realmente sus padres estaban muertos? No tenía motivos para pensar
que le mentía, pero los de él estaban vivos, y no todos los que
estaban vivos allí, estaban muertos aquí. Si no, Akira no existiría.
Además de que no sabía si era posible llevarse a alguien de este
mundo, ni siquiera si estaba haciendo lo correcto, o si podría hacerse
cargo de su decisión, una vez de vuelta. Lo miró de nuevo –. ¿Vendrás?
Yoshi asintió, aunque seguía sin creerle, no comprendía por qué
insistía en decir que era otra persona. Todo lo que sabía era que
quería estar con él.
–Está bien –se levantó, algo inseguro, acercándose a Kamio –. Bien
–suspiró nervioso –, un momento, ¿sabes dibujar, no?
– De hecho, mejor lo haces tú, no sea que aparezcamos en nuestro
mundo como dibujos infernales –Kamio se rascó la cabeza con el lápiz,
seguro de que era la mejor decisión, dados sus atributos como dibujante.
–Yo podría hacerlo, dibujo cada día en la escuela –Akira sonrió,
cruzando las manos sobre la mesa.
–Aja... –Rei le dirigió una mirada de desconfianza –No, gracias.
No quiero que lleguemos en pedacitos a nuestro mundo –Yoshi podía
dibujar, pero estaba demasiado confundido. Quien sabe lo que terminaba
dibujando. Miró el libro bastante nervioso.
–¿Qué vamos a hacer? ¿Quién lo dibuja? Yo soy malísimo, del psicópata
no me fío, Yoshi es Yoshi. Y tú, Rei. ¿Dibujas mal? –le preguntó
Kamio.
–Está bien, lo haré yo –Rei se sentó a la mesa, con el lápiz en
la mano. No confiaba demasiado en sus habilidades como dibujante,
pero mientras se entendiera... Trató de dibujar la escena, de forma
un tanto precaria. Es decir, que en su dibujo, el único mueble era
la mesa. Luego se dibujó a sí mismo dibujando. Y por último, aquella
puerta, excepto que del lado contrario, plasmó en el papel a Kamio
y a sí mismo, sujetando la mano de Yoshi mientras atravesaban el
umbral.
Después de todo ese tiempo de dibujar, levantó la mirada, para observar
al rubio.
–Pues no, no está funcionando. Y … –miró sus garabatos –¿Y si lo
he estropeado?
–De todos modos, no perdíamos nada probando, no íbamos a quedarnos
de brazos cruzados –el rubio se levantó de la mesa bastante molesto.
Lo cierto es que había pensado que aquella estúpida estrategia les
funcionaria, o mejor dicho, había tenido la estúpida esperanza de
que lo hiciera. Pateó un poco la silla –Mierda, mierda, mierda.
Akira sujetó el tomo, mirando el dibujo. Lo giró un poco. La verdad
es que no se podía decir que tuviera mucha calidad, pero si aquello
era así, debería de haber servido.
–Te rindes muy fácilmente –le dijo a Kamio sin mirarlo, pasando
las hojas en blanco una a una. Lo cierto es que no creía que eso
pudiese ser cierto, pero aquel doble suyo lo confundía.
–Pues no nos hemos rendido, para que sepas. Sólo porque una idea
falle, no significa que no haya alguna manera –le quitó el libro
de las manos, algo rudamente –. Y deja de darle vueltas, que quien
sabe qué nos haces – le parecía una idea estúpida, pero igual lo
ponía nervioso.
–¿Y si nos imaginamos lo que pasa? –Rei miró a Kamio nuevamente,
y el rubio se encogió de hombros.
–¿Por qué no? –se sentó a la mesa –¿Qué nos imaginamos? Porque debería
ser lo mismo –apoyó la palma de la mano en el libro –. Apoyad la
palma de la mano. No sé, es una sandez, pero quién sabe.
–Nos imaginamos que nos vamos de aquí. Que…miramos el libro y aparecemos
en nuestro mundo –Rei se encogió de hombros, apartando una silla
y apoyando una mano sobre el tomo –. No es muy imaginativo, pero
no creo que nos debamos poner creativos con esto… –miró al rubio
por un momento –¿Deberíamos agarrarnos de la mano o algo así?
