.Novela homoerótica para mayores de edad.
 

Capitulo 5

Pero yo no quiero dormir, quiero beber más sake

Kamio se dejó caer en el sofá, cansado.

–Eres ligero –dijo señalando al del pelo azulado mientras sacaba las botellas –Eso es bueno, se puede follar de pie.

–¿Nunca dejas de decir esas cosas, maldito pervertido? –Rei le metió una palmada por detrás de la cabeza, echándole el flequillo hacia delante, antes de dejarse caer en el sofá también. Estaba cansado de correr.

Yoshi sólo los miraba desde donde se había quedado parado.

–Sois extraños.

–Nosotros no somos los que vamos por ahí disparándole a la gente por comprar bebidas alcohólicas acompañados de menores. Es más, mira –dijo brindándole a Rei la botella sin el tapón –. Se la ofrezco como buen samaritano. Bebe, menor –le invitó sonriendo y apartándola de él de nuevo –. Me pegaste una colleja encima de que te invito.

–¡No seas idiota! Que no me pegué esa carrera porque sí –se echó a un lado, casi sobre el rubio, arrebatándole la botella de las manos. Dejando escapar una risita de medio lado –. Oh, perdón, te pido cosas imposibles –finalizó, bebiendo un trago de la misma botella.

Kamio lo agarró contra él.

–Oh, perdón. Si te lanzas sobre mí, te quedas imantado –le quitó la botella, aún sujetándolo contra él, y sonriendo mientras bebía –. Es lo que pasa con los imanes sexuales –bebió otro trago de nuevo –. ¿Qué? ¿No te animas, Yoshi? –preguntó mientras aún sujetaba, a un no muy conforme Rei.

–Yo… no sé si debería… – el chico lo miraba con curiosidad, pero algo inseguro. Mientras, Rei consiguió quitarle la botella nuevamente a Kamio, empujándolo con su otro brazo para separarse de él.

– ¡Suelta, que no soy tu muñeca hinchable! Agh… –se llevó la botella a los labios, bebiendo de nuevo, y lanzándole una miradita a Yoshi.

–Ya lo serás… – Kamio se levantó, y cogió a Yoshi, sentándolo en sus piernas –Trae la botella – le dijo Rei, aunque más bien se la arrebataba, y se la colocó en los labios como si le diera el biberón a un bebé.

–Idiota libidinoso –Rei se dejó caer hacia atrás, cruzándose de brazos mientras miraba a los chicos. No estaba muy seguro de sí Yoshi debía beber, se veía algo inocente, pero no era su problema. Era decisión del chico.

Yoshi aceptó el trago, que de todas maneras no le quedaba mucha opción, y sentía mucha curiosidad. Después de todo, era algo prohibido. Sonrió, separándose de la botella después de haber bebido un poco más de lo que debería, y se limpió la barbilla con la mano –Sabe bien.

–Claro que sabe bien, por eso no te lo dejan beber. Lo quieren todo para ellos, si tú supieras la de cosas en este mundo que saben bien y aún no has probado –lo cogió abrazándolo –Qué niño más mono, se me cae la baba –miró a Rei, riéndose entre dientes –. Además, como se parece a ti, me ayuda a imaginarme cosas –le puso la nariz en el cuello al chico de pelo azul –Hum… seguro que tú hueles igual –se rió de nuevo y bebió otro trago.

–¿Para qué quieres imaginar cosas conmigo? Eres un asqueroso –le lanzó una mirada de disgusto, a la vez que le arrancaba la botella de la mano –Déjalo en paz, que sólo es un niño –en realidad sólo tenía un año menos que él, pero siempre había visto a su hermano como alguien menor, y este , para colmo, parecía aún más inocente.

Yoshi se acomodó sobre el rubio, sentándose casi a horcajadas, y abrazándose de su cuello, algo mareado por el licor, pegando su rostro al del otro, mirando hacia Rei.

