Capitulo 6
Cuida tu de mi y yo te cuido de mi
Kamio se despertó a medio tapar por la sabana (que estaba caída
en el suelo) y se llevó la mano a la frente.
–Ah, creo que va a estallarme la cabeza… –bajó la mirada a su paquete
y sonrió –Hola, trempa mañanera –dijo saludando a su sexo, que al
parecer estaba de mucho mejor humor que él. Se levantó algo mareado
susurrando –. Me duele la cabeza –se puso el pantalón negro de nuevo,
y salio al salón, pero no había nadie. Cogió la camiseta que le
habían prestado, colgándosela al hombro y dio un trago a la botella
de sake –. Lo mejor para que se te pase la resaca… –sonrió, caminando
por el pasillo hacia la habitación de Rei.
Este estaba por el quinto sueño, profundamente dormido. Al principio,
todo había sido negro, sin imágenes, con esa oscuridad que sólo
una noche de borrachera puede otorgar. Pero luego, había empezado
a tener sueños confusos, mezclando todo lo que había sucedido durante
el día con su propio subconsciente. Vio el libro de nuevo, y luego
a su hermano que lo observaba de lejos. Extendió un brazo llamándolo.
–Shiori… –pero el chico comenzaba a desaparecer –No, Shiori… lo
siento, lo siento – sintió una mano en su hombro, y se giró para
ver al gemelo malvado de Kamio, pero este le sonrió –. Mejor no
te beso, que te vomito encima –la voz salió temblorosa, y el chico
se llevó la mano a la cabeza –Bebí demasiado sake… –ahora era el
rubio.
Rei le sonrió de medio lado, listo para hacerle algún comentario
sobre su estado, cuando la mano de Kamio se levantó en el aire,
atravesando su pecho con un objeto cortante, mientras empezaba a
cantar lo que parecían ser las mañanitas a todo pulmón.
Algo le cayó sobre la cara, y Rei abrió los ojos sobresaltado, sentándose
de una vez, y lanzando un grito, a la vez que lanzaba la camiseta
con todas sus fuerzas hacia la dirección de la que había venido.
– ¡No! ¡Con el abrecartas no!
Kamio cogió la camiseta en el aire, poniéndosela en la cabeza.
–¡No! ¡No te lo haré con el abrecartas! –saltó en la cama, sentándose
a lo bruto y besándole la mejilla –. Está bien, ¿con que quieres
que te lo haga? ¿Un tenedor? Porque mientras no sea el abrecartas
da igual, ¿no? –se echó a reír sin parar –Pardillo…
Rei se limpió la mejilla con el dorso de la mano, algo rojo de que
lo hubiera visto así.
–Idiota…no se despierta a la gente de esa manera tan animal. ¿Quieres
que me de un ataque al corazón, o qué?
–Hum… nah, tienes razón –se levantó muy serio, poniéndose la camiseta
–He sido un desconsiderado, mañana te despertare con un besito como
si fueras la bella durmiente, no te jode –sonrió de medio lado,
levantando las sabanas –¿Has dormido vestido? A ver, a ver…
–¡Sí! –le contestó, arrancándole las sábanas de las manos, aunque
no pudiera ver nada –Y no es asunto tuyo estar mirando por debajo
de las sábanas de los demás.
–Pero no me grites, que tengo resaca, hombre –se llevó la mano a
la frente, acostándose al lado del moreno –. Cuídame –dijo desconsideradamente.
Rei se dejó caer a su lado, entrecerrando los ojos.
– Ah, no, que yo también tengo resaca –lo empujó como para sacarlo
de la cama –Cuídate tú mismo.
–No… eso ya lo hago siempre, hagamos algo diferente. Cuidas tú de
mí y yo te cuido de mí –se rió, poniéndose el antebrazo ante los
ojos y girándose de medio lado, observándolo por una rendija –¿Vamos
a clase? Yo no tengo uniforme… ¿Me acompañas a pegarle a alguien
y robárselo?
–Eres un bestia. No, no te acompaño a pegarle a nadie. Además, ni
siquiera sabes si necesitas uniforme. Todo está al revés… –se dio
la vuelta, poniéndose de espaldas al rubio –. Quiero seguir durmiendo.
Kamio sonrió de medio lado sin perderse el movimiento del otro entre
las sábanas.
