| Capítulo 22- Juegos Didácticos
para Vampykid
Kanki tomó a Yoru de la mano, sonriendo mientras caminaban
bajo las luces de la calle, ya habiendo salido de su turno en el
local. - ¿Y? ¿Te divertiste allí? ¿Puedes
distinguir cuales son verdaderos y cuales no?
-Sí, pero casi todos son humanos…- lo miró
de soslayo suspirando un poco y pensando para sí, mirando
adelante y soltándole la mano para sujetarle la cintura –Tengo
bastantes años ¿sabes?
- Y ¿eso qué quiere decir? – lo miró
sorprendido, pensando que era muy guapo igual pero sin decirle.
– Ya lo sabía.
-Nada…no sé- contestó igualmente serio. Lo
cierto es que todo había sido porque lo había cogido
de la mano, aunque ayer no le había importado. No sabía
qué le pasaba en realidad, sólo estaba extrañamente
fastidiado por algo que no concretaba.
- Algo sucede, me doy cuenta – lo miró de soslayo,
preocupado. - ¿Estás enfadado por lo de anoche? O
es que.... ¿las cosas no son como las imaginaste?
-¿Hum?- lo miró confundido –No había
imaginado nada distinto, es sólo que estoy enfadado, pero
no es contigo, no sé… y no es por lo de ayer, que además
ya lo comprendí…- jugó con aquella bolita blanca
y gris que llevaba en el bolsillo –Estoy molesto… a
lo mejor es porque creo que no me ves como tu novio… a lo
mejor… no sé…
- Pero eso no es cierto, siempre me has gustado. – se detuvo,
separándose para ponerse delante de él, sujetando
su rostro. – Te quiero Yoru, no sé qué hacer
para que lo entiendas.
-Ya sé que me quieres…- apartó la cara rojo
-Que no es eso!- bajó la vista arrepentido de haberle levantado
la voz y enrojeciendo mientras se mordía el labio –Perdón.
- No, está bien. No tengo por qué presionarte...
– bajó las manos, desviando la mirada, y preguntándose
si no llevaría demasiado peso sobre sus hombros, el chico.
Debió haberlo protegido en ese entonces, en vez de huir de
aquella manera.
El rubio se quedó delante de él, nervioso y sin saber
qué hacer ahora después de eso. Si supiera exactamente
qué le molestaba, seguro que hubiera sido mucho más
simple arreglarlo –Dijiste que me ibas a llevar a una tienda…
¿podemos morderle al que atiende para no pagar nada?- sonrió
un poco sin poder evitarlo.
Kanki suspiró, pensando que no era muy honesto, pero contestando.
– Está bien, si eso te hace sonreír... –
le sonrió también, extendiendo su mano para tomar
la suya y deteniéndose antes de hacerlo.
Yoru le sujetó la mano con fuerza, acercándola a
su pecho necio y caminando con él –No te enfades…
no es como que le robes al de la tienda, le robas a los que le pagan
que tienen mucho dinero…
- No funciona así.... – sonrió al ver que tomaba
su mano. – Pero no me enfadaba, es sólo que pensé
que no querrías que te tocase.
-No comprendes nada…- sintió ganas de pegarle una
patada a algo y se quedó mirando adelante con necedad caminando
más deprisa –Y cómo funciona ¿entonces?-
preguntó luego tratando de no enfadarse más.
- Pues, él vive y paga sus deudas de lo que le paguen sus
clientes, así que aunque tengan mucho dinero, si le robamos
a él, no les robamos a ellos, sólo su sueldo, ¿comprendes?
Pero supongo que si vamos a una de esas tiendas caras... entonces
no hará mucha diferencia. – le explicó pacientemente,
aunque estaba un poco remecido emocionalmente ante su actitud.
-Vale… no lo hacemos…- se quedó rojo y parado
en la mitad de la calle, y se sentó en un banco pensando
que siempre se estaba confundiendo y luego Kanki tenía que
corregirle y hacerle ver que estaba pensando en algo que estaba
mal. Le dio una patada a una piedra y siguió dando golpecitos
con el talón en la pata del banco.