–No entiendo nada, decís que no sois de aquí, y mi hermano insiste en que no es mi hermano, y no me trata bien. ¿Ya no me quieres, Noboru? –a pesar de sus palabras, había una leve sonrisa en sus labios. Rei lo observó con detenimiento, tal vez realmente había sido una mala idea darle alcohol a ese niño. ¿Tendría algún tipo de efecto extraño el licor allí? ¿Sería por eso que eran tan estrictos?

Kamio abrazá a Yoshi, pegándolo más a él.

–Ya, ya. Es que Noboru… –miró a Rei, echándole la lengua –es un desagradable, yo sí que te trato bien y te quiero. ¿Ves, Rei? Aprende, él sí que sabe como tratar a un hombre –le quito la botella, bebiendo el y riéndose después –. Tú no bebas que sólo eres un niño también, luego te pondrás aún más insoportable.

Yoshi se acarició contra el rubio, aún sonriendo.

–Pero yo aún lo quiero… está enfadado conmigo. –Le dirigió una mirada embriagada al moreno –. No quiero que lo estés… –y escondió su rostro en el cuello de Kamio.

Rei se pasó una mano por el cabello, desesperado, y se puso en pie, acercándose.

–No estoy… es que yo no soy… –estaba cansado de decírselo, y además ahora estaba ebrio, y menos lo iba a entender. Miró al rubio, tomándola con él –Agh… esto es tu culpa. ¿Cómo se te ocurre darle sake? ¿Ves cómo tú eres el insoportable? – sujetó al chico por los hombros, despegándolo, o más bien arrancándolo de Kamio –. Ya es suficiente. Es hora de dormir, vamos.

–¡No! No me quites el peluche, eres peor que mi viejo, joder –se acostó en el sofá botella en mano, o mejor dicho botella en boca –. Vale, lo mandas a la cama, pero después vuelve conmigo. Porque si vais a hacer rollo incesto, no me lo perderé por nada del mundo –entrecerró los ojos, mirándole el culo a Rei. Después alzó la vista al techo, satisfecho, no estaba mal. Si siempre estaba salido, cuando bebía era aún peor –. Rei, no me dejes solo en este lugar inhóspito.

Yoshi se abrazó a él, tambaleante, mirándolo a los ojos.

–Pero yo no quiero dormir, quiero beber más sake, y que me cuentes eso del otro mundo. ¿En dónde has estado? Quiero saber…Noboru.

– No, no hay más sake. Y ya te dije que me llamo Rei, coño –lo empujó un poco, separándolo e intentando llevarlo hacia donde estaban las habitaciones. Girándose para lanzarle un grito a Kamio –¡Cállate! Llamarán a la policía con tu escándalo –volvió a mirar al chico –¿Dónde está tu habitación?

–Ya lo sabes.


–No, no lo sé, dímelo –lo miró un tanto exasperado, y el chico señaló con la mano a una puerta al lado de la que había pertenecido a su hermano. Luego se giró, señalando otra más alejada –Kamio duerme allí.

– O.K. –se alejó, llevándolo hasta la suya. De todas formas, no tenía intenciones de dormir con el rubio, ni loco. Además de que no pensaba dormirse tan temprano.

–Cuidado, Noboru. Que te violo por la noche, pobrecito de ti que eres puro, casto y virtuoso, anda que sí – se levantó siguiéndolos, y miró a Yoshi –. Que tu hermano folle es motivo de alegría y regocijo, no de preocupación. Pero aún no te regocijes, a no ser que folle contigo, conmigo tranquilo, que no va a hacerlo –se apartó el flequillo, apoyándose en la pared –Uy… este sake sienta fatal, Rei.

–Y supongo que quieres que me preocupe por ti. Qué bonitas cosas dices delante del niño este –lo miró enfadado, sosteniendo al chico tambaleante con sus manos. Yoshi se reía.