–OK durmamos, no me importaba faltar a clase antes, y menos me importa
ahora –se abrazó al chico, pegándose a sus nalgas, con su trempa
mañanera de nuevo en acción –. No te preocupes, es el móvil –mintió
descaradamente –está calentito porque acabo de cargar la batería.
Rei abrió los ojos, bastante despierto al sentir aquello contra
su trasero. Se intentó dar la vuelta, pegándole a Kamio en el brazo
que lo rodeaba, profiriendo insultos.
–¡Eres un cerdo! ¡Y un pervertido! ¿Qué te crees? ¿Que soy idiota
o qué? ¡Así que tu móvil, ¿eh?! ¡Pues ve a hacer tus llamadas de
larga distancia a otro lado, maldito pervertido!
Yoshi apareció por la puerta, aún algo mareado por la noche anterior
y restregándose un ojo. Lo había despertado el escándalo que hacían
Kamio y Rei. Se les quedó mirando con cara de sorpresa.
–¿Qué haces con mi hermano? ¿Por qué estás en la cama con Kamio?
¿No dormiste en tu cuarto?
Kamio se giró sonriendo hacia la puerta, sin soltar a Rei, y colgando
la cabeza fuera de la cama con el chico encima.
–¡No! Vino por la noche a seducirme y míralo. Ahora no me suelta,
¿te parece normal?
–¡No, suéltame ya! –el chico protestó, golpeándolo un poco más –.
No le hagas caso, es que estaba ebrio y se durmió en el otro cuarto,
y yo me vine para aquí. Pero como sólo sabe joder… me vino a acosar
con sus boberías –lo miró de nuevo, pegándole otro manotazo –¡Que
me sueltes! –Yoshi sólo los miraba desde la puerta en silencio.
–Nah… –el rubio lo apretó más, besuqueándole la mejilla –que cosita
mas cute, coño, que dulce y calido eres –se partía de la risa con
los manotazos que le aporreaba, pero finalmente lo soltó, saltando
de la cama –Tú ni te me acerques, la venganza es mala. El miedo
lleva a la ira, y la ira lleva al odio. Si lo haces te irás al lado
oscuro con mi hermano Dark Kamio.
–Eres un idiota, siempre estás manoseándome –Rei se pasó las manos
por el cabello, con gesto de disgusto.
– ¿Queréis desayunar? –Rei levantó la vista, al escuchar la voz
de Yoshi, le pareció que el chico se veía algo molesto, pero no
le extrañaba. Kamio podía ser realmente desesperante –Puedes cambiarte
si quieres. Hay más uniformes en la otra habitación. Tú también,
Kamio, pero no sé si te valdrá alguno. De todas maneras, nadie te
dirá nada si no lo usas.
–O.K. pues no lo usaré –el rubio sonrió complacido –¿Qué me das
de comer, Yoshi-chan? –le preguntó, mirando luego a Rei y susurrando
–A ti te gusta que te sobe.
– Pues… ¿coméis huevo, no? Y hay café… pan y queso – fue interrumpido
por la voz furibunda de Rei, que aún reaccionaba lento por el licor.
–¡Deja de decir idioteces! –Rei tomó la almohada y la tiró contra
la cabeza del rubio con todas sus fuerzas. Yoshi se encogió un poco,
pero igual, el cuerpo de Kamio lo protegía.
Kamio se giró, y cogió la almohada del suelo, caminando con cara
de sádico hacia Rei.
–Así que esas tenemos, ¿no? –le tiró la almohada a la cabeza, y
se agachó, aprovechando que el moreno no veía, sujetándolo de las
piernas para colgarlo a su espalda como un saco de patatas. Comenzó
a darle palmaditas en el culo, caminando junto a Yoshi –. Yo me
haré unos huevos, ¿a que hora empiezan las clases?
–A las nueve, pero no hay que llegar a esa hora – el chico lo miraba
un poco inseguro, mientras Rei profería improperios, golpeándole
la espalda al rubio con furia.
–¿No hay que llegar a esa hora? ¿Oyes, salvaje? –dijo hablando con
Rei –¿Quieres dejar de pegarme? Encima que te paseo gratis –mordió
el culo de Rei, riéndose.