–Sí, como si fuera un rollo raro, tipo invocación –a Kamio le dio
la risa, y abrió la palma de la mano para que alguien la tomase.
Mientras tanto, Akira los miraba limpiando los cristales de las
gafas, parecían unos chiflados, ni más ni menos que eso.
–Vale, ríete, pero luego si funciona, tendrás que agradecérmelo
–Rei tomó la mano del rubio, apretándola nervioso y tendiéndole
la otra a Yoshi –¿Vas a venir? –le preguntó, un poco nervioso de
que el chico no entendiera lo que había que imaginar.
Kamio tomó la mano de Yoshi y se echó hacia atrás, apretando la
mano de Rei como si aquello les fuera a hacer estar mas conectados,
por otro lado; le preocupaba que uno de los dos no lo consiguiera.
Cerró los ojos, imaginándose aquello, pero no parecía estar funcionando
porque no sentía nada diferente.
Rei cerró los ojos también intentando concentrarse, pero nada parecía
cambiar. Frunció el ceño, como si aquello le fuera a dar más fuerza
a su mente. Abrió los ojos, dejando escapar un suspiro.
–Nada…
Kamio se levantó de nuevo, golpeando la mesa con el puño.
–Es inútil, esto es una mierda, no sirve nada de lo que hacemos
–se apartó, mirando por la ventana y apoyando la frente en el cristal,
empañándolo con su respiración.
–Parece que no ha funcionado ¿me dejas ahora mirarlo? –Akira extendió
la mano hacia Rei.
–Claro, ¿qué más da? –le dio el tomo y miró al rubio, un poco cabreado
por la falta de seguridad que le daba –¡¿Quieres calmarte de una
vez?! Así no llegamos a ningún lado!
–Sí, lo que quieras, estoy calmado –no se volteó, seguía mirando
por la ventana, afuera había comenzado a lloviznar suavemente.
Akira examinaba el tomo, observando las hojas una a una. Todas estaban
en blanco, las pasó rápidamente y le pareció que algo se movía en
una de las hojas, como si un dibujo apareciese poco a poco, en tonos
grisáceos. Separó las hojas, pero no había nada. Se ajustó las gafas
con el dedo índice, repasando las hojas de nuevo.
–Mira –dijo llamando a Rei, ya que era el que mas cerca tenía.
–Sí, ¿qué? ¿Has encontrado algo? –se sintió esperanzado, y sujetó
el libro con una mano, aún sin quitárselo a Akira. Lo que iba apareciendo
en el libro, era una puerta. Más extraño aún, una puerta que parecía
hecha de espejos. Fue a avisar a Kamio, pero se sintió mareado.
Akira apoyó su otra mano, (con la que no sujetaba el libro) en la
cadera de Rei, sintiéndose tremendamente mareado.
–Una puerta.
–¿Qué? –Kamio se giró en el mismo momento que escuchó eso, rápidamente,
vio cómo los chicos se desvanecían y se acercó a ellos tratando
de tocar a Rei, mirándolo a los ojos –Rei –apoyó la mano en el vacío.
El chico apenas pudo ver a Kamio por unos segundos, sus labios formando
su nombre, pero sin que el sonido llegara al rubio. Luego, todo
se volvió negro de nuevo, como aquella vez. Nuevamente sintió como
caía, golpeándose el trasero con fuerza. Parecía la misma casa,
pero…
–Pesas poco, pero aún así, es un tanto molesto tenerte sobre mi
estómago –dijo el moreno con toda la tranquilidad del mundo. Miró
a su alrededor, realmente lo habían hecho. Había llegado al otro
mundo. Desde luego, no era su casa, estaba llena de mierda y ropa
sucia por todas partes.
–Ah, sí? Pues tú no… –Rei fue a contestar a Kamio, como siempre,
cuando se dio cuenta de que el que estaba allí no era el rubio.
Se sacó de encima rápidamente, aún sin levantarse –Akira… –miró
a su alrededor, pero no habían señales de Kamio ni de Yoshi. Había
regresado, cierto, pero con el gemelo equivocado –Mierda, esto es
genial… – golpeó el suelo con su propio puño.
