| Capítulo 15- The First Victim
Kin se encaminó de vuelta, con una mochila al hombro y la
mayoría de su ropa embolillada dentro de ella. Sólo
esperaba que no se quejase por eso. No había planeado hacer
ningún viaje así que no tenía maletas que sirviesen.
Subió las escaleras, ahora fijándose mejor en el lugar
cosa que no había hecho la noche anterior claro.
El moreno en el interior de la casa se levantó al sentir
que llegaba el chico, sintiendo también su alteración,
en realidad comenzaba a preguntarse si en algún momento se
calmaba. Abrió la puerta delante de él y dejó
la bolsa sobre una de las mesas, examinando la ropa que llevaba
echando un vistazo por encima –Mucho mejor- cerró la
puerta a su espalda sin darle tiempo a entrar ya que su sed de sangre
estaba ya pujando de él. Le rodeó los hombros bajando
con él de nuevo.
- Pensé que... – suspiró, prefiriendo no protestar.
De todos modos, era cierto que tenía hambre, pero estaba
nervioso. No era algo fácil de aceptar el ir por allí
mordiendo a la gente y no pensaba matar a nadie. Pero seguía
teniendo miedo.
Kanbei lo miró de soslayo sintiendo sus nervios, pero sin
comentar nada para no molestarlo nuevamente. No porque le importase
en realidad, si no por su propio beneficio, lo ponía nervioso
–Te mostraré cómo debes hacer… ajustándote
a cómo eres ahora, con el tiempo… aprenderás
otros modos mucho más rápidos y efectivos…
- Pero... no tengo que matar a nadie ¿verdad? ¿O
sí...? – murmuró, bajando la voz, y soltando
su miedo, quisiera o no.
-Ya te he dicho que no, no tienes que hacerlo si no lo deseas…-
suspiró con fuerza pensando que era un insistente, se preguntaba
por qué le molestaba lo que apreciaba de el, tal vez porque
los años habían conseguido que todo le molestase –Yo
lo hago… porque lo disfruto…- sonrió levemente
excitado por aquel pensamiento. Recordando cómo la sangre
salpicaba antes su rostro mientras atravesaba los cuerpos con el
filo de su katana.
Kin lo miró de soslayo, serio. Suponía que era de
esperarse, pero en su interior no podía comprenderlo. –
Anoche, pensabas matarme ¿verdad? O ¿buscabas un sirviente?
-Nunca he tenido un sirviente, pensaba matarte, pero finalmente
me pareció que no debía morir alguien como tú…-
sus ojos siguieron con la vista a la pareja que se acercaba a ellos
de frente, cuesta arriba.
-Joder qué pinta… - susurró la chica agarrándose
a su novio al observar que la miraba.
-¿Qué miras cap…- la frase quedó a medias
cuando el moreno le sujetó el cuello al chico con la mano
apretándoselo y sonriendo mientras sujetaba a la chica. La
alzó con una mano, sus pies pataleando en el aire, sus manos
tratando de buscar respiración hasta que todo movimiento
cedió. La dejó caer, observando al joven que temblaba
gritando como un loco, haciendo reír al vampiro, sus colmillos
blancos entre los labios.
Le acarició el rostro susurrando y mirando en sus ojos –Tranquilo…
sólo vas a morir…– lo soltó mostrándoselo
al otro, cómo no huía, le rajó la mandíbula
y el cuello la sangre manando por su cuerpo y miró al otro
serio –Tómalo.
Kin lo miró horrorizado, con el corazón latiendo
a toda prisa en su pecho. Pero no, su corazón ya no latía,
igual era como si lo hiciese para el caso. Pero no podía
negarlo, el ver la sangre.... no creía poder resistirse.
Se acercó, bebiendo de él, intentando tomarlo con
tanta calma como le fuese posible, y con mucha más desesperación
luego, los últimos pensamientos del chico inundando su mente
en un torrente sin mucho sentido.
El moreno metió sus dedos entre los labios del chico cortándose
sin hacer ningún gesto, separándolo de él antes
de que muriese, observando sus labios y su piel blanca cubierta
de sangre –Luego habrá más… - le lamió
los labios y la mandíbula probando aquella sangre.
- Más... – murmuró como hipnotizado, sacudiendo
la cabeza luego, haciéndose reaccionar a sí mismo.
– Y ¿para qué la mataste a ella, eh? –
señaló a la inerte chica, con el ceño fruncido,
entre asustado y molesto.
-Porque no me gustó lo que pensaba de nosotros… De
todos modos, sólo era una furcía, ya estaba muerta…-
siguió caminando, lamiéndose la sangre en uno de sus
dedos y cruzándose de brazos –Vamos…
- No puedes matar a la gente sólo porque no te agrade lo
que piensen o porque sean idiotas. Por lo menos.... por lo menos
bebe su sangre... – se quejó, pensando que no era un
buen argumento pero al menos, tendría una excusa.
