.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 29- We'll Take the First Step Together

- Pronto amanecerá – murmuró Kin, observando al moreno, seguro de que se percataba de aquello, pero igual no tenía ganas de freírse por un descuido suyo.

-Lo he notado…- murmuró el moreno caminando con los brazos cruzados sin inmutarse y observándolo de soslayo, tratando de no ser brusco y mantener cierta cordialidad como se habían prometido, aún así, sin poder evitar decirle –Freírse… seria en aceite…

- Pues lo siento por no usar el término perfecto dentro de mi propia mente. – protestó, frunciendo el ceño, suspirando después, imaginando que no lo hacía por cabrearlo, aunque tenía sus sospechas. – Y ¿cual es el término correcto entonces?

-Quemarse… o arder… creo que sería lo más apropiado… Asarse incluso... y no, no lo hacía por molestarte a pesar de que a veces lo encuentro sumamente divertido…- bajó la mano sujetando la de Kin y haciendo que se enganchase de su brazo al caminar, cruzando los brazos de nuevo.

- Pero no lo es – sentenció el chico aunque sabía que eso valía sólo para él. – Aún así no quiero quemarme, ni arder, ni asarme....

-Kin… ¿crees que si fuera estúpido aún viviría?- frunció el ceño caminando con la misma calma –En realidad no te quemas al instante… si es lo que estás imaginando… pero aún así llegaremos antes de que pueda hacerte daño… y yo creo que sí lo es, te ves muy apasionado discutiendo…- se rió.

Kin bajó la mirada sonrojado, prefiriendo no seguir con eso. – Ya sé que no eres estúpido, pero me pone nervioso. No llevo tanto en esto...

-Ya lo sé, pero puedes confiar en mí, no te he convertido para dejarte morir… tal vez querrías conocer a otros como tú…- miró adelante, observando el color del cielo y caminó hacia la casa más rápidamente, sujetándolo de la mano para que se moviese con él sobre los edificios y llegar antes.

Kin miró hacia abajo, viendo la altura, un poco nervioso, aunque sabía que no lo dejaría caer, y permaneció en silencio hasta que hubieron llegado al piso. - ¿Otros como yo? Tú eres uno.... ¿Te refieres a vampiros jóvenes? Sin... ofender.

El moreno cerró la puerta a su espalda y se abrió el kimono, extendiéndolo y deshaciéndose también de la fina tela blanca que aún lo cubría –Sí, a eso me refiero…- extendió el yukata como si el hecho de estar en ropa interior no tuviese importancia y se cubrió con él cruzándolo sobre el cuerpo –Te convertí para que fueses mi compañero… pero no tiene sentido si tú no quieres serlo…- lo miró de nuevo una vez vestido y se soltó el cabello mientras se sentaba sobre un cojín en el suelo, cruzándose de brazos pensativo. –Si no quieres estar solo tal vez encuentres a alguien más apropiado.

Kin lo miró ahora que ya se le había pasado la vergüenza de que anduviera en ropa interior, observándolo detenidamente. Todo lo hacía con un tipo de ceremonia y elegancia, de veras se le notaba que no era de esta época. – No, estoy bien, no me.... desagradas. – se sentó, sonriendo un poco para sí. – Al menos no dijiste sirviente.

- Eso es porque me ha costado percatarme de que no era mi intención que lo fueras… mi sirviente, quiero decir, de todos modos no sabes comportarte…- lo miró de soslayo serio aunque lo hacía para meterse con él –Tenía un sirviente… cuando era humano.

- No puedo imaginar lo que es eso.... si lo tratabas así – lo miró, serio para resarcirse de su comentario.

-No, él sabía comportarse y al menos sabía peinarme… un samurai jamás llevaría el cabello sucio o desarreglado…- murmuró recordándole como se lo había recogido el primer día.

- Pues lo siento, no me dijeron que tendría que arreglarle el cabello a un samurai cuando entré en la universidad. De haberlo sabido, habría tomado un curso. – se cruzó de brazos, enrojeciendo porque no paraba de echarle eso en cara.