Akira se levantó del suelo, tendiéndole la mano a Rei para que se
levantara.
–¿Se supone que esto es vuestro mundo? –miró alrededor, el libro
no estaba –¿Tienes tú el libro?
Rei aceptó la mano que le ofrecía Akira, aunque sin dejar de mirarlo
con desconfianza.
–No, no se supone que es nuestro mundo. Lo es –miró a su alrededor,
sólo Kamio podría tener su casa de esa manera. Claro, pasaba por
alto el hecho de que su cuarto no era precisamente el modelo del
orden. No veía al libro por ninguna parte –El libro no vino con
nosotros, al menos yo no lo tengo. Mierda, ¿qué hago? –se enterró
una mano en el cabello. Ahora tendría que averiguar cómo traer a
Kamio y devolver a Akira. Sin contar con el hecho de que no le tranquilizaba
nada estar a solas con ese psicópata.
–Hum –Akira miró a su alrededor –Todo parece igual, bueno, exceptuando
que esta habitación está asquerosa.
Rei observó a Akira, algo molesto porque criticara la habitación,
por más razón que tuviera. Pero tampoco le parecía que estuviera
asquerosa. Se cruzó de brazos.
–Pues no, no es igual. Todo está al revés, y aquí la gente no está
loca.
–Pues tú no pareces estar en tu sano juicio. Con ese carácter tan
extraño, diría que tienes algún tipo de alteración de la personalidad
–el moreno hablaba como si realmente entendiera de aquellas cosas
–. Como sea... no es asunto mío, lo único que me interesa es volver
a mi mundo.
–Pues yo también quiero devolverte, no creas –Rei lo miró cabreado
–. Y el alterado serás tú, con tus juegos de cuchillas –se puso
nervioso inmediatamente. Sólo esperaba que no se hubiera traído
ninguna.
–Aún estás obsesionado con eso de las cuchillas, sólo era un abrecartas
y la culpa fue vuestra por entrar en mi casa y asaltarme de esa
manera sin explicaros ni nada. ¿Acaso creíais que leía vuestras
mentes? Eso no tiene importancia, ahora el caso es averiguar cómo
puedo volver.
–Bien, vamos –Rei le lanzó otra de sus miradas desconfiadas. Era
igual lo que le dijera, no le parecía normal atacar a la gente con
un abrecartas. Además, recordaba muy bien que el moreno le había
pegado primero –Sígueme –se metió las manos en los bolsillos, dirigiéndose
a la puerta.
Akira lo siguió fuera de la casa, bajando por las escaleras, las
calles eran las mismas, la gente era parecida, pero iban hablando
por la calle y había muchísimo bullicio. Vio a unos jóvenes que
aprovechaban la llegada de la noche, y corrían por las calles, probablemente
para ir a beber –Qué sitio tan extraño.
–Extraño será el tuyo. Al menos aquí no te van a perseguir a balazos
por beber licor –siguió caminando con gesto serio. Se sentía preocupado
por toda la situación, pero al menos Kamio y Yoshi estaban juntos.
No pasaba nada, se cuidarían mutuamente, aunque se imaginaba que
Yoshi no sería capaz de controlar al rubio si decidía meterse en
problemas.
...
Akira y Rei habían pasado un buen rato recorriendo la tienda de
Tatsumoto. Habían ido al jardín, en busca del lugar donde debía
de haber aparecido el libro, pero sin ningún éxito y ninguno de
los dos había hablado con el otro más de lo necesario.
–Bueno, es tarde ya para seguir con esto, iré a mi casa. Bueno,
a la casa de Kamio a pasar la noche.
Una chica se colgó de su cuello, besándole la mejilla.
–Ahora veo en dónde te metías. Te has cambiado el color de pelo,
Kamio. Estás muy guapo, ¿y esas gafas? –se las quitó, probándoselas
ella –¿Quién es este chico? –preguntó con las gafas puestas, mirando
a Rei –¿Tu novio? –lo saludó, meneando la mano –¿Qué tal? Soy una
compañera de clase de Kamio –le guiñó el ojo a Rei.
