Capitulo 9
Peor hueles tú, te bañas con
sake
Rei abrió los ojos, la luz que se filtraba por la cortina le lastimó
la vista, y volvió a cerrarlos, dándose la vuelta, liado entre las
sábanas Volvió a abrirlos, para encontrarse con el rostro sonriente
y algo asueñado de Yoshi.
–Buenos días…
–¡Ah! –se sentó sorprendido, y además con un fuerte dolor de cabeza
–¿Qué…qué haces aquí? –miró a su alrededor Estaba en la habitación
del hermano de Yoshi, y no recordaba nada, luego de haber caído
en el sofá, junto con Kamio –¿Cómo llegué aquí?
El chico se sentó también, mirándolo con seriedad.
–Bebiste demasiado, te lo dije. Oshi me ayudó a llevaros a vuestros
cuartos. Y yo… quise dormir contigo, porque te veías muy mal. No
quería que te fuera a pasar algo durante la noche. ¿Te molesta que
lo haya hecho?
–N…no…no, claro que no –aunque la verdad, sí que le había sorprendido
despertarse con el chico a su lado. Pero era normal, ¿no? Yoshi
interrumpió sus pensamientos.
–¿Quién es Shiori?
–¿Shiori? –le sonrió con tristeza –Era mi hermano. Él también dormía
conmigo a veces, ¿sabes? –ladeó la cabeza, sonriendo más –Le asustaban
los truenos.
El chico lo miró en silencio, y luego se levantó de la cama, sonriendo
súbitamente.
–Bueno, voy a cambiarme y a preparar el desayuno. ¿Hoy también vienes
a la escuela?
–Sí, claro, ya voy –se quedó sentado en la cama un rato más, recordando
lo que tenían que hacer ese día. No tenía ganas de ver al tal Akira,
y menos con el dolor de cabeza que tenía. Pero tampoco deseaba quedarse
en ese mundo para siempre.
Kamio abrió los ojos y frunció el ceño, le dolía la cabeza y se
volteó en la cama.
–Esto es una mierda –no tenia ganas de levantarse, y mucho menos
para ir a clase, a encontrarse con ese tal Akira. Y por mucho que
hubiera dicho que le daba igual pedirle perdón, no era cierto. No
tenía fuerzas ni para levantarse.
Rei se puso de pie sin muchas ganas, y se vistió como mejor pudo.
Ni siquiera se molestó en peinarse, cosa que casi nunca hacía, pero
ahora estaba especialmente espelucado. Miró a su alrededor, aquel
cuarto lo ponía incómodo. Parecía un museo. Todo estaba perfectamente
cuidado y limpio, como si el dueño de esa habitación aún estuviera
vivo. Le había servido de mucho a él, pero aún así, le daba escalofríos.
Salió de la habitación, dirigiéndose al cuarto en el que debía estar
durmiendo Kamio, y tocó la puerta con fuerza.
–¿Piensas despertarte de una vez?
Kamio estaba estirado sobre las sabanas, sólo con la ropa interior.
–No, no voy a ir, vete tú si quieres –le dijo con la cara tapada
por el brazo –, ya le dices tú a mi hermano, que nos lo dé si quiere,
y si no que se joda.
Rei abrió la puerta de un golpe, irritado por esa actitud.
–Yo no voy a ir solo. Fue idea tuya después de todo, y más vale
que vengas si no quieres quedarte a vivir en este mundo. No creas
que yo tengo ganas de verle la cara de capullo al idiota ese.
El rubio lo miró, tirado en la cama.
–Da igual de quien fuese idea, no vamos a salir de este mundo, ¿no
ves que no tiene sentido? ¿porque vamos a conseguir salir con un
libro? Bueno, llegamos aquí con un libro... –se pasó las manos por
la cara –. Me da igual, no quiero ir. Estoy hasta el culo de todo,
odio este sitio, y me importa una mierda si piensas que tengo una
perrencha de niño pequeño.
–Pues anoche no parecía que lo odiases. Te divertías de lo lindo.
¿No será que en realidad te gusta estar aquí y no te quieres ir?
No tienes responsabilidades, aquí está tu mejor amigo, y puedes
quedarte bebiendo hasta que te dé la gana sin que nadie te critique
–iba enumerando las ventajas con sus dedos –. Y eso sin contar el
sexo libre, el manga gratis y el hecho de que no has tenido que
trabajar, ni preocuparte por buscar alojamiento. ¿Es eso? –lo miró
en silencio por un minuto –Pues a mí no me importa si es eso, o
si te rendiste, o qué. Pero yo no quiero quedarme aquí, y no me
vas a arrastrar contigo –arrancó las sábanas del rubio –. Ahora
te dejas de berrinches y vamos.
Kamio rodó de la cama al suelo, y se levantó dificultosamente.
