.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capitulo 7

¿Quiere...que…lo mate…?

Yoshi levantó la vista de lo que estaba haciendo, y sonrió al ver a su hermano detrás del otro.
–¡Noboru!

–Agh… –el chico se llevó una mano a la cara refunfuñando en voz baja –Coño, que soy Rei, Rei.

–Venga, Noboru no seas así –el rubio lo abrazó, cogiéndole la mano y haciéndole saludar al pequeño –. Hola hermanito –dijo imitando penosamente la voz de Rei.

–¡Ya te dije que no me imites! –Rei se soltó con brusquedad de la mano del rubio –Y no me llames así, ¿Acaso quieres crearle una confusión mental más grande? Baka… –miró al chico de cabello azul, que súbitamente se había quedado observándolos muy serio. Pero volvió a sonreír, levantándose de su asiento para acercarse.

–No te preocupes por su mente, no creo que viviendo aquí, mis comentarios le influyan ya –el rubio se rió sonriendo. Yoshi le hacía gracia, cambiaba de temperamento cada dos por tres.

Oshi lo miró, era más pequeño que Rei, pero se parecían muchísimo.
–Rei, no sé cómo no has matado a Kamio ya –dijo sin dejar de mirar a Yoshi.

Yoshi se abrazó a Rei, y luego se separó para mirarlo, a la vez que le entregaba una hoja de papel.
–Toma, mira lo que hacía para ti –Rei tomó el papel, observándolo y sintiéndose más incómodo que nunca. En el mismo, había un dibujo de ellos dos, aunque su cabello se veía algo distinto. Yoshi lo miró sonriendo, y señalándole el dibujo –. Me salió un poco raro, porque antes no eras así, pero te gusta, ¿no?

–Yo... mira… Sí, sí, claro, muy bien hecho… –desvió la mirada sin saber qué hacer. Le parecía que la situación se estaba saliendo de control ya –Oshi –señaló al mulato súbitamente, a manera de presentación, sólo por cambiar el tema.
Este saludó al chico levantando la mano, sin muchas más atenciones que aquella. Después miró a Kamio apoyándose en la pared.

–Tu amiguito tiene master en relaciones publicas –dijo con algo de socarronería, Kamio se rió asintiendo.

–¿Pero qué dices? si es muy cariñoso –dijo agarrando a Rei de la cintura y sonriendo.

–¿Quieres dejarme en paz? ¿Por qué siempre me tienes que estar agarrando? –el chico se revolvió, mientras intentaba soltar el brazo de Kamio con sus manos.

–Porque me gusta sobarte ¿por qué sino? Estás suavecito... hum –le metió la mano bajo el jersey, acariciándole la espalda y acercando la nariz a su cuello –, además, hueles de maravilla –le dijo sin dejar de sonreír con gesto de cara dura.

Oshi se llevo la mano a la frente pensando en la hostia que se iba a comer, y miró al pequeño.
–¿Tú qué? ¿Contento con tu hermano nuevo?

Yoshi se había quedado observando con expresión seria, la lucha que parecían sostener Kamio y Rei.
– Estoy feliz, porque mi hermano regresó por mí.

Mientras, Rei seguía empujando al rubio y profiriendo insultos, con el rostro enrojecido.
–¿Tú crees? –Oshi lo miró, y después a los otros dos que no dejaban de guerrear –Eh Rei ¿Así que viniste aquí a buscar a tu hermano? –preguntó con algo de sorna –Yo creía que habías llegado por accidente, y muy a tu pesar.

Kamio lo miró aún sujetando a Rei.
–¡Que me sueltes! –el chico aún se agitó un poco, y miró a Oshi, aún enredado en aquel extraño abrazo/pelea –No, yo no vine a buscar a nadie, ni siquiera sabía que este sitio existía. ¿Acaso tú sí? –concentró su atención en él, con algo de curiosidad, sin reparar mucho en el chico de cabello azul, que mantenía la mirada baja.