–Agh… ¿Estás loca? ¿Su novio? ¡Ni que estuviera loco! –la miró completamente
rojo, de sólo pensar en ser novio de Akira, se le revolvía el estómago
–Además, este no es… –se detuvo, percatándose de cómo sonaría lo
que iba a decir –Vale, sí, Kamio se tiñe el cabello y se las da
de intelectual ahora… –se cruzó de brazos, mirando al moreno para
que le siguiera el juego. Así sería más fácil. Sólo esperaba que
no le fuera a salir con alguna locura.
Akira miró a Rei, comprendiendo lo que sucedía. Obviamente, lo más
fácil sería, por el momento, comportarse como si fuera Kamio.
–Sí, me he teñido el pelo –dijo quitándole las gafas, y ajustándoselas,
mirando a la chica muy serio, como era habitual en él –, pero Rei
no es mi novio, sólo es un conocido del instituto.
–¿No eres su novio? ¿De verdad? Pues haceis buena pareja, ¿no te
gusta? –se abrazó a Akira, dándole un beso en la mejilla con fuerza
–Con lo cariñoso que es –le guiñó un ojo a Rei, pensando de todas
formas, que Kamio estaba raro.
Akira se quedó quieto, sin moverse lo más mínimo ante aquel beso,
que obviamente le estaba incomodando más de lo inconcebible.
–Sí, claro, muy cariñoso –lo miró, tocándose la cortada –. No, no
me gusta. No me gusta nada –le respondió a la chica, sin dejar de
mirar al moreno. Se veía incómodo, y eso lo estaba poniendo incómodo
a él. Tiró de la chica con suavidad por los hombros, separándola
del moreno –Ya, vale, que se hace tarde. Tenemos que irnos.
La chica se separó de Akira con algo de reticencia, para tomarlo
de nuevo del brazo, enroscándose en él.
–Pues para no ser su novio bien que te celas –le dijo con una risita
socarrona. Akira suspiró, cogiendo a Rei de la cintura y besándolo.
–Ahora ya me dejarás en paz, porque como ves, es mi novio –le dijo
muy serio, molesto.
–Kamio estás un poco raro –se separó, echando a andar y alejándose,
sin duda, extrañada.
Rei se separó enfurecido, y luego de algunos segundos de confusión,
y le estampó una bofetada.
–¡No vuelvas a hacer eso! ¿Quién te crees que eres? ¡Psicópata aprovechado!
–se metió las manos en los bolsillos, y echó a caminar con rapidez,
refunfuñando entre dientes –Coño, en algo se tenían que parecer.
No me lo creo… –ni siquiera sabía por qué lo acompañaba a casa de
Kamio. Definitivamente no pensaba pasar la noche con ese loco.
–Sólo era una estrategia para deshacerme de ella, no creas que lo
hice con ningún otro propósito –se cruzó de brazos mirando a su
alrededor –. ¿Me acompañarás a la casa de Kamio? Creo que me perderé
si voy solo –dijo mirando a otro lado, desinteresado por su infantil
arrebato. Ponerse así sólo por un beso...
Rei sonrió para sí mismo, mientras seguía caminando. Sentía que
había obtenido una pequeña victoria.
–Me da igual si tenías otro propósito o no. Tú me has golpeado antes
sin que yo tuviera ningún propósito oculto –lo miró de reojo –.
Y más te vale tratarme bien, o me voy y dejo que te pierdas –probablemente
ese tipo ni siquiera entendía bromas –. Vale, te acompaño a casa
de Kamio, aunque no te lo merezcas. Pero no pienso quedarme contigo,
¿entiendes?
–No me interesa tu compañía –dijo con total indiferencia –, y estar
solo es natural –miró a Rei, se veía bastante molesto por aquel
beso. No lo entendía.
–Pues perfecto entonces –Rei continuó su camino, aún con las manos
en los bolsillos –. Y más te vale no estropear nada –se preguntaba
cómo la estaría pasando Kamio. Bueno, al menos ahora podía dejar
de quejarse y cambiarse de ropa. Probablemente estaba despotricando
contra él por haberlo dejado en ese mundo.
Akira se encogió de hombros sonriendo cínicamente.
