.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 25- Show Me Something Different

Kanbei se quedó observando al chico en la cama aún durmiendo pese a la hora tan tardía. Tampoco veía por qué despertarlo salvo para hacer que se molestase. Se sentó en la esquina del colchón y acariciando su rostro pensando en aquel parecido de forma inevitable. Era extraño cuando recapacitaba en que lo había convertido para que le hiciese compañía, ahora que lo pensaba sinceramente, ese seguramente había sido su verdadero motivo para perdonar aquella vida, con lo mucho que había deseado beber hasta la última gota de su sangre.

Acarició su pecho bajando las sábanas un poco por su piel.

Kin abrió los ojos, sobresaltado, y recogiéndose un poco, inmediatamente mirándolo con desconfianza.

El moreno lo miró, su mano apartándose un poco de él mientras lo observaba serio -¿Qué es lo que temes? ¿O simplemente me temes a mí?

- No te temo. – refunfuñó, desviando la mirada, aunque sí estaba nervioso. – Y no sé por qué preguntas eso, luego de lo que pasó antes.

-¿Aún estás molesto por eso? No sucedió nada en absoluto.

- Ya veo, ¿por eso quedé inconsciente? – lo miró, aunque en realidad, sólo se había dormido. – Me amenazaste.

-Pero sólo porque fuiste un necio- lo miró a los ojos molesto, pensando en lo que le había hecho, arrebatarle todo al igual que se lo habían arrebatado a él, alejarlo de todo lo que conocía por algo egoísta como satisfacer sus deseos -¿Piensas odiarme toda la eternidad?

- ¿Por qué no? ¿No tengo motivos? – lo miró de nuevo, sus ojos castaños casi echando chispas, tranquilizándose luego. – No te odio, pero sigo enfadado y no confío en ti.

Kanbei lo observó fijamente, preguntándose si no debería dejarlo irse lejos de él si tanto lo aborrecía. Abrió unas hojas y las apretó entre los dedos prendiéndolas enrolladas como un cigarro. Su mano entrando por el borde del kimono, acariciándose el pecho y aún observándolo mientras se levantaba del colchón -¿Quieres irte? Lejos de mí… piensa bien tu respuesta… antes de hablar erróneamente.

Kin lo observó en silencio, desviando la mirada finalmente. – No tengo a donde ir.... y no quiero estar solo. – susurró, enrojeciendo por tener que confesar aquello.

-No te quejes tanto entonces, haces ver mi compañía como si fuera mejor estar muerto- lo miró de soslayo y dejó salir el humo desviando la mirada al frente –Sé que no soy agradable pero tú tampoco.

- Ayudaría si no te comportases así, amenazando y diciendo que puedes hacer lo que te dé la gana. – refunfuñó de todas maneras, recogiendo sus piernas.

Los ojos amatista del hombre lo observaron -¿Te comportas tú de otro modo al que eres, para hacer las cosas mas sencillas?

- ¿Es así como realmente eres? ¿Imponiéndote a los demás? – lo miró a los ojos desafiante. – No soy así todo el tiempo..... pero no me agrada que decidan por mí ni que me den órdenes.

-Ya lo sé…- se rió entre dientes observándolo y desviando la mirada negando con la cabeza –Vístete.

- ¿No me vas a decir que me duche? – devolvió, sonriendo irónicamente, pero poniéndose de pie para ir a vestirse.

-Dúchate… ¿no decías que no te gustaban las ordenes?- lo observó pensando que era hermoso y aún más con ese rostro de indignación.

- Estaba.... siendo sarcástico – lo miró brevemente, rojo, y molesto por tener que explicar eso, aunque seguro sólo se estaba metiendo con él.

El moreno extendió una camiseta negra con dibujos rojos. Se acercó a él, apoyándole las manos en el cuello y bajándolas por sus hombros, acariciándole los brazos a medida que el yukata caía, colgando sólo por la cintura atada. Le puso la camisa manejando su cuerpo con delicadeza, aunque consciente de su mirada, sin prestarle mucha importancia de todos modos. La había comprado para él y no deseaba escuchar sus quejas de nuevo.

Kin permaneció en silencio sin decir nada, por supuesto rojo, pero lo cierto es que le agradaba cómo se sentía aquella tela. Se separó de él dirigiéndose al baño, para lavarse al menos.

