.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capitulo 10

Comienza la paranoia

Kamio se paró en el portal y abrió el mismo con su llave. Comenzó a subir las escaleras, seguido por los demás.
–No aproveches ahora para mirarme el culo.

–¡No voy a hacer eso! ¡No soy como tú! –Rei apretó los puños de nuevo algo molesto –Y esta vez toca el timbre, que no quiero que me termine el diseño –miró a Yoshi, pensando que tal vez no había debido dejarlo venir Por otro lado, no podía dejar de pensar en lo que le había dicho Kamio, acerca de si debía o no llevárselo con él. Sonrió un poco, pensando en que si hacía eso, iba a matar de un infarto a sus padres.

El rubio se paró contra la puerta y llamo al timbre.
–Somos nosotros, y venimos con un monaguillo.

Akira se levantó de la silla en la que estaba, y dejó un libro que leía, sobre la mesa.
–Me sorprende que simplemente no hayáis entrado, pasad –los invitó, apartándose un poco de la puerta.

–Y buenas tardes a ti también –le contestó Rei, mirándolo con desconfianza, y sujetando a Yoshi por los hombros.

–Hum... ya veo que vienes muy calmado, como siempre. ¿Quieres una tila? –Akira se sentó en la silla en la que estaba de nuevo –Podéis sentaros si queréis.

Kamio se sentó al lado de Akira, y miró al centro de la mesa. Sentía la mirada del moreno sobre él.
–¿Por que somos iguales? –le preguntó este.

–Yo qué sé por qué, yo soy del otro lado –le contestó el rubio, girando la cara para verlo.

–¿El otro lado?

Yoshi se sentó a la mesa también, pero Rei permaneció de pie. No le convencía eso de relajarse delante de Akira.
–Del otro lado…te lo dijimos ese día, ¿recuerdas? Pero estabas muy ocupado atacándome –cruzó los brazos, dejando escapar un suspiro. En realidad, más bien se lo habían comentado entre ellos que decírselo a Akira. De todas formas, el chico no estaba seguro de querer ser muy detallista.

Akira lo miró, cruzándose de brazos y echándose atrás en la silla.
–Si crees que esa actitud engreída y esa falta de respeto, te van a ayudar en algo, estás muy equivocado. Ten en cuenta que entrasteis en mi casa con una llave que no sé de donde sacasteis, mostrando vuestros hermosos modales. No sé de dónde venís, pero mi reacción fue de lo mas normal. ¿Verdad, Yoshi? –preguntó mirando al chico –¿Acaso no reaccionarías tú de la misma manera que yo?

–Sí, creo que sí –le contestó con absoluta seriedad –. Pero no con Noboru, él tiene derecho a entrar en casa, porque es mi hermano. ¿Kamio no es tu hermano?

–¡Que no…! –Rei se contuvo ante la mirada del chico. Su respuesta le incomodaba, pero tampoco tenía que lastimarlo –Que me llamo Rei –se detuvo, sin saber qué más decir.

–¿Mi hermano? –Akira miró a Kamio, y le colocó la mano en el mentón, elevándolo un poco y mirándole la cara. Se parecían demasiado, como si fuesen gemelos –Soy hijo único –sonrió de medio lado al sentir como el rubio apartaba la cara de su mano bruscamente.

–No somos hermanos. No sé qué somos. Nosotros leímos un manga y vinimos a parar a aquí ¿lo tienes? Me gustaría verlo –Kamio lo miró, incomodo.

Akira se cruzó de brazos, divertido por su reacción.
–Lo traeré –dijo levantándose.

–Genial, gracias –Rei intentaba ser amable a su manera, aunque no era que ese tío le inspirara mucha amabilidad.

Akira volvió al poco rato, y dejó el manga en la mesa tras sentarse, empujándolo con dos dedos suavemente hacia el centro. Lo abrió para que todos vieran, que la primera hoja estaba dibujada. El rubio se acercó un poco más para observar el espejo que había en la primera hoja.

–No era así, Rei.

–No, no era así, Y había una puerta y… –giró la página para ver si a su tomo le habría faltado alguna, pero allí no había nada. Miró al rubio, preocupado –. Pero es este, tiene que ser este. ¿Y si es el segundo tomo o algo así?

–Uf, ya sabía yo que no iba a ser tan sencillo. Se me está pasando algo realmente extraño por la cabeza, aunque a estas alturas nada es extraño. Ellos beben pis de mono y encima pagan por él –dijo señalándolos con el pulgar, subiendo una ceja, y mirándolo con una mueca de extrañeza –. Creo que nosotros estamos creando este manga.

–¿Nosotros? No creo, pero ahí no… –el chico se llevó una mano a la cabeza. Era extraño, pero no le parecía del todo descabellado –Mierda, ¿si lo creamos nosotros, entonces por qué no inventamos cómo salir?

Akira los miraba con la misma cara de asombro que Yoshi.
–¿Vosotros escribís un manga? ¿O es que se supone que estamos encerrados dentro de él? –hablaba totalmente calmado, como si fuera lo mas natural del mundo.

