| Capítulo 52- The Troubled Mind
of a Mind Reader
El vampiro abrió sus ojos magenta en la oscuridad de la casa,
girando su rostro para observar al chico a su lado, recordando lo
ocurrido el día anterior. Aún no se sentía
recuperado, en realidad se encontraba bastante mal ahora que no
estaba eufórico.
Kin se movió en sueños, protestando, frunciendo el
ceño, e inconscientemente pegándose más al
vampiro.
Lo abrazó con fuerza, aproximándolo aún más,
aflojando de nuevo el abrazo, débil. Le besó el cabello
susurrando –“Te amo”- susurró en bajo,
besándole los labios .
Kin se despertó, rojo instantáneamente, observando
su rostro, pero sin resistirse al beso. - ¿Desde cuando estás
despierto?
-Hace poco… estoy cansado, no me encuentro muy bien, pero
debemos irnos… después de lo sucedido anoche…-
le acarició el cabello, apartándole el flequillo.
- Pero aún es de día, ¿no es así? –
lo miró, preocupado. – Deberías dormir un poco
más, descansa....
-Sí… aún es de día pero no consigo dormir…
tengo una casa, en otro lugar, en las afueras, iremos allí…
mientras no conseguimos un nuevo piso en la ciudad… ¿Está
bien?
- Iré a cualquier lado, contigo. – asintió,
sentándose y estirándose un poco. – Anoche,
estaba algo alterado...
-Yo también… ambos lo estábamos y lo siento…
- permaneció acostado, acercándose a él y apoyando
la cabeza en sus piernas, acariciándolas –Qué
suave eres…
- Puedo ver que estás tranquilo ahora – sonrió,
enrojeciendo, sintiendo como si su sólo toque lo encendiera,
pasando la mano por los negros cabellos.
-Sí, lo estoy… y me alegro de haber vuelto a la calma
que me habías proporcionado…- aspiró profundo,
oliendo su piel blanca, acariciándole los muslos, subiendo
entre las ropas –No te has quitado el kimono… - sonrió
complacido.
- No, no quería dormir desnudo... – se excusó,
enrojeciendo más, observando cómo subía su
mano.
-Oh… creí que lo habías hecho para hacerme
feliz…- susurró mirándolo de soslayo, sonriendo
levemente, sus colmillos asomando blancos.
- Claro que lo hice por eso! También.... – murmuró,
desviando la mirada, preguntándose para qué le decía
esas cosas si ya lo sabía.
- No es necesario alterarse…- el moreno cerró los
ojos, descubriendo sus piernas un poco más y observándolo,
entreabriéndolos, deslizando los dedos por la tela blanca
de la ropa interior, dibujando la forma delineada de su sexo en
la tela.
Kin contuvo un gemido, su sexo delatándolo al reaccionar,
y apretó una mano contra la almohada, la otra aún
sobre la cabeza del moreno, pero sin moverse.
-Siempre tan sensible…- susurró, acariciándolo
con la mano, forzando que la sangre hinchase su sexo hasta erguirse
por completo. Le separó las piernas con suavidad, oliendo
su sexo a través de la tela antes de besar el contorno de
sus testículos, acariciando la tela con la lengua, mojándola
para dejar entrever el sexo del chico.
El gemido por fin surgió de entre los labios de Kin, aunque
estaba pensando “Y tú siempre tan.... siempre tocando”
Pero no dijo nada, por cómo lo había pasado por la
noche, lo mucho que había dicho que lo deseaba.
El moreno se irguió, sentándose, levantándose
como podía y sentándose en el suelo cogiendo una libreta,
leyendo algunos números. Se apartó el pelo suelto
que cayó de nuevo lacio sobre su rostro y lo dejó,
ayudándose a contrariarse aún más.
- ¿Ahora qué te sucede? – preguntó el
chico poniéndose de pie y sentándose a su lado, quisiera
o no. - ¿No que estabas tranquilo?
-Y lo estoy… busco un teléfono para realizar una llamada…
No encuentro que sea una conducta muy iracunda ¿o me equivoco?-
pasó las hojas sin mirarlo siquiera, lo cierto era que lo
turbaba verlo con aquellas ropas. Frunció el ceño
encendiendo un cigarro y aspirando profundamente.
- Puedo saber cuando algo te molesta, Kanbei. No soy tonto. Y tú
tampoco. – se levantó de nuevo, dirigiéndose
hacia la ventana y deteniéndose antes de descorrer la cortina.
Casi lo había olvidado en su enfado.
Kanbei apartó la libreta a un lado, observándolo
y suspirando profundamente -¿Para qué quieres saberlo?