-No me interesa beber de mujeres y no podía dejarla vivir,
sería una molestia… ¿no lo comprendes?- lo miró
a los ojos frunciendo un poco el ceño porque lo contrariase
y siguió caminando suspirando con fuerza –Todos pensamos
eso al principio, no te preocupes… pronto comenzaran a parecerte
insignificantes…
- Eso no es cierto, yo no soy así – lo miró
de soslayo, prefiriendo no mirar hacia atrás ni ver a los
chicos tirados allí, y se pasó la mano por los labios
por si tenía sangre aún allí, no podía
negar que se sentía bien, fuerte, revitalizado. Pero no así
su estado emocional.
-¿Tú no eres así? No… pero ya lo serás…
cuando pasen los años y cada noche mates… a uno o a
más, para tu propio beneficio… cuando el placer te
ciegue… te lo mostraré… te mostraré el
placer de beber de alguien… - se paró a su espalda
observando a un chico que caminaba con la cabeza gacha, sonriendo
un poco, mordiéndose el labio para evitarlo, renegando, el
flequillo ocultando sus ojos –“Míralo…
¿lo deseas Kin?”- le pasó la mano por la mandíbula,
acariciándole el cuello susurrando cerca de su rostro –“¿Es
hermoso?”
Los ojos castaños del chico observaron al otro, su figura,
su manera de sonreír. En realidad sí le parecía
atractivo, hermoso si así le quería llamar. –
Pero no quiero matarlo. Insistió, ante las palabras anteriores
del moreno.
-“No lo mates…sólo hazlo disfrutar si es lo
que deseas… abrázalo, bésalo… es tuyo
si lo quieres. No eres humano, eres precioso ahora, irresistible,
te amará… ve a por él…sedúcelo…”-
continuó hablándole en voz baja -“Hazlo”-
insistió.
Jisei bajó mas la cara al notar que había alguien
delante, haciéndose el loco porque lo estuviesen observando,
aunque mirándolos aún así de vez en cuando,
vigilando y pensando en cambiarse de acera.
Kin se acercó a él dudoso, dijera lo que dijera Kanbei
nunca había sido un rompecorazones precisamente. Aún
así, avanzó hasta que estuvo frente al chico, observando
sus ojos desconfiados. - ¿Crees.... crees que soy guapo?
– le preguntó sin demasiada seguridad.
Kanbei sonrió, tapándose la boca con los dedos ligeramente,
más bien acariciándoselos. El rubio alzó la
vista, sus ojos grises observando los ojos del chico frente a él,
un tanto confundido por aquella pregunta. Se encogió de hombros,
claro que era guapo y mucho pero… también raro y ya
le había llegado de sorpresas por hoy. Lo esquivó
pasando a su lado negando con la cabeza.
- Oye... – Kin se giró observándolo alejarse
y mirando a Kanbei de nuevo. No sabía qué estaba pensando
pero era obvio que de irresistible no tenía nada. Ahora se
sentía estúpido por haber hecho una pregunta así.
El vampiro lo sujetó por la muñeca, el rubio se volvió
hacia él alterándose furioso y tratando de soltarse.
Lo volteó sin hacer ningún esfuerzo, sujetándolo
contra su cuerpo y haciéndolo mirar a Kin, sosteniendo su
mandíbula con una mano -¿Acaso no te parece atractivo?...
Acércate Kin…
El chico se acercó tentativo, observando al rubio, y luego
al vampiro. – No soy irresistible y no quiero que le hagas
daño por gusto. Obviamente.... – miró a los
ojos grises del chico de nuevo, deseaba su sangre, seguía
con aquello a pesar de haber bebido del otro. Era molesto.
-Lo que hagas con tus presas es asunto tuyo… pero sí
lo eres, si tan sólo lo supieras…- el rubio escuchó
lo que decían, comprendiéndolo, incrédulo.
¿Eso era lo que pasaba por un día que salía
de su cuarto? Esta vez sí iba en serio, ahora sí que
la había cagado, ni siquiera podía pedir ayuda. Sintió
cómo el moreno le sujetaba la camiseta partiéndola
como si fuera un trapo viejo, su pecho subió y bajó
sudado, resistiéndose, sin conseguir mover un ápice
aquellas manos fuertes y gélidas, observando los ojos castaños
frente a él –Sedúcelo… puedes hacerlo…
se entregará a ti…
Kin lo miró, aún indeciso, frunciendo el ceño
un poco y acercándose al chico, tocando su pecho sudoroso
por el miedo, observando sus ojos. – Pero incluso si lo logro,
es una mentira. No le gustaba hace un momento... – murmuró,
sin dejar de mirarlo, y sin saber por qué le importaba. Bueno,
era lo normal, no le gustaba ser engañado, ni por sí
mismo. Acercó sus labios a los del chico por ver si se resistiría
o no, pero sin llegar a besarlo.