–¿Es que no entiendes nada? No lo sabemos, si lo supiéramos... –Kamio se llevó las manos a la cabeza, apoyando la frente contra la mesa –Me desespero, Rei.

Rei le puso una mano en la cabeza como para calmarlo, aunque él mismo empezaba a pensar que tal vez Oshi tenía razón. Miró al moreno, y luego al chico de cabello azul.

–Una vez más –suspiró –.No somos de este mundo. Leímos un manga… extremadamente similar a éste y llegamos aquí.

–Hum... ¿y qué vais a hacer? –Akira lo miró, apoyando la cara en su mano, tomó el manga, repasando las hojas y mirando atentamente –Están todas en blanco –miró entonces a Kamio –. Así que... ¿tú eres yo?

–Más o menos, con la diferencia de que yo no voy por ahí rajando a la gente –el rubio puso la cabeza de lado en la mesa, sin moverse, no fuera a ser que Rei quitara la mano.

–Las personas aquí son el opuesto de lo que seamos nosotros –Y no para bien, precisamente, por una vez se tragó sus pensamientos, no fuera a ser que se enfureciera Akira. Le dirigió la vista a Yoshi –. Es por eso que me parezco a tu hermano, pero a la vez soy diferente, ¿entiendes ahora?

El chico lo miraba incrédulo. Eso no era verdad. Su hermano había regresado por él, no había otra explicación.
Rei volvió a observar las páginas en blanco, inclinándose sobre Kamio, aún distraídamente con su mano sobre la cabeza del rubio.
–¿Ahora qué? ¿Tendríamos que dibujar o algo así?

–¿Escribimos lo que queremos que pase? Bueno, dibujamos más bien –el rubio sólo lo miró de soslayo sin moverse.

–Podríamos probar, resulta interesante después de todo –Akira se levantó y volvió con un lápiz y una goma en la mano –¿Alguien quiere probar, o lo hago yo? –sonrió de manera extraña, y Kamio cogió el lápiz de su mano, levantándose por fin de debajo de la mano de Rei.

–No, que a saber lo que dibujas tú.

–Espera… –Rei fue a arrodillarse frente a Yoshi –Yoshi, si esto funciona, ¿te gustaría venir conmigo? ¿O echarías de menos a alguien? Tus padres, por ejemplo.

El chico negó con la cabeza. No le creía respecto a lo del otro mundo, pero se daba cuenta de que su hermano quería irse.
–No, nuestros padres murieron, ¿no lo recuerdas, Noboru? Y luego estábamos tú y yo solos –se abrazó al cuello del chico –. Y luego ya no estabas. No te vayas, Noboru.

Rei tomó los brazos del chico, apartándolo de sí, para que lo mirara. ¿Cuantas veces iba a tener que repetírselo?
–No soy Noboru, soy Rei. Por eso te digo que si quieres venir conmigo. Así no estarías sólo –cada vez estaba menos seguro de esa decisión. ¿Realmente sus padres estaban muertos? No tenía motivos para pensar que le mentía, pero los de él estaban vivos, y no todos los que estaban vivos allí, estaban muertos aquí. Si no, Akira no existiría. Además de que no sabía si era posible llevarse a alguien de este mundo, ni siquiera si estaba haciendo lo correcto, o si podría hacerse cargo de su decisión, una vez de vuelta. Lo miró de nuevo –. ¿Vendrás?

Yoshi asintió, aunque seguía sin creerle, no comprendía por qué insistía en decir que era otra persona. Todo lo que sabía era que quería estar con él.

–Está bien –se levantó, algo inseguro, acercándose a Kamio –. Bien –suspiró nervioso –, un momento, ¿sabes dibujar, no?

– De hecho, mejor lo haces tú, no sea que aparezcamos en nuestro mundo como dibujos infernales –Kamio se rascó la cabeza con el lápiz, seguro de que era la mejor decisión, dados sus atributos como dibujante.

–Yo podría hacerlo, dibujo cada día en la escuela –Akira sonrió, cruzando las manos sobre la mesa.

–Aja... –Rei le dirigió una mirada de desconfianza –No, gracias. No quiero que lleguemos en pedacitos a nuestro mundo –Yoshi podía dibujar, pero estaba demasiado confundido. Quien sabe lo que terminaba dibujando. Miró el libro bastante nervioso.

–¿Qué vamos a hacer? ¿Quién lo dibuja? Yo soy malísimo, del psicópata no me fío, Yoshi es Yoshi. Y tú, Rei. ¿Dibujas mal? –le preguntó Kamio.

–Está bien, lo haré yo –Rei se sentó a la mesa, con el lápiz en la mano. No confiaba demasiado en sus habilidades como dibujante, pero mientras se entendiera... Trató de dibujar la escena, de forma un tanto precaria. Es decir, que en su dibujo, el único mueble era la mesa. Luego se dibujó a sí mismo dibujando. Y por último, aquella puerta, excepto que del lado contrario, plasmó en el papel a Kamio y a sí mismo, sujetando la mano de Yoshi mientras atravesaban el umbral.
Después de todo ese tiempo de dibujar, levantó la mirada, para observar al rubio.