–¡Oh sí! Estaba deseando venir a pasar unas vacaciones a “majadero country” No, no lo sabía, y si algún día vuelvo le daré una buena patada a Tatsumoto en su gordo culo –parecía que hasta las rastas se le ponían de punta al decir aquello –, pero, ¿sabéis que? Llevo dos años aquí, y no hay manera de salir.

Kamio soltó por fin a Rei, metiéndose la mano en el bolsillo para sacar un pitillo y darle una calada.
–¿Qué quieres decir con eso? Yo no pienso quedarme en esta mierda de sitio.

–Ni yo –Rei se acomodó el jersey, y se pasó la mano por el cabello, alborotándolo –. Tiene que haber una forma. ¿Has vuelto a ver el manga? –tal vez el mulato no supiera de su existencia en este mundo.

Yoshi permanecía en silencio. Seguía sin comprender muy bien de qué hablaban, ni por qué su hermano se quería ir de nuevo. ¿Lo llevaría con él? Sí, seguramente, no iba a dejarlo sólo de nuevo.

Oshi lo miró extrañado.
–¿El manga? No... aunque... –Kamio lo miró de soslayo –Adivino que estabas leyéndote el manga en la tienda de Tatsumoto sin pagar ¿verdad?– el rubio le habló con el pitillo colgando de los labios –No lo niegues.

–Aja –el chico sonrió asintiendo –, pero no aparecí allí de nuevo, sino en una tienda de libros... y el manga no estaba conmigo.

Los ojos negros de Rei se pasearon pensativamente de Oshi a Kamio.
–Sí, cuando yo aparecí en el parque, el manga tampoco estaba conmigo, pero… no me explico entonces por qué estaría en casa de tu gemelo malvado, Kamio. ¿No te parece extraño?

Kamio lo miró, cruzándose de brazos.
–Lo que está claro es una cosa. Cuando Oshi lo leyó, se quedó en la tienda de Tatsumoto, tú lo leíste en el parque, y allí se quedó esperándome a mí. Y después, yo me lo llevé a mi casa, y por lógica, debería haberse quedado en mi cama... pero Akira lo tiene... –se pasó las manos por el pelo, apartándoselo de la cara.

–Puede que Akira también tenga uno ¿no? –Oshi los miró inquisitivamente.

–Supongo que sí, pero si existe el doble del manga… ¿no debería hacer lo contrario? ¿No se hubiera ido Akira a nuestro mundo? –dejó escapar un suspiro –Claro, que puede que no lo haya leído aún.

Kamio hizo una mueca, apoyándose en el hombro de Rei de nuevo.
–O puede que sepa como usarlo, y se paseé de un mundo a otro. Por hacer suposiciones... podemos quedarnos aquí toda la vida divagando. De todos modos, sólo sé que la portada era igual, o al menos similar, pero podría haberme equivocado ...

Oshi lo miró con los brazos cruzados.
–Tratándose de ti, no sería muy extraño.

–Como sea… –Rei se metió las manos en los bolsillos, algo exasperado –sólo sé que es lo único que tenemos por ahora. El que el tal Akira se pase los fines de semana en nuestro mundo, o que se pierda allá, y lo metan a la cárcel por atacar a la gente a cuchillazos, me da igual. Lo que me interesa es regresar a la normalidad.

–Y si tanto os interesa ese libro, ¿por qué no se lo pedís simplemente? –Yoshi les lanzó una mirada curiosa.

Kamio lo miró fijamente y lo amarró, abrazándolo con un solo brazo contra su pecho al tiempo que palmeaba su cabeza.
–Ah... pobre niño, no fuerces anda, no fuerces que te saldrá humo.

Oshi lo miró sonriendo.
–Anda corre y pídeselo tú.

Rei lo atrajo por un brazo, apartándolo de Kamio.
–Déjalo en paz, que es capaz de hacerlo… –le puso las manos en los hombros, al chico que le miraba contento de que se preocupase por él –Lo que pasa es que no lo conoces, ¿eh? Ese tipo está loco –volvió a mirar al rubio.