–Pero es gracioso…

–¡No, no lo es! –suspiró con resignación, lo que le faltaba, un admirador de las bromas de Kamio. Bueno, pero sería culpa del licor, él tampoco se sentía muy bien. Abrió la puerta, y empujó al chico dentro de la alcoba, tumbándolo en la cama, y limitándose a quitarle los zapatos y a taparlo con una manta –.Ya está. Ahora, duérmete –pero el chico se sentó sonriendo, y se abrazó con fuerza, cerrando los ojos.

–Estoy feliz de que hayas regresado, hermano.

–Que no soy tu hermano… –le soltó los brazos, dejándolo caer sobra la almohada. El chico se dio la vuelta de lado, ya empezando a dormirse, pero aún murmurando.

–Eres malo, Noboru… Pero aún te quiero.

Rei salió de la habitación, apagando la luz, y cerrando la puerta tras de sí.

–Mierda… – miró al rubio –Dame un poco más de sake, ¿quieres?

–Sí, bebe –dijo apoyándole la botella contra el pecho y sonriendo –. No me gusta ser el único que se emborracha, es como meneársela, me hace sentir solo –empezó a reírse a carcajadas –Joder, pero que simpático que soy, ¿verdad? –se apoyó en los hombros de Rei, remolcándolo hacia el salón de nuevo –. Emborrachémonos, mientras el enano confuso duerme… shh… – hizo una seña para que no hiciera ruido aunque el que lo hacia era él, con sus carcajadas sostenidas. Se tiró en el sofá, dejándose caer –. ¿Qué vamos a hacer, Rei? ¿Estás preocupado?

–No… qué va. Pienso quedarme a vivir aquí para siempre, y ser el reemplazo del hermano muerto –se dejó caer en el sofá, suspirando, y quitándole la botella para beber otro trago. Lo miró de reojo –, pero supongo que a ti te parece muy divertido todo esto, ¿no? –se estaba sintiendo algo mareado él también, y no sólo por el sake.

–Hombre, pues sí, aburrido no es, la verdad –apoyó la cabeza en el respaldo, rascándose las abdominales de nuevo y quitándose la camiseta –, Y me desnudo, para hacer fan service y vender más –abrió la otra botella de sake, y le dio un trago –. No me dirás que no te lo pasas bien conmigo, aunque no me soportes.

–Vale, eres un capullo exhibicionista y entretenido si quieres, pero sólo si me das más sake –Rei se rió abiertamente por primera vez, echando la cabeza hacia atrás –. No sé qué vamos a hacer. Todo es un lío. Si no encontramos ese libro… –ni siquiera sabía si eso les ayudaría en algo.

–Ese libro ya lo encontramos, memo –el rubio se tiró en el sofá, apoyando la cabeza en las piernas de Rei y riéndose –. Si lo leemos de nuevo, tal vez nos devuelva al Japón normal, ¿no? A lo mejor tenemos que leerlo en sentido occidental para ello.
–Memo serás tú con esos chistes –Rei sonrió un poco, aunque a lo mejor funcionaba. Si casi todo estaba al revés… –¿Encontramos el libro? No lo recuerdo, ¿lo tienes? –a lo mejor podían intentarlo.

–Coño, no me maltrates, que no te hago nada con apoyarme en tus piernas, ¿no? – sonrió, apoyándose de nuevo –Si bebo más, moriré… Uf… –lo miró con los ojos a medio cerrar –. Mi devil side lo tenía en su habitación, encima de la cama… que es donde yo estaba cuando desaparecí.

– Genial, ¿esperas que recuerde eso? Si estaba siendo amenazado por el psicópata del abre cartas –dejó escapar un suspiro hacia el techo, entrecerrando los ojos para evitar la luz –. Sí ese lo tiene… estamos jodidos.

–Eh no insultes a mi clon maléfico, no es psicópata, es incomprendido –se enderezó, sentándose al lado del chico –. Pues sí que estamos jodidos –se rió de nuevo, rascándose la nuca.

–Pues la próxima vez, que se haga el incomprendido contigo.

