| Capítulo 41- Coming Alive
-¿Dónde vivías con tus padres?- Kanbei lo
observó mientras lo llevaba sujeto de su brazo, Se sentía
agradable caminar con él, la noche ya no era solitaria. Miró
delante de nuevo observando las calles. Tampoco sentía aquella
sed de sangre inagotable ya, como si Kin fuera la única vaina
capaz de cerrar su espada. Le acarició la mejilla con suavidad.
- En Niigata. En realidad nací aquí, pero mis padres
se mudaron poco después de eso.... – le sonrió,
sonrojándose un poco porque le acariciase la mejilla, aunque
le agradaba la manera en la que lo trataba ahora.
-¿Tienes hermanos?- lo miró de soslayo observando
su sonrojo y sonriendo levemente.
- No, siempre quise tener uno. – negó con la cabeza
mirándolo. - ¿Y tú? ¿Tenías hermanos?
-Tenía un hermano pequeño, pero murió en la
batalla antes que yo- lo sujetó por la cintura subiendo la
mano por su espalda, acariciándosela.
- Lo siento.... No debí preguntar – murmuró,
apenado. Seguro le había dolido aquello.
-Tranquilo… ha pasado demasiado tiempo ya… tanto, que
apenas recuerdo su rostro casi- deslizó las manos por su
cabello revolviéndoselo y observando el color violeta brillando
con diferentes matices –No quiere decir que ya no lo ame,
sólo que la herida se ha cerrado.
- Comprendo, debió ser duro. – se recostó contra
él, abrazándose de su brazo. – Quisiera haberte
visto en ese entonces. Seguro que todos te admiraban.
-Pero prefiero que no hayas nacido en esa época, aunque
haya tenido que esperar siglos para conocerte…- lo observó,
pensando que lo amaba, era una sensación extraña,
fuerte –Aún tenemos toda la eternidad. En más
de una ocasión pensé en matarme…
- Me alegra que no lo hayas hecho. ¿De verdad, nunca conociste
a nadie más? ¿En todos estos años?
-Nunca, aunque tampoco he estado abierto a ello… nadie que
llegara a amar, salvo de quien te hablé, aunque nuestra relación
sea incomprensible para ti- sonrió un poco pensando en la
cantidad de cuestiones que le había planteado al contarle
aquello.
- Supongo que soy muy de mi época – suspiró,
aún pensando que él hubiese luchado por sacar aquello
adelante. - ¿Aún piensas en él? De... esa manera
quiero decir. – preguntó, cohibido de nuevo.
-Solamente te amo a ti, pero desde luego que pienso en ocasiones
en él, no se merece mi olvido, aunque ya no ocupe el mismo
lugar en mi corazón, lo comprendes ¿cierto?- se detuvo
frente a él, observándolo y llevándose sus
manos al cuello sujetándole la cintura después y besándolo
profundamente. Observando sus ojos.
- Lo comprendo – susurró contra sus labios, los ojos
entrecerrados, buscando su mirada, para abrirse más al encontrarla.
-Dime Kin… tras visitar a tus padres ¿no querrías
viajar a otros lugares? Ver siempre la misma noche… puede
hacerse insoportable, a pesar de que estemos juntos…
- Por supuesto que me encantaría viajar. – asintió,
sonriendo levemente. – Pero volveré a la universidad,
y terminaré mis estudios. Lo he decidido.
-Es lo que deberías hacer…- le acarició el
rostro con suavidad, deslizando una mano por su cuello y observando
de soslayo a un chico que caminaba -¿Tienes sed?- lo miró
a los ojos, besándole los labios de nuevo.
- Sí, pero seguiré sin matar a nadie, si está
bien contigo – le sonrió, seguro de que pensaba que
era un blando, pero no aceptaba la idea de quitarle la vida a alguien.
-Está bien… - sonrió levemente extendiendo
luego la mano hacia el chico, que lo miró a los ojos –Aproxímate…
- lo llamó hasta que sujetó su mano, atrayéndolo
entonces hacia él y abrazándolo con firmeza. Inclinándole
la cara a un lado para observar su cuello –Adelante…
Kin mordió su cuello, tratando de no hacerle mucho daño,
aunque dudaba que lo sintiese, así como estaba observando
a Kanbei. Succionó su sangre, escuchando sus pensamientos,
mirando al moreno de soslayo también.
-Precioso…- le acarició la mejilla con delicadeza,
inclinando la cara para morder al chico en la garganta, bebiendo
la sangre que manaba de él y sintiendo su placer, sus ojos
observando los de Kin, que inevitablemente se sonrojó, sintiéndose
excitado, sin dejar de beber del chico, sintiéndolo más
débil, pero sin que siquiera intentase poner resistencia.
Kanbei se apartó de su cuello, notando que Kin no se detenía
y sonrió, dejando de beber de él para que luego no
fuera a disgustarse, apartándolo del chico que apoyó
a un lado contra la pared. Abrazando a Kin con fuerza y besando
sus labios apasionadamente, aún manchados con la sangre del
humano. Le rajó la lengua bebiendo de él tan sólo
un poco, deleitándose en el sabor de su sangre, disfrutando
de las sensaciones que le trasmitía. Percibiendo su excitación
sin poder evitar pagarle con la misma moneda.
