Capitulo
8
Paso de volver a comer excrementos de animalito
Rei miró hacia Yoshi, tan sólo haciéndole un gesto con la cabeza
para que viniera. El chico se acercó sonriendo, y lo tomó de la
mano, a pesar del gesto de enfado de Rei, quien esta vez no hizo
nada por liberarse. Él tampoco comprendía nada, y se empezaba a
sentir cansado con toda la situación.
–¿A donde vamos, enano gruñón? –le preguntó Kamio con cara de molesto,
Oshi los miró a los dos.
–¿Qué pasó? ¿Pelea matrimonial?
– ¿Quieres dejarme en paz? –ladeó la cabeza con el ceño fruncido
–No sé a dónde vamos. No tengo idea. No soy de este mundo, ¿recuerdas?
¿Por qué no le preguntas a Oshi? Lleva dos años aquí, ¿no?
Kamio suspiró, dejando caer la ceniza al suelo.
–¿Sabes qué? Todos estamos igual de jodidos, y Oshi el que más.
¿Crees que eres el único jodido para tratarnos a los demás así?
Oshi apoyó la mano en la boca de Kamio tapándosela, y el rubio se
quedó callado, preguntándose por qué hacía eso.
–Estáis mareándome, sois unos pesados, ¿si no os soportáis, para
qué seguís juntos? –ladeó la cabeza, rascándose una oreja.
–No estamos juntos, solo… –Rei bajó la cabeza un poco confundido
–estamos juntos. Bueno, no es lo mismo.
Kamio lo miró a los ojos, aún sujeto por Oshi, que le tapaba la
boca, bajó las cejas en señal de estar un tanto harto de que no
lo dejaran hablar, pero teniendo en cuenta que Oshi le sacaba unas
dos cabezas no le quedaba otra que joderse, se soltó por fin con
cara de resignación.
–¿No estamos juntos? Pues si tanto te molesto, simplemente dímelo
y te dejaré en paz, tu puedes quedarte con tu creepy hermano, que
yo me iré con Oshi a su casa –dijo muy decidido, auto invitándose
–. Sí estamos juntos.
–¿Ves? Ese es el problema. Nunca escuchas, ni prestas atención…
–Rei le lanzó una mirada resentida –¿Cuantas veces tengo que decirte
que no es mi hermano? ¡No sigas diciendo eso! Sólo le crearás más
confusión –una vez, más, Rei hablaba sin reparar en Yoshi, que había
desviado la mirada, el flequillo tapando su rostro, pero el chico
continuó hablando –.Y en cuanto a lo otro, sólo decía que no estamos
juntos. No somos pareja, eso –dejó escapar un suspiro, bajando los
hombros –. Bah… haz lo que quieras. No importa –bajó la mirada,
a la vez que sentía cómo Yoshi apretaba su mano un poco más.
Kamio lo miró.
–Rei... ¿sabes que el chico que está de tu mano se siente mal con
lo que estás diciendo? Podrías reparar de vez en cuando en los demás,
¿no? Te repito que tu no eres el único con problemas aquí... –de
nuevo la mano de Oshi le tapó la boca, interrumpiéndolo y haciendo
que una vena palpitase en la frente del rubio.
–¡Eso ya lo sé! ¿Crees que soy estúpido? –miró al chico que llevaba
de la mano, a la vez que intentaba clamarse –Lo siento, Yoshi, no
quiero hacerte sentir mal. Pero no me parece que sea bueno ni para
mí ni para ti, que vivas en una fantasía. Además… –se quedó callado,
ante la mirada atenta del chico, que permanecía en silencio, pero
sus palabras continuaron en su propia mente. Además yo me iré, y
no quiero alimentar tus esperanzas para que luego vuelvas a perder
a tu hermano. ¿Por qué no podía decirle eso? Parecía tan simple,
tan básico. ¿Por qué no se atrevía a decirle directamente que se
iría de nuevo? Si era obvio.
–No, Imbécil no serás, pero a veces te comportas como uno –Kamio
lo miró a los ojos, liberándose de nuevo de la mano de Oshi, que
parecía estar allí sólo para calmarlo cuando se alteraba de más
–. A mí me caes bien, ¿porque tienes que ser tan estúpido? –se acercó
a él, empujándole la frente con un dedo –¿Tanto te molesto yo? ¿O
Yoshi?
–No… me molestáis ninguno de los dos, idiota –desvió la mirada de
Yoshi. Lo cierto era que a veces sí se le hacía difícil mirar al
más chico. Se le parecía demasiado a su hermano. Le lanzó una mirada
decidida a Kamio –¡Deja de joderme! A mí también me caes bien, ¿de
acuerdo?
Kamio sonrió triunfante.
–Ya lo sabía, pero quería oírlo –se rió y echó a andar muy decidido,
sin saber a donde.
Oshi miró a los otros dos sacudiendo la cabeza.
–Has caído... todos caen. Él nunca se molesta, así que, no creas
que lo conseguirás tan fácilmente. Te tomaba el pelo, cuando se
moleste... entonces sí que lo notaras –se volvió caminando hacia
el rubio –. Espera mamón.
–Claro, idiota… –no se entendía si se refería a Kamio o a sí mismo.
Igual, le contrariaba haber caído. Aceleró el paso, notando cómo
la mano de Yoshi se deslizaba de la suya. Se dio la vuelta, para
ver cómo el chico caminaba detrás de él, con el rostro muy serio,
y se detuvo –. Yoshi, ¿estás enfadado, por lo que dije?
Inmediatamente, su rostro cambió, iluminándose con una sonrisa.
– No, yo nunca me enfado contigo.
Rei lo miró algo inseguro de si el chico habría entendido algo de
lo que le había dicho antes. Era extraño.