–Mañana iré a clase a ver de qué va eso, ¿vienes? –se apartó el flequillo de la cara.

–Sí, supongo que iré. Si te dejo solo, eres capaz de acabar con el mundo –se llevó una mano a la cara, tapándose mientras se reía –. Mierda, estoy mareado.

–Pues si vas a vomitar no lo hagas cerca de mí, no sabes beber, eres peor que Yoshi –se rió a carcajadas, y se levantó tambaleándose –. Me caigo – dijo apoyándose en la pared, y notando que le fallaba el equilibrio –Voy a ir a la cama a ver de qué va eso ¿vienes? –dijo imitando la invitación para ir al instituto.

–Claro, pero no a la tuya, así que deja de soñar, pervertido –se puso de pie, empujándose con una mano –. Y no me digas que no sé beber, tú ni puedes caminar –se acercó a él, y se colocó su brazo por encima de los hombros –. Venga, te ayudo como a Yoshi, capullo – intentó sostenerlo a pesar de que él, no estaba muy firme tampoco.

–Ayúdame, lo haces sólo para tocar mi torso desnudo –se rió, apoyándose en la pared –. Nos vamos a caer… – sonrió de oreja a oreja –Ya no nos tenemos de pie. ¡Nos vamos a caer !–se puso a cantar felizmente, desentonando adrede.

–Shh… –Rei, se llevó el dedo a los labios, en el gesto universal de silencio, pero igual se moría de la risa –. Eres un idiota, mañana cuando no esté tan ebrio, ya verás la que te voy a soltar –tiró de él de forma insegura.

–No, si me muevo te iras a la cama, y yo me iré a mi cama, que está a doscientos kilómetros, y me aburriré mucho… He bebido demasiado, estoy cariñoso, quiéreme –dijo abrazándose a Rei y muriéndose de risa –Nosotros somos amigos, ¿a que sí?

–No seas pegajoso… – el chico lo empujó un poco, separándolo de sí –. Mejor vete a tu cama, y quiérete a ti mismo.

–Jo, que aburrido eres –dijo apoyándose en la pared –. ¿Te importa que me quede yo en la habitación de difunto? Está más cerca, es más yo me quedo en esta, o me acompañas a la mía, me quitas los calcetines y me arropas como a tu hermano de pega.

–¡No! –gritó un poco más alto de lo que debería, riéndose bajito después –Si te acompaño a tu cuarto, eres capaz de cualquier cosa, salido –se rió un poco más –. Anda, quédate en la habitación del difunto. No creo que tenga importancia, mientras no durmamos juntos.

–OK me quedo en esta parada entonces. ¿Me darás un beso de buenas noches? –lo amarró “poniéndose sexy” y mirándolo a los ojos –No… mejor otro día, ahora tengo ganas de vomitar… ala, hasta mañana.

–Agh –el chico lo empujó, apartando la cara –. No sólo pervertido, además asqueroso. Como me vomites en la cara, me vengaré mientras duermes –dejó escapar la risa, separándose del rubio y apoyándose en la pared, para dirigirse hacia la otra habitación –. Hasta mañana.

–Hum… mientras duerma… cerraré con pestillo. ¡Ah! No tiene –dijo al tiempo que entraba y cerraba la puerta a sus espaldas. Se quitó los pantalones, haciendo piruetas para mantener el equilibrio, y se dejó caer en el colchón con cara de derrotado –. Que sake más fuerte –dijo metiéndose entre las sábanas y cerrando los ojos –. Me preocuparía, si no fuera porque veo manchitas de colores.

Rei se fue arrastrando por la pared hasta la habitación. Con el mareo que llevaba encima, sí que se sentía lejos. Abrió la puerta, entrando y cerrándola tras de sí. Prácticamente ni miró lo que había alrededor. Una vez encontró la cama, se dirigió tambaleante hacia ella, sacándose los zapatos con los pies, y se dejándose caer boca a abajo en ella, abrazándose a la almohada.


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