–Pues no, no está funcionando. Y … –miró sus garabatos –¿Y si lo he estropeado?

–De todos modos, no perdíamos nada probando, no íbamos a quedarnos de brazos cruzados –el rubio se levantó de la mesa bastante molesto. Lo cierto es que había pensado que aquella estúpida estrategia les funcionaria, o mejor dicho, había tenido la estúpida esperanza de que lo hiciera. Pateó un poco la silla –Mierda, mierda, mierda.

Akira sujetó el tomo, mirando el dibujo. Lo giró un poco. La verdad es que no se podía decir que tuviera mucha calidad, pero si aquello era así, debería de haber servido.
–Te rindes muy fácilmente –le dijo a Kamio sin mirarlo, pasando las hojas en blanco una a una. Lo cierto es que no creía que eso pudiese ser cierto, pero aquel doble suyo lo confundía.

–Pues no nos hemos rendido, para que sepas. Sólo porque una idea falle, no significa que no haya alguna manera –le quitó el libro de las manos, algo rudamente –. Y deja de darle vueltas, que quien sabe qué nos haces – le parecía una idea estúpida, pero igual lo ponía nervioso.

–¿Y si nos imaginamos lo que pasa? –Rei miró a Kamio nuevamente, y el rubio se encogió de hombros.

–¿Por qué no? –se sentó a la mesa –¿Qué nos imaginamos? Porque debería ser lo mismo –apoyó la palma de la mano en el libro –. Apoyad la palma de la mano. No sé, es una sandez, pero quién sabe.

–Nos imaginamos que nos vamos de aquí. Que…miramos el libro y aparecemos en nuestro mundo –Rei se encogió de hombros, apartando una silla y apoyando una mano sobre el tomo –. No es muy imaginativo, pero no creo que nos debamos poner creativos con esto… –miró al rubio por un momento –¿Deberíamos agarrarnos de la mano o algo así?

–Sí, como si fuera un rollo raro, tipo invocación –a Kamio le dio la risa, y abrió la palma de la mano para que alguien la tomase. Mientras tanto, Akira los miraba limpiando los cristales de las gafas, parecían unos chiflados, ni más ni menos que eso.

–Vale, ríete, pero luego si funciona, tendrás que agradecérmelo –Rei tomó la mano del rubio, apretándola nervioso y tendiéndole la otra a Yoshi –¿Vas a venir? –le preguntó, un poco nervioso de que el chico no entendiera lo que había que imaginar.

Kamio tomó la mano de Yoshi y se echó hacia atrás, apretando la mano de Rei como si aquello les fuera a hacer estar mas conectados, por otro lado; le preocupaba que uno de los dos no lo consiguiera. Cerró los ojos, imaginándose aquello, pero no parecía estar funcionando porque no sentía nada diferente.

Rei cerró los ojos también intentando concentrarse, pero nada parecía cambiar. Frunció el ceño, como si aquello le fuera a dar más fuerza a su mente. Abrió los ojos, dejando escapar un suspiro.
–Nada…

Kamio se levantó de nuevo, golpeando la mesa con el puño.
–Es inútil, esto es una mierda, no sirve nada de lo que hacemos –se apartó, mirando por la ventana y apoyando la frente en el cristal, empañándolo con su respiración.

–Parece que no ha funcionado ¿me dejas ahora mirarlo? –Akira extendió la mano hacia Rei.

–Claro, ¿qué más da? –le dio el tomo y miró al rubio, un poco cabreado por la falta de seguridad que le daba –¡¿Quieres calmarte de una vez?! Así no llegamos a ningún lado!

–Sí, lo que quieras, estoy calmado –no se volteó, seguía mirando por la ventana, afuera había comenzado a lloviznar suavemente.

Akira examinaba el tomo, observando las hojas una a una. Todas estaban en blanco, las pasó rápidamente y le pareció que algo se movía en una de las hojas, como si un dibujo apareciese poco a poco, en tonos grisáceos. Separó las hojas, pero no había nada. Se ajustó las gafas con el dedo índice, repasando las hojas de nuevo.
–Mira –dijo llamando a Rei, ya que era el que mas cerca tenía.

–Sí, ¿qué? ¿Has encontrado algo? –se sintió esperanzado, y sujetó el libro con una mano, aún sin quitárselo a Akira. Lo que iba apareciendo en el libro, era una puerta. Más extraño aún, una puerta que parecía hecha de espejos. Fue a avisar a Kamio, pero se sintió mareado.

Akira apoyó su otra mano, (con la que no sujetaba el libro) en la cadera de Rei, sintiéndose tremendamente mareado.
–Una puerta.

–¿Qué? –Kamio se giró en el mismo momento que escuchó eso, rápidamente, vio cómo los chicos se desvanecían y se acercó a ellos tratando de tocar a Rei, mirándolo a los ojos –Rei –apoyó la mano en el vacío.