–Ayer estaba borracho, pero hoy estoy sereno y odio este sitio –golpeó
la mesilla con el puño –¿Para qué cojones quiero leer mangas que
no conozco, vivir en una casa que no es la mía? Ni siquiera puedo
cambiarme de ropa, y ni un refresco puedo beber tranquilo, porque
tiene meados de mono. Y yo tengo familia, quiero verla –se puso
el pantalón negro de nuevo –. Me voy a volver loco, perdona que
no pueda estar sonriendo las 24 horas del día –dijo en pleno arranque
de genio –. De nuevo me pondré la misma camiseta, hasta que se me
pudra encima. Porque tampoco puedo comprarme otra, y Oshi no me
trata como antes. Odio esto, es tu culpa, por dejar tomos tirados
en cualquier lado.
–¿Cómo dices? –Rei apretó los puños bastante furioso –¡Claro que
no es mi culpa! ¿Te crees que quería venir? ¿Crees que estoy muy
contento sirviendo de reemplazo a un hermano muerto? No… es tú culpa
por andar recogiendo cosas que te encuentras por la calle. Yo no
te traje aquí. Y para que sepas… sí tengo familia. Sólo porque mi
hermano muriese, no significa que todo mi maldito parentesco haya
muerto también, –se detuvo, frenándose un poco. Probablemente sus
padres aún no se enteraban de que había desaparecido –. Y si tanto
me detestas, ¡pues mejor! Apúrate para que podamos largarnos de
aquí, y seguir con nuestras vidas como antes.
Kamio lo miró de soslayo, peinándose con las manos de manera apresurada.
–Yo nunca dije que tú no tuvieras familia, sólo he dicho que quiero
ver a la mía. Da igual, al menos, aunque no sea tu hermano, te quiere,
¿no? Lo único que yo he ganado con esto, es un doble que quiere
asesinarme –Salió por la puerta de la habitación, pasando por delante
de Rei –. ¿Vienes, no? No sé tú, pero yo me quedaré fuera, y cuando
lo vea en el pasillo hablaré con él. No pienso quedarme dentro,
aguantando las caras de gilipollas de todos sus benditos alumnos.
Rei se le quedó mirando desde la puerta, aún con los puños apretados,
sus manos temblando un poco.
–¿Ah, sí? ¿Crees que es un paseo para mí, Kamio? Pues yo quisiera
tener un doble malvado. Mi hermano está muerto, y digan lo que digan
todos, no ha pasado ni un solo día que no me culpe de su muerte.
Porque fue mi culpa. Y ahora… ahora tengo que ver este chico todos
los días, con su mismo rostro y su misma sonrisa, diciéndome que
me quiere. ¿Cómo crees que me hace sentir? ¿Crees que es fácil?
¿Crees que no me cuesta fingir que no me importa? ¿Eso crees? ¡Eres
un estúpido, Kamio! –sentía ganas de llorar, pero no quería. No
quería haberle contado esas cosas a Kamio, no quería haberle contado
esas cosas a nadie, en realidad. Suspiró cansado –Anda, haz lo que
te dé la gana. Luego te alcanzo –volvió a meterse en el cuarto,
sentándose sobre la cama y sujetando los bordes del colchón con
fuerza, casi enterrando las uñas.
El rubio se quedó de espaldas a la puerta sin moverse, y sintiéndose
fatal por haberle dicho esas cosas. Siempre que se cabreaba se pasaba,
por eso no soportaba hacerlo, y se contenía siempre. Siguió caminando
hasta la puerta de la calle, y se quedó parado sujetando el pomo.
Volvió hacia atrás, entrando en la habitación.
–Lo siento, no tenia ni idea, simplemente me desespere ¿vale? –se
puso de cuclillas delante de él para verle la cara, no sabía qué
quería decir con que era el culpable de la muerte de su hermano,
pero tampoco iba a preguntárselo. Si no se lo había dicho era porque
no quería –Tú siempre me decías que nada me afectaba, ¿no? Ya ves
que sí, así que a los dos se nos da muy bien hacernos los frescos
–se quedó callado, mirándolo.
–Ya, vale, no podías saberlo –giró un poco el rostro, pasándose
la mano por los ojos –Está bien. Supongo que este mundo… nos desespera
a ambos –se volvió a pasar el dorso de la mano por el rostro –.
No es nada Sólo…
–¿No vamos a ir a la escuela? –Yoshi les interrumpió desde la puerta,
observándolos con la misma seriedad inescrutable de siempre.
Rei dejó escapar un suspiro y le sonrió
–Sí, ya íbamos, Yoshi. Sólo discutíamos algo, pero ya… –miró al
rubio –¿Vamos?
Kamio se levantó, cogiéndolo de la mano para ayudarle. Se pegó a
él, susurrándole y metiéndose las manos en los bolsillos.
–Oye, no te preocupes por haber llorado, no van a meterte en la
cárcel por no ser autosuficiente –le dijo totalmente serio empujándolo
un poco con el hombro –. Hueles mal tío, así como a pijito –dijo
sólo para molestarlo y escuchar una de sus acideces.
–Claro que no, peor hueles tú. Te bañas con sake –le reclamó, como
si él no hubiera bebido también la noche anterior –. Además… no
lloraba, yo no lloro –susurró –luego le sonrió, metiéndole una ligera
patada de lado en la pierna –. Eres un idiota, Kamio
–Tú también te bañas con sake, no quedas exento de pecado, Rei.