–Bueno… aún puedes agarrar mi mano si lo deseas –intentó ser casual,
pero se sentía incómodo. Yoshi sólo le sonrió.
–No, gracias. No es necesario que hagas eso.
Kamio estaba en frente de una maquina de bebidas mirando qué se
cogería... observó la moneda que tenía en la mano, y las dibujadas
en el agujero de la maquina.
–¡No valen! –dijo intentando meterlas sin éxito.
Rei y Yoshi alcanzaron a los otros. El moreno le dirigió una mirada
burlona a Kamio.
–¿No te funciona? ¿Qué vas a hacer? ¿Fingir que te cabreas a ver
si te da algo?
El rubio se volvió con una sonrisa de medio lado.
–Si funciona con eso, sí –lo amarró, dándole un beso en la nariz
y sin soltarlo, aplastándolo contra su pecho –, las monedas no son
las mismas... esto sí que es una putada... –Oshi se rió a carcajadas.
–Genial… –el chico puso las manos en su pecho, empujándolo hacia
el lado contrario –¿Ves lo que haces? Y luego te preguntas que por
qué me cabreo. ¡Suelta! –miró hacia el suelo, para no caerse –No
pagamos por el sake, entonces.
–¡Entonces somos ladrones! Pero yo les dejé mi dinero inservible,
aunque para ellos es como si les hubiera pagado con billetes de
monopoli –lo agarró de nuevo como si fuera un peluche –. ¿Por eso
tienes que enfadarte, porque te den cariño? –le dio besitos en las
mejillas con suavidad, y se detuvo acariciándole la mejilla con
los labios –Me gustas mucho –dijo sonriendo de medio lado.
Rei volvió a empujarlo un poco, algo desconcertado.
–Agh… sólo lo haces por molestar. Además, lo que tú quieres dar
no es cariño precisamente.
Yoshi mientras, metía algunas monedas en la máquina, sacando cuatro
latas arbitrariamente.
–Aquí tenéis.
Kamio no alteró aquella sonrisa en su rostro.
–Lo que tú digas, cree lo que quieras –cogió una lata de las que
le ofrecía Yoshi –. Gracias, Yoshi –le acarició el pelo –. ¿No tienes
amigos?
–Me llevo bien con los chicos de la escuela, pero fuera de eso,
no necesito a nadie más que a mi hermano… –sonrió, abrazándose a
Rei.
El chico lo miró de medio lado, extrañado, mientras que bebía de
la lata. Pero si su hermano llevaba años muerto. ¿Acaso había estado
sólo todo ese tiempo? Separó la lata de sus labios, sonriendo un
poco. Después de todo no había por qué extrañarse. Él tampoco era
precisamente sociable.
–Ey… esto no está tan mal –le mostró la lata a Kamio.
Kamio cogió la lata del chico bebiendo de ella.
–Es verdad está bueno, ¿qué es? –dijo mirando la lata y girándola
–Oh dios... –puso cara de asco, devolviéndosela a Rei –Acábatela
tú, ¿quieres? ¿Cómo pueden beber eso?
–¿Por qué? ¿Qué tiene de…? – el chico le echó un vistazo a los ingredientes
de la bebida. Abrió los ojos desmesuradamente al ver que uno de
ellos era orine de mono –¡Que asco! ¿Y además me dices que me lo
termine yo? Cómo me quieres… –empezó a escupir y limpiarse la boca
desesperadamente.
Yoshi los observaba con incomprensión en el rostro. Para él era
una bebida cualquiera. Se llevó la lata a los labios para beber
de ella, pero le fue sorpresivamente arrebatada por un manotazo
de Rei.
–Agh… ¡No! Es anti–higiénico. De ahora en adelante, bebe agua o...
–no se le ocurría qué otras bebidas venderían allí –O… sake, yo
qué sé, pero no te bebas eso.
Kamio se rió a carcajadas.
–Es verdad, no bebas meados, bebe sake, Yoshi que además te sienta
muy bien y te pones tan mono –miró a Oshi después –¿Tú no sabías
que esto llevaba meados?
Oshi lo miro riéndose.
–Por supuesto que sí. ¿Por qué crees que no bebía?
–Podías haber avisado, cabrón –dijo lanzándole la lata a la cabeza,
mientras el mulato se reía.
–Ya veo por qué sois amigos. Si sois geniales con las bromitas…
–Rei se cruzó de brazos, cabreado por que le hubieran dejado beber
meados sin avisar.
–Yo no puedo beber sake, soy menor. ¿Aún os queda? –Yoshi jugaba
con sus dedos, sin comprender muy bien qué les causaba tanto revuelo,
pero era igual. Al menos, su hermano, se preocupaba por él. Y con
todo y la experiencia terrorífica de la noche anterior, le había
gustado el sabor de lo que habían comprado.
Kamio miró a Yoshi.
–Aún queda una botella y media, que el sake de aquí es una bomba
–se apoyó contra la maquina de bebidas –. ¿Tienes ganas de beber
de nuevo, Yoshi? Venga, sí, bebe de nuevo, así te pones cariñoso
y te sientas en mis piernas de nuevo. ¿No quieres sentarte tu también,
Rei?
–¡Baka! –le metió un ligero puñetazo en el brazo. – Ya empiezas
de nuevo con tus tonterías. Encima que prácticamente tuve que cargarte
hasta la habitación… –le dirigió una mirada al mulato –Oshi, ¿por
qué no te pasas esta noche por la casa? –no lo conocía muy bien,
pero era agradable tener a alguien más de su mundo, y llevando dos
años allí, tal vez pudiera explicarles algunas cosas.