–Que va... es encantador, ¿no tenéis vosotros un profesor encantador también como el nuestro? Nos amenaza con abrecartas, nos lanza cuchillas y las clava en la mesa... Vamos, lo normal –se encogió de hombros, echando a caminar –. ¿Qué, Oshi? ¿Nos llevas a ver como se divierten aquí?

El mulato lo miró encogiéndose de hombros.
–Cuando lo averigües me lo cuentas... –le siguió por los pasillos.

–Pero… ¿no os parece divertido ir a clase? –Yoshi los miró bastante confundido, y se sujetó de la mano de Rei.
El chico miró su mano, y luego a Yoshi, sintiéndose más que incómodo. No sujetaba la mano de nadie desde que su hermano hubiera muerto y la situación le daba escalofríos.

–No, para nosotros, no lo es –rápidamente soltó la mano del chico, sin siquiera mirarlo, y se metió ambas en los bolsillos –. Anda, date prisa, a ver si encontramos algo mejor que hacer.

Oshi y Kamio caminaban delante, supuestamente, debían tener muchas cosas que hablar, después de dos años sin verse, lo cual era bastante lógico, pero por el contrario; los dos iban serios por el pasillo, sin hablarse –Rei, ¿venís o no? –el rubio se volvió para verlos algo más atrás –Podemos divertirnos comprando alcohol de nuevo, ¿no te apetece?

–¡No! No podéis… ¿estás loco? –Yoshi lo miró asustado de que el rubio les arrastrara de nuevo en una experiencia tan aterradora. Rei le alborotó el cabello, empujándolo hacia adelante para ir a reunirse con los otros dos.

–No te alteres, sólo son idioteces del capullo este –se acercó un poco más a Kamio –. Si tanto te divierte que te persigan a balazos por las calles, cómprame un arma.

–¿Que te la compre yo? –Kamio sonrió de medio lado, y golpeó un poco las costillas de Oshi con el codo –Se cree que soy su novio. Dice que no, pero es su sueño, cómprame un arma... –dijo imitándolo de nuevo –¿No prefieres un anillito, o algo más conservador?

Oshi sonrió, mirándolos.
–Kamio si sigues así, necesitaras comprarte un casco.

Kamio sonrió divertido.
–Rei esta un poco trastornado desde que llegamos aquí, déjalo cree que soy un saco de boxeo.

Rei frenó sus ansias de golpearlo, sólo por ese último comentario.
–El trastornado serás tú, te crees que soy tu muñeca inflable. Yo no tengo la culpa de que la extrañes tanto, idiota –le sacó la lengua –. Además, ¿quién querría ser novio de un pervertido, grosero y aprovechado como tú?

–Tú –el rubio lo miró a los ojos, arqueando una ceja –. ¿Para qué preguntas si ya sabes la respuesta? Que ilusos son los dos hermanos, e insoportables, ¿por qué no os echáis un polvo y me dejáis tranquilo? –hizo un gesto con la mano, como “mandándolos a paseo”

Yoshi se quedó mirándolo algo sorprendido, mientras que Rei perdía cualquier deseo de controlarse, y le metía una colleja al rubio.

–¡No digas esas cosas, idiota! ¿Es que no tienes tacto, ni modales, ni nada?

Kamio se rió.
–Jodeeeer es que no dejas de pegarme, ¿crees que me conquistaras a golpes como los cavernícolas? – se frotó el cuello con fuerza –A ver hombre súper maduro, ¿dónde crees que podemos ir?

–Yo sólo voy de mi casa al supermercado, y de este al colegio. A pesar de estos dos años... este sitio sigue dándome miedo.

–Bobo, no dejo de pegarte, porque no dejas de hacer idioteces –el chico lo miró con cara de pocos amigos, volviendo a meterse las manos en los bolsillos –. ¿Tan malo es? No lo parece –observó inquisitivamente a Oshi. Podría haberle preguntado a Yoshi, pero no era lo mismo. Oshi era como ellos. Probablemente comprendería cosas que el chico de ojos azules, no.