-Todo el mundo sabe que los samuráis jamás llevaban su cabello de modo que pudiera soltarse en la batalla… es un conocimiento cultural mínimo… - echó una mano atrás de su cuerpo recostándose un poco mejor en el tatami –Háblame de ti… de lo que hacías cuando eras humano…

El chico lo miró de soslayo serio, pero decidiendo no seguir con eso, no tenía caso. – Estoy estudiando..... o lo estaba... – murmuró indeciso. – Estudiaba psicología. Estaba pensando en especializarme. Pero tal vez no sea tan bueno. – añadió, no muy seguro de querer decirle eso, aunque claro, igual podría leerlo.

-¿Por qué no?- lo miró a los ojos pensativo –Puedes seguir cursando por las noches…

- Lo sé, ya me dijiste eso... Pero no sé si soy bueno comprendiendo a las personas... – suspiró desviando la mirada.

-¿Por qué dices eso? ¿Qué piensas de mí?- sus ojos amatista siguieron fijos en el rostro del chico, intrigado en realidad.

- Ya te he dicho lo que pienso de ti. Que estás muy solitario. Y no sabes comportarte – se vengó, sonriendo un poco y rodeándose las rodillas con los brazos. – Creo que has olvidado lo que significa vivir, no... de este modo solamente. Pero siendo samurai, supongo que mataste a muchos, así que probablemente esté equivocado.

-Yo pienso que tú también eres una persona solitaria… sin confianza en sí mismo y demasiado orgulloso para dejar que nadie se aproxime a ti si no contabas con ello…pero siendo de tantos siglos después a mí… podría equivocarme…

Los ojos castaños del chico se pasearon por su rostro, se sentía un poco cohibido de que lo revelase así. Finalmente sonrió un poco, relajándose. – Entonces digamos que los dos estamos equivocados, y somos personas exitosas en el ámbito social, y sin ningún miedo.

-Pero aborrezco la sociedad… me hastía…- dejó reposar una pierna sobre el suelo aunque igualmente doblada –Siempre es igual… con galas diferentes…- lo miró a los ojos –Tal vez si aún pudiera beber sake pudiera verse divertida en ocasiones…

- Cierto, los vampiros no se embriagan ¿o sí? – preguntó, curioso de qué pasaría si bebía la sangre de un ebrio, pero lo más seguro es que no tuviese efecto. - ¿Solías beber mucho? Yo no.... muy poco.

-La embriaguez sucede por envenenamiento de la sangre… hasta que el cuerpo asimila el alcohol… por eso, a la mañana siguiente se siente la “resaca” por lo tanto…No, no creo que podamos embriagarnos aunque no lo haya probado, el sake sin sabor… no es sake y sé, bebía mucho… en parte, si me agradaba la compañía de quien me servía.

- No te hubiese imaginado así.... – meditó, tratando de imaginarlo y efectivamente fallando. – Lamento que no puedas beber más sake. – murmuró finalmente sin saber qué más decir.

-¿Para verme ebrio?...- se rió imaginando que no lo decía por eso, pero igualmente le hacía gracia. Se pasó la mano por el pecho recostándose en el suelo con un brazo tras la cabeza –Eres un vampiro ahora, Kin… ¿no deseas nada?

- No lo decía por eso... – refunfuñó, primero, pensándolo luego. - ¿Desear? No, no creo que desee nada, sólo por ser vampiro. Sólo quiero estar bien supongo, intentar lograr las metas que ya tenía. Nada especial.

-No, me refería a que ahora podrías conseguir lo que deseases… ¿no tienes deseos materiales?

- Nunca he sido la clase de persona que va tras esas cosas. Tal vez debería comprarme algo de ropa nueva o algo así. – comentó, de nuevo pensativo.