–Hum... sí, me pasaré, ¿porque no me lleváis hasta allí ahora? Para
ver dónde es y tal, podemos pedir algo de comida, yo pago, tranquilos
–el mulato miró a Kamio –. ¿Qué te parece, rubiales?
Kamio le dio un puñetazo sin ningún reparo.
–Me parece estupendo –dijo mirando al chico que se doblaba un poco
–, y yo no bromeo, quiero que te sientes en mis piernas.
–Aja. Y yo no bromeo. Realmente pienso que eres idiota –Rei le dirigió
una sonrisa de medio lado, percatándose súbitamente del chico que
los miraba serio, una vez más –. ¿Qué dices, Yoshi? No te molesta,
¿verdad?
–No, como tú quieras, Nobo… –le sonrió, acallando el nombre que
venía a sus labios –Como quieras.
...
Cuando llegaron a la casa, Kamio entró ya directamente como si
fuera la suya propia. El mulato miró a Yoshi.
–¿Te importa que llame y pida comida? ¿Te gusta la pizza?
El chico sacudió la cabeza.
–Sí, allí está el teléfono –señaló hacia una mesita en el recibidor.
Rei se limitó a ir hacia la cocina a tomarse un vaso de agua. Después
de haber probado esa cosa, seguía sintiendo la sensación de asco.
Kamio se apoyó en la mesa de la cocina, mirando a Rei.
–¿Qué pasa? Estás jodido, ¿verdad? En el fondo ese chaval se parece
a tu hermano quieras que no, ¿no es así?
–¿Que si se parece? –soltó un suspiro, mezclado con una sonrisa
sarcástica –Es idéntico. No tienes idea… –se enterró los dedos en
el cabello, dejándose caer en una silla –Pero… no soy estúpido.
Sé donde estamos.
Kamio se agachó frente a él, apoyando las manos en sus rodillas.
–No te desesperes. No sé qué decirte, pero piensa una cosa, es un
niño... No importa de donde sea, sólo es un niño que piensa que
eres su hermano, aunque no lo sea, imagínate que hubiera sido al
revés.
–Ya lo sé –bajó la mirada, pensando en que si hubiera sido al revés,
no estaba seguro de haber podido soportarlo. Volvió a mirar al rubio
–. Pero no quiero darle falsas esperanzas. No puedo quedarme aquí,
y fingir que todo está bien. Le dolerá menos si tiene las cosas
claras –dejó escapar otra sonrisa de medio lado –. Mi gemelo debió
ser un sol comparado conmigo.
–Pero puedes llevártelo contigo, ¿no crees? Él aquí no tiene a nadie
más que a los compañeros de clase, ¿no has pensado en eso? ¿Por
qué no le das una oportunidad? A mí me gusta, no sé como era tu
hermano, y no te digo que pueda sustituirlo, pero tal vez... a él
le haces mucha falta.
El chico se rió suavemente. Era extraño ver a Kamio tan serio.
–Vale, Kamio, no sabía que tuvieras tan buenos sentimientos… –su
rostro se tornó serio de nuevo. –. Bueno, pero no se te ocurra decirle
eso. Ni siquiera sabemos si es posible. Y de todos modos, tendría
que comprender quien soy. Yo tampoco puedo sustituir a otra persona,
¿entiendes?
El rubio lo miró fijamente y se levantó.
–Se me están quedando las piernas dormidas –lo miró desde arriba
–. Comprendo lo que dices... supongo que le será difícil aceptarlo,
tranquilo que yo no pienso decirle nada de esto, de todos modos,
creo que tampoco me haría ni caso –sonrió de medio lado, registrando
la nevera de nuevo, y cogiendo una manzana –. Imagino que la fruta
si es normal, ¿no?
Rei lo miró con una leve sonrisa en los labios.
–Pues si fuera tú, la partiría con un cuchillo. No vaya a ser que
te lleves una sorpresa.
–Cuando tienes razón, hay que dártela, tío. No vaya a ser que tengan
por costumbre comer manzanas rellenas de gusanitos, o con puré de
caca de simio, o algo así, porque quien sabe, ¿no? Lo que está claro
es que no pienso meterle la lengua a nadie de este mundo, a no ser
que se hayan hecho un lavado bucal bien profundo antes –miró a Rei,
cortando la manzana que por suerte era de lo mas normal.
Rei apoyó la cara en su mano, virando los ojos como si aquello lo
aburriera.
–Mira que eres salido, Kamio. No dejas de pensar en eso –a él también
se le había ocurrido como dato curioso, pero no tenía planeado besar
a nadie de allí.
–¡Joder! para una vez que no lo decía en tono lascivo... sólo era
un comentario. Es que da asco, ¡beben pis, tío! ¿Imaginas qué comerán?
Espero que la pizza la haya ordenado Oshi, sin sugerencias del enano.
Porque si no, a saber los condimentos –lo miró serio de pronto –¿Qué
te parece si mañana hablamos con mi hermano? Tú y yo juntos, nos
disculpamos.
–¿Disculparme con ese? Agh… no quiero.
–Yo tampoco quiero, ¿qué te crees? Me enferma disculparme conmigo
mismo en versión smart, lo que me faltaba –se echó el pelo hacia
atrás, apartándolo de su cara –, pero soy buen actor, mira –se acercó
a él, bajando la cabeza –Rei, por favor, perdóname –dijo con la
voz muy seria, cuando acababa de estar riéndose a carcajadas –¿Convincente?
–lo miró sonriendo de medio lado.
–Sí, muy convincente –le empujó la cabeza con cara de desconfianza
–, pero ahora ya no te creeré nada –cruzó sus dedos, en mímica de
súplica, fingiendo él ahora, y poniendo voz de niño bien portado
–. Oh, perdóneme gran Akira, Evil Kamio, por haberme metido en su
casa y además por no haberme alegrado cuando intentaba regalarme
ese bonito diseño en mi cuello –dejó caer los brazos con expresión
de cabreo –. ¿Ves? Yo apesto en eso.