–Ah! –Rei lo miró, cada vez más enfadado –¡No me muerdas el culo,
maldito animal!
Kamio se rió a carcajadas, frotándole la nalga con una mano, y de
paso aprovechando para sobarlo.
–Sana, sana, culo de rana. Si no sanas hoy, sanarás mañana –lo dejó
en el suelo, escapándose unos pasos –¿A que ya no te duele?
–¡Ahg! ¡Eres un imbécil, pervertido! –Rei lo señalaba con un dedo,
mientras apretaba el puño de la otra mano. Buscó con la mirada algo
que tirarle, pero no encontró nada –¡Ya verás luego!
Yoshi, pasó por el medio de los dos como si nada, conectando la
cafetera y regresando al pasillo.
–Puedes servirte lo que quieras, Kamio. Yo me voy a poner el uniforme.
Tú, puedes hacer lo mismo si quieres, Nobo…
–¡Rei! –le interrumpió el chico, aún molesto. Yoshi lo observó muy
serio, antes de encogerse de hombros.
– Sí, claro, Rei –dijo, dirigiéndose a su habitación.
Kamio miró a Rei mientras se hacía un café.
–No deberías ser tan borde con el enano, que esta afectado, tío
–le sonrió de medio lado, en realidad no le importaba demasiado
–, y peor aún, no deberías ser tan borde conmigo que también me
está afectando –se llevó el café caliente a los labios, soplando
un poco –¿Te hago uno, Nobu?
–Cállate, no entiendes nada –lo miró de medio lado, aún algo molesto
–. Además, es mejor que no se haga ilusiones conmigo. No soy su
hermano, y él no es el mío –se acercó al rubio –. Y en cuanto a
ti… –le metió una patada en la pantorrilla – ¡Toma! Por andar sobando
las nalgas de los demás. A ver si eso te deja afectado de una vez
y te comportas –se fue lo más rápido posible hacia la habitación
que le habían prestado, con la intención de ponerse algo limpio.
–No, la verdad. No entiendo nada– dijo Kamio, bebiéndose el café
y dejando la taza en el lavadero mientras se frotaba la pantorrilla.
....
Desde lejos ya se divisaba el instituto. Rei caminaba junto a los
otros dos chicos, con las manos en los bolsillos. Pero siendo como
era, y después de enterarse de que no era necesario llevar uniforme,
había decidido usar su propia versión del mismo. Le había arrancado
las mangas al jersey, el cual llevaba sin camisa ni corbata, y en
sus brazos lucía varias correas y brazaletes de cuero.
Casi iban llegando cuando se cruzaron con unos chicos que iban trajeados,
como los que habían visto el día anterior, sólo que iban por el
camino contrario a la escuela.
–Vagos… –Yoshi los miró con desprecio.
–¿Vagos? ¿Vaguean de traje? ¿Y cómo vaguean? ¿Juegan al fútbol trajeados?
–el rubio apoyó la frente en el hombro de Rei –Esto es insoportable,
tío. No sé si las clases estarán por edad, pero yo me colaré contigo,
paso de aburrirme solo y sentirme todo raro con estos tíos tan chiflados.
–Podéis ir juntos a clase, como nunca has venido, supongo que estarás
atrasado. Es arriba, el tercer salón a la derecha. Yo iré a la mía
¡Nos vemos, Noboru! –se abrazó a Rei antes de alejarse corriendo,
y saludando de lejos con la mano.
–Que es Rei, coño –masculló el chico entre dientes, mirando al rubio
después –Qué lugar tan raro, ¿no? Me pregunto qué harán los vagos
aquí, ¿Cerrar negocios? ¿Discutir tratos?
–No lo sé, pero este mundo es un coñazo –el rubio se rascó un poco
la cabeza, caminando hacia donde Yoshi les había indicado –. Me
pregunto qué coño nos esperará al atravesar esa puerta… –deberíamos
volver a la casa de mi hermano malvado y recoger el manga.
–Pues yo no tengo muchas ganas, la verdad – le sonrió de medio lado,
tocándose el rasguño en el cuello –. Aunque supongo que es lo que
deberíamos hacer. Pero como me mate por tu culpa, regreso y te mato
a ti –empujó la puerta, asomándose.
En el interior, todos los chicos parecían estarse divirtiendo, contando
chistes y riéndose. Era extraño ver un salón tan alegre.