Kin cerró los ojos, dejándose besar de aquella manera,
sintiendo el sexo del moreno rozándolo a través de
las ropas, y abrazándose a él, dejándose llevar
aún más. Era como si tuviese un poder para convencerlo,
y algo le decía que ese poder no tenía nada que ver
con que fuera un vampiro.
El moreno respiró con fuerza mientras lo besaba, sus labios
y lengua deslizándose por el contorno de su mandíbula,
succionando la piel de su cuello antes de morderlo allí de
nuevo, con delicadeza para no dañarlo a pesar de beber de
él mucho más intensamente ahora –“¿Lo
disfrutas? Siento la necesidad de volver a hacerte mío cada
noche…”
“No me molesta....”respondió silenciosamente
el chico, aún así sonrojándose sin atreverse
a confesar del todo.
“Sé que es mucho más que eso… lo que
sientes cuando bebo de ti…” separó los labios
de su cuello lentamente, observando sus ojos castaños, besándole
los labios con suavidad –Debemos seguir… la noche avanza
y mi sed no se calma tan fácilmente…
- Sigamos entonces – contestó serio, como si no acabaran
de hablar de eso, echando a caminar, y deteniéndose para
esperarlo.
Kanbei caminó hacia él despacio, ofreciéndole
su brazo y deslizando la mano por entre las telas del kimono, observándolo
de soslayo y sonriendo un poco –Te amo…
- Yo también te... amo – contestó igual de
serio el chico, tomando su brazo, aunque el rubor de sus mejillas
lo delataba.
El moreno le pasó la otra mano por una mejilla sonriendo
mientras caminaba y riéndose de forma inevitable –Ni
siquiera borracho había sonreído tanto…
- Ya te dije que no te imagino borracho. Eres muy... – negó
con la cabeza, sin quitar la cara de seriedad, y aún más
contrariado porque se riese, aunque, también de manera contradictoria,
le agradase el sonido de su risa.
-Muy… - sonrió observándolo –Me agrada
verte así… enamorado de mí…No veo por
qué tendría que disgustarme…
- ¿Disgustarte? Y ¿por qué dices eso? No dije
que debía disgustarte. – lo miró entre rojo
y confundido. Ni siquiera sabía si se estaba metiendo con
él.
-Pero te quejas de que disfrute de ello…- sonrió,
efectivamente metiéndose con él, agachándose
a besarle el cabello antes de seguir caminando a su lado –En
una ocasión traté de vestirme a la época…
- No me quejaba... – protestó, mirándolo de
soslayo y luego más directamente. - ¿Tú? Me
gustaría verte. Aunque te queda muy bien el kimono.
-No estoy muy seguro de qué ropa debería usar…
aunque no me resulta cómodo, pero cuando viajo… en
demasiado molesto que crean que eres “interesante” si
me comprendes…- caminó despacio observándolo
de soslayo –Tendrás que hacerlo por mí…
conseguirme ropa…
- Lo haré, seguro te verás más que interesante
– se rió él esta vez, aunque no solía
hacer bromas así.
-Creo que te divierte la idea, tal vez tengas que ponerte un kimono
tú para ver cuan interesante puedes llegar a verte…-
sonrió también, alzando un poco más la cara.
- Bien, pero no tengo uno. Tendrás que conseguirlo tú
– le aseguró, tratando de escabullirse, porque le daba
vergüenza. Y para colmo, se le venían recuerdos de cuando
sus padres lo habían vestido así de pequeño
para un festival y todos lo habían llamado “mono”.
-Seguro que estabas encantador… me habría gustado
verte, tal vez deba pedirles a tus padres que me enseñen
alguna foto….- se rió con malicia pensando en lo mucho
que olvidaba el chico que podía leerle el pensamiento –Conseguiré
uno para ti… y sólo yo te veré con él…
El chico lo observó de nuevo, enrojeciendo violentamente
al recordar que podía ver dentro de su mente, y apartando
la mirada. – Vale.... pero no me llames mono, no te atrevas.
Kanbei se rió abiertamente sin poder evitarlo -¿Qué
harás si lo hago?- le sujetó el cuello con suavidad
acercándolo para besarlo profundamente, pasándole
entonces la mano por la nuca –Yo creo que te verás
sensual, que tu sola visión me excitará terriblemente…
¿Mono?... no creo que haya usado esa palabra muchas veces
en mi vida.
- Bueno, pues, yo creo.... yo creo... – suspiró sin
saber qué decir, y sin poder quitarse aquel color rojo de
la cara. – Espero no decepcionarte.
-Estoy seguro de que no lo harás… no es posible que
me decepciones en ese sentido…- lo miró a los ojos
besándolo de nuevo y sujetándolo en brazos sin dejar
de besarlo mientras saltaba sobre los edificios. Se quedó
de pie sobre el tejado, observando las luces de la ciudad y aún
sujetándolo.
- Nunca pensé que vería algo así. –
sonrió el chico, su cabello violeta moviéndose con
el viento, mientras se dejaba abrazar, pasada un poco la vergüenza.
-Es impresionante… ¿no lo crees?- lo dejó bajar
frente a él, abrazándolo por el pecho y besándole
el cuello con suavidad –A tu lado… todo parece cobrar
vida de nuevo…
- A tu lado, todo parece cobrar vida por primera vez – le
devolvió, sonriendo un poco más, y recostándose
contra él.
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