El chico apenas pudo ver a Kamio por unos segundos, sus labios formando su nombre, pero sin que el sonido llegara al rubio. Luego, todo se volvió negro de nuevo, como aquella vez. Nuevamente sintió como caía, golpeándose el trasero con fuerza. Parecía la misma casa, pero…

–Pesas poco, pero aún así, es un tanto molesto tenerte sobre mi estómago –dijo el moreno con toda la tranquilidad del mundo. Miró a su alrededor, realmente lo habían hecho. Había llegado al otro mundo. Desde luego, no era su casa, estaba llena de mierda y ropa sucia por todas partes.

–Ah, sí? Pues tú no… –Rei fue a contestar a Kamio, como siempre, cuando se dio cuenta de que el que estaba allí no era el rubio. Se sacó de encima rápidamente, aún sin levantarse –Akira… –miró a su alrededor, pero no habían señales de Kamio ni de Yoshi. Había regresado, cierto, pero con el gemelo equivocado –Mierda, esto es genial… – golpeó el suelo con su propio puño.

Akira se levantó del suelo, tendiéndole la mano a Rei para que se levantara.
–¿Se supone que esto es vuestro mundo? –miró alrededor, el libro no estaba –¿Tienes tú el libro?

Rei aceptó la mano que le ofrecía Akira, aunque sin dejar de mirarlo con desconfianza.
–No, no se supone que es nuestro mundo. Lo es –miró a su alrededor, sólo Kamio podría tener su casa de esa manera. Claro, pasaba por alto el hecho de que su cuarto no era precisamente el modelo del orden. No veía al libro por ninguna parte –El libro no vino con nosotros, al menos yo no lo tengo. Mierda, ¿qué hago? –se enterró una mano en el cabello. Ahora tendría que averiguar cómo traer a Kamio y devolver a Akira. Sin contar con el hecho de que no le tranquilizaba nada estar a solas con ese psicópata.

–Hum –Akira miró a su alrededor –Todo parece igual, bueno, exceptuando que esta habitación está asquerosa.
Rei observó a Akira, algo molesto porque criticara la habitación, por más razón que tuviera. Pero tampoco le parecía que estuviera asquerosa. Se cruzó de brazos.

–Pues no, no es igual. Todo está al revés, y aquí la gente no está loca.

–Pues tú no pareces estar en tu sano juicio. Con ese carácter tan extraño, diría que tienes algún tipo de alteración de la personalidad –el moreno hablaba como si realmente entendiera de aquellas cosas –. Como sea... no es asunto mío, lo único que me interesa es volver a mi mundo.

–Pues yo también quiero devolverte, no creas –Rei lo miró cabreado –. Y el alterado serás tú, con tus juegos de cuchillas –se puso nervioso inmediatamente. Sólo esperaba que no se hubiera traído ninguna.

–Aún estás obsesionado con eso de las cuchillas, sólo era un abrecartas y la culpa fue vuestra por entrar en mi casa y asaltarme de esa manera sin explicaros ni nada. ¿Acaso creíais que leía vuestras mentes? Eso no tiene importancia, ahora el caso es averiguar cómo puedo volver.

–Bien, vamos –Rei le lanzó otra de sus miradas desconfiadas. Era igual lo que le dijera, no le parecía normal atacar a la gente con un abrecartas. Además, recordaba muy bien que el moreno le había pegado primero –Sígueme –se metió las manos en los bolsillos, dirigiéndose a la puerta.

Akira lo siguió fuera de la casa, bajando por las escaleras, las calles eran las mismas, la gente era parecida, pero iban hablando por la calle y había muchísimo bullicio. Vio a unos jóvenes que aprovechaban la llegada de la noche, y corrían por las calles, probablemente para ir a beber –Qué sitio tan extraño.

–Extraño será el tuyo. Al menos aquí no te van a perseguir a balazos por beber licor –siguió caminando con gesto serio. Se sentía preocupado por toda la situación, pero al menos Kamio y Yoshi estaban juntos. No pasaba nada, se cuidarían mutuamente, aunque se imaginaba que Yoshi no sería capaz de controlar al rubio si decidía meterse en problemas.

...

Akira y Rei habían pasado un buen rato recorriendo la tienda de Tatsumoto. Habían ido al jardín, en busca del lugar donde debía de haber aparecido el libro, pero sin ningún éxito y ninguno de los dos había hablado con el otro más de lo necesario.
–Bueno, es tarde ya para seguir con esto, iré a mi casa. Bueno, a la casa de Kamio a pasar la noche.
Una chica se colgó de su cuello, besándole la mejilla.

–Ahora veo en dónde te metías. Te has cambiado el color de pelo, Kamio. Estás muy guapo, ¿y esas gafas? –se las quitó, probándoselas ella –¿Quién es este chico? –preguntó con las gafas puestas, mirando a Rei –¿Tu novio? –lo saludó, meneando la mano –¿Qué tal? Soy una compañera de clase de Kamio –le guiñó el ojo a Rei.