–Los accidentes ocurren, quién sabe lo que podría resultar dañado,
eso me ocurre hasta en mi propia casa –se apartó el pelo con la
mano, mirando a Rei –, en fin, mañana no trabajaré. Que lástima...
–dijo en tono sincero.
Rei lo miró incrédulo. A pesar de saber como era, esa actitud no
la comprendía.
–Que aburridos sois – ladeó la cabeza, dejando que varios mechones
rojos y negros entremezclados cayeran de lado –. ¿Sabes una cosa?
Espero que a Kamio también le ocurran muchos accidentes… –dijo sonriendo
de medio lado.
Akira se quedó parado, sin poder evitar que la imagen de Kamio destrozándole
la casa cruzase por su mente. Después de ver cómo se había puesto
porque lo del libro no funcionaba...
–¿Crees que Kamio se habrá enfadado mucho? –preguntó por la seguridad
de su casa.
Rei le dirigió una mirada escudriñadora a Akira, ¿estaría nervioso
por su casa? Una sonrisa maliciosa cruzó su rostro.
–No lo sé…tal vez. Kamio se enfada mucho, ¿no ves que siempre nos
estamos peleando? –se colocó las manos detrás de la cabeza, en un
gesto inocente.
–Espero que no la emprenda con mi casa, al menos si es lo suficientemente
inteligente como para darse cuenta de que yo estoy en la suya, no
creo que lo haga –Akira frunció el ceño y se quedó parado un segundo
–. Aunque teniendo en cuenta cómo tiene su casa... –sacudió la cabeza
un poco, suspirando.
–¿Cómo va a saber si tú estás cuidando bien de su casa? Hace un
rato no sonaste muy confiable. “Los accidentes ocurren…” –sonrió
imitándolo. Se le ocurría una idea –. Más vale que dejes todo como
está. Recuerda que allí pasa lo contrario. A lo mejor si ordenas,
luego tu casa se vuelve un área de desastre –sonreía cínicamente,
pero se estaba muriendo de risa por dentro. Ya se imaginaba lo incómodo
que sería para alguien como Akira, pasar la noche entre el desorden
de Kamio.
–Tranquilo, que no pienso recoger su desorden. Sabe Dios la de asquerosidades
que eso me obligaría a tocar –se llevó la mano a la frente, y se
paró en la puerta del portal, abriendo –. Ya me llegará con tener
que dormir en esa cama en la que sólo Dios sabe con quién habrá
estado.
–Veamos… –Rei alzó la vista al cielo, como si estuviese calculando
algo –teniendo en cuenta que en este mundo sucede lo contrario que
en el tuyo…Y que tú eres el doble opuesto de Kamio. Yo diría que
Kamio habrá estado con muchas personas en esa cama –le sonrió burlonamente
–. Que tengas dulces sueños, Akira –casi le susurró con malicia,
mientras se daba la vuelta y empezaba a caminar de nuevo, saludando
con la mano sin mirarlo –. Me voy a mi casa. Mañana seguimos averiguando.
Akira se quedó sin saber qué decir, y subió por las escaleras. Entró
en la casa y se sentó en la cama. ¿Qué habría querido decir Rei
con aquello? Él había estado con muchas personas en su cama. ¿Quería
decir eso que Kamio no habría estado con ninguna?
–No tiene sentido –se levantó, abriendo los armarios –. Me ducharé
–se quedó perplejo, mirando lo que había en el interior. Un montón
de ropa arrebujada, y uniformes a medio descolgar, totalmente arrugados
–. Qué asco –frunció el ceño, cerrando el armario cuidadosamente
de nuevo. Tomó ropa interior de un cajón y se metió en la ducha.
...
Rei caminó por las calles con algo de prisa, con las manos aún
metidas en los bolsillos. Hacía algo de frío. Apenas entró en casa,
se sintió extraño. Casi esperaba ver a Yoshi o a Kamio salir de
alguna habitación. La única diferencia, era que su casa en este
mundo parecía abandonada. La única habitación que realmente utilizaba
era la suya. Se dirigió precisamente allí, tomando el teléfono y
marcando un número algo desacostumbrado, pero el haber estado en
otro mundo, le hacía sentir nostálgico.
