.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 18- Someone Else's Sins

Kin salió del baño, ya vestido, aún secándose el cabello y mirando a Kanbei sin decir nada. Se preguntaba si saldrían de nuevo esa noche, aunque lo más probable era que sí. También se preguntaba cómo estaría el chico al que había mordido, y en si Kanbei habría matado a alguien más. Y como antes, también intuía que la respuesta era sí.

-Nunca he podido abandonar el placer de matar…- susurró el hombre hablando no muy alto, sintiéndose un tanto melancólico –Cuando has matado tanto como yo, olvidas lo que la vida significa…

- Pero estás hablando de eso... – murmuró el chico, aún estremecido de que le leyese la mente. - ¿Cómo puedes sentir placer al matar?

-Me gusta luchar… me hace sentir vivo y la sangre es uno de los pocos placeres que aún anhelo lo suficiente- le señaló el cojín en el suelo a su lado para que se sentase con él –Tú me recuerdas a alguien…

- ¿De veras? ¿Es por eso que no me mataste? – se sentó en donde le indicaba, intrigado. - ¿Quién era?

-En cierto modo, pero también porque tu deseo de vivir y tu furia, me recordó a la mía mientras moría… - lo miró de soslayo antes de recostar la cabeza sobre sus piernas –Él era un samurai.

- ¿Un samurai? – preguntó, un tanto rojo de que se acostase en sus piernas, pero sin cambiar de expresión. Aunque ya se había imaginado que no vestía así por moda. - ¿Cómo puedes recordar el deseo de vivir y matar gente a la vez...?

-La gente no tiene deseos de vivir… sólo se dejan llevar por lo que la vida les ofrece o arrebata. Ya no luchan por nada aunque la situación sea ahora peor mucho peor que antes, cuando la gente luchaba por sus creencias, ahora simplemente no las tienen… ¿cierto? Sí… así es…- lo miró a los ojos desde sus piernas –Hace tantos siglos… él luchaba contra mí… - se rió apartando la mirada de sus ojos.

- Eso no es cierto! Sólo porque no nos estemos matando en las calles... El chico que mordí anoche, no quería morir... – suspiró, apartando la mirada también, tranquilizándose. – Y ¿qué sucedió? ¿Lo mataste?

-No… él me mató a mí…pero no fue capaz de rematarme… porque era un cobarde ¿quieres saber qué ocurrió?- lo miro a los ojos y alzó una mano sujetándole la mandíbula para que lo mirase, sentándose frente a él –y yo nunca he dicho que mate a cualquiera… eso es algo que tú has deducido, tampoco habría matado a aquel chico. Claro que si tú hubieses querido hacerlo, no lo hubiera impedido…

- Prefiero no matar a nadie. ¿Eso me hace un cobarde? – lo miró a los ojos, como haciéndole ver que no le tenía miedo. - ¿Qué sucedió entonces?

-Me cortó el abdomen y el pecho completamente… - se tiró un poco del kimono descubriendo el pecho por completo, dejando que colgase de su cintura la tela, deslizándose un dedo desde el pecho hasta la cintura, cruzándolo –Una cicatriz que debía estar aquí… le pedí que me matase… que no me dejase morir sin honor… y lloró de furia… se marchó de allí… me dejó entre cadáveres, el único ser vivo… no… moribundo…

Kin permaneció en silencio, tratando de comprender, finalmente hablando. – Pero dijiste que no querías morir. ¿Por qué le pediste que te matase entonces? – desvió la mirada por fin. – Si estaba llorando, es que no quería que murieses, ¿no?

-No quería que muriese… pero ambos habíamos tomado distintos caminos, uno de los dos debía hacerlo ¿comprendes? No… supongo que al igual que él, no lo comprenderás… pero cada cual defendía sus propias ideas- lo miró a los ojos fijamente –No podía permanecer vivo rodeado de mis hombres muertos… pero no podía mover un sólo músculo ya, fue entonces cuando comencé a desear vivir para acabar con él por hacerme algo así, cuando olvidé mi honor por la venganza… apareció alguien… que me ofreció el poder de ser un demonio… y lo tomé…

- Así que te hiciste vampiro para vengarte de alguien que no quería que murieses. – suspiró, preguntándose si realmente comprendía lo que significaba desear vivir. Claro, era una historia triste y eran distintos tiempos, pero aún así... - ¿Y te vengaste?