Lo que pasa es que encima no puedo cambiarme de ropa –dijo pensativo,
mirando al cielo con las manos en los bolsillos. Se inclinó hacia
él y le susurró –. Sí lloras, todos lloramos –se puso recto de nuevo,
poniéndose el último cigarrillo que le quedaba, en los labios –.
¿Sabes? Creo que debimos haber traído un cuchillo de cocina por
si acaso.
–¿Qué? ¿Ya te empieza a afectar el fetiche punzo cortante a ti también?
Yo lo único que sé, es que si lo veo con una cuchilla, no me acerco.
El rubio se rió levantando una ceja y mirándolo de soslayo.
–No gracias a mi no me ponen las cuchillitas –le miró el cuello
–, aunque la marquita te queda bien –le pasó un dedo por el corte
–. ¿Seguro que no quieres acostarte conmigo? Mira que soy lo único
normal de este mundo.
–¿Ya empiezas de nuevo? Déjate de proposiciones indecorosas –le
metió una palmada en el brazo.
–Rei, mira, una maquina de refrescos. ¿Quieres zumo de meados?
–¡No seas idiota! –lo miró molesto. Aún le daba vergüenza y asco,
el haberse bebido aquello el día anterior. Y eso también era culpa
de Oshi, pero no dijo nada –. Mierda, ¿cómo pueden beberse eso?
Me pregunto si orinarán zumo de naranja o qué.
–Rei, tío, que pensamiento mas bizarro –Kamio lo miró con cara de
asco –. ¿Te molan esas cosas tan bizarras? Ser hetero ya es bastante
bizarro para empezar, pero encima que te gusten esas cosas –se paró
en la puerta del instituto, dejándolo pasar.
–¡Agh…que no! –el chico prácticamente le gruñó –Sólo era una pregunta
curiosa ¡No me mola! ¿Acaso viste que me molara cuando meabas anoche,
cochino? –dejó escapar un suspiro de resignación –Además, –pasó
por delante, metiéndose las manos en los bolsillos –nadie dijo que
fuera hetero.
El rubio se quedó en la puerta como si fuera un guarda del palacio
de Buckinham, si le hubieran pegado una hostia, el habría seguido
allí con la misma cara descolorida. Se metió las manos en los bolsillos,
caminando detrás de Rei sin llegar a alcanzarlo. ¿Había estado diciéndole
todas esas animaladas y era gay? Por un momento sintió que quería
volver atrás en el tiempo y haber tenido la boca cerrada. Ahora
se suponía que tenía que hablar con su agradable clon espejado,
pero estaba tan avergonzado que hasta andaba como un autómata.
Rei se giró, para mirar al inusualmente silencioso Kamio.
–¿Y ahora qué te sucede? Mueve, que quiero acabar con eso rápido
–Sí, ya voy –Kamio lo siguió, poniéndose a su lado y mirándolo de
soslayo. Siempre habían sido bromas estúpidas, pero como que ahora
mejor y se las ahorraba. Se paró en la entrada de la clase, y miró
a Rei –. Espero que llegue pronto –miró al techo, sentía el ambiente
un tanto espeso.
El chico lo miró con sus ojos negros llenos de intriga. ¿Qué le
pasaba? Vale que estaba nervioso por hablar con su evil twin, pero
Kamio no actuaba así. Sintió la mano de Yoshi sujetando la suya,
y lo miró.
–¿Hoy no vas a tu clase?
–No, prefiero quedarme contigo –lo miraba fijamente y con determinación.
Era obvio que no pensaba desistir.
–Bueno, pero si pasa algo, te alejas, ¿eh? –no confiaba para nada
en el tal Akira.
Kamio se entretenía mirando por la ventana a los estudiantes, que
entraban de manera pausada. Sin excitaciones ni bromas. Aquel mundo
le sacaba de quicio, aunque mucho más, pensar en las sandeces que
le había dicho a Rei "por qué no haces que te caes y me la
comes" " no me mires la polla" "homófobo"
sintió como se ponía rojo hasta las orejas, y carraspeó un poco,
lanzando la colilla por la ventana.
Akira subía por las escaleras del instituto, hablando con un chico
rubio, que le preguntaba muy entusiasmado sus dudas. El moreno explicaba
de manera pausada y seria, como si fuera un adulto. Se ajustó las
gafas, y sujetó el maletín en su mano, no podía evitar preguntarse
si de nuevo aquellos dos volverían a las clases, o si estaban relacionándose
con más gente de allí. Fuese como fuese, seguro que estaban causando
problemas, y mucho más si estaban con Oshi.
Rei observaba la marea de gente, ir y venir por los pasillos. De
vez en cuando miraba a Kamio. Sí que estaba callado, y extraño.
Hubiera preferido que le dijera alguna tontería. Tanto silencio,
le ponía tenso. Divisó de lejos al moreno, y se acercó al rubio,
tocándole el hombro.
–Eh, despierta, que ahí viene el amor de tu vida, tu reflejo.