La voz al otro lado de la línea parecía provenir de un lugar distante
–¿Diga?
–¿ Mamá? –hubo un silencio de sorpresa al otro lado
–¿Rei? ¿Eres tú?
–Sí, ya sé que es tarde para llamar. Sólo era para que supierais
que estoy bien.
–¿Por qué? ¿Sucedió algo?
Rei dejó escapar un suspiro.
–¿Es que no os enteráis de nada? No he estado en los últimos dos
días.
–Sí, bueno hijo… –la voz al otro lado sonó incómoda –¿Cómo lo íbamos
a saber? Nunca llamas, ni vienes a visitar, ni…
–Bueno, está bien, tengo cosas que hacer... –el auricular al otro
lado, cambió de manos, y en vez de la voz de su madre, apareció
una voz masculina.
–Rei, ya vale de preocupar a tu madre ¿Hasta cuando vas a estar
así? Tienes que sobreponerte. Ya me enviaron el informe del instituto,
casi no vas, y sacas malas notas .Y cuando te dignas a ir, sólo
sabes meterte en peleas. Empiezo a pensar que fue un error dejarte
vivir sólo…
El chico lo interrumpió.
–Vosotros quisisteis iros de esta casa, yo no tengo por qué cambiar
de vida… Mira, papá, mejor cuelgo que…
–Rei, no te atrevas a colgar el teléfono, Rei, escucha…
El chico viró los ojos en un gesto de exasperación. Había sido un
error llamar.
–Sí, buenas noches, papá –colgó, interrumpiendo la letanía de regaños.
Siempre lo mismo.
Se dirigió a la ducha, desnudándose, y dejando que el agua tibia
lo recorriera desde la cabeza a los pies. Se lo habría pasado mejor
bebiendo sake con Kamio.
xXx
Mientras, en casa de Akira, Yoshi observaba con los ojos como platos,
el lugar en el que segundos antes, había estado su hermano.
–¡Noboru! –corrió hacia allí, y alzó la vista hacia Kamio –¿Qué
ha pasado? ¿Donde están? ¿Dónde está mi hermano? –le preguntó con
voz desesperada.
–Se han ido, se ha ido con él.
–No, no es cierto No puede ser verdad. No se ha ido de nuevo. Y
además… dijo que me llevaría. Y tú, ¿por qué sigues aquí? No lo
comprendo… –Yoshi miraba a Kamio con incredulidad, negando con la
cabeza.
–Sí me temo que sí es verdad –el rubio tomó el libro que había caído
al suelo entre sus manos, había pasado de estar realmente cabreado,
a tener una mala hostia encima que no se la sacaba nadie, se giró
hacia la mesa, y de una patada la tiró al suelo –. Maldita sea,
joder –golpeó la pared con el puño, y dejó la frente apoyada en
la pared, ahora no sólo seguía allí, además estaba solo.
Yoshi se sentó en una silla, tratando de asimilar lo que acababa
de ver. Entonces, la historia del libro, de que no era su hermano…
Sacudió la cabeza. No, ese era Noboru, aunque hubiera venido de
otro lugar, seguía siendo su hermano. No quería creer otra cosa.
–¿No puedes traerlo de vuelta? Tú viniste con él –miró seriamente
al rubio.
–¿Es que no te has enterado de nada? No sé, no sé volver, ¿vale?
Qué mas quisiera yo que irme a mi mundo de una vez –apretó el manga
entre sus manos, y se metió en la habitación de Akira, sentándose
en la cama.
Yoshi se quedó sentado en silencio, sin saber cómo tomar eso. No
podía perderlo de nuevo, ni siquiera entendía lo que acababa de
pasar.
Kamio comenzó a abrir los cajones repentinamente, como buscando
algo, aunque sabía que probablemente no encontraría nada que le
sirviese. Se quedó quieto de pronto, Rei estaba a solas en su casa
con aquel maniaco.
–Yoshi, tenemos que hacer algo. Ese tipo es peligroso, no puede
estar a solas con Rei.