Se levantó de pronto sintiendo aún las heridas en su orgullo, tanto como en su pecho, doliendo intensamente –Lo busqué durante días… con el odio creciendo en mi cuerpo. Ya no podía mostrarme ante mi familia ni ante mi señor después de tal deshonor, mi cadáver no apareció, todos creyeron que había huido en la batalla… Me lo arrebató todo menos mi cuerpo…- sujetó la katana desenfundándola y observando el filo, apretando la empuñadura frente a él –Pero cuando lo encontré… tirado en el suelo y desangrado… - lo miró de soslayo observando su rostro orgulloso e inocente que tanto le recordaba al
Suyo. –Se había matado…hasta eso me arrebató- recordó las letras en su diario que él mismo se había llevado de allí junto a su arma. La enfundó retirando la mirada –Él fue el único dueño de su vida… de principio a fin… no me permitió poseerlo… ni siquiera en ese momento… - dejó el arma con sumo cuidado en su lugar de nuevo mirando a ningún lado salvo a sus propios recuerdos en realidad. Sonriendo levemente.

Kin se relajó, ya que se había puesto nervioso sin poder evitarlo, al verlo desenfundar la espada. - ¿No crees que estás siendo injusto? No todo es acerca de ti. – se atrevió a comentar, aún un poco nervioso, aunque comenzaba a verlo diferente.

Kanbei se rió levemente observándolo después, volviéndose hacia él -¿Injusto? ¿Por qué?

- Porque no consideras sus sentimientos. Sólo piensas en funciones de “me hizo esto, me hizo lo otro”. No creo que se haya matado sólo para frustrarte. – contestó, sinceramente, mirando su rostro.

-Sus sentimientos…- lo miró a los ojos y se arrodilló frente a él sobre un cojín -¿Los conoces tu? Porque yo no, él jamás me habló de ellos.

- Por supuesto que no- contestó, serio, resistiendo los deseos de echarse hacia atrás. – Pero debió tener sus razones para hacer lo que hizo. Si no pudo matarte es porque le importabas ¿no? Yo no podría... matar a alguien que me importa, sea por las razones que sea.

-Supongo que no puedes comprenderlo pese a todo… leí su diario… estaba bajo su cuerpo… Tuve que leer cómo me amaba en una hoja de papel… después de hacerme lo que me hizo y de hacerse algo así… ¿Por qué no antes? No me dejó poseerlo cuando lo deseé… no importa ya…- se echó un poco atrás apoyando las manos tras su cuerpo en el suelo –Deja de temerme! Es molesto verte huir como un conejo.

- Pues no ayuda el que me grites! – se exaltó, frunciendo el ceño, y echándose hacia atrás de todas maneras, por reflejo. – Y no lo comprendo, pero aún así.... debió tener sus razones.

-¿Sus razones egoístas?- lo miró notando cómo había huido hacia atrás y suspiró con fuerza -¿Ya has estado con una mujer? O con un hombre, es igual.

Kin negó con la cabeza, aunque suponía que estaba demasiado viejo para ser virgen, confesando. – Me gustan los hombres.

-Ya eres adulto, deberías haber tenido un hombre ya entonces… podrás tener al que quieras ahora…

- Ya lo sé, no soy.... no soy de la clase de gente que se acerca a otros. – murmuró, suspirando y desviando la mirada. – Y no me interesa que se acerquen a mí por... quien sabe qué poder extraño.

-Ven, acércate…- lo miró a los ojos sin moverse un ápice, esperando.

El chico no se movió por unos momentos, preguntándose qué quería, y acercándose por fin, seguro de que igual se acercaría él, y no sería agradable tampoco.

-Deja de temerme, no te haré daño…- el moreno le sujetó el rostro con una mano y lo acercó más a él. Le besó los labios con suavidad, deslizando la lengua en su boca –Crees que no eres hermoso, pero estás equivocado.

Kin lo miró a los ojos, enrojeciendo. – Soy... normal. Tampoco es lo que más me importa.

-No, no eres normal, eres mucho más que eso- se levantó cargándolo en brazos y lo dejó frente a un espejo, apoyándose contra su espalda -¿Qué es lo que ves?

- Sólo.... a mí, aunque mucho más pálido. ¿Qué se supone que vea? – preguntó Kin, con la mirada fija en su rostro, tratando de examinarse minuciosamente.