–Agh… ¿Estás loca? ¿Su novio? ¡Ni que estuviera loco! –la miró completamente rojo, de sólo pensar en ser novio de Akira, se le revolvía el estómago –Además, este no es… –se detuvo, percatándose de cómo sonaría lo que iba a decir –Vale, sí, Kamio se tiñe el cabello y se las da de intelectual ahora… –se cruzó de brazos, mirando al moreno para que le siguiera el juego. Así sería más fácil. Sólo esperaba que no le fuera a salir con alguna locura.

Akira miró a Rei, comprendiendo lo que sucedía. Obviamente, lo más fácil sería, por el momento, comportarse como si fuera Kamio.
–Sí, me he teñido el pelo –dijo quitándole las gafas, y ajustándoselas, mirando a la chica muy serio, como era habitual en él –, pero Rei no es mi novio, sólo es un conocido del instituto.

–¿No eres su novio? ¿De verdad? Pues haceis buena pareja, ¿no te gusta? –se abrazó a Akira, dándole un beso en la mejilla con fuerza –Con lo cariñoso que es –le guiñó un ojo a Rei, pensando de todas formas, que Kamio estaba raro.
Akira se quedó quieto, sin moverse lo más mínimo ante aquel beso, que obviamente le estaba incomodando más de lo inconcebible.

–Sí, claro, muy cariñoso –lo miró, tocándose la cortada –. No, no me gusta. No me gusta nada –le respondió a la chica, sin dejar de mirar al moreno. Se veía incómodo, y eso lo estaba poniendo incómodo a él. Tiró de la chica con suavidad por los hombros, separándola del moreno –Ya, vale, que se hace tarde. Tenemos que irnos.

La chica se separó de Akira con algo de reticencia, para tomarlo de nuevo del brazo, enroscándose en él.
–Pues para no ser su novio bien que te celas –le dijo con una risita socarrona. Akira suspiró, cogiendo a Rei de la cintura y besándolo.

–Ahora ya me dejarás en paz, porque como ves, es mi novio –le dijo muy serio, molesto.

–Kamio estás un poco raro –se separó, echando a andar y alejándose, sin duda, extrañada.

Rei se separó enfurecido, y luego de algunos segundos de confusión, y le estampó una bofetada.
–¡No vuelvas a hacer eso! ¿Quién te crees que eres? ¡Psicópata aprovechado! –se metió las manos en los bolsillos, y echó a caminar con rapidez, refunfuñando entre dientes –Coño, en algo se tenían que parecer. No me lo creo… –ni siquiera sabía por qué lo acompañaba a casa de Kamio. Definitivamente no pensaba pasar la noche con ese loco.

–Sólo era una estrategia para deshacerme de ella, no creas que lo hice con ningún otro propósito –se cruzó de brazos mirando a su alrededor –. ¿Me acompañarás a la casa de Kamio? Creo que me perderé si voy solo –dijo mirando a otro lado, desinteresado por su infantil arrebato. Ponerse así sólo por un beso...

Rei sonrió para sí mismo, mientras seguía caminando. Sentía que había obtenido una pequeña victoria.
–Me da igual si tenías otro propósito o no. Tú me has golpeado antes sin que yo tuviera ningún propósito oculto –lo miró de reojo –. Y más te vale tratarme bien, o me voy y dejo que te pierdas –probablemente ese tipo ni siquiera entendía bromas –. Vale, te acompaño a casa de Kamio, aunque no te lo merezcas. Pero no pienso quedarme contigo, ¿entiendes?

–No me interesa tu compañía –dijo con total indiferencia –, y estar solo es natural –miró a Rei, se veía bastante molesto por aquel beso. No lo entendía.

–Pues perfecto entonces –Rei continuó su camino, aún con las manos en los bolsillos –. Y más te vale no estropear nada –se preguntaba cómo la estaría pasando Kamio. Bueno, al menos ahora podía dejar de quejarse y cambiarse de ropa. Probablemente estaba despotricando contra él por haberlo dejado en ese mundo.

Akira se encogió de hombros sonriendo cínicamente.
–Los accidentes ocurren, quién sabe lo que podría resultar dañado, eso me ocurre hasta en mi propia casa –se apartó el pelo con la mano, mirando a Rei –, en fin, mañana no trabajaré. Que lástima... –dijo en tono sincero.

Rei lo miró incrédulo. A pesar de saber como era, esa actitud no la comprendía.
–Que aburridos sois – ladeó la cabeza, dejando que varios mechones rojos y negros entremezclados cayeran de lado –. ¿Sabes una cosa? Espero que a Kamio también le ocurran muchos accidentes… –dijo sonriendo de medio lado.
Akira se quedó parado, sin poder evitar que la imagen de Kamio destrozándole la casa cruzase por su mente. Después de ver cómo se había puesto porque lo del libro no funcionaba...

–¿Crees que Kamio se habrá enfadado mucho? –preguntó por la seguridad de su casa.