Oshi se rió un poco, pidiéndole un pitillo con la mano a Kamio, el rubio se lo pasó, mirándolo también muy interesado. Tan malo no parecía, teniendo en cuenta que te disparaban sólo por comprar alcohol.

–Todo está al revés, ¿entiendes, Rei? –le dijo Oshi, mirándolo a los ojos –Da igual, ya sé que no lo entiendes... yo llevo aquí dos años, y aún no lo consigo –le dio una calada al pitillo con un gesto amargo en el rostro.

–Oshi... ¿crees que no podemos salir de aquí? Si cogemos el libro de mi "dark brother" y nos lo leemos, tal vez simplemente volvamos a nuestro mundo, ¿no? Y después de todo solo es un tío, por muy creepy que sea, podemos darle una paliza entre los cuatro –dijo incluyendo a Yoshi como si fuera a valerles de algo.

–Pero, ¿no es mejor pedírselo prestado? –Yoshi se quedó mirando con seriedad al rubio –No es bueno arrebatarles a las personas lo que es suyo.

–Ya, lo que pasa es que este es un cavernícola, y todo lo resuelve a golpes –Rei intervino despreocupadamente, como si él jamás hubiera golpeado a nadie en su vida –. Acerca de ese libro, creo que es la única posibilidad que tenemos. Al menos, de momento. Pero si saca un abrecartas, estamos perdidos… –dejó escapar una risa cínica.

–Aja... y tú las resuelves con cariño, ¿no? mira quien va a hablar de sutilezas... –Kamio le mostró la nuca roja de las collejas, y se levantó la manga de la camiseta –me tienes lleno de marcas de lo que me maltratas –sonrió de medio lado –. Déjate de chorradas, niño. Si hasta te dio pesadillas por un simple abrecartas... imagínate que te saca un cuchillo, te me cagas por los pantalones.

El chico se puso rojo de la cabeza a los pies. ¿Cómo se le ocurría contar eso enfrente de todos? Además de que había esperado que lo olvidara. Se metió las manos en los bolsillos, sin mirarlo, y prácticamente refunfuñando bajo su aliento.
– No sé de qué hablas.

–¿No sabes? Hablo de cuando esta mañana viniste a mi habitación llorando, y te me echaste a los brazos, rodeándome y rogándome que te dejara dormir conmigo porque tenias pesadillas –sonrió, rodeándolo con un brazo y mirándole las mejillas y la cara de enfurruñado –, y hasta Rei es mono a veces.

–¿Eso… eso es cierto, Rei? ¿Por eso estabas en la cama con él? –Yoshi levantó sus ojos azules como esperando una explicación.

–¡Ahg! No ¡Claro que no! ¡Mierda! –gruñó con el rostro aún rojo, y empujando a Kamio para que lo soltara –Él fue quien vino a donde yo dormía, a molestar y a despertarme con su escándalo –le dirigió una mirada al rubio –¡Y no soy mono!

–Oh sí, sí lo eres, y más cuando estás rojo como un tomate como ahora, ¿sabes que estas rojo? –le puso un dedo en la mejilla, empujándosela un poco –Está mintiendo, Yoshi. Él vino a mi cama. ¿Por qué? ¿Celos?

El chico no le respondió nada, se limitó a mirarlo seriamente. De todas maneras, no tuvo mucho tiempo para responder, antes de que Rei irrumpiera con una nueva protesta, aún empujando al rubio, y moviendo la cabeza a un lado.
–¡Eres tonto y un mentiroso! ¡Y no estoy rojo, yo no me pongo rojo!

–Sí te pones rojo, y tu hermano creo que quiere matarme.

Oshi miró al pequeño también, la verdad es que sí estaba demasiado serio, y se veía un tanto tenebroso.
–Yoshi, ¿quieres matarlo? –le pregunto Oshi con los ojos verdes muy fijos en él, y preguntándole con toda la seriedad del mundo.