–De acuerdo. Sí, se te da terrible. Me disculparé yo sólo –se encogió
de hombros, yendo a donde estaban los demás, y sentándose en el
sofá al lado de Oshi –¿De qué pediste la pizza?
–Tranquilo, pedí una pizza de lo más normal, con ingredientes normales.
Aunque te aseguro que había algunos muy "originales" que
decidí no añadir. ¿Qué tal sesos de mono?
Rei salió, a la vez que Yoshi regresaba por el pasillo, ya vestido
en ropa casual. El chico se le acercó.
–Fui a cambiarme. ¿Te gusta? –Rei se quedó mirándolo, recordando
la conversación que había tenido antes con Kamio. Yoshi parecía
querer complacerlo en todo. Le sacudió el cabello, intentando ser
amable –Sí, te queda bien. Vamos –el chico le sonrió, tomándolo
de la mano para ir a reunirse con los demás.
Kamio lo miró sorprendido de que se comportase así con el chico,
al parecer era un buen psicólogo después de todo, aunque él mismo
fuese un sujeto de psiquiátrico. Oyó cómo llamaban a la puerta,
y Oshi se levantó para atender al repartidor, le pagó y se sentó
de nuevo, poniendo las cajas sobre la mesa. El rubio se acercó a
abrirla aún un tanto desconfiado, como temiendo levantar la tapa
y encontrarse pizza de mierda de gaviota. Respiró aliviado al ver
que era una pizza de lo más normal
–Vale... todo en orden, Rei pruébala tu primero por si acaso.
Oshi sonrió, riéndose entre dientes y cogiendo un trozo
–Eres un cagado.
–No, cagado no, pero paso de volver a comer excrementos de animalito.
–Aja, ¿y por eso me pides que la pruebe? –Rei lo miró, alzando una
ceja, mientras soltaba la mano de Yoshi, que se dirigió a la cocina
a buscar platos –¿Tú qué te crees? ¿Que como cualquier mierda, o
que soy tu catador personal? –se dejó caer en el sofá.
Kamio sonrió de medio lado.
–Cátame la polla, anda! –le dijo contrarrestando sus borderias con
las propias.
–¡Ahg! ¡No tienes remedio! –Rei tomó uno de los almohadones, lanzándoselo
a la cabeza al rubio – Y justo cuando pensaba que empezabas a ser
decente.
Kamio se rió mientras mordía la porción y le guiñaba un ojo.
–Sólo bromeo, a mí no me gustan los engreídos. ¿Sabes? mal que te
pese, además podría decirse que yo también creía que tú empezabas
a ser agradable y mira, no –se pasó las manos por el pelo, recostándose
en el sofá –. Yoshi, ¿a que tú sí vienes conmigo a pedirle el libro
a Akira? ¿Lo conoces? Se parece a mí.
–Sólo de vista. Es muy popular. ¿No sois familia? –lo miró extrañado.
Se parecían demasiado para no estar relacionados.
Mientras, Rei se inclinó a tomar un trozo de la pizza. – Ni lo sueñes.
Ese tío me suena que es peligroso –Y con la cara de perdido que
tiene este…, pensó para sí –. Ya te dije que voy yo, no seas necio.
El rubio lo miró, y abrió la botella de sake, bebiendo un poco y
pasándosela a Oshi, que había tendido la mano.
–¿Pero tú no dijiste que no querías venir conmigo? –miró a Rei,
cerrando un ojo por lo fuerte que era el sake, Oshi le tendió la
botella al chico por si quería –Yoshi ese tío es... mi hermano,
por así decirlo.
–Dije que no quería disculparme, bobo. No dije que no fuera a ir,
pero más bien, creo que el que me debe la disculpa es él, pero mientras
recuperemos el libro.
–¿Es tu hermano? –Yoshi lo interrumpió de pronto, más interesado
en lo que decía Kamio, por el momento –¿Por qué no vives con él?
Debes quererlo mucho
Kamio lo miró sonriendo, de veras era iluso el niño.
–Hum... es que creo que a él no le gusto mucho a pesar de todo lo
que yo lo amo –y cualquiera podría haber captado la ironía en sus
palabras –tendré que decirle que no es bueno que los hermanos se
peleen.
Rei lo miró, como riñéndole mentalmente. ¿Acaso era una indirecta
ahora?
–Calla, sólo sabes decir chorradas.
Yoshi, permaneció serio, limitándose a tomar un pedazo de pizza
para sí.
El rubio lo miró sin entender que le pasaba ahora con él.
–Bebe un poco, anda ¿Quieres echarle azúcar al sake, a ver si así
te desvinagras? –se rió un poco, tirándose en el sofá con la cabeza
en las piernas de Oshi –Este sitio es un puto coñazo –dijo cruzando
los brazos sobre su pecho –. Oshi... ¿llevas dos años sin mojar
el churro, verdad? –preguntó con los labios cerrados, pero sonriendo.
El mulato miró hacia abajo.
–Lo mojaré ahora en tu culo si quieres –le contesto muy serio.
–Eso lo confirma –dijo sin más y con los ojos cerrados.
– Callaos, ¿es que no veis que hay un crío delante, par de salidos?
–el moreno le tapó los oídos a Yoshi con las manos. No era que Rei
fuera muy mojigato, pero se sentía un poco protector, o más bien,
culpable, por haberlo hecho sentir mal.
Yoshi levantó el rostro, mirándolo intrigado.