-Tal vez… quieres decir que entonces ¿sólo estudiabas y dormías cuando eras un humano? ¿No tenías nada en lo que entretener tu tiempo? Y yo creí… que era una persona aburrida…

- Y ¿tú qué haces, eh? ¿Limpiar tu katana todo el día? – lo miró molesto de nuevo. – Leía, me gusta leer. – confesó por fin, poniéndose de pie, y alejándose un poco.

El moreno lo miró sonriendo levemente, siguiendo sus pasos –Tendrás todos los libros que desees… y no es mi katana… De todos modos, ya te he dicho que he aborrecido todo… salvo la sangre… - se levantó parándose frente a él –No puedes huir de tu enfado…

- Y no tienes que meterte conmigo sólo porque no lleve una vida muy emocionante. – contestó, igual sin mirarlo, y sin que se le pasase. - ¿De quien es si no es tuya?

-Ya te lo dije… y no me burlaba, sólo quería saber qué te gustaba para complacerte, pero es difícil si no me hablas salvo cuando te enfadas…- se cruzó de brazos observándolo –Podemos pasar la eternidad hablando a base de monosílabos por tu parte, pero no será algo muy llevadero a la larga… y la eternidad es muy larga…

- Ayudaría si cada vez que te hablo no me hicieras enfadar. – suspiró, mirándolo por fin. – No puedes leer absolutamente todo lo que pienso ¿o sí?

-No, tan sólo superficialmente… no sé lo que sientes, por ejemplo…- le mantuvo la mirada sin moverse un ápice –Te enfadas tú solo, yo no hago nada salvo ser yo mismo y tan mal no debo parecerte cuando insistes en seguir a mi lado.

- Ya te dije que no me desagradas. Yo también.... soy así, me cuesta. – confesó, sentándose en el piso. – Ahora ya sabes el secreto de mi popularidad.

-¿Quiénes son populares salvo los vulgares?- le pasó la mano por el cabello –Ya lo dice la palabra… ¿quieres ser vulgar, Kin? Yo te encuentro atractivo así… tus silencios son un alivio a las charlas sin sentido… pero un silencio tan inmenso… ya era el que llenaba esta casa antes de que tú llegaras…

- Lo siento, no quise hacerte sentir más solo aún, no tiene sentido. – se disculpó, serio, avergonzado en realidad. Sabía que podía llegar a ser bastante infantil cuando se ponía necio.

El moreno lo observó sin saber qué decir –No tienes que disculparte… lo comprendo… yo te maté… Ni siquiera tendrías por qué sentirte a gusto a mi lado- Le alzó la cara sujetando su quijada e inclinándose un poco –Ven… levántate… deja que te haga sentir bien…

Kin se levantó, sin poder dejar de observarlo a los ojos ahora, pensando que era cierto, debería odiarlo, había pensado que lo odiaba al principio, pero no podía hacerlo. Al contrario, se sentía tranquilo a su lado.

Le pasó la mano por el rostro alzándoselo un poco, acariciando sus labios con el pulgar, entreabriéndoselos con suavidad y entreabriendo los propios a la vez como indicándole qué hacer, inclinándose sobre él, para besarlo profunda y lentamente mientras le sujetaba la cintura con la otra mano –Quítate la ropa… y ve a la cama…- le susurró ahora sin poder apartar su mirada de la del chico.

- No estoy seguro de esto... – protestó, aunque separándose de él y haciendo lo que le pedía, aún así, metiéndose bajo las sábanas, nervioso.

-Tranquilízate…- se sentó a su lado en la cama, acariciándole el pecho y bajando la mano por su abdomen apenas tocándolo, bajando la sábana hasta su ombligo -Sólo déjate llevar, no tienes que hacer nada ahora… salvo disfrutar… - le tocó los pezones pellizcándolos después y deslizando un dedo alrededor de ellos, haciéndolo gemir y enrojecer inmediatamente. Sentía que sus dedos le encendían la piel.