Rei le dirigió una mirada escudriñadora a Akira, ¿estaría nervioso por su casa? Una sonrisa maliciosa cruzó su rostro.
–No lo sé…tal vez. Kamio se enfada mucho, ¿no ves que siempre nos estamos peleando? –se colocó las manos detrás de la cabeza, en un gesto inocente.

–Espero que no la emprenda con mi casa, al menos si es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que yo estoy en la suya, no creo que lo haga –Akira frunció el ceño y se quedó parado un segundo –. Aunque teniendo en cuenta cómo tiene su casa... –sacudió la cabeza un poco, suspirando.

–¿Cómo va a saber si tú estás cuidando bien de su casa? Hace un rato no sonaste muy confiable. “Los accidentes ocurren…” –sonrió imitándolo. Se le ocurría una idea –. Más vale que dejes todo como está. Recuerda que allí pasa lo contrario. A lo mejor si ordenas, luego tu casa se vuelve un área de desastre –sonreía cínicamente, pero se estaba muriendo de risa por dentro. Ya se imaginaba lo incómodo que sería para alguien como Akira, pasar la noche entre el desorden de Kamio.

–Tranquilo, que no pienso recoger su desorden. Sabe Dios la de asquerosidades que eso me obligaría a tocar –se llevó la mano a la frente, y se paró en la puerta del portal, abriendo –. Ya me llegará con tener que dormir en esa cama en la que sólo Dios sabe con quién habrá estado.

–Veamos… –Rei alzó la vista al cielo, como si estuviese calculando algo –teniendo en cuenta que en este mundo sucede lo contrario que en el tuyo…Y que tú eres el doble opuesto de Kamio. Yo diría que Kamio habrá estado con muchas personas en esa cama –le sonrió burlonamente –. Que tengas dulces sueños, Akira –casi le susurró con malicia, mientras se daba la vuelta y empezaba a caminar de nuevo, saludando con la mano sin mirarlo –. Me voy a mi casa. Mañana seguimos averiguando.

Akira se quedó sin saber qué decir, y subió por las escaleras. Entró en la casa y se sentó en la cama. ¿Qué habría querido decir Rei con aquello? Él había estado con muchas personas en su cama. ¿Quería decir eso que Kamio no habría estado con ninguna?

–No tiene sentido –se levantó, abriendo los armarios –. Me ducharé –se quedó perplejo, mirando lo que había en el interior. Un montón de ropa arrebujada, y uniformes a medio descolgar, totalmente arrugados –. Qué asco –frunció el ceño, cerrando el armario cuidadosamente de nuevo. Tomó ropa interior de un cajón y se metió en la ducha.

...

Rei caminó por las calles con algo de prisa, con las manos aún metidas en los bolsillos. Hacía algo de frío. Apenas entró en casa, se sintió extraño. Casi esperaba ver a Yoshi o a Kamio salir de alguna habitación. La única diferencia, era que su casa en este mundo parecía abandonada. La única habitación que realmente utilizaba era la suya. Se dirigió precisamente allí, tomando el teléfono y marcando un número algo desacostumbrado, pero el haber estado en otro mundo, le hacía sentir nostálgico.

La voz al otro lado de la línea parecía provenir de un lugar distante
–¿Diga?

–¿ Mamá? –hubo un silencio de sorpresa al otro lado

–¿Rei? ¿Eres tú?

–Sí, ya sé que es tarde para llamar. Sólo era para que supierais que estoy bien.

–¿Por qué? ¿Sucedió algo?

Rei dejó escapar un suspiro.
–¿Es que no os enteráis de nada? No he estado en los últimos dos días.

–Sí, bueno hijo… –la voz al otro lado sonó incómoda –¿Cómo lo íbamos a saber? Nunca llamas, ni vienes a visitar, ni…

–Bueno, está bien, tengo cosas que hacer... –el auricular al otro lado, cambió de manos, y en vez de la voz de su madre, apareció una voz masculina.

–Rei, ya vale de preocupar a tu madre ¿Hasta cuando vas a estar así? Tienes que sobreponerte. Ya me enviaron el informe del instituto, casi no vas, y sacas malas notas .Y cuando te dignas a ir, sólo sabes meterte en peleas. Empiezo a pensar que fue un error dejarte vivir sólo…

El chico lo interrumpió.
–Vosotros quisisteis iros de esta casa, yo no tengo por qué cambiar de vida… Mira, papá, mejor cuelgo que…

–Rei, no te atrevas a colgar el teléfono, Rei, escucha…

El chico viró los ojos en un gesto de exasperación. Había sido un error llamar.
–Sí, buenas noches, papá –colgó, interrumpiendo la letanía de regaños. Siempre lo mismo.

Se dirigió a la ducha, desnudándose, y dejando que el agua tibia lo recorriera desde la cabeza a los pies. Se lo habría pasado mejor bebiendo sake con Kamio.

xXx

Mientras, en casa de Akira, Yoshi observaba con los ojos como platos, el lugar en el que segundos antes, había estado su hermano.
–¡Noboru! –corrió hacia allí, y alzó la vista hacia Kamio –¿Qué ha pasado? ¿Donde están? ¿Dónde está mi hermano? –le preguntó con voz desesperada.