- Yoru.... ¿seguro que no estás enfadado conmigo?
A lo mejor.... no lo quieres reconocer, pero lo comprendería.
– se arrodilló frente a él, apoyándose
en sus rodillas. – No te culparía.
-No estoy enfadado contigo…- le pasó las manos por
el cabello y se echó adelante apoyando los labios en este
y pasándole las manos por la espalda –Es que…
en donde tú trabajas la gente se estaba besando! Y…
esas cosas… y tú a mí no me quieres tocar porque
me ves como a un niño pequeño!…No parecemos
novios! Y no soy un niño… aunque me confunda seguido
es igual… eso es porque soy baka… - se rió entre
nervioso y porque le había hecho gracia llamarse baka a sí
mismo –Pero no tiene gracia…- se quedó serio
de nuevo. Escurriéndose por el banco abajo y sentándose
sobre sus piernas, abrazándose fuerte para que no lo mirase
serio de nuevo como anoche. Preguntándose si se iba a enfadar
otra vez.
- Pues sí eres baka si piensas eso. No te veo como un niño.
Bueno, un poco sí, pero eso me gusta de ti. Tu dulzura, tu
inocencia... – le acarició el cabello sonriendo. -
¿Acaso crees que yo soy muy viejo? Habré vivido más
que tú, pero..... De todos modos, nada de eso significa nada.
– lo apartó para que lo mirase a los ojos, quisiera
o no. – Te amo, y deseo estar contigo, es sólo que
prefiero saber cuando tú estés listo. No quiero hacer
nada que pueda separarnos de nuevo ¿entiendes? Baka... –
le besó los labios con suavidad, adentrándose en ellos
luego, y cerrando los ojos, abrazándolo contra sí.
-No me beses ahora…- bajó la cara de nuevo abrazándolo
de todos modos y riéndose un poco porque le daba vergüenza
–Seguro que tú a mi edad ya lo habías hecho,
además me da igual, tampoco hace falta hacer eso aún…-
se pegó contra él poniéndose más rojo
y rozando la cara en su cuello –Pero no me trates como si
fuera tan inocente porque no lo soy… y luego… luego
me siento un pervertido porque yo pienso cosas y parece que tú
no…
Kanki se rió remeciéndolo un poco. - ¿De veras
crees que no pienso cosas, baka? Claro que pienso cosas! Pero no
te voy a atacar cuando acabamos de encontrarnos. Aunque ahora ya
veo que sí quieres.......... – se rió de nuevo,
haciéndole cosquillas. – Y para mí seguirás
siendo inocente aunque hagamos lo más pervertido del mundo.
Es ese corazón tuyo..... nunca había conocido a nadie
como tú.
-Sh!- le tapó los labios con la mano mirándolo rojo
porque le dijera esas cosas –Pero es que yo pensaba cosas
cuando te echaba de menos… y me las imaginaba… pero
ahora no me atrevo a hacer nada…- le apartó la mano
de los labios besándolo fugazmente y apoyando la frente en
la suya –Tampoco es que tenga prisa… es sólo
que pensaba que… igual sólo me querías…
- Yo también pensaba cosas y trataba de imaginar cómo
habrías crecido. – le sonrió, acariciándole
el cabello y apartándolo un poco de su rostro. – Y
no me decepcionaste, por si te estás preguntando eso. Eres
perfecto y te amo. Y te deseo.
-No digas guarradas…- se rió besándolo de nuevo,
aunque rojo por haber escuchado aquello, abrazándose más
a él y empujando la lengua contra la suya cerrando los ojos
y apretándolo con las piernas porque se ponía nervioso.
Kanki le devolvió el beso, apasionado, pensando en que le
decía que no, pero eso mismo lo hacía sonreír.
Y quería que sonriera siempre.
El rubio se separó un poco mirando su rostro –Kanki…
cuando ayer te enfadaste conmigo por eso de los vampiros que convertían
a la gente así… ¿crees que por eso los otros
vampiros me tengan manía?