El moreno bajó sobre él, besándole el cuello, apartándose el cabello a un lado y deslizando los labios por su pecho, besándoselo y lamiendo sus pezones sin casi apenas tocárselos, su mano sobre la sábana, acariciándole las piernas y luego el sexo entre estas, sintiéndolo endurecer, aún sin rebelárselo a sí mismo, frotando la tela sobre él con suavidad y lamiendo entonces sus pezones con fuerza, mordiéndolos levemente -¿Ya te sientes mejor?

- No me sentía mal..... – protestó el chico estremeciéndose ante sus caricias, rojo, y sintiendo el deseo a flor de piel, su sexo creciendo bajo la sábana, aunque trataba de mantenerlo bajo control inútilmente.

-Pero no estabas seguro…- susurró el hombre subiendo las sábanas con su mano, de abajo a arriba, arrastrándolas contra una de sus piernas, dejando el grueso arrugado sobre las caderas del chico, aún ocultando su sexo. Se arrodilló entre sus piernas estirando una de ellas y acariciándola con ambas manos, deslizando la lengua por el pie del chico y lamiendo sus dedos, observándolo como si fuera lo más maravilloso y sensual.

- Aún no lo estoy.... – confesó, porque seguía sintiéndose nervioso, aunque su cuerpo definitivamente no deseaba que se detuviese. Dejó escapar un gemido suave, moviendo un poco el pie, como intentando escapar y concentrarse.

Kanbei lo dejó escapar, deslizando la mano por su pierna, apareciendo sobre él al instante e internando la lengua en sus labios, besándolo profundamente, alzándole un poco la cabeza con los dedos entre el cabello violeta, su propia melena negra cayendo a un lado sobre él. Deslizó la mano a lo largo de aquel muslo pálido y suave, haciendo que doblase la pierna a un lado de su cuerpo, rozando después sus caderas, pasando el pulgar a lo largo de su pelvis en aquella caricia, alzando más la sábana que lo cubría al paso de su mano -¿Cómo se sienten mis manos Kin?

- Muy.... bien.... – susurró el chico rindiéndose un poco, aún rojo, y subiendo una mano para tocar aquel cabello sedoso, atrayéndolo para que lo besase de nuevo, y abrazándose a él, entre excitado y deseoso.

El moreno lo besó de forma más apasionada entonces, entrando en su boca casi con violencia, respirando con fuerza y mirando su rostro, la mano fuerte aunque delicada, apartando las telas poco a poco de su cuerpo hasta mostrarlo completamente desnudo. Se recostó a su lado sin dejar de besarlo, acariciándole las piernas aún y pasando los dedos entonces por su sexo, sujetándolo y tocándolo firme y suavemente. Separó un poco los labios de los suyos, rompiendo al fin aquel beso, susurrando contra ellos, recorriendo su cuerpo con la mirada hasta volver a la suya -¿Quieres que te complazca? ¿O me deseas?

- Quiero.... – suspiró, cohibido de que le hiciera aquella pregunta, y desviando un poco su mirada. – Te deseo....- volvió a mirarlo, sintiendo su sexo pulsar contra sus dedos.

-Yo también lo deseo… ser tu primer hombre…- tiró del cordón del yukata abriéndoselo, dejando ver de nuevo la espalda tatuada por completo, al igual que su pecho izquierdo. Le sujetó la mano apoyándola en su pecho y lo soltó entonces, pasando la mano por una de sus rodillas hasta las ingles –Deja que te vea…

El chico pasó la mano por su pecho, siguiendo la forma del tatuaje delicadamente, respirando más agitado al sentir su piel, finalmente descubriéndose bajo las sábanas, sin atreverse a mirarlo a los ojos por la vergüenza.

-Precioso…- le sujetó los testículos apretándoselos delicadamente y arrodillándose de nuevo para observarlo, notando que había enrojecido por la vergüenza. En realidad, le parecía encantador aquel recato por el contrario a la frivolidad que encontraba frente al sexo en estos últimos tiempos. Deslizó un dedo por entre sus nalgas tocando su ano, prieto, suave –Voltéate…

- S... sí – accedió, nervioso, girándose, jadeando suavemente tan sólo ante a aquel contacto. Se preguntaba si se hubiese sentido igual, si lo hubiera hecho cuando estaba vivo. Se aferró a las sábanas con las manos, esperando.