-Por Dios… es tu comida… tómalo o yo lo haré…
- lo empujó hacia él un poco más, sujetándole
los brazos atrás –No necesitas que te ame realmente…
Los labios de Jisei se entreabrieron calmándose al tacto
de su mano, como hipnotizado por sus ojos y sus caricias. Deslizó
la lengua de sus labios, acariciando los del chico demasiado lejos
para besarlo.
- No dije que debía amarme... – susurró contra
los labios del rubio, enrojeciendo un poco y mirando al moreno de
soslayo, acercándose más al chico para besarlo, cerrando
los ojos ahora, sintiendo la suavidad de aquel beso, y finalmente
desprendiéndose para bajar a su cuello, mordiéndolo,
deseándolo, succionando su sangre cálida, sin pensar
más, ahora escuchando la voz del chico en su mente.
Jisei jadeó, aflojando toda resistencia, sintiendo que el
otro lo soltaba, pero abrazándose a aquel chico en lugar
de huir, sintiendo tan sólo placer, recordando cómo
lo había hecho con aquel chico, notando un placer extraño
y atemorizante, pero increíble, su sexo irguiéndose
entre sus piernas, los dedos deslizándose entre el cabello
violeta. Sintió que se le iban las fuerzas y trató
de apartarlo como volviendo a la realidad, pensando en su hermano
como si pudiera salvarlo de todo mal. Sin conseguir nada, apretándole
los hombros con la poca fuerza que le iba quedando.
Kin cerró los ojos, aún deseando más, lo sentía
excitado contra él, cálido. Pero aquel gesto de apartarlo,
junto a lo que sentía. Estaba añorando a alguien,
alguien a quien quería, y tratando de sobrevivir, justo como
él la noche anterior. Se detuvo, jadeando, apartándolo
un poco, susurrando. – Jisei... regresa con tu hermano.
El rubio lo miró, odiando su compasión aunque quería
vivir y odiando más que hablase con él como si le
hubiera confiado aquello. Desvió la mirada, mareado, apoyándose
en la pared para no caerse. Kanbei lo miró de soslayo dejándolo
caer sentado al suelo preguntándose si realmente Kin creía
que podría mantenerse en pie con toda la sangre que le había
succionado.
-Mañana estará mejor… vámonos- lo cogió
por los hombros esperando a que se moviese.
- ¿No me mientes? No va a morir ¿verdad? –
le preguntó, sintiéndose culpable aunque no los matase.
No era muy agradable que te mordieran y te dejasen allí en
la calle tirado. Pero ya sabía que Kanbei no iba a ceder
en eso.
-No te estoy mintiendo…- lo miró de soslayo respirando
con fuerza aún sediento desde luego -¿Aún sediento?-
preguntó como dejando escapar sus propios deseos en realidad
un tanto disconforme de no poder actuar libremente para no tener
que escuchar sus quejidos y protestas.
- No... creo que es suficiente. ¿No? No tengo que beber
de mil... – murmuró, metiéndose las manos en
los bolsillos como un reflejo aunque no tenía frío.
-Vuelve a la casa entonces si quieres…no ha sido suficiente
para mí - le entregó las llaves mirándolo a
los ojos –Si te vas te encontraré y te mataré,
deja la ventana abierta- zanjó observándolo.
- No soy idiota. No sirve de nada huir, aún sería
un vampiro ¿no? – le aseguró suspirando, molesto
ante la amenaza. – Y no, tampoco voy a tratar de matarte para
ver si se me quita, en caso de que me fueras a decir eso ahora.
El moreno sonrió -¿Tratar de matarme? ¿Tú?
No creo que seas tan estúpido para que siquiera se te pase
por la cabeza, llevo siglos vivo y aún no ha nacido quien
pueda hacer algo así, ahora ve a la casa y descansa mientras
puedas…- se giró de golpe con el ceño fruncido
caminando en la oscuridad y saltando a la parte de arriba de un
edificio dirigiendo sus pasos por los tejados.
El chico frunció más el ceño, observando cómo
se alejaba de aquella manera tan peculiar. – Acabo de decir
que no soy estúpido, ¿qué demonios te sucede?
– se giró, caminando molesto para regresar a la casa,
y sintiéndose como niño con toque de queda, prefiriendo
no pensar en lo que había querido decir con aquello último.
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