Kanbei lo observó apartarse, seguramente molesto de nuevo y entrecerró los ojos caminando hacia la puerta, pasándose la mano por el cabello negro -¿Te estás lavando para al menos complacerme de ese modo?

- No me agrada estar sucio. – lo miró de soslayo preguntándose por qué siempre lo seguía hasta el baño.

-Es agradable ver cómo acaricias tu cuerpo, ese es el misterioso motivo… tan obvio…- susurró, observándolo igualmente y dejando que el cigarro reposase en sus labios.

Kin se detuvo, enrojeciendo a más no poder. Había olvidado que podía leer su mente.

Kanbei sonrió bajando la mano con el cigarro y apagándolo en el lavabo –Pero continúa…
El chico continuó ahora extremadamente consciente de su mirada. “No soy un maldito show erótico...” pensó, aún a pesar de que lo escucharía.

-No, salta a la vista que no… cuando en ocasiones he acudido a ese tipo de compañía… hace mucho tiempo desde luego, entonces aún algunos pocos sabían cómo complacer a un hombre…- dijo como un poco perdido recordando –El hecho es que desde luego no había en el rostro de ninguno de ellos una expresión como la tuya…

- ¿Eso te molesta? – casi refunfuñó de nuevo, terminando de lavarse, y preguntándose si intentaba decir que no era erótico o algo así. Aunque claro, tampoco quería que pensase lo contrario. Y no podía dejar de pensar, que era lo peor.

-Al contrario… para tu desgracia- deslizó los dedos por el borde blanco del lavabo, observando como se secaba -¿Qué te molesta más, que te encuentre erótico o que no lo haga?

- Puedes leer mi mente, no sé por qué no te contestas tú mismo. – respondió, pensando que ni loco iba a responder esa pregunta.

-¿Porque ni tú mismo sabes la respuesta? Puedo leer algunos de tus pensamientos… no puedo conocer tus sentimientos… salvo cuando tu rostro los revela de esa forma tan clara… como ahora…- se aproximó, observándolo, planteándose algo sin decidirse, hubiera preferido ordenárselo si fuera posible.

- ¿Qué? – Kin alzó la mirada nervioso, echándose hacia atrás y volviendo a colocarse en el mismo lugar, recordando no huirle, mirándolo casi como si lo retara.

El moreno se rió observando aquella operación tan infantil de pasitos -¿Cómo imaginas que ha sido mi vida hasta ahora?

- ¿Quieres la verdad? – lo miró menos retador, pero igual de serio. – Sumamente solitaria.

-Así es… - lo miró serio también, cruzando los brazos bajo su propio pecho –Pero no han sido años de soledad si no siglos… nunca he sido una persona agradable según recuerdo, pero tras siglos de soledad, saliendo simplemente a matar, tal vez sin dirigir la palabra durante años a ningún ser viviente…

- Puedo comprender eso. – murmuró, mirándolo a los ojos. En realidad, era una de las razones por las que no le había contestado que deseaba irse.

-No, no puedes…- lo miró a los ojos observando después cómo lucía aquella ropa en él. Le pasó el envés de dos dedos por la mejilla –Cuando vives tantos años apenas eres capaz de recordar a unos pocos… y nadie te recuerda a ti… salvo los de tu misma especie, pero ellos tampoco son de mi agrado.

- No creo que seas alguien fácil de olvidar. Pero... yo soy de tu especie ahora – sonrió ligeramente, un tanto más relajado, quisiera o no.

El moreno pasó los dedos por sus labios observando su sonrisa sincera probablemente por primera vez hacia él –Muéstrame entonces algo distinto…

- ¿Qué quieres decir? – enrojeció de nuevo, sin apartarse, y sin apartar la mirada. –Tú también.... tienes que intentarlo.

-Lo intentaré…- le pasó la mano por el cabello revolviéndoselo e inclinándole la cabeza a un lado antes de separarse de él y caminar hacia la salida ahora que ya se había puesto el sol, esperándolo tras atravesar la puerta.

Kin le siguió, pasándose él mismo una mano por el cabello, aunque no lo arregló casi nada, antes de salir.

 
 

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