–Rei…Noboru… –se agarró del brazo del rubio, como si eso fuera a
ayudar en algo –Yo no quiero que le pase nada a Noboru, quiero que
regrese conmigo –lo cierto es que Akira no le parecía estar loco,
pero Rei no actuaba normal. Era posible que hiciese algo que enfureciera
al moreno.
–Esto es un desastre, no me fío de ese tío, y está sólo con Rei
–Kamio apoyó la mano en el pelo de Yoshi. No es que tuviese miedo
de que el chico no supiera defenderse, pero Akira era más grande
que él, por no hablar de que era un sádico. Miró a su alrededor,
lo que estaba claro es que se quedaría en aquella casa el tiempo
que hiciera falta, sin duda, Akira habría decidido hacer lo mismo.
–¿Te preocupas mucho por mi hermano? –lo miró con curiosidad –Noboru
actúa extraño, pero sé que sabe defenderse. A Noboru nadie le hace
daño –sonrió con los ojos llenos de admiración –. Y sé que regresará
conmigo. Ya lo hizo una vez, y dijo que me llevaría con él, así
que no puede dejarme.
Kamio le sonrió, cogiéndolo de la mano. ¿Qué hacía ahora en aquella
casa que no era la suya con un tomo que no comprendía como usar,
y el chico ese de su mano?
–Sí, claro que me preocupo. Es mi amigo, y podría decirse que es
el único que tengo –no pudo evitar pensar en Oshi. Él no era su
amigo ya, ni siquiera se había interesado lo más mínimo en cómo
salir de allí, eso es que no le importaba una mierda conseguirlo
o no –¿Crees que Rei vendrá a por nosotros? –le preguntó con seriedad,
mirándolo. Con aquel carácter tan horrible que tenía, no sabía qué
pensar. A veces le parecía que lo odiaba –No sé si estoy muy seguro,
después de todo, él ahora está donde quiere.
Yoshi asintió con expresión solemne.
–Regresará. Me dijo que me llevaría con él –no le interesaba demasiado
irse de allí, sólo le importaba estar con su hermano.
...
Kamio se tiró en la cama de Akira con una botella de sake que había
encontrado en los armarios, una de las muchas que tenía. Sería raro,
pero lo que estaba claro es que al igual que a él, le gustaba el
sake. Se sintió agradecido de que aquel sake tuviese tanta gradación
de alcohol, quería emborracharse y no enterarse de nada.
Yoshi lo miró desde el marco de la puerta.
–Bebes de nuevo. Te enfermarás –estaba completamente serio. Más
bien, quería irse a su casa y quedarse en la habitación de su hermano.
Pero temía que Noboru reapareciese allí, era donde había desaparecido,
y parecía tener un algún tipo de lazo con Kamio.
–Pues si me enfermo me da igual –dijo ya semi-borracho –. Bebe tú
también –sonrió de medio lado.
Yoshi se acercó, subiéndose a la cama a gatas para tomar la botella
que el rubio le ofrecía.
–Eres extraño –bebió un pequeño trago, sin dejar de mirarlo.
–Ya sé que soy raro –Kamio se encogió de hombros –. Era raro en
mi mundo, en el tuyo debo ser aún más raro –dijo con la voz algo
floja por el alcohol. Bebió otro trago, y de nuevo le pasó la botella
a Yoshi, apoyando la cabeza en su hombro –. Tu mundo es una mieerda.
–Así que, eso de que venis de otro mundo es en serio… –ladeó la
cabeza por encima de la de Kamio –No… este mundo no está mal, siempre
y cuando esté con Noboru, las cosas son como deben ser.
–No, tu mundo es una mierda, ahora es dos mierdas porque Rei no
está, y yo estoy aquí sólo –miró a Yoshi –. No, al menos tú estás
conmigo. Bebe –dijo dándole la botella de nuevo –. Rei no me quiere
nada, ¿porque? Yo soy muy simpático, pero no saben apreciarme...Bueno,
cambiando de tema, ahora ya puedes decirme cuando dejaste de ser
virgen.