Kamio lo miró bajando las cejas y no pudo evitar sonreír.
–Pues no me negarás que está bueno el tío –se metió las manos en
los bolsillos, apoyándose en la pared y mirando a su gemelo con
una sonrisa de medio lado. Bajó la mirada, dirigiéndola a sus propios
playeros, se sentía inseguro, recordó el incidente de la lata, era
como si ya supiese desde un principio que iba a hacerlo.
–A mí no me atraen ni las armas blancas, ni los profesores –continuó
observando el progreso de Akira por las escaleras.De vez en cuando
era detenido por algún alumno que lo saludaba emocionado –. Joder,
ni que fuera estrella de cine.
Kamio sonrió mirando a Rei.
–Es que es la estrella del instituto, ¿no lo notas? Para ellos,
es como si fuera una especie de ídolo y todo gracias a mi cara –echó
la cabeza hacia atrás, apoyándola en el cristal.
El moreno se paró ante ellos, y detuvo con la mano a un chico que
iba a acercarse a saludarlo.
–Disculpa un momento, por favor. ¿Puedes preguntarme después de
las clases?
El chico sonrió.
–Sí, claro Akira-san, gracias –dijo antes de alejarse muy educadamente.
–Qué quieres decirme –dijo mirando a Kamio.
–Oye, por nosotros no te detengas. Tú termina de firmar tus autógrafos
con calma –Rei le sonrió de medio lado. No podía evitar hacer esas
cosas, no soportaba las actitudes de superioridad. Aunque estaba
bastante nervioso. ¿Cómo había sabido que querían hablarle? –. ¿También
lees mentes? –le volvió a sonreír, como tanteando el terreno.
Kamio se limitó a sonreír observando la reacción de Akira. El moreno
se metió las manos en los bolsillos, y miró a Rei fijamente, sin
alterarse en lo más mínimo.
–¿Más sandeces, o ya vais a decirme lo que sea que vengáis a preguntarme?
Por que si sólo era para eso...
–No, en realidad... –Kamio lo interrumpió, mirándolo con las manos
en los bolsillos, y sorprendentemente, en una actitud exactamente
igual a la de Akira –Veníamos a disculparnos por nuestro comportamiento
de la noche anterior –lo miró serio, representando a la perfección
su papel de hombre arrepentido.
Akira sonrió y los miró.
–No se diría que tú vengas a disculparte –dijo mirando a Rei y resoplando
–. ¿Qué es lo que queréis?
Rei se encogió de hombros, ignorando el comentario de la disculpa.
No tenía ganas de hacerlo, y sabía que aunque lo intentara, le saldría
bastante mal. Además de que ya era bastante extraño verlos a Kamio
y a él juntos. Era como un espejo con el reflejo dañado.
–Pues… necesitaríamos tu ayuda, en realidad… –Rei hablaba pausadamente,
intentando ser amable, y sintiendo como si un alambre se le retorciera
en el estómago –Tienes un libro que nos interesa mucho. Y…pensamos
que podrías prestárnoslo.
–Un libro –se cruzó de brazos, subiéndose las gafas, y dejando el
dedo apoyado en el puente de su nariz, como si estuviese pensando
–. ¿Ese tomo es vuestro? –miró a Kamio de soslayo, se parecía mucho
a él y no lo entendía muy bien, aunque tampoco era algo que le preocupase
demasiado.
–Un tomo muy raro, con una figura reflejada en la portada –el rubio
lo miró, preguntándose por qué lo miraba de aquella manera.
–Sí, y la primera página en blanco –se sintió tonto dando aquella
descripción. A lo mejor el libro no era igual en este mundo, y si
Akira no lo había leído, no sabría cómo eran las páginas –. Bueno,
no tiene autor.
Yoshi los miraba desde una distancia prudente. Kamio y Akira eran
idénticos. ¿Serían gemelos?
Akira se apartó un poco el flequillo de la cara, tocándose en mentón.
–¿En blanco? no sé, la portada sí es como tú dices –dijo mirando
a Kamio ahora –, pero no está en blanco, no lo he leído ni nada,
lo siento, no me he fijado lo suficiente. De todos modos no es mío,
simplemente lo encontré en mi cama el mismo dia que vosotros aparecisteis
en mi casa –sonrió de una manera que a Kamio le pareció extraña,
y que jamás habría imaginado en su propio rostro.
–¿Entonces no lo quieres, no? –preguntó el rubio.
– Cierto, si no es tuyo, no te interesa, ¿verdad? –Rei lo miró,
cambiando su peso de un pie al otro, nervioso. Como si no fuera
suficiente con el tío ese, además no comprendía por qué el libro
había ido a parar allí, y Kamio a otro lado. Era extraño.
–Puede que sí, y puede que no, de todos modos está en mi casa. No
hay ningún motivo por el que tuviera que dároslo, ¿que tiene de
especial?
–Nada, pero es nuestro –Kamio lo miró, encogiéndose de hombros como
a quien no le importa lo más mínimo.