Sus dedos siguieron acariciándolo con suavidad, masajeándolo y comenzando a entrar en su cuerpo. Se soltó la ropa interior, desnudándose por completo antes de recostarse de nuevo a su lado. Sujetó una de sus manos apoyándola sobre su sexo mientras la otra continuaba penetrándolo, ahora con tres dedos, acariciando su interior de forma estudiada. Sus ojos amatista observándolo y su mano libre acariciándole el cabello.

Kin dejó escapar un gemido, seguido de vario más aunque trataba de acallarlos, acariciando su sexo, sintiéndolo crecer en su mano, haciéndolo jadear con más fuerza quisiera o no, los dedos en su interior incomodándolo un poco y a la vez haciéndole estremecerse con el creciente placer.

Kanbei se sentó sujetándole la mano y besándosela tras separarla de su sexo. Le alzó las caderas un poco, deslizando la mano entre sus piernas, acariciando sus testículos y su sexo, dejando descansar su ano por un momento, observando su entrada dilatada y húmeda. Se inclinó, besando sus testículos y lamiéndolos, succionándolos antes de entrar con su lengua dentro del cuerpo del chico, lamiéndolo y arañando una de sus nalgas con una uña, lamiendo la sangre que derramaba el fino corte -¿Es doloroso o placentero?

- Es... es... – Kin se estremeció un poco de nuevo. Lo cierto es que había estado a punto de protestar pero no se sentía mal. – Es... placentero.

-La sangre se ve más hermosa aún en una piel tan pálida como la tuya…- observó la herida cerrarse por completo y lamió las últimas gotas que se derramaban por sus nalgas. Se irguió tras él, sujetándole las caderas y apoyando su sexo contra su entrada, colocándolo y tirando un poco de su cuerpo al tiempo que se empujaba contra él. Le sujetó las caderas con una mano, reteniéndolo allí mientras la otra acariciaba su sexo. Notando el propio completamente envuelto y apretado dentro de él, dejando escapar un jadeo.

- Kanbei... – gimió el chico, por un momento incrédulo ante lo que hacía, y dejándose llevar por completo luego, su sexo pulsando con fuerza en la mano del moreno. Apretó los párpados, gimiendo un poco más fuerte, relajando las nalgas con aquella sensación nueva dentro de sí, el sexo de Kanbei empujando más profundamente.

-Déjate llevar por lo que sientes… no pienses más…- apretó su sexo con fuerza deslizando la mano hasta la punta y lo soltó, apartándose de su cuerpo y girándolo en la cama de frente aún sin volver a penetrarlo –Alza las caderas, acaríciate… muéstrame tu deseo…

- ¿Por qué... eres así? – protestó, enrojeciendo, sintiendo que lo torturaba, con los nervios que tenía. Bajó su mano, tocándose su sexo de todas maneras, y mirándolo a los ojos como en una especie de reto, jadeando, tratando de no gemir aunque lo costaba trabajo, y gimiendo finalmente, deseándolo dentro de nuevo, acelerando el movimiento de su mano.

-Porque te deseo… todo en ti… lo que me muestras es hermoso… y te hará sentir más placer… Si algo te causa placer… no hay porque frenarlo… - se rajó el cuello atravesándose el pecho y la cadera hasta el nacimiento de su sexo dejando que manase la sangre por la herida fina que poco a poco desaparecía –Ven… - extendió las manos hacia él sin moverse de donde estaba arrodillado.

- Ten cuidado... – susurró el chico, aún así, acercándose, sentándose y luego arrodillándose para lamer la sangre que aún manaba y la que quedaba detrás, siguiendo la línea de la herida hasta llegar a su sexo, lamiéndolo entonces, succionándolo, su pasión más exaltada por el sabor de su sangre.