–Se han ido, se ha ido con él.

–No, no es cierto No puede ser verdad. No se ha ido de nuevo. Y además… dijo que me llevaría. Y tú, ¿por qué sigues aquí? No lo comprendo… –Yoshi miraba a Kamio con incredulidad, negando con la cabeza.

–Sí me temo que sí es verdad –el rubio tomó el libro que había caído al suelo entre sus manos, había pasado de estar realmente cabreado, a tener una mala hostia encima que no se la sacaba nadie, se giró hacia la mesa, y de una patada la tiró al suelo –. Maldita sea, joder –golpeó la pared con el puño, y dejó la frente apoyada en la pared, ahora no sólo seguía allí, además estaba solo.

Yoshi se sentó en una silla, tratando de asimilar lo que acababa de ver. Entonces, la historia del libro, de que no era su hermano… Sacudió la cabeza. No, ese era Noboru, aunque hubiera venido de otro lugar, seguía siendo su hermano. No quería creer otra cosa.

–¿No puedes traerlo de vuelta? Tú viniste con él –miró seriamente al rubio.

–¿Es que no te has enterado de nada? No sé, no sé volver, ¿vale? Qué mas quisiera yo que irme a mi mundo de una vez –apretó el manga entre sus manos, y se metió en la habitación de Akira, sentándose en la cama.

Yoshi se quedó sentado en silencio, sin saber cómo tomar eso. No podía perderlo de nuevo, ni siquiera entendía lo que acababa de pasar.

Kamio comenzó a abrir los cajones repentinamente, como buscando algo, aunque sabía que probablemente no encontraría nada que le sirviese. Se quedó quieto de pronto, Rei estaba a solas en su casa con aquel maniaco.
–Yoshi, tenemos que hacer algo. Ese tipo es peligroso, no puede estar a solas con Rei.

–Rei…Noboru… –se agarró del brazo del rubio, como si eso fuera a ayudar en algo –Yo no quiero que le pase nada a Noboru, quiero que regrese conmigo –lo cierto es que Akira no le parecía estar loco, pero Rei no actuaba normal. Era posible que hiciese algo que enfureciera al moreno.

–Esto es un desastre, no me fío de ese tío, y está sólo con Rei –Kamio apoyó la mano en el pelo de Yoshi. No es que tuviese miedo de que el chico no supiera defenderse, pero Akira era más grande que él, por no hablar de que era un sádico. Miró a su alrededor, lo que estaba claro es que se quedaría en aquella casa el tiempo que hiciera falta, sin duda, Akira habría decidido hacer lo mismo.

–¿Te preocupas mucho por mi hermano? –lo miró con curiosidad –Noboru actúa extraño, pero sé que sabe defenderse. A Noboru nadie le hace daño –sonrió con los ojos llenos de admiración –. Y sé que regresará conmigo. Ya lo hizo una vez, y dijo que me llevaría con él, así que no puede dejarme.

Kamio le sonrió, cogiéndolo de la mano. ¿Qué hacía ahora en aquella casa que no era la suya con un tomo que no comprendía como usar, y el chico ese de su mano?
–Sí, claro que me preocupo. Es mi amigo, y podría decirse que es el único que tengo –no pudo evitar pensar en Oshi. Él no era su amigo ya, ni siquiera se había interesado lo más mínimo en cómo salir de allí, eso es que no le importaba una mierda conseguirlo o no –¿Crees que Rei vendrá a por nosotros? –le preguntó con seriedad, mirándolo. Con aquel carácter tan horrible que tenía, no sabía qué pensar. A veces le parecía que lo odiaba –No sé si estoy muy seguro, después de todo, él ahora está donde quiere.

Yoshi asintió con expresión solemne.
–Regresará. Me dijo que me llevaría con él –no le interesaba demasiado irse de allí, sólo le importaba estar con su hermano.

...

Kamio se tiró en la cama de Akira con una botella de sake que había encontrado en los armarios, una de las muchas que tenía. Sería raro, pero lo que estaba claro es que al igual que a él, le gustaba el sake. Se sintió agradecido de que aquel sake tuviese tanta gradación de alcohol, quería emborracharse y no enterarse de nada.

Yoshi lo miró desde el marco de la puerta.
–Bebes de nuevo. Te enfermarás –estaba completamente serio. Más bien, quería irse a su casa y quedarse en la habitación de su hermano. Pero temía que Noboru reapareciese allí, era donde había desaparecido, y parecía tener un algún tipo de lazo con Kamio.

–Pues si me enfermo me da igual –dijo ya semi-borracho –. Bebe tú también –sonrió de medio lado.

Yoshi se acercó, subiéndose a la cama a gatas para tomar la botella que el rubio le ofrecía.
–Eres extraño –bebió un pequeño trago, sin dejar de mirarlo.

–Ya sé que soy raro –Kamio se encogió de hombros –. Era raro en mi mundo, en el tuyo debo ser aún más raro –dijo con la voz algo floja por el alcohol. Bebió otro trago, y de nuevo le pasó la botella a Yoshi, apoyando la cabeza en su hombro –. Tu mundo es una mieerda.