Rei se veía demasiado nervioso para ser sólo eso, pero teniendo
en cuenta que le había cortado con un abrecartas hacía poco, era
normal que estuviera nervioso en su presencia. Sonrió de nuevo de
aquella manera extraña
–Así que, ¿ no tiene nada especial?
Rei se pasó las manos por el cabello, las mechas rojas sobresaliendo
de entre sus dedos, para volver a caer en cualquier sitio. No le
gustaba esa sonrisa, parecía como si planeara algo.
–No es nada que pueda interesarte a ti. Sólo nos sirve a nosotros
–lo miró de reojo –. Más bien, tómalo como que tiene un valor sentimental
–Sentimental –Dijo Akira.
Kamio se sintió extrañamente nervioso por aquel tipo. Hablaba con
su mismo tono de voz, y usaba sus expresiones. Además de tener su
cara.
Sonrió de medio lado y lo miró algo molesto.
–Oye, ¿a ti qué más te da dárnoslo o no? –le preguntó, algo impaciente
por largarse. Le ponía nervioso estar hablando con alguien que se
parecía tanto a él.
Akira se cruzó de brazos y suspiró, cerrando los ojos.
–No sé, venid a mi casa por la tarde, ya sabéis donde vivo, ¿no
es así? –dijo con algo de socarronería –Ahora si me disculpáis,
he de impartir una clase.
–Vale, es una cita –le sonrió Rei medio burlón, ahora que ya se
iba. El sólo saber que se alejaba lo relajaba bastante.
–¿Una cita? Ese tío me pone nervioso, no sé cómo puedes bromear
–Kamio lo miró, guardándose las manos en los bolsillos. Ahora se
sentía molesto hasta con Rei.
–Porque no me gustan los tíos con aire de superioridad, y no puedo
evitar meterme con ellos. Es un reflejo –sonrió un poco –. No puedo
evitarlo, es todo. Pero no creas, a mí tampoco me agrada precisamente,
el tal Akira.
Yoshi se acercó, alzando su mochila.
–Noboru… me aburro. ¿Está bien si me voy a clase? ¿Iréis a clase
también?
–No lo sé, pero llámame Rei –le lanzó una mirada al rubio –. No,
no creo que entremos.
El más pequeño asintió.
–Está bien, nos vemos en casa entonces –le lanzó una mirada a Kamio,
y luego sacó una hoja de su mochila, entregándosela –. Toma, es
un dibujo de ti y tu hermano. Fue fácil, es como dibujar a la misma
persona dos veces –sus ojos permanecían serios, casi como si lo
estudiara. Se alejó un poco, dejando al rubio con el papel en la
mano, y sonriéndoles desde lejos, saludado con la mano –. Nos vemos.
–Este dibujo es como una patada bien encanada en los cojones –bajó
una ceja, mirándolo atentamente. Los había dibujado iguales, tan
iguales como eran –. Yo no sé tú, pero yo no quiero entrar, paso
de estar viéndome todo el tiempo. Me pongo nervioso –se metió las
manos en los bolsillos, mirando por la ventana –. Ir a su casa...
no me da buena espina.
Rei observó el dibujo que le enseñaba el rubio.
–Bueno, pero lo hizo bien, ¿no? –se imaginó cómo se sentiría él,
si además, tuviera un gemelo rubio y psicópata –. No creo que lo
hiciera para molestarte. Más bien, creo que es tu culpa por haberle
dicho que erais hermanos. Así como es, probablemente piensa que
lo quieres –se irguió, mirando hacia el salón de clases –. Vámonos,
a ver si encontramos alguno de esos lugares que la gente de aquí
tacha de aburridos –echó a andar sin esperarlo. Lo cierto era que
también lo ponía nervioso eso de ir a la casa del moreno Estarían
en su territorio, más que ahora.
Kamio se rió, siguiéndolo con las manos en los bolsillos, mirando
a su alrededor, y guardándose el dibujo doblado en el bolsillo de
su pantalón.
–Aquí, para la gente es aburrido ver una peli porno y tu angelical
fotocopia de hermano, ya no es virgen, ¿ que podría ser mas aburrido
que eso?
–Pues no sé, pero vamos a encontrar algo aburrido que no tenga que
ver con follar –lo miró de medio lado, como amonestándolo.
–¿Que te parece si vamos por la calle repartiendo panfletos? "Si
eres del mundo normal, llámame"
–¿No te parece que preguntarle a la gente que si es del mundo “normal”
es algo… inefectivo? Para ellos, nosotros somos los raros. Bueno,
en eso no es muy diferente de nuestro mundo que yo recuerde –lo
miró de soslayo.
–Somos raros aquí, éramos raros allá, nacimos para ser rechazados
–inclinó la cabeza hacia abajo de nuevo con el pelo cubriéndole
la cara –. Oshi no vino a clase, de todos modos creo que hasta me
alegro, esta muy raro.
–¿Sí, eh? –Rei lo miró a través de su flequillo. Ya lo había mencionado
antes en casa –No lo sé, no lo conocía antes, pero ya se me hacía
raro que fuera amigo tuyo. Aunque… con la paciencia que se trae…
–le sonrió de medio lado, suspirando, y apartándose parte del flequillo
con un dedo –¿Crees que este mundo le haya afectado? No sé, eso
de cargarse a su doble…Pudo ser un accidente como él dice, pero…
lo dice como si fuera de lo más normal.