-Humm… - jadeó, el placer claro en su voz, la mano izquierda acariciando su cabello, sujetándolo contra su sexo antes de moverse en su boca, notando el tacto de su lengua y sus dientes, empujándose con fuerza pero suavemente, rozándose con sus colmillos y apretando las mandíbulas al dolor primero, sonriendo después al sentir aún más placer, Kin lamiendo la sangre que aquel leve roce había provocado, e intentando ser más cuidadoso, pero sin poder evitar succionarlo con fuerza, casi no podía respirar de lo excitado que estaba. Claro, tampoco lo necesitaba.

Dejó salir el sexo de su boca, sujetándolo con su mano y continuando con las caricias, subiendo un poco sobre él, para mirar en sus ojos, besándolo apasionadamente. El moreno correspondiendo a aquel beso, sujetando su nuca y mirándolo deseoso mientras bajaba la mano a su sexo acariciándolo ansioso, rajando un poco su lengua mientras lo besaba, succionándola con fuerza y sujetando sus nalgas, alzándolo sobre él para penetrarlo de nuevo, moviéndolo sobre su sexo con fuerza.

Kin gimió entre sus labios, volviendo a rajarse la lengua él mismo en cuanto se cerró la herida, incitándolo a que bebiese más, abrazándose a su cuello, subiendo y bajando con las embestidas, su sexo más caliente que nunca.

Kanbei lo succionó entonces con más fuerza, excitado como nunca, mordiendo la carnosa lengua del chico, sintiendo su sangre bajar por la garganta. Se separó de su boca jadeando, lamiendo la sangre que se derramaba de sus labios, sonriendo con los propios entreabiertos. Bajó el rostro contra su cuello mordiéndolo –Bebe de mí…- jadeó clavando un poco las uñas en sus nalgas apretándolo más contra sí en las embestidas.

- Ah.... – Kin cerró los ojos, sintiendo la piel del vampiro con sus labios, mordiéndolo por fin, y succionando su sangre, sintiendo cómo la suya fluía contra los labios del moreno, su sexo apretándose contra su cuerpo, que cada vez se estremecía con más violencia. Ahora podía ver su mente también como si estuviesen comunicándose ambos telepáticamente, sin necesidad de palabras, sólo de aquellas sensaciones tan fuertes e innegables. Su cuerpo se estremeció nuevamente, el orgasmo invadiéndolo por completo, haciéndolo correrse, aún lamiendo aquella sangre con avidez al tiempo que el moreno lo movía más intensamente, corriéndose dentro de él, el semen brotando de sus nalgas mientras lo apretaba contra él en todo lo posible.

Lo abrazó, sosteniéndolo y separándose al fin de su cuello, lamiéndose los labios, susurrando en su mente “ahora tú puedes ver dentro de mí… por un tiempo…” lo recostó en las sábanas observando su cansancio.

“Seguro me dormiré antes” – se quejó, sonriendo, observándolo como si lo viera por primera vez realmente.

Kanbei sonrió -“Es una historia demasiado larga para antes de dormir…”- se recostó a su lado cubriéndolo con su yukata y acercándolo a su cuerpo, rodeándolo con un brazo por la cintura -¿Te sientes agotado?

- Bastante, pero.... no es desagradable. – confesó, aunque era más que obvio, pegándose un poco a su cuerpo. – Es adecuado...

-Descansa entonces… - le pasó la mano por el cabello, apartándolo de su rostro y cerrando los ojos, posando los labios sobre las hebras violetas y acercándolo más a su pecho, hacía siglos… que no abrazaba a alguien si no era para matarlo.

- Nunca te alejes de mí... – le pidió el chico, susurrando porque aún le daba algo de vergüenza, pero lo decía muy en serio.

El moreno abrió los ojos extrañado por aquella petición y lo miró fijamente, apretándolo un poco entre sus brazos, cobijándolo –No lo haré, puedes creer en mi palabra, te protegeré siempre…

 
 

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