–Yo no sé tú, pero yo me piro al fondo –dijo Kamio, sentándose en
una de las sillas de atrás, todo recostado. Escuchó como la puerta
se abría tras ellos mientras caminaban por el pasillo.
–Hola, buenos días –se escuchó.
–Rei… tu amigo esta aquí.
– Genial – dejó escapar un sonoro resoplido, haciendo que se le
moviera el flequillo, y dejándose caer en una silla alejada, mientras
se cruzaba de brazos –. Como venga con un compás, que hable contigo,
¿quieres?
Kamio lo miró de soslayo, y se levantó de su mesa, suspirando.
–Eres un imbécil… –se sentó a su lado con cara de pocos amigos –¿para
que te sientas y me dejas ahí solo? –cruzó los pies sobre la mesa
y el moreno que había entrado hacía nada, se acercó, colocándose
bien las gafas y mirándolos a los dos –¡Qué suerte! Tenemos aquí
a dos delincuentes en potencia –dijo aplaudiendo.
Todos se giraron a mirarlos, era como si aquel clon suyo fuera un
lider de masas. Kamio se levantó, haciendo reverencias.
–¿Por qué no haces que te caes y me la comes?
Rei alzó la mirada, con una sonrisa de medio lado por el comentario
del rubio, mirando a su gemelo inverso. Era extraño verlos a los
dos juntos.
–Genial, somos delincuentes en potencia, ¿eh? Y debe ser verdad,
porque lo dice un asesino en potencia, ¿no?
El moreno se giró para mirar a los demás que llenaban el salón.
–Me llama asesino… Entran en mi casa sin más, y tratan de decirme
que es la suya. Después se inventan historias, y me faltan al respeto.
¿Qué debería haber hecho? –el resto de los estudiantes parecían
muy de acuerdo con el moreno.
–¡Akira tiene razón! –gritaron varias chicas que parecían alabarlo
–¡Sí! ¡Lamámosle el culo a Akira! Todos juntos ¡Viva Akira! –un
chico de rastas entró en la sala, levantando los brazos y “animándolos”.
Rei giró la cabeza para ver al chico que acababa de entrar. No estaba
seguro de si estaba burlándose del tal Akira, o qué. Después de
todo, puede que en ese mundo el decir “lamámosle el culo” fuera
un halago. Volvió a dirigir su vista hacia el moreno.
–Por supuesto, más claro no puede estar. Si estás en tu derecho
de cortarle el cuello a quien sea, ¿no? –lo miraba con resentimiento.
–¡Por supuesto que lo está, el es Akira, el rey de los monos! –dijo
el mulato riéndose y acercándose con paso firme. Kamio se levantó
inmediatamente.
–¡Oshi! –sonrió de oreja a oreja, impresionado, lanzándose hacia
él y abrazándolo. El chico de rastas lo abrazó, levantándolo un
poco del suelo.
Hacía dos años que su mejor amigo había desaparecido, la policía
había abandonado el caso, se suponía que él mismo había abandonado
su casa, pero él sabía que no era verdad, lo habría avisado.
–¿Así que tú también leíste esa mierda, ¿no?
Rei los miró sorprendido.
–¿Conoces a alguien en este mundo? Debí imaginarlo –ya empezaba
a acostumbrarse a recibir sorpresa tras sorpresa.
–No, yo no soy de esta mierda de mundo, chico, pero apuesto a que
os pasó lo mismo que a mí. Tatsumoto, ¿no? –se encogió de hombros,
pasando por al lado de Akira.
–Este es mi mejor amigo, desapareció hace dos años –explicó Kamio.
–¿Tatsumoto? Increíble… – era alucinante. ¿Habría sido él quien
lo dejó caer entre esos estantes al desaparecer? Pero…dos años.
Eso sí era tiempo –Pues, encantado, pero tienes mal gusto en amigos,
¿eh? Soy Rei.
–Oshi, ¿lo dices por este? –dijo amarrando a Kamio, y metiendo la
cabeza del rubio entre su pecho y brazo –Esto es un niño encantador.
Lo que pasa es que le hace falta un buen polvo –el rubio le pegó
un puñetazo, haciendo que lo soltase.