-Unos ojos sinceros, unos labios rojos y bien formados…- deslizó los dedos por estos, entreabriéndoselos cuidadosamente –Una piel suave y blanca como la porcelana- le besó el cuello y deslizó la mano por su cabello envolviéndoselo –Un cabello suave y fuerte ¿no ves esas cosas Kin?

- No.... no me veo así – contestó, con voz temblorosa, sin dejar de estar rojo. – Nunca me he visto así.

-Pero así es… estoy seguro de que sólo ves tus defectos en ese reflejo, aunque nadie más pueda verlos…- le pasó las manos por el pecho acariciando sus pezones con suavidad, aunque con toda la intención, presionándolos con delicadeza y subiéndole la camiseta con una mano, arrastrándola por su piel hasta sacársela.

- ¿Qué... qué haces? – preguntó, nervioso, moviendo las manos en un vano atento por evitar que le quitase la camiseta y apartándose finalmente.

-Ven. ¿Por qué te escapas?- lo miró de soslayo sin moverse del sitio porque sabía que huiría -¿No te agradaba? Por tu rostro diría que sí...- una sonrisa asomó a sus labios.

- No es gracioso, no soy ningún idiota, ¿sabes? – le dio la espalda, aunque cuestionándose si era algo sabio de hacer pero no quería que le viera la cara ahora.

-Por supuesto que lo sé…- se rió y lo sujetó por la cintura, rodeándolo con fuerza. Le besó un hombro y la espalda recorriendo su nuca con la lengua –Me haces desear tu sangre de nuevo.

- ¿Para qué? No soy un humano ya... –protestó, aunque sabía que su argumento era débil.

-Puedes sentir mi deseo… no preguntes por qué- lo abrazó por el pecho acariciándolo, los músculos suaves en su piel, flexibles. Lo volteó hacia el sujetándole el cabello entre los dedos y mirándolo a los ojos.

- ¿Qué piensas hacer? No... vas a tomarme a la fuerza... – aventuró, tratando de confiar, pero nervioso como nunca.

-¿Por qué no? Tomé tu vida a la fuerza ¿Qué es tomar tu cuerpo comparado con eso?

- Demasiado... es demasiado! – protestó, tratando de empujarlo. – No puedes hacer algo como eso...

-¿No? Sí, claro que puedo hacerlo- lo sujetó aún más contra él, dejando que se revolviese, tratando de apartarse y apretándolo aún más contra su cuerpo evitando el forcejeo por fin –Prefieres que te mate a que te viole… en cualquier caso no es tu decisión, ni siquiera puedes matarte- lo miró a los ojos serio.

- ¿Por qué no? ¿Quién dijo que no puedo? – protestó más por necedad, ya que no tenía intención alguna de quitarse la vida. – No prefiero que me mates, prefiero que hagas nada...

El moreno se rió -¿Y cómo te matarías?

- Podría... salir al sol o... prenderme fuego! – le aseguró, nervioso, deseando conocer más formas.

-Prenderte fuego… ¿y quien esparciría tus cenizas? Salir al sol… antes de que murieses, yo te habría devuelto a la oscuridad, así que olvídate ya…- se inclinó hacia él, lamiéndole el cuello y besándoselo, antes de morderle de nuevo.

El chico profirió un leve gemido, con el ceño fruncido, cerrando los labios luego para acallarse, sintiendo que perdía las fueras de nuevo, maldiciéndose a sí mismo por haber bajado la guarida, y al moreno también, por supuesto.

Los labios de Kanbei se separaron de su piel cuando lo sintió agotado. Lo observó alzándolo en brazos, observando su rostro lánguido y recostándolo en las sábanas –Cuando caiga la noche traeré a alguien para ti… - apretó las mandíbulas observándolo.

Los ojos castaños del chico apenas lo miraron, antes de cerrarse, la expresión de su rostro seria. - ¿Es porque me parezco a él? ¿Intentas vengarte conmigo?....

- He perdido todo el deseo de venganza…- le acarició el rostro y el pecho volteándose después y dándole la espalda –Él ya ganó aquella batalla como siempre, ahora duerme, estás agotado.

- Porque no soy él... No pienso pagar por nadie... – murmuró necio, aunque sintiendo que empezaba a quedarse dormido, quisiera o no. El moreno lo observó de soslayo y retiró la mirada atormentado por sus pensamientos.

 
 

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