–Antes trataba de otra manera. Al principio pensé que era por lo
obvio, 2 años sin vernos... pero después.... Es que el no es así,
joder .Siempre ha tenido una paciencia de la hostia, pero es que
ahora parece que nada le afecte. Parece uno más de ellos, mira a
tu alrededor, van por la calle hablando en bajo de manera ordenada,
y no se sorprenden con nada. Parece que no tengan sangre.
–Pues no lo sé. Con razón somos un espectáculo. Aunque no me pareció
que la “policía del sake” estuviera muy calmada –se cruzó de brazos,
razonando lo que el rubio le había hecho notar. No sólo era extremadamente
pasivos, sino que cuando algo les alteraba, parecían tener una reacción
exageradamente extrema. Se llevó la mano al cuello, pasando un dedo
por la ligera marca –. Tal vez si nos quedamos aquí, nos absorban
el cerebro o algo… –se rió un poco nervioso Pero lo cierto era que
Oshi había llegado allí de la misma manera, y ahora actuaba como
uno más en ese mundo.
–No me sorprendería que nos hicieran un lavado de cerebro. Oshi
no era así, pero Oshi tiene que ser Oshi. Porque además, él era
físicamente así cuando lo conocí, y supongo que su doble en este
mundo sería... ¿albino? –se partió de risa según lo dijo –No sé,
pero sería diferente en algo, como yo y Akira, ¿no?
–¿Y si al matar a su doble tomó su personalidad? –viró los ojos,
sintiéndose estúpido. Nada parecía tener sentido –No creo que quiera
irse. Incluso si encontráramos la manera… –recordó cómo le había
dicho que no había forma de salir, y que estaba feliz de que ellos
hubieran llegado. Se comprendía que después de dos años estuviera
cansado de buscar, pero cuando le habían dicho lo del libro… Eso
le hubiera dado esperanzas a cualquiera, ¿no? –. Mierda, tú no te
vayas a cargar a Akira, ¿eh? Que luego tendré que soportarte de
psicópata apuñalador didáctico, y yo no tendré la opción –desvió
la mirada hacia el otro lado.
–¿Qué podría ser mejor que un profesor de apuñalamientos? Te enseña
a apuñalar de manera práctica, mientras te deja como un colador
de arroz –le dio con el codo en el brazo, echándose a reír –. Tranquilo,
no pienso matarlo. De todos modos, creo que él tiene más practica,
y antes me mataría él a mí –lo miró sonriendo, y se paró en un escaparate
que le había llamado la atención –Tienen pasteles y parecen normales,
pero seguro que después están hechos de crema de oruga o algo por
el estilo, de todos modos, no podemos pagarlos con yenes del "monopoli"
Dirigió su mirada hacia el escaparate, sintiendo que el estómago
le molestaba un poco. Con todo el drama, no habían ni desayunado.
–No digas asquerosidades, que yo no soy como tú. No me puedo sostener
de sake solamente.
–Yo también me muero de hambre. ¿Qué vamos a hacer? Tú aún, pero
yo no puedo estar alimentándome de tu de la comida de Yoshi, todo
el tiempo que nos quedemos –se apoyó en el escaparate, algo derrotado
–. Y quiero cambiarme de gallumbos –dijo suspirando.
–No sé, supongo que veremos qué pasa en casa de Akira. Y si las
cosas salen mal… tendremos que conseguir trabajo, ¿no? –se le revolvía
más el estómago de imaginar cómo sería trabajar en aquel mundo –Yo
tampoco puedo pasar el resto de mi vida, esperando que Yoshi me
mantenga –ahora que lo pensaba bien, no se explicaba de donde sacaba
el chico dinero para sostenerse. No parecía estar en una mala situación,
pero no lo había visto trabajar, y tampoco había visto dobles de
sus padres por ningún lado. Bueno, tal vez simplemente lo dejaban
vivir solo. Eso jamás hubiera ocurrido con sus verdaderos padres,
pero era otro mundo después de todo. Sacudió un poco la cabeza,
observando al rubio –. ¡Bah! No nos vamos a quedar tanto tiempo.
Ni que fuéramos a vivir aquí. ¿Por qué no le pides ropa a Oshi?
¿No tendrá algo más de tu talla?
–Aja, porque yo mido casi dos metros como él. ¿Quieres que vaya
todo fantasma por la calle, arrastrando las ropas? Esta tarde iremos
a pedirle el libro a Akira, y después todo saldrá bien –le guiñó
un ojo, aunque no estaba para nada de acuerdo con lo que acababa
de decir. Más bien, tenía la sensación de que no les serviría de
nada, y que se habrían disculpado para nada –. Vayamos a casa de
Yoshi a comer algo, y después veamos a Akira, ¿vale? –se encogió
de hombros, después de todo, no habían encontrado nada divertido
que hacer, aunque era bastante explicable teniendo en cuenta lo
apáticos que eran en aquel mundo –. Estos solo se divierten jugando
ajedrez.