–Vete a la mierda –se sentó al lado de Rei de nuevo –. Todos estáis
en mi contra.
Akira los miró algo molesto.
–Que bien, ya tenemos a tres iguales para el circo.
Rei le lanzó una mirada, como diciéndole que se perdiese, y volvió
a mirar a Oshi, ignorando al otro.
–Sí que le hace falta, es lo único en lo que piensa –apoyó un lado
de su rostro en la mano, casi con desinterés.
Oshi cogió una mesa y una silla, y las colocó al lado de Kamio,
formando la única fila de tres que había en el aula.
–Sólo bromea, no le hagas ni caso –se cruzó de brazos, mirando a
Akira.
El rubio se acercó a la oreja de Oshi.
–¿Qué te hace estar tan seguro? –le susurró, los dos se rieron mirando
hacia delante
–Qué, sensei. ¿Comenzamos la clase? –Oshi lo miró con cara de superioridad
tras decir aquello.
–¡¿Sensei?!! –Kamio miró a Oshi con los ojos abiertos como platos
–No jodas…
–Genial. ¿Y qué enseña? ¿El uso correcto de armas blancas? –Rei
seguía sentado de la misma manera. Cada vez le parecía más desquiciado
ese mundo.
Oshi se rió con los brazos cruzados aún sobre su pecho.
–No, eso sólo lo imparte en clases particulares – Kamio estalló
en carcajadas.
Akira suspiró, subiéndose las gafas de nuevo, y sentándose en la
mesa del profesor.
–Como ya sabéis, las clases son voluntarias. Así que, si vais a
estar molestando mejor os vais –cerró los ojos, suspirando –. Hoy
aprenderemos a usar las tramas –dijo levantándose, y repartiendo
unos papeles y unas tramas a todos, se paró en la mesa de los tres
“extranjeros” –¿Vais a prestar atención? –meneó la cuchilla de cortar
las tramas, haciéndola girar entre sus dedos.
Rei alzó la vista, desafiante, aunque lo ponía nervioso el que tuviera
una cuchilla en la mano.
–Claro, ¿cómo no? Con un profesor tan carismático como tú –le parecía
una locura que le dejaran andar en un salón de clases de esa manera,
dado el fetichismo punzo cortante que tenía el tipo. Por otro lado,
también era una locura que fuera profesor.
Akira le sonrió, dejando escapar el aire por las fosas nasales y
lanzó la cuchilla a la mesa. Haciendo que se clavara entre Kamio
y Rei.
El rubio pegó un pequeño bote hacía atrás, e hizo ademán de levantarse,
cuando sintió como Oshi lo detenía para que se quedase sentado.
Hizo caso de mala gana y Akira dejó caer las hojas con las tramas
sobre la mesa.
–Ya tenéis cuchilla, imaginé que no traíais.
Rei se inclinó hacia Kamio y Oshi, bastante sobresaltado, pero sin
querer demostrarlo.
–Mierda, este tipo es un demente. ¿Cómo es que le permiten ser profesor?
–Creo que por eso mismo –dijo el rubio con el ceño fruncido, cogiendo
las hojas y echándoles un vistazo, sacando la cuchilla clavada en
la mesa sin dejar de mirar a Akira.
Oshi abrió su mochila y sacó unas Fantas de uva del interior.
–¿Queréis? Os daría algo más apropiado, pero no quiero que me arranquen
la cabeza por hacerlo delante de menores –dijo refiriéndose a las
bebidas alcohólicas.
–En este sitio se pueden lanzar cuchillas a la gente, pero no beber
alcohol… estupendo –Kamio seguía muy contrariado, abriendo su lata
mientras Akira explicaba solemnemente, como si nada hubiera ocurrido.
– Y lo peor, es que lo necesitas para soportar estas situaciones…
–Rei abrió su lata, examinando al resto de la clase. Todos parecían
absortos en lo que Akira estaba explicando. Casi extasiados.
–¿Bueno, y qué tal si nos vamos? –Kamio cruzó los brazos tras su
cabeza, bostezando sonoramente. Apoyó la cabeza en el hombro de
Rei, rozando su nariz contra el cuello del chico ya sonriendo al
pensar en su reacción –¿Nos vamos?
Rei abrió los ojos, sintiendo un escalofrío de sorpresa, y despertando
de su ensimismamiento. Miró al rubio, hablando un poco alto.