–¡Que no estoy rojo! Y ya te dije que no es mi hermano –el chico le gritó, más bien pensando que era él quien lo quería matar a collejas por la vergüenza que le estaba haciendo pasar.

Yoshi observó a los dos chicos, miró al mulato, y bajó el rostro, con el flequillo ocultando sus ojos.
–Yo no quiero matar a nadie. Sólo quiero que mi hermano me quiera…

Kamio miró a Rei de soslayo.
–Mira lo que has hecho con tus repelencias –le pasó la mano por el pelo al pequeño –. Sí que te quiere, lo que pasa es que él tiene esta personalidad tan divina, a mí también me quiere, no te creas. ¿A que sí nos quieres? –dijo poniendo su cara a la altura de Yoshi, y mirando a Rei con ojitos de cachorrillo desvalido.

Rei le dirigió una mirada asesina al rubio, molesto por lo que estaba haciendo. No tenía intenciones de engañar al niño, ni de caer en su fantasía, pero tampoco deseaba lastimarlo. Hizo un gesto con la mano, como de indiferencia.
– Sí, sí, ya vale, os quiero, os quiero a todos. Soy la madre Teresa de este mundo.

Pero aquello no pareció, ayudar en nada a Yoshi, y bajó la mirada tristemente.
–No es igual… no es como antes…

Rei se pasó la mano por el cabello en actitud cansada. No era su hermano, pero a excepción del color de cabellos y de ojos, era el mismo rostro, y no le agradaba ver aquel rostro triste. Se agachó frente al chico.
– Vale, puede que no seas mi hermano de verdad, pero igual me gustas mucho, ¿eh? ¿Es suficiente? –lo abrazó contra sí, sin estar muy seguro de si lo estaba ayudando o perjudicando.

Kamio y Oshi ya habían echado a andar hace un rato, huyendo del “momento fresa” con sutileza, y se encontraban pegados a un cristal de una tienda, observando el interior. Había mangas, tal vez aquel manga era un manga normal allí. El rubio se giró a ver como iban las cosas allá atrás
–Vamos a entrar –dijo un segundo antes de que Oshi lo arrastrase al interior.

Rei se irguió, carraspeando un poco, nervioso. No se sentía cómodo con los momentos emotivos, y mucho menos con que le vieran.
–Sí, vamos también, ¿quieres? –echó a andar sin fijarse si el menor lo seguía. Sólo antes de entrar, lanzó una breve mirada hacia atrás. Yoshi lo seguía, pero no se veía necesariamente alegre. Tampoco es que se viera triste, ni a punto de llorar. Sólo… se veía como siempre, serio, como perdido en sus propios pensamientos.

Kamio estaba agachado revolviendo entre los mangas más cutres que encontraba, y que por lo tanto, (según sus propios pensamientos) se ajustaban más al parecido con el manga que buscaban. Miró a su alrededor, la gente leía los mangas como si se tratase de una biblioteca, y había mesas en las que se sentaban a leer mientras tomaban algo.

Buscó a Oshi con la mirada y se lo encontró sentado, leyendo un manga como si nada. Frunció el ceño, lanzándole el que tenía en la mano a la cabeza.
–¡Estamos aquí para buscar algo!

–¿Esto os parece divertido? –preguntó Yoshi.

Rei le dirigió una mirada de curiosidad.
–¿Qué? ¿No te gusta leer mangas? Prefieres dar clase, ¿o qué?

–No sé, es un tipo de lectura como cualquier otro, supongo –le sonrió, encogiéndose de hombros –, pero al menos, en clase aprendes cosas nuevas.

Rei observó el lugar con la mirada, pensando en que tal vez debían haberlo dejado en la escuela. Le llamaba la atención el local. Al menos, por su parte, las tiendas de manga se podían quedar al revés.
– ¿Qué? ¿Ya averiguasteis si ahora tendríamos que leer shojo? –bromeó a la vez que se acercaba a la mesa.

–No sé, pero no hay ni un solo manga de un autor conocido... –le informó Kamio.