–¿Porque hablan de sexo? Pero eso no tiene nada de malo. A mí, no
me molesta.
–Yo creo que ya sabrá muy bien de qué va la cosa –cogió el mando
de la tele y la encendió, cambiando de canal. Había varias películas
pornográficas. Kamio giró la cabeza, mirando la tele.
–¡Coño! ¡Mira que son educativos aquí! ¿Esto qué es? ¿Clases de
sexo?
–¿Es que no es normal? –sus ojos azules recorrieron el rostro de
Kamio. No comprendía qué le causaba tanta gracia.
Rei resopló, sintiéndose como un completo idiota.
–Genial, el mundo porno. Ahora resulta que todos son unos salidos.
Movió la cabeza, apartando el flequillo, y mirando a Kamio de reojo.
–No... Al revés, no son salidos, más bien todo lo contrario, mira
a Yoshi, esta como si nada viendo la película y sin embargo tú...
tienes unas mejillas muy curiosas –Kamio se levantó de las piernas
de Oshi, encendiendo un pitillo y mirando la tele –. Yo mejor me
levanto, no sea que empiece a notar que se me mete algo por la oreja.
Rei se fijó en el rostro de Yoshi, ignorando el comentario del rubio
acerca de sus mejillas . El chico de cabello azul observaba la tele,
impávido, sin mostrar ningún tipo de emoción en especial. Rei volvió
a mirar la película, sin poder evitar sentirse un poco “despierto”
Apartó la mirada, preocupado además de que Kamio lo notara, e hiciera
alguna de sus “ingeniosas” bromas –Yoshi, ¿No te… afecta de alguna
manera?
El chico lo miró pasivamente.
–No, la verdad. Lo encuentro aburrido. Puedo pensar en mejores cosas
que hacer.
El rubio bebió otro largo trago de sake mirando a Rei y después
a Yoshi.
–¿Eres virgen? –preguntó como si fuera una pregunta de lo más normal,
y no tan indiscreta como era en realidad.
–¿Cómo te atreves a preguntar algo así? ¡Eso no se pregunta! ¿Es
que no tienes tacto? ¿Acaso eres virgen tú?
–No –Yoshi contestó como si nada, a la misma vez que Rei se desataba
en improperios en contra de Kamio, y lo señalaba con un dedo. Inmediatamente,
se quedó en silencio al escuchar la respuesta del chico.
Kamio apoyó los codos en sus rodillas, bajando la cabeza y riéndose.
Miró a Rei de soslayo con el pelo cubriéndole la cara.
–No, ya oíste, es una pregunta de lo mas normal, ¿no Yoshi? sólo
porque tú seas virgen, no todos hemos de serlo. Algunos aprovechan
su tiempo mejor, y otros peor. ¿Con cuantos años lo hiciste, Yoshi?
–preguntó muy serio, como en pleno psicoanálisis.
–¿Quien dijo que soy virgen? –el chico lo miró, con todos los colores
subidos al rostro –¿Lo eres tú? Y deja de hacerle preguntas embarazosas
o… ¡O lo que sea! ¡No sabes hablar de otra cosa!
Yoshi sólo miró a Rei muy serio, sin responder nada. Obviamente,
aquello ponía incómodo a su hermano. Volvió a mirar a Kamio.
–Creo que deberíamos cambiar de tema.
Kamio sonrió mirando a Yoshi.
–Sí, ya lo trataremos otro día que él no esté presente para ponerse
todo loco –miró a Rei, ávido de decir la ultima palabra –. No, no
lo soy Rei –le dijo con toda la naturalidad del mundo –, pero aquí
el único conquistador que hay es Oshi, ¿verdad? –dijo codeando las
costillas del mulato. Que estaba demasiado pendiente de la película
y comer como para hacerle caso a nadie.
–Tengo mi morbo y sé usarlo... –dijo encogiéndose de hombros.
Kamio lo miró, arqueando una ceja y sonriendo. Él siempre era tan
calmado para todo.
–¿Por qué no cambias de canal, tío?
Rei se dejó caer en el sofá nuevamente, cruzado de brazos, con actitud
de niño regañado.
– No me pongo loco.
Kamio lo miró sonriendo.
–No, te pones a gritarnos como un loco porque te da vergüenza...
Mira la película, así aprendes, después no quiero estarme parando
a cada segundo para explicarte –se levantó, suspirando y pasando
por delante de Rei. Oshi lo miró sonriendo, a Kamio le encantaba
molestar a la gente, sólo por el placer de verlos enfurruñados,
pero nunca hacía daño a nadie, sólo era un loco.
–Agh, idiota engreído. ¡No asumas tanto! –Rei se mostraba ofendido,
aunque estaba más avergonzado que otra cosa. Tomó la botella de
sake, bebiéndose un largo trago.
Kamio se metió las manos en los bolsillos, entrando en el baño,
y Oshi levantó una ceja viendo que entraba.
–¿Ya necesitas meneártela con tan poco? –le preguntó sonriendo levemente,
Kamio no dijo nada, se limitó a levantarle un dedo, en un corte
de manga y cerró la puerta –. Voy a parirme a tu madre –le dijo
desde dentro, lavándose las manos.
–No te pongas así, que sólo lo hace para que te enfades... –le pidió
Oshi a Rei.
–Pues lo hace muy bien, entonces –alzó una ceja, aún algo enfadado,
pero no iba a tomarla con Oshi –. Así que dos años, ¿eh? ¿Y qué
has hecho todo este tiempo? Quiero decir… ¿donde vives? ¿Cómo te
mantienes? ¿Trabajas? ¿No extrañas a tu familia?