- No, no lo creo. No se lo has dicho a nadie más, ¿verdad?
– le preguntó, aunque cuidando su expresión.
Ya había notado lo afectado que se ponía cuando lo
veía serio. – Yo creo que es porque eres muy joven.
A muchos no les agradan los más jóvenes. Yo tampoco....Pero
eso no es muy importante.
-Pues si no les agrado por eso, es su problema, no es como que
yo lo pidiera- frunció un poco el ceño contrariado
en realidad, aunque no le gustaba mucho enfadarse si Kanki estaba
presente –Y no le dije a nadie, no me gusta hablar de eso…
- No te preocupes, a mí me encantas. Y no todos son así....
– le sonrió, besándole la frente. - ¿Aún
quieres ir a una tienda?
-Vale… pero es que no quería pagar, es un rollo después…
si te quedas sin dinero…- se levantó sujetando las
manos de Kanki –Aunque tú trabajas… yo ni siquiera
lo intenté, de todos modos ya sabía que no me iban
a dar trabajo con la edad que tengo…
- Yo creo que en el club sí te darían. Ya te dije
que no se fijan.... igual no sabes la cantidad de dinero que te
ahorras ahora que no tenemos que comer. – se rió apretando
sus manos y acercándose para decirle un secreto. –
Y muchas veces, sí les robo a los que muerdo.
-Entonces no me riñas por querer robarme la ropa Kanki!
Eres un crío…- se rió rodeándole el cuello
por atrás de la espalda y abrazándose contra .el.
El albino se rió, ahora olvidándose de todas las
preocupaciones anteriores. – Pero yo sólo les robo
si no me agradan.
-Yo no los muerdo si no me agradan… porque si son feos…
me da más asco… y tampoco les dejo hablar… los
manipulo…- se rió malditamente –Y no me riñas…-
se pegó a él completamente, frunciendo el ceño
por adelantado.
- No te reñiré.... – sonrió, sujetándole
los brazos. – Yo tampoco muerdo a los feos, pero sí
suelo hablarles. Necesitaba compañía ¿sabes?
Y algunas veces, son ellos los que me hablan a mí.
-Yo también… por eso hablo con cualquiera… pero
a esos no los mordía, como a Nebel, porque no quiero morder
a alguien que me agrada de veras… luego tengo que dejarlo
tirado en la calle y le puede pasar cualquier cosa… Te hablan
porque quieren ligar contigo… pero no, que eres mío…
- Pero los que me hablan son los mejores. Los que más vale
la pena morder, por lo general. – sonrió, imaginando
que se ponía celoso. – Pero soy tuyo, eso es cierto.
-¿Por qué valen la pena?- preguntó escamado
y de paso celándose un poco.
- Porque la mayoría de ellos.... son personas a las que
no me importa morder. – se giró, mirándolo.
– Ellos probablemente me lo harían a mí si fuera
el caso. O cosas peores, lo sé cuando leo sus mentes. –
sonrió de forma distinta a la acostumbrada, encogiéndose
de hombros después. – Aunque tienes razón y
algunos sólo quieren ligar.
- Ah… por eso… entonces… yo qué sé…-
se rió un poco, abrazándose para besarlo de nuevo,
trepándose encima y bajándose de nuevo, percatándose
de que arruinaba su objetivo de comportarse como un adulto cuando
hiciera esa clase de cosas –También quieren ligar conmigo
a veces ¿Sabes? Y tras que no me gustan… y me da vergüenza
mandarlos a tomar viento fresco.
- Pero tú eres mío – le devolvió sonriendo.
– Bueno, siempre puedes morderlos, como hago yo. Así
ni sabrán lo que pasó.
-No… que seguro que se ponen lujuriosos y luego tengo que
ver sus pajas mentales en mi mente…- se rió a más
no poder, malditamente –Vamos… quiero ropa rara…
esta es rollo…
- Vamos, pues, a ponerte más bonito. Y luego te dejo ver
mis pajas mentales – se rió, echando a correr, llevándoselo
de la mano.
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