- Tú sabes por qué. – bajó el rostro,
enrojecido, pero serio. – Te quiero, no deseo que te apartes
de mí.
-No lo haré…- susurró observándolo fijamente
–Aunque me moleste, jamás me he enfadado contigo en
realidad…- se cruzó de brazos incorporándose
más sentado sobre sus piernas mientras fumaba –No estoy
molesto contigo.
- Entonces, ¿por qué te separaste de mí? No
sueles comportarte así – lo miró de reojo, alzando
la mirada completamente luego.
-No deseabas que te tocase y a tu lado no dejaría de hacerlo…
es simple…- susurró, serio, dejando salir el humo,
pensativo.
- No es que no quiera que lo hagas! Es sólo que.... –
suspiró, preguntándose para qué leía
su mente entonces. – Siempre... me da vergüenza.
-No, si así fuera no estarías pensando que siempre
te estoy tocando, eso es que te molesta, no quiero hacerlo si no
lo deseas, así no me complaces… sólo me disgusta…
no tiene importancia, no tienes por qué desearlo cada vez
que yo lo haga, Kin… está bien…ven a mi lado…-
se sentó en el cojín de nuevo, de medio lado.
- No te estaba rechazando.... – protestó el chico,
pero yendo a sentarse a su lado. – Y no es que no te deseé,
pero me nublas la mente. A veces, sólo quiero estar a tu
lado.
-Sólo quería tocarte, no es como que esté
en posición de hacer algo en estos momentos… como comprenderás…
pero dejemos el tema, no pienso discutir sin motivo…- lo sujetó
para sentarlo entre sus piernas apoyándolo contra su pecho
y rodeándole el cuello con la mano.
.- Yo siempre... salto a conclusiones – se excusó,
suspirando, porque tampoco deseaba discutir, y ya le costaba confesar
eso.
-Está bien, Kin, no tiene importancia…- abrió
la libreta de nuevo, delante del chico, pasando las páginas
y llamando a un número que comunicó por demasiado
tiempo. Lo colgó suspirando, pensando que debería
llamar en otro momento.
- ¿A quien estás llamando? – preguntó
curioso, y por seguir su consejo de cambiar de tema, a pesar de
seguir contrariado.
-A un hombre que me consiguió este piso… no le preocupa
atenderme sólo por las noches y no hace preguntas estúpidas…
No quiero contactar a otro…- suspiró con fuerza sintiendo
que aún estaba molesto. Inevitablemente, le acarició
el pecho por el agujero entre la ropa, subiendo los dedos por su
cuello, acariciándoselo, deslizándolos por sus mandíbulas
y su rostro, apenas rozándolo.
Kin se echó hacia atrás contra su pecho, dejándose
acariciar, esta vez sin protestar ni siquiera en su mente. –
Tal vez.... sólo trabaja de noche.
-No… también trabaja por las mañanas…
tal vez ha muerto… era un anciano… Deberé encontrar
a otro si no consigo encontrarlo. Por lo pronto, esta noche nos
iremos de aquí… mientras me recupero… será
lo mejor… aunque eso les dé tiempo a ganar fuerzas
por su parte… pero…- se quedó callado pensando
en Youki.
- Pero.... – lo miró, preocupado, añadiendo.
– Podemos quedarnos en mi piso, por unas noches, es... un
dormitorio de la universidad. Pero no se supone que lleve a nadie.
-Kin… ya has dicho que vendrías conmigo a mi casa…-
le recordó sin comprender su preocupación repentina
–Lo mejor será salir de la ciudad… aunque si
estás tan reticente…
- No estoy reticente, pero... me preocupa lo que dijiste, que se
recuperen. Vinieron a por ti, lo sé. – confesó,
recordando al chico de cabello celeste, y preguntándose si
de veras no habría sido una trampa. Le parecía extraño.
-Sí… lo sé, querían vengarse de que
hubiera magullado a ese vampiro de cabello azul… pero el moreno
deseaba también mi poder… por eso quería beber
de mí…- explicó lo que había sentido
al haber mordido a los vampiros –Iremos a tu casa…-
“aunque probablemente sea incómoda”, puntualizó
mentalmente.
- ¿Estás seguro? – lo miró desconfiado,
suspirando. – Tal vez no debí decir nada.
-Sí, estoy seguro, iremos a tu casa… ¿Por
qué no deberías haberlo dicho?
- Porque ahora siento que pelearás con ellos, incluso arriesgándote....
– aclaró, sentencioso.
-No, lo haría de todos modos…- le alzó la cara,
bajando la vista para poder observar su rostro -Debemos detenerlos,
no podemos permitir que hagan lo que tienen pensado, sería
terrible…
- Lo sé, pero me asusta. Y sé que no podrás
solo... – insistió, mirándolo a los ojos.
