| Capítulo 60- Don't Turn Away
From Me
Kanbei se irguió en la cama, apartándose el cabello
con una mano antes de recostar la espalda contra la pared. Observó
a Kin, notando que estaba casi al borde del colchón y lo
atrajo hacia él, sujetándolo con una mano, aunque
dudaba que se cayera. Se preguntaba si ahora iba a molestarse porque
lo hubiera despertado.
- Siempre me despiertas – protestó, en efecto el chico,
aunque sonriendo al verlo. – Es extraño...
-¿El qué? ¿Estar en tu cama?- lo miró
a los ojos pensando que efectivamente se había molestado
–Estabas al borde de la cama… pero la próxima
vez, dejaré que te caigas, así tal vez me agradezcas
propiamente.
- Nunca me caigo de la cama... – refunfuñó,
cohibido ahora, pero sin dejar de mirarlo, ni apartarse. –
El que estés en mi cama, sí.
-Siempre hay una primera vez para todo… duerme de nuevo si
tanto te molesta…- se sentó en el colchón apoyando
las manos en las rodillas como si tuviera algo importante que hacer,
levantándose finalmente.
- No, una vez que me despierto ya me es muy difícil volver
a dormir. – Kin se sentó en la cama, siguiéndolo
con la mirada. - ¿Qué vas a hacer?
-No lo sé… desahogarme en algo…- sujetó
la katana saliendo del cuarto y pensando que aquella casa era muy
pequeña, entrando en una sala con cajas, pensando que aquello
serviría y bajándose el yukata por la parte de arriba,
atándoselo y dedicándose a practicar con la espada,
de nuevo renegando del tamaño del cuarto. Pensando que debía
recogerse el cabello, aún así sin hacerlo.
Kin salió poco después, habiéndose lavado
la cara y los dientes, observándolo y preguntándose
si estaba molesto. Dudaba que estuviese nervioso. - ¿Ahora
qué hice? – preguntó frunciendo el ceño,
y sin poder evitar fijarse en su torso desnudo y la manera en la
que caía su cabello.
-Nada- el moreno se mantuvo mirando a la pared mientras seguía
practicando, mirándolo de soslayo -¿Por qué
no has seguido durmiendo?
- Se me hace difícil ya te lo dije. – le repitió,
preguntándose si es que le estaba prestando atención
siquiera.
-Te escuché, pero si permaneces en la cama, finalmente acabas
por dormirte…- el moreno lo miró de frente, sujetando
la espada con los dientes mientras se recogía el cabello.
Tomó la espada de nuevo, observándolo –No comprendes…
algo tan simple…
- ¿Eso qué quiere decir? ¿Volvemos a las mismas?
– frunció el ceño, ahora sí molestándose
y girándose para regresarse al cuarto.
El moreno lo observó irse y se pasó la mano por
la frente, sin comprender por qué había de ponerse
así, deseando seguir allí encerrado. Sin embargo,
alzando la espada y poniéndola contra su cuello tras pasar
a su lado, mirándolo a los ojos y rasgándole el cuello
con el filo al aproximarse más –No huyas así.
- ¿Qué demonios te sucede?!!!! – le gritó
el chico alarmado, preguntándose si sí estaba nervioso
y era su manera de expresarlo. – No estás teniendo
una regresión, o algo así, ¿verdad?
-Claro que no- el moreno lo miró aún más serio
sólo por no reírse de lo asustado que se veía
–Me preguntas qué quiero decir y luego te vas, dando
por hecho, que me has comprendido o tal vez sí y esa sea
tu reacción a que te dijera que no comprendes mi comportamiento-
enfundó la espada observándolo y deslizando un dedo
por el corte que ya cerraba, lamiéndose casi de forma inconsciente
–Pero si me he ido ha sido por no incomodarte…
- Pues si no querías incomodarme, hubiera ayudado no ponerme
la espada al cuello- refunfuñó, rojo por haberse asustado
así y desviando la mirada. – Tus palabras, me hiciste
sentir como un idiota.
-Eso es porque siempre piensas mal y por si fuera poco, también
crees que lo sabes todo- alzó el rostro, orgulloso, observándolo
de ese modo –No quería incomodarte y por eso me fui
del cuarto, ahora sí quería, ya que de todos modos
lo estabas…- alzó una ceja y se cruzó de brazos.
En realidad estaba jugando pero veía que cada vez se cabreaba
más.
- Pues qué considerado. – aún frunció
más el ceño, desesperado. – No creo que lo sé
todo y no siempre pienso mal. Tú también piensas mal.
-Cierto, existen algunas excepciones- bajó la cara mirándolo
a los ojos y pensando que era un niño. Le apoyó la
mano en el pelo revolviéndoselo un poco.
Kin resopló, apartándose. – Eres imposible,
me voy a duchar – murmuró, dirigiéndose al baño.
-¿Y por qué me lo dices? ¿Es para que vaya
a verte?- lo observó, cruzando los brazos de nuevo, sonriendo
un poco ya sin poder evitarlo más.
Kin sólo lo miró, serio, y rojo, claro, sin decirle
nada, alejándose de nuevo. Ya sabía que lo contrariaba
a propósito.
El moreno lo siguió, apoyándole la mano en el hombro
y girándolo hacia él para besarlo, mirándolo
a los ojos por si pensaba en resistirse.
Y efectivamente se resistió, apenas un poco, antes de rendirse
y devolverle el beso, susurrando luego. –“Eres un necio”
-Lo sé- lo miró a los ojos serio –Quería
tomarte, por eso me fui… creía que era obvio.
- No lo era – sentenció pensando que para eso, no
era él el primero en huir. – Desperté feliz,
en tus brazos.
-Tal vez debiste demostrármelo en vez de protestar- lo miró
a los ojos igual de serio –De todos modos, ahora iré
a leer… mientras te aseas.
- Estaba sonriendo. Creí que era suficiente. –suspiró,
pasándose una mano por el cabello.
-No si antes frunces el ceño y protestas. Si hubiera sucedido
al revés, te habrías sentido mal ¿cierto? Aunque
yo no me sentí de ningún modo.
- No claro – suspiró de nuevo, girándose, y
enrojeciendo con anticipación. – Te quiero, Kanbei.
-Yo también te amo- lo sujetó por los hombros aproximándose
a su espalda –Ve a bañarte. Te estaré esperando
mientras sigo con la espada.
- Ya iré. Trata de.... no cortar nada a la mitad –
le sonrió por fin, observándolo de soslayo y entrando
al baño.
-No lo haré…- lo dejó marchar, observándolo
y preguntándose si sería mejor seguir buscando ciertas
cosas de otro modo a sus espaldas. Seguramente de ese modo discutirían
menos. Sería lo mejor.
|