–¿Quieres dejar de hacer esas cosas? ¡Van a pensar que somos novios!
–se puso de pie, metiéndose las manos en los bolsillos, aún con
gesto de cabreo –Vámonos. No tengo intenciones de pasarme el día
entero aburriéndome.
Kamio se levantó tras él, sonriendo.
–Pero si te encanta que todos lo piensen, mira cómo lo pregonas
a los cuatro vientos –lo cogió por los hombros, dándole un beso
en la mejilla y apartándose –. No sabía que te fuese a importar
lo que la gente pensase de ti. ¿Qué, tú no vienes, tío?– le pregunto
a Oshi que seguía sentado.
–Vale…– se levantó atándose dos rastas para apartarse el pelo.
–No me importa. Pero tampoco quiero que piensen que ando contigo,
Agh… – se limpió la mejilla con el dorso de la mano. Ya hasta se
estaba acostumbrando a que lo anduviera besando. Era algo casi imposible
de evitar.
Oshi suspiró, colgándose la mochila del hombro y bebiendo de la
lata.
–Tienes razón, ya no lo recordaba. No es broma, es un salido… –apoyó
la mano en el hombro de Rei, como reconfortándolo por tener que
aguantarlo.
Kamio se rió, cogiendo su lata y aplastándola con una mano ya frente
a la puerta. Miró de soslayo, y la lanzó hacia atrás, justo a la
cabeza de Akira. El moreno de gafas tenía la mirada fija en el encerado,
pero la agarró, levantando una mano como si hubiera estado esperándola.
La aplastó más aún, y la lanzó a la papelera sin mirar.
–¡Cielos! ¿Y a nosotros nos llama de circo? –Rei lo miró antes de
salir del salón, y luego miró al rubio –Oye, ¿no te da miedo que
te pueda leer la mente? Como es tu gemelo malvado…
–O eso, o es que es la hostia… – miró a Oshi –¿Qué, tú no tenías
aquí un gemelo albino y raza aria? –sonrió, recibiendo una colleja
instantánea del mayor
–Si, pero lo maté –dijo sonriendo, Kamio lo miró con algo de duda
–¿Estás de coña, no?
Oshi se encogió de hombros, bebiendo lo que le quedaba, y lanzándolo
a una papelera en los pasillos. Rei lo miró con algo de duda. No
lo conocía, y llevaba dos años allí. Tal vez ese mundo te empezaba
a afectar después de un rato. Pero no. Tenía que ser una broma.
–Pues me salvo, yo ya estoy muerto –se encogió de hombros y se acercó
a Kamio, pasándole un brazo por los hombros, sonriendo burlonamente
–¿Y qué, Kamio? ¿Cuando matamos a tu malvado gemelo lanza cuchillas,
atrapa latas, eh?
–¡Nunca! Joder, los dos estáis locos, yo no pienso matar a nadie,
y menos a ese. Que me da miedo –se rió, bajando la mano por la espalda
de Rei y sobándole el culo de arriba abajo, aún con cara de fingida
conmoción, y sin decir nada al respecto.
Oshi miró a Rei sin enterarse de nada.
–¿Qué, tu no tienes un hermano gemelo sádico?
–Idiota! ¿Es que no te puedes estar quieto? –el chico se separó
de Kamio, dándole un empujón, y le dirigiéndole la mirada a Oshi
–No, está muerto.
Kamio se rió, levantando las manos.
–Oye, empezaste tu sobándome, y ya se sabe, ¿no? No des la mano
si no quieres que te tomen el brazo –se guardó las manos en los
bolsillos, sin dejar de reírse –Tiene al hermano gemelo de su hermano,
aunque no sé cual de los dos sería el sádico, porque el de aquí
es kawaii a morir.
Oshi sonrió un poco.
–¿Quién es? A lo mejor lo conozco.
Rei lo miró de medio lado, con cara de querer meterle otro empujón.
–Cállate, aprovechado. Mi hermano no era sádico –volvió a mirar
al mulato –. Se llama Yoshi, ¿sabes quien es?
–De vista –miró a Rei fijamente –, la verdad es que sí, se parece
a ti, va en esta clase creo –dijo dándole una patada a una puerta,
y abriendo el aula.
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