.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 56- In my Life

Kin le soltó el cabello a Kanbei, más que nada imaginando que se recostaría, al verlo tan incómodo en ese sillón. - ¿Estará bien hacerlo mañana?

-Supongo que sí, eso espero… ya me encuentro mucho mejor…- se dejó hacer, agradecido por sus cuidados aunque sin decir nada al respecto. Se sentía mucho mejor ahora que lo hacía por propia voluntad. Antes le enervaba aunque no comprendiese el motivo hasta tiempo después –Me gustaría ver tu cuarto…

- No es la gran cosa – sonrió, pasando los dedos por aquel cabello negro y suave, y dejándolo caer de nuevo, volviendo al frente para sujetar su mano. – Ven conmigo. – Lo guió hasta su habitación, mostrándole el cuarto escasamente amueblado con un escritorio, sobre el cual se podían ver una cantidad de libros esparcidos, algunos marcados por página. Y algunos no precisamente de estudio se encontraban en un pequeño librero al lado del escritorio. La cama que dejaba claro que hacía noches nadie dormía allí, y una mesita de noche, con un vaso vacío, que ya no era necesario.

El moreno soltó su mano con suavidad, observando el cuarto, pasando la mano por el escritorio y los libros, leyendo en las portadas de estos. Era duro ver aquellas cosas y percatarse de todo lo que le había arrebatado, ahora que lo amaba… -¿Lo echas de menos?

- Un poco, pero ya te he dicho que volveré a tomar las clases... – le sonrió, observando cómo se movía. De veras parecía una aparición de otros tiempos ahora que lo veía en el contexto de lo que había sido su vida. – Y prefiero estar contigo ahora.

Kanbei lo observó fijándose después en los libros de filosofía y psicología que había sobre la mesa “la mente criminal” leyó atentamente. Sujetando el libro y abriéndolo por donde estaba marcado –Es un libro bastante complicado…- susurró como intrigado sobre por qué leería esas cosa por mas que le interesase la psicología –Aunque tampoco te imaginaba leyendo algo más simple… - se sentó en la cama. Recostándose un poco en el colchón –Es un poco pequeña para los dos…

- Puedes usarla tú, no me importa dormir en el sofá. – le aseguró, imaginando lo incómodo que estaría. Además de que su cuerpo era más grande que el suyo. – Es algo que me interesa..... lo estaba leyendo ese día. Cuando me atacaste, estaba seguro de que eras algún maniático.

El moreno lo miró riéndose entre dientes -Maníaco dirás… maniático… tal vez un poco también lo sea, pero no creo que eso sea muy peligroso… Dormiremos en la misma cama, encontraremos el modo…- deslizó la mano por la colcha –Huele a ti...

Kin enrojeció violentamente, cohibido. – Bueno, eso, lo que sea. – se acercó, sentándose a su lado. – Soy el único que duerme aquí.

-Te sientes más cómodo en tu casa ¿cierto? Más seguro…- lo miró, apoyándole las manos en los hombros, echándose más atrás y masajeándolo serio, meditando.

- Sí, creo que sí – exhaló, sintiéndose relajado tan sólo por sus manos. – Pero me estaba acostumbrando a llamar “casa” a ese piso.

-Encontraremos un lugar al que podamos llamar casa ambos…- lo atrajo hacia él, recostándolo contra su pecho y acariciándole el cabello –Que no esté lleno de recuerdos.
- Sí, eso sería agradable. Una nueva vida. – sonrió, cerrando los ojos, dejándose acariciar. Se sentía tranquilo entre sus brazos.

-Me hace sentir mal… haberte arrebatado tu vida…sin darte opción alguna…y esto me lo recuerda… todas tus cosas… de cuando era un humano…- sintió el teléfono sonar y se sorprendió de pronto por el sonido –Están llamando… - lo soltó para que fuera a atender.

Kin se puso de pie, dirigiéndose al teléfono, incrédulo de que lo llamasen y a esa hora además. – Hola.... ¿Toshi? – suspiró al escuchar la voz del chico al otro lado. –No, no me he desaparecido, sólo... Sí, ya sé que no regresé a la fiesta.... Que no es eso! – enrojeció de pronto, preguntándose si el otros e callaría el suficiente tiempo como para dejarlo completar una frase.

- ¿No es eso? ¿Se te murió alguien entonces?

- Algo así... – contestó Kin, sonriendo por sus propios motivos, y más al escuchar la pausa al otro lado de la línea.

- ¿De veras? No sabía. ¿necesitas algo? ¿Quieres que vaya?