–Así que, eso de que venis de otro mundo es en serio… –ladeó la cabeza por encima de la de Kamio –No… este mundo no está mal, siempre y cuando esté con Noboru, las cosas son como deben ser.

–No, tu mundo es una mierda, ahora es dos mierdas porque Rei no está, y yo estoy aquí sólo –miró a Yoshi –. No, al menos tú estás conmigo. Bebe –dijo dándole la botella de nuevo –. Rei no me quiere nada, ¿porque? Yo soy muy simpático, pero no saben apreciarme...Bueno, cambiando de tema, ahora ya puedes decirme cuando dejaste de ser virgen.

–No, mi hermano no quiere que te lo diga Lo vi en sus ojos. No lo entiendo –Yoshi bebió un poquito más, sintiéndose extraño de nuevo y fijando sus azules ojos en el vacío –Rei… –le costaba algo de trabajo llamarlo así –Creo que Rei…sí te quiere…

–Todos me quieren –el rubio se dejó caer en la cama, con la cabeza como un bombo. Él no creía eso –. Es que soy encantador, ¿a que tú también me quieres? –se agarró a su cintura, apoyando la cabeza en sus piernas –. Sí, claro que me quieres –se rió.

El chico bebió otro trago, mareándose algo. Se inclinó un poco sobre Kamio, apartándole el flequillo.
–A mi no me desagradas. Pero… todo depende de qué intenciones tengas con Noboru, y de cómo reaccione él. ¿Quieres a mi hermano, Kamio?

El rubio abrió los ojos una rendija para observar los de Yoshi, él sólo estaba bromeando, pero Yoshi iba en serio con aquella conversación, y algo en su tono y su mirada lo ponían nervioso.
–No veo que tiene que ver Rei en esto –dijo sonriendo como si nada ocurriese –. Yo no tengo ninguna intención con él, es mi amigo, eso es todo –se llevó la botella a los labios, bebiendo un gran trago, y sujetándola después, colgando fuera de la cama.

Yoshi observó a Kamio atentamente, dejándose caer luego hacia atrás en el respaldo de la cama, sin decir una palabra. No estaba acostumbrado a beber. Le hacía sentirse descontrolado.

Kamio se levantó y lo miró, apoyándose sentado a su lado, realmente Rei y él se parecían mucho. Debía de ser bastante doloroso encontrarse con un doble de tu hermano muerto, y más aún cuando te culpabas de haber provocado tú aquella muerte. ¿Pero... por qué? Eso era imposible, una extraña idea cruzó su mente.
–Yoshi, ¿por qué murió tu hermano?

–¿Mi hermano? –Yoshi se lo pensó un poco –Fue un accidente… –por un momento se vio triste, pero luego miró al rubio, sonriendo –, pero mi hermano no está muerto. Puede llamarse distinto ahora, y actuar de forma extraña, pero sigue siendo mi hermano.

Kamio se quedó mirando a Yoshi. No le había aclarado mucho, y lo único que hacía era recordarle lo que Oshi le había dicho de su doble, allí todos eran raros.
–¿Quieres que te lleve a tu casa, Yoshi? –no le apetecía porque estaba borracho, pero si no le quedaba mas remedio, lo haría.

Yoshi le sonrió un poco.
–No hace falta que lo hagas. Puedo ir sólo, sin ningún problema. Es sólo que… –lo miró dubitativo –no sé si debo. ¿Y si Noboru aparece aquí?

–Está bien, quédate aquí si quieres –el rubio se metió la botella entre las piernas, jugando con el tapón, enroscándolo y desenroscándolo –. Duerme en mi... bueno, en la cama de Akira. Yo iré a ducharme –se levantó tambaleándose, y abrió los armarios, buscando ropa. El armario estaba hiper ordenado y limpio del moreno, pantalones negros, camisas de seda, corbatas, uniformes –¡Coño! –cerró las puertas de una patada, y comenzó a buscar ropa interior, con el ceño fruncido a mas no poder –¡Voy a ducharme!

Yoshi se acostó de medio lado, aún observando al rubio hacer sus aspavientos. No lo comprendía, le parecía que reaccionaba demasiado por cualquier cosa. Pero su hermano también parecía actuar así desde que había regresado. Se preguntaba si Kamio tendría algo que ver en eso. Dejó escapar un suspiro, cerrando los ojos.

...

Kamio salió al poco rato del baño, en ropa interior, frotándose el pelo mojado con una toalla. Suspiró mirando al chico, parecía haberse quedado dormido en su cama, no tenía más habitaciones. Era un piso de estudiante.

Se colgó la toalla de los hombros, y cogió a Yoshi en brazos. Separó las mantas, depositándolo entre las sábanas antes de arroparlo. Se acostó por encima de las sábanas para no tocarlo, y suspiró, apoyando la cabeza en su mano sobre la almohada. ¿Estaría bien Rei?



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