–La verdad, he estado tratando de salir de esta mierda una y otra
vez, de recorrer este sitio en busca de algo que haya permanecido
inalterable... No sé... he tenido muchísimas teorías, pero ninguna
ha servido para nada, así que al principio estaba deprimido, ahora...
simplemente me dejo llevar. Lo siento, pero me alegro de que os
haya pasado lo mismo, es una putada estar aquí sólo –miró hacia
la botella que Rei tenía en la mano, y se la pidió con un gesto,
dando un trago largo y devolviéndosela –. Vivo en la que era mi
casa en el otro mundo, y trabajo de lo que trabajaba mi otro yo,
soy profesor de atletismo.
–Sí… te comprendo. Supongo que no ha de ser fácil estar aquí sólo
–lanzó una breve mirada a Yoshi, que seguía viendo la televisión
con un pedazo de pizza en la boca, y gesto de aburrimiento. Volvió
a mirar al mulato –. Así que… parece que tuviste suerte. ¿Qué pasó
con tu gemelo? –sintió un escalofrío recorrerlo, recordando la razón
que había dado antes.
Kamio salió del baño y se sentó en el sofá.
–¿De que habláis?
–Hablábamos de que maté a mi clon –dijo el mulato bebiendo de nuevo.
Rei desvió la mirada incómodo. No le hacía mucha gracia estar sentado
junto a un asesino.
–¿Bromeas, no?
Oshi lo miró con cara de que no era ninguna broma, mientras Kamio
no dejaba de mirarlo congelado y sin saber qué hacer. Oshi era un
tipo súper calmado, nunca se molestaba, y mucho menos sería capaz
de hacer algo así, el mulato se rascó el pecho desinteresado.
–Fue un accidente...
–Un… un accidente… vaya, pero entonces no lo mataste, ¿verdad? Si
fue un accidente… –Rei lo miró. No podía evitar preguntárselo. ¿Y
si el que tenían allí era la parte malvada? ¿Y si el de ese mundo
había sido el bueno? Miró al rubio intrigado. Pero si era amigo
de Kamio…
El rubio sonrió algo forzado.
–No me fío de ti –le dijo como si nada, Oshi lo miró sonriendo.
–Ah... claro, y cuando entré en la clase te reconocí porque Oshi
llevaba una foto tuya en la cartera, no? Como si fueras su novia
–se levantó, rascándose una oreja –. En el colegio te llamaban ricitos
de oro, en el primer año de instituto tu novia te dejó, porque te
vio tirándote a un tío en el bañ...
Kamio se tiró sobre él, tapándole la boca.
–Vale... demostrado... cállate.
– Demasiado tarde, ricitos de oro… –Rei le sonrió de medio lado,
con sorna, aunque volvió a mirar a Oshi con desconfianza. Aún no
les explicaba lo del accidente. Tal vez para Kamio, siguiera siendo
el mismo de siempre. Pero de todas maneras, ¿y si ese mundo te cambiaba?
Tal vez si llevabas mucho tiempo allí, llegabas a pensar, que cosas
como esas eran normales.
Kamio se giró con una mirada furibunda.
–¡A mí tampoco me agrada mi pelo, pero al menos no me lo pinto de
colores! –le mostró su dedo de nuevo –Además, a ti te gusta mi pelo.
Rei le sonrió, feliz de poder devolverle a la pelota, y se levantó
palmeándolo en la cabeza.
–No dije que no me gustara. Ya… sabía que tenías un lado cute –se
rió con malicia.
–A saber qué te llamaban a ti en el colegio –dijo cogiéndole la
mano que había apoyado en su cabeza, apartándola como si fuera una
mosca –, seguro que ni te llamaban, les daba miedo que los mataras.
–Pues mucho mejor así –repasó mentalmente algunos de los nombres
por los que le habían llamado en el pasado, Antisocial, marica,
borde, demente, estúpido, perdedor. Se encogió de hombros. –. Prefiero
que me dejen en paz. Mientras hagan eso, que piensen lo que quieran.
–No todos éramos tan "duros" en el colegio, ¿sabes? A
algunos nos afectaban esas cosas, así que no me llames ricitos de
oro –cogió la botella de sake que Oshi le ofrecía, casi de forma
automática, y le pegó un lingotazo –. Yo no pienso dejarte en paz...
soy así de molesto, igual que tú eres así de repelente.
–¿Ah, sí? Pues no creas que no me doy cuenta –le arrancó la botella
de la mano, bebiendo de ella sin dejar de mirarlo, como si fuera
algún tipo de competencia.
El rubio se la quitó de vuelta, casi vaciándola sólo por joderle,
y le devolvió lo que quedaba, como invitándole a acabárselo.
–¡Estúpido homofobico! –dijo. Mientras, Oshi se tapaba la cara como
no queriendo ver, estaba borracho...
–¿Quién dijo que soy homofóbico? ¡Idiota ignorante! –lo miró de
forma desafiante Rei, a la vez que aceptaba la botella, y se bebía
hasta la última gota, sin apartar la vista. Se tambaleó un poco,
sintiéndose mareado y se volvió a erguir, como si aquello también
fuera parte de la competencia.
Yoshi había dejado de ver la tele, y los miraba seriamente, como
si aquello fuera un espectáculo.
El rubio frunció el entrecejo.
–¡Yo lo digo porque se te nota! ¡Y me tienes manía porque soy gay!
pues te jodes, no voy a ser hetero sólo porque a ti te de la gana
–se acercó a él, empujándole el pecho –. No te tienes, a ver si
te caes... no sabes beber –dijo, a pesar de que él también estaba
mareado.
–¿Ah, sí? ¿Y en qué se me nota? –le contestó casi a gritos, intentando
mantener el equilibrio –Me da igual lo que seas, no sabes nada acerca
de mí. ¿Tú crees que bebes mejor que yo? A ver si es cierto –lo
empujó de igual manera hacia atrás.