- No... no, no, Toshi! Toshi, que no! – se empezó a desesperar de nuevo al escuchar cómo le insistía. Era capaz de ir sin hacerle caso. – No volveré a hablarte si vienes! Tengo compañía!- suspiró ante el silencio en la línea.

Kanbei lo observó atento, atendiendo aquella conversación más en la mente de Kin que por lo que escuchaba en su voz, por lo que veía era un amigo. Sonrió por la amenaza del chico sin poder evitar reírse finalmente –Si viene… no es como que me lo vaya a comer…

Kin lo miró, distraído por un momento y escuchando los gritos emocionados del chico al otro lado del teléfono. - ¿Quién es ese? Lo oí! Lo oí!

- Tienes oído de murciélago... – refunfuñó Kin, sonriendo un poco y decidiéndose. – Es mi novio, ya te lo presentaré, pero sólo cuando me hayas comprobado que te sabes comportar.

- Malvado...

La conversación continuó así por varios minutos hasta que Kin convenció al chico de que los dejase solos por ahora, finalmente colgando. – Es el amigo que me invitó a esa fiesta... Le he prometido que te conocería.... dentro de dos noches.

-Tendré que agradecerle entonces…- sonrió levemente, mirándolo y desviando la vista pasándose una mano por el pecho entre las telas del kimono, preguntándose si no les habría ocurrido nada para entonces –Está bien… que se preocupe tanto por ti, es un buen amigo…- lo miró de nuevo, observando sus ojos y pensando que mejor sería haberse conseguido ropa para entonces o seguramente se quedaría acostumbradamente alucinado.

- Sí, lo es – sonrió con algo de dulzura, acercándose de nuevo al moreno. – No he olvidado lo que dijiste antes. Pero lo que realmente deseo, es que seas parte de mi vida ahora. No me has arrebatado nada.

-Está bien… tendré que pensar de ese modo entonces…- le sonrió débilmente porque de todos modos, aún le costaba pensar en el cambio que había tenido su vida desde que lo tuviese completamente. Lo atrajo hacia él, girándolo un poco y abrazándolo contra su pecho –Le dirás a él… ¿lo que eres?

- Aún no, tal vez.... más adelante. – respondió, dejándose abrazar dócilmente. – Pero es tiempo de que tome control sobre mi vida, en vez de dejarme llevar.

-¿Por mí?- preguntó mirándolo y pasándole la mano por el cabello, recostándose en la cama y observando sus ojos.

- No es tu culpa, es mía. Me he contentado con dejarte tomar todas las decisiones. – le sonrió ligeramente porque no quería que pensase mal. – Y además, como ves, no te he introducido en mi vida.

-Tómate tu tiempo… no es algo fácil de asimilar…- le pasó la mano por el brazo y se levantó porque comenzaba a sentirse adormecido. Se quitó el kimono y apoyó la katana sobre la tela azul, cubriéndose con un yukata, pensando en que sus cosas estaban aún amontonadas desde que se fueran de la otra casa –Tu amigo pensará que soy tu padre…

- Por supuesto que no! ¿Por qué dices eso? – Kin se levantó quitándose los pantalones y volviendo a sentarse en la cama. – Pensará que eres muy atractivo. – refunfuñó, enrojeciendo y en realidad diciendo lo que él pensaba.

-Yo creo que él piensa que tú lo eres…- se rió sentándose en la cama a su lado –¿Vas a dormir con esto?- sujetó la tela de la camiseta con una mano.

Kin suspiró, pasándose la mano por el cabello, y poniéndose de pie. – Supongo que ya no.... Y es sólo un amigo – le aseguró por si acaso.

-No me sentía amenazado…- sonrió observando cómo se contrariaba levemente por su pregunta –Si metes en tu cama ropa con la que has estado por la calle… la ensuciarás… al menos ponte otra limpia…

- Ya lo iba a hacer... – exhaló con fuerza, buscando una camiseta limpia y cambiándose sin pensarlo mucho.

Kanbei sonrió observándolo –No sé por qué te molestas…- se acostó siguiendo las líneas que dibujaba la ropa en su cuerpo con la vista.

- Por nada – sentenció el chico acostándose a su lado, rojo, y seguro de que sí lo sabía, si podía leer su mente. Igual, no estaba molesto realmente.

-Está bien…- pasó el brazo por debajo de su cuello mientras lo acercaba a él con el otro, sujetando su cintura y deslizando la mano bajo su camiseta para acariciarle la espalda, cerrando los ojos y besándole los labios.

Kin cerró los ojos también, devolviéndole el beso sin protestar, enrojeciendo.

Kanbei entreabrió los ojos observando su piel y los labios húmedos –Descansa- le susurró contra los labios por no apartarse.

 
 

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