...
Kamio se sentó en el sofá comiéndose algo que había encontrado
en la cocina de Yoshi.
–La verdad no sé qué es esto, y creo que mejor me será no saberlo,
mi estomago estará lleno, y yo viviré feliz en la inopia, al menos
no sabe "demasiado" raro –miró a Rei. Yoshi también había
regresado.
–Yoshi, ¿te gustan los tíos o las tías?
Rei le lanzó un trozo de lo que estaba comiendo, que por cierto,
él tampoco quería saber qué era.
–¿Vuelves con lo mismo? ¿No te cansas de hacer preguntas embarazosas?
Yoshi los miró sin como si aquello fuera lo más natural del mundo.
–¿Cuál es la diferencia? Si te gustan chicos o chicas… da igual,
¿no?
Kamio se tapó con un brazo.
–No me tires trozos de a saber qué –lo cogió, lanzándoselo de nuevo
–. Le pregunto porque sé que a él no le importa. Eres tú el que
esta obsesionado con que soy un salido, y malinterpretas todo lo
que digo. Si te decía esas cosas es porque creía que eras hetero,
y que sólo te molestarían.
–¡Tú todo lo asumes! –también se tapó con su brazo, el pedazo de
lo que fuera, yendo a dar a quien sabe donde –Así que es tu culpa.
Además, si tan seguro estabas de que era hetero y de que me iba
a molestar, ¿para qué me acusas luego de homofóbico?
Yoshi los observaba en silencio De todas formas hablaban muy extraño
y no comprendía la mita de lo que decían.
–Porque yo creía que me tenias manía porque soy gay, y que por eso
eras tan rancio –se rió, rascándose la cara con suavidad –, y lo
que menos me imaginaba, es que tu también lo eras. Si no, no te
hubiera dicho esas cosas, y aunque fuera habría ido a gatas al baño.
Odioso.
–¿Ah, sí? Pues tú eres más odioso –lo señaló molesto –. Y para que
lo sepas, que no me interesaba verte meando. Y además, estás asumiendo
de nuevo. Yo nunca he dicho que sea gay, solo dije que no había
dicho que soy hetero.
–Di lo que quieras, pero si no eres hetero... ¿qué eres? Bisexual,
gay. Es lo mismo, y yo no he dicho que pensase que quisieras verme
meando, eso lo has asumido tú. Sólo he dicho que si supiese que
no eras hetero, no te hubiera pedido que me acompañaras. Me estas
mareando, eres un maldito enano capullo, eso es lo que eres. Ni
gay, ni hetero, ni bisexual, ni nada, sólo capullo y cruel.
–¿Cruel? ¿Cruel? ¿Por dónde soy cruel? Al menos yo no voy por ahí,
metiéndome con los demás sólo para molestarlos. Y no me llames enano
porque no te valga mi ropa. Eres un amargado. Y te dará lo mismo
lo que yo sea, porque igual, no pienso liarme contigo –cruzó los
brazos, ladeando la cabeza con gesto de ofendido.
–Nadie te lo ha pedido. ¿Por qué asumes que quiero liarme contigo?
–se levantó, mirándolo con las manos en los bolsillos y parado frente
a él –. ¿Crees que eres el único tío guapo del planeta? –se giró
de medio lado.
–Pues no sé por qué no habré asumido –el chico se levantó también,
colocándosele enfrente con las manos en la cintura –. ¿No será porque
te has pasado todo el rato manoseándome, y diciéndome cosas embarazosas
desde que llegamos? ¿Eh? ¿Será por eso? ¿O es que estoy loco?
–Estás loco –dijo echándose un poco hacia atrás, arqueando la espalda
para alejarse unos centímetros –Ya te he dicho que creía que eras
hetero y sólo quería molestarte. ¿He vuelto a tocarte desde que
me dijiste eso? Ni siquiera te he vuelto a decir nada.
–Como sea –Rei se dio la vuelta, cruzándose de brazos. Se sentía
molesto –Estoy loco. Me da igual, gay o no gay, sigues tan encantador
como siempre.
–¿Y ahora qué? No hay quien te comprenda. ¿Quieres que te moleste
de todos modos, ¿no? En el fondo te gustaba que lo hiciera –sonrió,
amarrándolo por la cintura y besándole la mejilla como antes –.
¿Feliz? –se apartó sin dejar de sonreír de medio lado.
–¡Idiota! –lo empujó con el codo, limpiándose la mejilla –No entiendes
nada ¿Esa es tu reacción a todo?
Yoshi se levantó de su asiento, y fue hacia la mesa.
–Si ya terminasteis, voy a fregar los platos –se alejó con ellos
hacia la cocina
Kamio se encogió de hombros.
–¿Qué reacción? Sólo te di un beso en la mejilla, no tiene nada
de especial –le dijo serio y sin entenderlo muy bien –. Será que
eres medio autista, y te afecta cualquier contacto. Ya te piensas
que te ando lujureando por un simple beso –chasqueó los labios –.