–Me estás cabreando, no me empujes que me cabreo –el rubio lo miró
con la risa floja por la borrachera –. Sólo sé que eres un odioso,
y que las pagas conmigo y... ¡también que bebes fatal.
Oshi los observaba desde el sillón comiendo lo que quedaba de la
pizza y lamentándose del espectáculo que estaban dando.
Kamio lo empujó de nuevo.
–Estúpido... rechacista
–¿Rechacista? ¿Qué clase de palabra es esa? –le contestó el chico
de ojos negros –Al menos aprende a hablar, pervertido aprovechado.
–¡Hablo como me da la gana! Igual que tú hablas como un venenoso,
¡eres una víbora! –se echó hacia atrás, apoyándose en la pared –Me
mareo y es tu culpa –el rubio cerró los ojos, aquel sake era terrible,
se subía más que cualquier otra bebida de su mundo.
–¡Claro que no! ¡Es tu culpa, por no poder controlar lo que bebes!
Y no soy… –se llevó la mano a la cabeza, sintiendo comos si todo
le diera vueltas, pero aún así se mantuvo en pie –no soy una víbora.
–¡Sí lo eres! Mira como te balanceas... –dijo señalándolo y riéndose
–como una víbora saliendo del cesto –se llevó la mano a la cabeza
–No soy una víbora... –dijo imitándolo y riéndose de nuevo. Se dejó
resbalar por la pared, sentándose en el suelo.
Oshi sonrió y le tendió el sake a Yoshi. El chico lo aceptó, con
algo de inseguridad, mirando a Rei. Tal vez no fuera buena idea,
pero le había gustado como se sentía la noche anterior. Bebió un
pequeño trago, devolviéndole la botella a Oshi.
Rei dio un paso hacia adelante, también dejándose caer en el suelo,
sentado sobre sus propias piernas.
–Pues si yo parezco víbora, no quiero ni imaginarme lo que pareces
tú, desparramándote por las paredes.
Kamio lo miró desde el suelo.
–Me siento para no caerme –sonrió, evidenciando que algo malo se
le pasaba por la cabeza. Sujetó el tobillo de Rei, tirando de él.
–¡¿Qué haces? ¿Estás loco? –Rei protestó, resbalando un poco, y
halando hacia el lado contrario.
Kamio se enderezó un poco más, tirando de él.
–Te voy a tirar al suelo –le dijo riéndose sin parar –, por llamarme
vómito resbaloso –dijo inventándose su propio insulto.
–¡Yo no te llamé vómito resbaloso, idiota! –resbaló un poco más,
intentando recordar si por casualidad le habría llamado así. El
rubio lo tomó por ambos tobillos, tirando de él.
–¡Rei al suelo! Te vas a caer –Kamio miró a Oshi, que seguía bebiendo
y mirando la película porno sin hacerles ni caso –. Oshi, a ti no
te afecta el alcohol –miró a Rei de nuevo –. Ayúdame –dijo tendiéndole
las manos.
–¿Ayudarte a qué? Si intentas tumbarme… –a pesar de eso le tendió
las manos, intentando levantarse, y cayendo estrepitosamente en
el proceso.
–¡Rei! Eres de lo más idiota –Kamio se apoyó en el pecho de Rei
para arrodillarse, tratando de levantarse trabajosamente, sin poder
dejar de reírse –, estabas quedando todo cool, que no te afectaba
el alcohol tanto como a mí, y te caes –lo miró de soslayo –. Mierda,
que mareo. Yo mareado, y tú tratando de violarme.
–¡No trato de violarte! ¿Quién te crees que eres, eh? –lo agarró
de las muñecas, para que se quitara de encima –¡Pesas! Y me caí
por tu culpa, porque no sabes levantarte cuando te ayudan.
Yoshi los miraba serio, sin saber qué hacer con esa situación.
–¿Necesitáis ayuda?
Kamio lo miró de soslayo.
–Pues yo diría que sí, o mejor no –dijo dejándose caer sobre el
pecho de Rei, y abrazándolo –. ¿Me quieres? –preguntó mientras ya
se reía solo.
–¡Cielos! –el chico empujó hacia arriba por unos segundos, intentando
zafarse, pero le pesaba mucho y terminó dándose por vencido –No
hagas preguntas estúpidas.
Kamio se agarró aún más.
–No me quieres nada, ¿por qué? Si soy muy bueno y yo te quiero mucho.
¿No quieres ser mi amigo? –no dejaba de reírse todo el tiempo.
Oshi miró al pequeño.
–¿Quieres que los levante?
– Creo que sería buena idea.
Rei empezaba a reírse, contagiado por las carcajadas de Kamio.
–Vale, vale, soy tu amigo. Me aplastas… –le dio algunos golpecitos
en el hombro.
El rubio se quitó de encima, apoyando la espalda en el suelo. Le
dio un beso en la mejilla, sonriendo. Y levantó las manos.
–Oshi levántame –el mulato se levantó, suspirando resignado y tendiéndole
una mano a cada uno.
Rei sujetó la mano de Oshi, aún riéndose un poco, y bastante tambaleante.
–¿No hay más sake?
Oshi los levantó a los dos uno de cada mano, y sujetó a Kamio por
la cintura, ya que era el más tambaleante.
–Sí hay –dijo cogiendo la botella de la mesa y entregándosela, el
rubio lo miró.
–No bebas más, estás muy borracho. No sabes beber.
–Bah… –Rei se llevó la botella a los labios, bebiendo un gran trago,
a la vez que se dejaba caer sobre el sofá. Yoshi se acercó, sentándose
a su lado.
–No bebas más, te va a hacer daño.