–Genial… Me encuentro con un lugar donde te dejan leer mangas gratis, y no hay nada que conozca. De verdad que es el infierno. Tendré que comenzar desde cero –se acercó a las estanterías revisando los tomos –. ¿No encuentras nada, verdad?

–No, nada que nos interese –dijo el rubio, leyendo un manga de contenido adulto, y cesando en su búsqueda. Pasó una hoja sin prestar atención a nada más.

–Da igual, aunque no los conozca, de todos modos está claro, que en todos los mundos se folla de la misma manera –sonrió sin dejar de leer aquello –. Espero que no me disparen por leer esto.

Por alguna razón, aquella actitud le molestó a Rei, que le sacó el manga de las manos, dándole con él en la cabeza.
–¿Es que es lo único que te importa? Mejor sigue buscando –se alejó, buscando a ver si había algún rincón de mangas cutres como en la tienda de Tatsumoto, aunque estaba seguro de que no iba a encontrar nada.

Mientras, Yoshi empezaba a revisar los mangas con un poco de curiosidad. Lo cierto es que nunca le habían interesado, y era la primera vez que entraba allí.

Kamio miró a Rei, que se largaba tomo en mano, buscando por la tienda y lo siguió.
–Oye... vale que me quites el tomo porque te celes de que mire dibujitos follando, pero al menos no te lo lleves tú para leerlo a escondidas –sonrió de medio lado, apoyándose en una estantería –¿Qué buscas? ¿Algo que se ajuste más a ti, tipo... shojo?

–Aja, eso es lo que busco y mira quien está informado –Rei le respondió sarcásticamente, antes de volver a lanzarle el tomo –¡Ahg! ¿Me ves cara de niña tonta o algo así? –se pasó la mano por el cabello, apartándose el flequillo, y nuevamente recorriendo el lugar con la mirada –En la tienda de Tatsumoto, hay una esquina con mangas rebajados. Ya sabes, esos que nadie quiere. Fue allí donde lo encontré, así que, buscaba por si acaso hay algo similar aquí.

–Lo sé, yo también iba camino de la tienda de Tatsumoto, pero cambié de ruta sólo con verte. Eres una mala publicidad para la tienda –se apoyó en los hombros del moreno con los brazos cruzados –. Claro que, no sabía que eras tan encantador, te juzgue mal –se rió de nuevo, aún era más repelente de lo que había imaginado, pero eso sí, engreído no era.

–Gracias, pero no me interesa ser chico poster de nadie. Y por cierto… –dio un paso hacia delante para liberarse del peso del rubio –tampoco soy un barandal, para que te estés apoyando en mí cada 5 minutos.

–¿No quieres ser mi chico poster? Bueh...ya me pondré un poster de otro entonces –agarró la cintura del moreno con ambas manos, mirando lo que él miraba por encima de su hombro –. Oye... ese Yoshi, es muy raro, ¿sabes? –acercó su cara a la de Rei, hablándole en bajo –¿Qué opinas de él?

–No lo sé… –Rei suspiró, mirando en la dirección del chico que se hallaba de espaldas, hojeando un manga –Supongo que se siente solo, estará confundido. Yo también lo estaría si fuera el caso contrario –se dio la vuelta para mirarlo a los ojos –. Lo cierto es que a veces, me pone un poco nervioso, pero… es sólo un crío, ¿no? –desvió la mirada hacia un lado –Es sólo un crío que extraña a su hermano –no podía juzgarlo por comportarse de manera extraña. Eso sería hipócrita de su parte.
El rubio lo miró fijamente.

–Sí... supongo, no soy quien para juzgarlo. Debe de sentirse muy confundido, pero lo cierto es que es un tanto extraño... –desvió su mirada a Yoshi de nuevo –. Aunque de todos modos tiene un buen culo –bajó la mano por la cintura de Rei hasta sus nalgas –, como su "fake hermano"

–¡Eres tonto! ¿Es que no puedes estarte quieto ni un segundo? ¡No te vuelvo a tomar en serio! –el chico lo empujó con brusquedad, apartándose –Y más te vale dejarlo tranquilo, bastante liado tendrá el cerebro como para que vengas tú con tus obscenidades.