–No, mi hermano no quiere que te lo diga Lo vi en sus ojos. No lo
entiendo –Yoshi bebió un poquito más, sintiéndose extraño de nuevo
y fijando sus azules ojos en el vacío –Rei… –le costaba algo de
trabajo llamarlo así –Creo que Rei…sí te quiere…
–Todos me quieren –el rubio se dejó caer en la cama, con la cabeza
como un bombo. Él no creía eso –. Es que soy encantador, ¿a que
tú también me quieres? –se agarró a su cintura, apoyando la cabeza
en sus piernas –. Sí, claro que me quieres –se rió.
El chico bebió otro trago, mareándose algo. Se inclinó un poco sobre
Kamio, apartándole el flequillo.
–A mi no me desagradas. Pero… todo depende de qué intenciones tengas
con Noboru, y de cómo reaccione él. ¿Quieres a mi hermano, Kamio?
El rubio abrió los ojos una rendija para observar los de Yoshi,
él sólo estaba bromeando, pero Yoshi iba en serio con aquella conversación,
y algo en su tono y su mirada lo ponían nervioso.
–No veo que tiene que ver Rei en esto –dijo sonriendo como si nada
ocurriese –. Yo no tengo ninguna intención con él, es mi amigo,
eso es todo –se llevó la botella a los labios, bebiendo un gran
trago, y sujetándola después, colgando fuera de la cama.
Yoshi observó a Kamio atentamente, dejándose caer luego hacia atrás
en el respaldo de la cama, sin decir una palabra. No estaba acostumbrado
a beber. Le hacía sentirse descontrolado.
Kamio se levantó y lo miró, apoyándose sentado a su lado, realmente
Rei y él se parecían mucho. Debía de ser bastante doloroso encontrarse
con un doble de tu hermano muerto, y más aún cuando te culpabas
de haber provocado tú aquella muerte. ¿Pero... por qué? Eso era
imposible, una extraña idea cruzó su mente.
–Yoshi, ¿por qué murió tu hermano?
–¿Mi hermano? –Yoshi se lo pensó un poco –Fue un accidente… –por
un momento se vio triste, pero luego miró al rubio, sonriendo –,
pero mi hermano no está muerto. Puede llamarse distinto ahora, y
actuar de forma extraña, pero sigue siendo mi hermano.
Kamio se quedó mirando a Yoshi. No le había aclarado mucho, y lo
único que hacía era recordarle lo que Oshi le había dicho de su
doble, allí todos eran raros.
–¿Quieres que te lleve a tu casa, Yoshi? –no le apetecía porque
estaba borracho, pero si no le quedaba mas remedio, lo haría.
Yoshi le sonrió un poco.
–No hace falta que lo hagas. Puedo ir sólo, sin ningún problema.
Es sólo que… –lo miró dubitativo –no sé si debo. ¿Y si Noboru aparece
aquí?
–Está bien, quédate aquí si quieres –el rubio se metió la botella
entre las piernas, jugando con el tapón, enroscándolo y desenroscándolo
–. Duerme en mi... bueno, en la cama de Akira. Yo iré a ducharme
–se levantó tambaleándose, y abrió los armarios, buscando ropa.
El armario estaba hiper ordenado y limpio del moreno, pantalones
negros, camisas de seda, corbatas, uniformes –¡Coño! –cerró las
puertas de una patada, y comenzó a buscar ropa interior, con el
ceño fruncido a mas no poder –¡Voy a ducharme!
Yoshi se acostó de medio lado, aún observando al rubio hacer sus
aspavientos. No lo comprendía, le parecía que reaccionaba demasiado
por cualquier cosa. Pero su hermano también parecía actuar así desde
que había regresado. Se preguntaba si Kamio tendría algo que ver
en eso. Dejó escapar un suspiro, cerrando los ojos.
...
Kamio salió al poco rato del baño, en ropa interior, frotándose
el pelo mojado con una toalla. Suspiró mirando al chico, parecía
haberse quedado dormido en su cama, no tenía más habitaciones. Era
un piso de estudiante.
Se colgó la toalla de los hombros, y cogió a Yoshi en brazos. Separó
las mantas, depositándolo entre las sábanas antes de arroparlo.
Se acostó por encima de las sábanas para no tocarlo, y suspiró,
apoyando la cabeza en su mano sobre la almohada. ¿Estaría bien Rei?
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