Kamio se sentó en el suelo con la espalda en el sofá y encendió
un pitillo, miro hacia arriba a Rei.
–Dame que tú no sabes –dijo refiriéndose a que no sabía beber.
–Aja… como si tú supieras, idiota –le entregó la botella con una
sonrisa traviesa y algo extraviada.
El rubio cogió la botella con la mano en la que sujetaba el pitillo,
apurando un trago largo sin respirar, se la devolvió habiéndose
bebido al menos el contenido de un vaso, sintió que se mareaba,
pero se quedo muy quieto y le pasó la botella sin mirarlo, limpiándose
los labios con el envés del brazo.
–¿Os la vais a acabar de nuevo? –preguntó Oshi, pasándose la mano
por el pelo.
–¿Por qué? ¿La quieres? –Rei la acercó tentadoramente al mulato,
apartándola luego a la vez que reía como un idiota, y se bebía otro
largo trago.
–Que no bebas tanto Noboru, te enfermarás –Yoshi lo miraba igual
de serio que siempre. El moreno le sonrió, tocándole la barbilla.
–Que no me llamo Noboru, bobo. Me llamo Rei.
El chico no cambió de expresión.
–Vale, Rei, igual te sentará mal.
La respuesta de Rei fue pasarle la botella nuevamente a Kamio, mientras
le revolvía el cabello al chico.
El rubio se bebió otro trago, sonriendo y mirando a Oshi.
–A ti no te hace falta Oshi, pa ti es como si bebes agua, estas
como si nada y nosotros mira, somos felices –abrió los brazos, apoyándolos
en la pierna de Oshi, y en la de Rei después de pasarle la botella
de nuevo al chico –. Pobre Oshi, ¿no le das?
El mulato los miró arqueando una ceja.
–Si quiero os la quito, y os mando a los dos calientes para la cama
–dijo con una sonrisa de medio lado, dispuesto a darles unas chaparretas.
–Ya, toma pues –Rei le pasó la botella a Oshi, con expresión de
fastidio –, pero no me mandes a la cama con este, qué miedo… –se
cubrió la boca riéndose para sí mismo, mientras Yoshi se aferraba
a su brazo, apoyando la cabeza en su hombro.
Oshi se rió sonoramente al escuchar aquello.
–No pensaba hacer algo así , eso se te ha ocurrido a ti solo –bebió
un trago largo, pasándole la botella al rubio de nuevo.
Kamio estaba con el pitillo en los labios y lo apartó de medio lado,
bebiendo.
–A saber qué estaba pensado Rei –dijo Kamio mirando al chico –,
después de todo, te afecta estar viendo películas de estas y todo
porque Oshi no cambia de canal –se rió entre dientes, dejando la
botella en la mesa.
–Calla… sólo era una broma –hizo ademán de golpearlo, pero solo
dejó caer su mano nuevamente, obviamente mareado.
Oshi cogió su enorme mano, plantándola en la cabeza de Rei.
–No me pegues tan fuerte hombre –le daba la risa verlos a los dos
tan borrachos –. ¿Por qué no os vais los dos a dormir la mona?
Kamio negó con la cabeza enérgicamente y después se la agarro obviamente
mareado.
–De eso nada, yo estoy perfectamente, sólo me estoy meando de nuevo
–dijo tratando de levantarse –. Ayúdame –le dijo al mulato, tendiéndole
la mano, el otro se hizo el sordo.
–No, que estás perfectamente.
Kamio lo miró de soslayo.
–Ayúdame, Rei,
–Mierda, pero no te quiero ver mear. Eso lo haces sólo –se levantó
tambaleante, sujetando la mano de Kamio con las suyas, más arrastrándolo
hacia el suelo, que ayudándolo a levantarse.
Kamio se quedo mirándolo fijamente, levantándose apoyando su otra
mano en la rodilla de Oshi.
–Tranquilo, que aunque es grande la polla, me la puedo aguantar
yo solo –el rubio se tambaleó, pasando el brazo sobre los hombros
de Rei –, pero de todos modos me acompañas, no seas nena que si
no me mato seguro.
–Eres un obsceno, y grosero además –le sujetó la mano que quedaba
sobre su hombro, riéndose –. Anda, rápido, que luego te meas encima
–empezó a caminar a pasos inciertos, inclinándose mucho de lado
a lado –. Yo no quiero mirar cosas feas…No pienso ver tu polla –se
dio la vuelta, apoyando la espalda en el marco de la puerta y cerrando
los ojos. Sonrió con suavidad –. El suelo se mueve…
–No le digas fea a mi polla, homofóbico bueno, eso –miró para atrás
a Rei –, la pared también se mueve y le salen puntitos de colores
–se lavó las manos y la cara, mojándose el pelo –. Estoy muerto...
muerto... esto es el infierno –empezó a canturrear.
A Rei le enervaba un poco el cantito del infierno de Kamio.
–Mierda... ¿cómo vamos a regresar?
Kamio levantó la cabeza, mirándolo con los ojos entornados.
–Oh... se me cayó el pitillo en el lavabo y se apagó... y sólo me
quedan dos más... –caminó apoyado en la pared, y se agarró del brazo
de Rei –No sé... ¿cómo mierda regresamos?
–Nos daremos una matada en el camino… –Rei intentó caminar hacia
la sala de nuevo, a cada paso, cayendo de lado, y aplastando a Kamio
contra la pared.
–Deja de hacerme sándwich –el rubio protestó, amarrándolo de la
mano y tirándose en el sofá al lado de Oshi, arrastrándolo con él
–. Vamos a dormir, Oshi. ¿Nos quieres?
El mulato lo miró suspirando.
–Sí, sí, mucho.

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