Yoshi levantó el rostro al oír los gritos, acompañado por la mayoría de los otros clientes. Era imposible no llamar la atención con semejante escándalo.

Kamio le sonrió, mirando a la gente y echándoles besos como si fuera un artista.
–¿Qué pasa Rei? ¿Tú no puedes estar sin armar un escándalo? –lo cogió por detrás, abrazándolo –No te preocupes, que a mí Yoshi no es el que me interesa –le dio un beso en la mejilla, y le pasó la mano por la cabeza, apartándose de nuevo para agacharse y seguir buscando.

Rei se pasó la mano por la mejilla, bastante rojo, y giró ante la atenta mirada de Yoshi, dirigiéndose hacia un estante más atrás, para escapar de la observación de todos, a la vez que pasaba junto a Kamio, refunfuñando.
– Eres un engreído. Además, no tendría que armar escándalos si supieras comportarte en público.

Kamio asintió con los ojos cerrados mientras rebuscaba en los tomos.
–Pero no te lo pasarías tan bien si supiera hacerlo... ¡Mira! –dijo agachado con un tomo en la mano, muy emocionado.

–¿Qué sucede? ¿Lo has encontrado? ¿Has encontrado el que buscamos? –el moreno se agachó ilusionado, al lado de Kamio, intentando mirar lo que sostenía en la mano.

–Un yaoi –pasó las páginas, comprobando –, y además es hardcore, de los que a ti te gustan –se levantó, dejando el manga en las manos del moreno, y apoyándose en su hombro –. Ahí... para que vayas aprendiendo qué tienes que hacerme – se marchó con las manos en los bolsillos mirándolo de soslayo, le gustaba cabrearlo ¿Que podía hacer si era irresistible?

Rei se quedó mirando el tomo con furia, y luego al rubio ¿Quiere... que…lo mate?

Kamio siguió andando hacia Yoshi.
–¿Qué, Yoshi, algo de tu agrado? –apoyó la mano en el hombro del chico, parecía el dependiente de la tienda, recomendándole mangas a todos.

Yoshi lo miró sin mucho interés. Estaba revisando un manga de corte bastante violento, pero no parecía afectarle mucho.
– No, la verdad, lo encuentro bastante aburrido.

Kamio cogió el manga con una mano, sin dejar de apoyarse en su hombro.
–¿A ti que te divierte? ¿Y por qué no lees un manga menos violento? Ya eres suficientemente espeluznante sin necesidad de esto... –lo dejó en la estantería de nuevo.

Yoshi lo miró. ¿Por qué le decía creepy si los que se comportaban extraño eran él y su hermano?
– Da igual, no me divierte esto. Prefiero la escuela –lo miró con curiosidad –¿No os gustó?

–Hum... no –Kamio se paró frente a él, mirándolo fijamente –. ¿Qué hacíais en tu clase? ¿Y cuantos años tenía el profesor? Porque en la nuestra tenía los mismos años que yo, y nos explicaba a colocar tramas, pero no os gustan los mangas. ¿Por qué os divierte colocar tramas? ¿Porque es útil?... –sonrió con la esperanza de haberlo mareado.

–No lo sé. Las clases son opcionales, no tienes que tomarlas todas. Mi profesor es algo mayor – se sentía algo confuso ante tanta pregunta de repente –Y yo no dije que no me gustasen, sólo que no me divierten. Hasta ahora, no encuentro nada que me… interese – más bien lo dijo pensando en que si a su hermano le gustaban, algo bueno debían de tener. Levantó la vista –. Ya sabes lo que hacía en clase, se lo mostré a Noboru –dirigió la vista hacia Rei, que seguía aparentemente refunfuñando por los pasillos del local.