-No… lo sé- de nuevo pensó en Youki, seguro
de que no le haría mucha gracia que cualquiera pudiera verse
tan hermoso como él. Torció una sonrisa en los labios
–Aunque sólo sea por egocentrismo, Youki no permitirá
esto… Los dos juntos… eso sí cambiaria el curso
de los acontecimientos…
- Creí que se detestaban. – murmuró recordando
la cara del moreno y cómo había hablado luego de aquel
chico. – No vas a decirme que no vaya ¿o sí?
Sabes que no obedeceré.
-Pues entonces no tiene caso alguno hacerlo, aunque podría
ordenártelo de tal forma que no tendrías más
remedio que obedecerme…- suspiró con fuerza, casi gruñendo
un poco –Pero esta vez llevaré mi katana…
- No se te ocurra ordenármelo. – le advirtió,
serio, dirigiendo su mirada hacia la katana, recorriéndola
con la vista.
-¿Quieres usar una katana?- preguntó, siguiendo su
mirada, sin contestarle a lo otro porque no estaba seguro de hacerle
caso a esa petición en el momento final.
Kin negó con la cabeza, confundido. – No... no sabría
usar una. Me preguntaba por qué no conservaste la tuya.
-Sí la conservo, sólo que está guardada…-
lo apartó con cuidado, levantándose y abriendo una
caja negra, sacándola de allí protegida por una tela
dorada. Se sentó sobre sus piernas, desenvolviéndola.
La desenfundó ante él mostrándosela.
- Y ¿por qué la mantienes guardada? – preguntó
aún, observando la katana en manos del moreno, el brillo
de su hoja.
- … no volví a usarla cuando encontré la suya…-
la enfundó de nuevo, envolviéndola con cuidado como
si fuera a dañarse con eso.
- Lo suponía – suspiró, permaneciendo luego
en silencio, simplemente porque le parecía una tontería
haber preguntado aquello.
-¿Te molesta pensar en él?- lo miró apoyando
su katana sobre las piernas del chico.
- No es eso... Es sólo... es algo estúpido, lo sé.
– sonrió, pasando los dedos por la katana como si se
tratase de una extensión de Kanbei.
-No, es comprensible, usaré mi katana, guardaré la
suya…- se levantó cogiendo la otra y usando el paño
dorado para cubrirla.
- Gracias – sonrió un poco más, observándolo.
– No quiero que pienses que te impongo nada.
-Sé que no, es lo justo y realmente no necesito usarla ya…-
cerró la caja guardándola en el armario, observándola
al fondo del mueble antes de cerrar la puerta. Se sentó a
su lado sujetándole la cara antes de besarlo –Estoy
seguro de que ha sido un castigo por tanta sangre que he derramado,
el que hayas tardado tanto en nacer…
- No, tal vez aún no estabas listo para mirar a otro. –
respondió, besándolo ahora él, con suavidad,
alzándose un poco.
El moreno sonrió pensando en sus palabras –Miré
y toque a muchos, pero aún así no eran nada más
que cuerpos…
- Sabes a qué me refería – se sentó
de nuevo, frunciendo el ceño, rojo, de nuevo pensando que
no debió decir nada si se iba a poner así.
-Celoso…- susurró sonriendo, levantándose –Iré
a dormir… me siento cansado, lo siento.
- No, no te disculpes, es normal – lo miró, refunfuñando
luego. – No estaba celoso.
-Bien, entonces yo, estaba confundido…- se recostó
sobre las sabanas, cerrando los ojos y mirándolo de soslayo
–Si no vas a hacer nada, acompáñame…
- Eres tú quien me despertó – volvió
a protestar, acostándose a su lado, y pegándose igual,
aunque con cara de seriedad absoluta.
-¿Qué ocurre ahora?....- murmuró el moreno,
abriendo los ojos para observarlo, hablando con algo de cansancio
como rebelando que perdía la paciencia por momentos.
- Na... nada! ¿Por qué piensas que sucede algo? –
se sobresaltó, quedándose quieto, como si eso fuera
a ayudar en algo.
-Por tu rostro, porque ahora estás nervioso y me has levantado
la voz… porque leo tu pensamiento…
- No estoy... No deberías leer tanto en mí –
se quejó, bajando más el rostro, rojo, resignado.
– Quería acercarme a ti, y me da verguenza y prefiero
no evidenciarlo, ¿vale?
-Vale- el moreno cerró los ojos, abrazándolo entonces
contra su pecho, acariciándole el cabello hasta que se quedase
dormido.
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