Eres un insoportable.
Rei se fue hacia el sofá, y se dejó caer, cruzándose de brazos y
sin mirarlo.
–Pues yo tampoco te soporto. Eres un engreído y un… confuso.
Kamio miró el reloj y se encogió de hombros.
–Mentiroso, te gusta estar conmigo, te gusta discutir conmigo y
te gusta despreciarme y tratarme como si fuera tonto, vale, vale
–hizo una seña con la mano como diciéndole allá tú –. De todos modos,
yo puedo leer tu mente.
–Bobo, claro que no puedes leer mi mente –refunfuñó en bajito, alzando
la vista para mirarlo con sus negros ojos –. Y ahora resulta que
tú me encantas y yo soy insoportable. Genial, sigue engañándote
–suspiró, y cambió de tema, como si ese tipo de “conversaciones”
fueran lo más común del mundo –. ¿Qué? ¿Ya es hora de irnos?
–Yo creo que sí, deberíamos de irnos ya. De todos modos, podríamos
perdernos en esta ciudad al revés y cuanto antes lleguemos, antes
nos vamos –lo miró serio –. Dios, menos mal que no me gustas, porque
si me gustases, ahora mismo tendrías que recogerme el corazón del
suelo, acabas de pisotearlo –abrió la puerta, esperando a que Rei
saliese.
El chico pasó a su lado, dirigiéndole apenas una breve mirada seria,
y continuó su camino.
–Sí, mucho mejor… Menos mal que no me soportas, ¿eh? –se metió las
manos en los bolsillos, bajando la cabeza. Kamio se molestaba por
las cosas que él le decía, pero el muy baka también le decía cosas
hirientes y ni cuenta se daba.
Kamio sonrió de medio lado, lo cierto es que por mucho que Rei fuera
así de repelente, aún así le caía bien, y le divertían sus luchas
verbales, aunque no estaba muy seguro de que a Rei le sucediese
lo mismo con él.
Yoshi salía de la cocina cuando les vio fuera de la casa. Salió
tan rápido como pudo, aferrándose al brazo de Rei.
–¿Vais a casa de Akira, cierto? Yo quiero ir también.
–Pues ven –Kamio le hizo un gesto con la mano para que se acercase
–. Es mejor si llevamos a alguien de aquí con nosotros –cerró la
puerta a sus espaldas, y miró a Rei riéndose –. Eres un amargado.
¿Sabías? Agrio.
–Bah… Siempre estás molestándome, y luego me dices agrio –se cruzó
de brazos, soltándose de Yoshi, y empezando a caminar seguido por
el chico. Nunca estaba seguro de si Kamio bromeaba o no –. No soy
agrio… –refunfuñó sin voltearse.
Kamio lo siguió con las manos en los bolsillos hasta alcanzarlo.
–¿No? ¿Entonces porque te limpias mis besos? Aún si fueran con lengua...
pero a ver si te piensas que mis labios te van a contagiar algo.
–Me los limpio…me los limpio porque… –desvió el rostro contrariado
por no hallar una excusa que quisiera decirle –. ¡Porque no somos
novios ni nada por el estilo, para que me estés besando! Además,
sólo lo haces por molestar…
–Tú qué sabes si lo hago por molestar o no, asumes, asumes –dijo
meneando la cabeza a los lados –. Los besos en las mejillas no hace
falta ser novio para darlos, eres un puritano.
–Lo sé, y no soy puritano –le contestó aún sin mirarlo.
–Entonces no te los limpies, ¿o es que te doy asco? –se acercó disimuladamente
mirándolo de soslayo.
–No, no me das…asco… –lo miró de reojo, poniéndose algo rojo al
captar que el rubio lo miraba también. Desvió el rostro enérgicamente
de nuevo –. ¡Deja de joder!
–Pero si aún no he empezado –dijo Kamio con voz de ir a molestarlo,
le dio un toquecito en el hombro con la punta del dedo para que
lo mirase de nuevo, y le dio un beso. Sonrió de medio lado –. Corre
a darle con lejía.
–¡Eres un idiota! –fue a limpiarse, y se quedó confundido de si
debía o no hacerlo. Lo miró furioso por no saber qué hacer –. ¿Para
qué haces eso? ¿No decías que no me soportas? ¿Para qué andas besando
a un insoportable?
–Porque yo nunca dije que me desagradaran los insoportables, ya
ves –se encogió de hombros estirándose –. Me diviertes.
–Pues no soy tu payaso para estarte divirtiendo ¿Quien te crees
que eres? Yo… –se cruzó de brazos de nuevo, con gesto de enfado.
–Yo soy Kamio, y tu Rei. Tú eres un repelente, pero igual te agrado,
aunque no lo admitas –lo miró, sonriendo de medio lado –. Be happy.
–Baka… –relajó un poco los brazos, suspirando –. No dije que no
me agradases… –le contestó, aún sin admitirlo por completo.
Yoshi caminaba tras ellos, observándolos sin decir palabra. Los
chicos parecían estar concentrados el uno en el otro de todas maneras.
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