–O sea, que en clase hacéis dibujitos, ya, muy lógico, este mundo es la hostia –siguió la mirada del chico hasta Rei –. Voy a buscar a tu "hermano" –dijo recalcando la palabra –, que creo que necesita de mi cariño –se paró frente a Rei con los brazos abiertos –.Ven cielo... abrázame –le dijo muy serio, como si no se lo tomara todo a cachondeo.

El chico lo miró con una cara de disgusto única, y le estampó en el pecho el manga que revisaba en esos momentos.
–No me jodas… ¿Qué? ¿Ya terminaste de molestar a Yoshi? Te has dedicado a todo menos a lo que vinimos a hacer.
Kamio cogió el tomo que le había "incrustado" en el pecho.

–No te joderé, pero no lo estaba molestando, sólo hablábamos. ¿Te molesta que moleste a otros? –le pegó con el tomo en la cabeza, y miró a Oshi –. Mira, Oshi lleva un siglo leyendo sin más y lleva dos años aquí... sinceramente, diría que no vamos a encontrar la salida tan fácilmente.

–Puede que Oshi se haya rendido, pero yo no pienso hacerlo –observaba al mulato, sobándose la cabeza –. No tengo ganas de quedarme a vivir en este mundo, ¿tú sí? –sabía que Kamio tenía razón, no iban a encontrar la respuesta allí, pero no podía evitar el seguir buscando.

–No... Este sitio apesta, tío. Estoy hasta el culo y acabo de llegar, lo único bueno ha sido conocerte –se pasó las manos por las abdominales, frotándose el estómago –. Deberíamos pedirle el tomo a Akira, tal vez no sea tan sádico como parece. Después de todo, nosotros irrumpimos en su casa.

–Sí claro, pero tú no le viste la cara que tenía cuando me amenazó –se encogió de hombros. Lamentablemente, tampoco veía otra solución –. Bah… supongo que no perdemos nada por intentarlo.

–Nah... como mucho perderemos la vida como tenga un portaminas cerca, pero bueno –se encogió de hombros –. Es mejor que quedarse aquí sin hacer nada, supongo que echarás de menos a la gente del otro lado, ¿no? ¡Pero no te preocupes, aquí tienes sus copias defectuosas, y con suerte hasta son sádicas! –se rió como si tuviera gracia.

– Cómo se nota lo mucho que te importa todo – Rei se metió las manos en los bolsillos –. No, no extraño a nadie – lo miró a los ojos nuevamente, de manera burlona –. Y como veo que te estás divirtiendo tanto, te concedo el honor de tratar tú con tu propia copia sádica, que a mí no me divierte.

Kamio lo miró de soslayo dándole la espalda.
–¿Qué quieres, que me eche a llorar o la pague contigo? Yo solito me metí en esto, ¿no? Igual que tú, así que... no voy a amargarme por ello –sacó un pitillo, encendiéndolo a pesar de estar en una librería, y dudando si aquello sería motivo de ejecución inmediata en aquel lugar –. Trataré con él si quieres, pero tú me acompañas, así haces de escudo humano cuando trate de lanzarme latas.

–Cuanto amor… –sonrió un poco, cínicamente – No, no espero que te eches a llorar, sólo que te tomes las cosas más en serio. No tengo ganas de morir porque a ti te parezca gracioso… –lo miró de reojo.

Kamio se giró cruzado de brazos mirando las estanterías.
–¿Quien dice que te dejaría morir? ¿Eres tonto?– levantó una ceja mirándolo a los ojos –Una cosa es que me ría, y otra muy distinta que me tome las cosas a broma –le mostró su “dedo especial” –. Te lo tomas todo muy a pecho, relájate, te irá mejor para la tensión, no iba a jugarme la vida sin conocerte de nada... tú tampoco lo hubieras hecho.

–Tú no tienes idea de lo que yo hubiera o no. Yo no podría dejar… ¡Bah! Es suficiente de esto –hizo un ademán con la mano de que estaba harto –Mejor vamos a reunirnos con los demás. Aquí no llegamos a ningún lado.

Kamio se encogió de hombros.
–Como quieras –dijo siguiéndolo sin más y aún molesto.


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