| Capítulo 11- Honour and Duty
Kanbei giró su rostro apenas un poco, al escuchar el ruido
entre las sábanas, el chico cubierto con un yukata a su lado.
Acababa de despertar, su rostro aún reflejaba debilidad aunque
él sabía que la palabra adecuada era “sed”
y poco a poco, confusión.
Kin miró a su alrededor, luego centrando su mirada en el
moreno, demasiado débil como para reaccionar con violencia,
aunque los recuerdos de la noche anterior se agolpaban en su cerebro
sin que pudiese detenerlos. - ¿Quién eres? ¿Qué...
pasó?
-Lo que sucedió… fue que te entregaste a mí
a cambio de conservar tu vida… - se enderezó un poco,
apoyándose en un codo, su cabello negro cayendo a un lado
y sobre las sábanas. Le sujetó la mandíbula
con la mano, delicadamente, examinándolo, observando su cambio,
su piel más blanca y perfecta, sus ojos más brillantes
e intensos, sus labios más rojos y vivos. Incluso su cabello
parecía ahora más brillante y suave.
El chico se echó atrás huyendo de su toque, contestando
enseguida, antes de que pudiera detenerse. – No hubiera sido
necesario si no me hubieras atacado.
-¿Necesario? ¿Acaso no matas tú, animales
para comer? ¿No has pisado jamás una hormiga?- sonrió
levemente, apreciando su gesto de orgullo al retirarse y contestarle
de ese modo. Sujetó su rostro de nuevo, esta vez con la fuerza
necearía para que no se le escapase pero sin hacer gesto
brusco alguno –Recuerda nuestro pacto… si incumples
tu parte yo incumpliré la mía.
- ¿Nuestro pacto? – preguntó, vagamente recordando,
con el ceño fruncido, aunque cuidando de no enfadarlo, no
era algo inteligente de hacer. – Esto.... ¿qué
sucede ahora? ¿Soy...? – se detuvo confundido, no era
lógico, esas cosas no existían.
-Un vampiro…- lo miró a los ojos serio, retirando
la mano de su rostro –y mi sirviente… hasta que yo decida
que puedes ser libre… fue nuestro pacto y has de respetarlo
si tienes honor- se sentó cruzando las piernas, el yukata
negro cubriendo su cuerpo y resbalando por su hombro. El cabello
suave sobre su espalda.
Kin bajó el rostro, seguro de que no tenía opción
de todas maneras, sin poder evitar pensar en el lío que se
había vuelto su vida. No podía creerlo, es que él
no creía en esas cosas. – Mi nombre es Kin.- se presentó
tratando de llevar algo de normalidad en aquello.
-Lo sé…- se ajustó la ropa al cuerpo –Péiname…-
se quedó de espaldas a él entregándole un peine
de nácar y esperando –No tengas miedo… yo te
enseñaré todo lo que desees saber…
El chico apretó el peine en su mano, un tanto molesto más
bien, pero igual comenzando a peinar sus largos cabellos. –
No sé... exactamente qué es cierto. Tampoco sé
tu nombre.
-Mi nombre es Kanbei…- sonrió ante su enfado y se
rió abiertamente después –No te enfades así…
Ahora tienes miedo, pero verás cómo lo que te ofrezco
es mejor que cualquier vida humana que pudieras obtener…
- No tengo miedo – le aseguró, aunque claro que estaba
ansioso. No sabía ni cómo reaccionar ahora. No es
como que pudieras cambiarte el chip de un segundo a otro.
-Así me gusta…- concedió el moreno sin inmutarse
ante su tono –La luz del sol te matará… el fuego
podría matarte… la comida ya no tiene placer alguno,
la sangre… es eso que tanto estás deseando ahora mismo…
Kin detuvo el cepillado, tratando de ocultar lo inocultable. –
No estaba.... sólo me siento algo mareado aún. Pero....
¿tengo que matar gente ahora? No creo poder hacerlo, es algo
que no hago...
-No has de matarlos si no lo deseas… bebe de ellos y permíteles
seguir con sus miserables vidas…- le extendió la cinta
para que le recogiese el cabello esperando que supiera como hacerlo
–Elige a tus víctimas… busca en su mente su derecho
a vivir…
El chico de cabello violeta, le recogió el cabello en una
simple cola, sin que siquiera se le pasase por la mente el si deseaba
llevarlo de alguna otra manera. - ¿Por qué lo hiciste?
¿Necesitabas un sirviente nuevo y tuve mala suerte? –
preguntó, por momentos recobrando su propia confianza.
-No tienes ni idea- frunció el ceño soltándose
el cabello y recogiéndoselo de nuevo correctamente –Aprende
a hacerlo, porque es tu deber… - se levantó deshaciéndose
de la ropa manchada de sangre y tomando otro kimono del mismo color
aunque con distinto estampado, atándoselo en silencio y preguntándose
si realmente podía soportar la compañía de
alguien –Nunca antes perdoné una vida… si crees
que tienes tan mala suerte- le sujetó el cuello arrodillado
frente a él sin que su movimiento fuera apreciable, mirando
sus ojos con fiereza –Tal vez debería matarte para
que sientas que la suerte te acompaña.
- No... – protestó, desviando la mirada de sus ojos,
nervioso, sintiéndose humillado a la vez. – No quise
decir eso....
-Pues piensa antes de hablar, no hubiera salvado a un estúpido,
no te hubiera dado la inmortalidad de no ser porque vi en ti algo
especial…- le sujetó la mano poniéndolo en pie
–Olvida lo anterior y olvida tu debilidad si quieres sobrevivir,
creí que eso deseabas… vivir… ¿o no? No
sentí la indiferencia o el pánico de todos los que
mueren a mi paso… sentí lucha… ya no la siento…
- No es fácil, no es fácil cambiar de vida así
por así. Ayer hacía planes para mi futuro y hoy....
no sé ni donde estoy. – “Y tampoco aprendí
peluquería” finalizó en su mente, aunque guardándose
de no decirlo.
-No es necesario aprenderla para saber recoger bien el cabello
de un hombre… - miró sus ojos inmutable y serio –Ahora
tienes incluso más futuro por delante ¿Qué
te detiene? Nada… ahora nada te detiene, sólo yo…
y no te prohibiré estudiar… ni apenas ninguno de tus
otros deseos.
- ¿Vas a esta leyendo mi mente así.... siempre?-
preguntó preocupado por aquello y decidiéndose a preguntar
lo otro que lo inquietaba y que no había preguntado por no
parecer estúpido. Pero ya no tenía lógica no
hacerlo. – No tengo que llamarte.... amo, ni maestro ni nada
de eso ¿verdad?
-Llámame por mi nombre y leeré tu mente tanto como
lo desee- lo sujetó por la cintura mostrándole la
casa –Dormirás a mi lado… aquí está
el baño, lo usarás cada día, necesariamente
o no… ¿vives solo?
- Ya uso el baño todos los días – protestó,
molesto por lo que insinuaba, y respondiendo. – Sí,
vine a estudiar.
-Irás a buscar tu ropa por la noche, volverás…
y te mostraré donde alimentarte y cómo… No usarás
nunca más prendas como la de ayer… parecías
un pordiosero… ahora dúchate…
- ¿Qué tenía de malo mi ropa? No puedo vestirme
como tú.... – protestó, ya olvidando el nerviosismo
de hace tan sólo unos momentos.
-No lo harás, pero no usarás ropa con agujeros ni
vieja nunca más y si desease que te vistieras como yo, lo
harías, parece que no comprendes tu posición aquí…
aséate… - le señaló la bañera
cruzándose de brazos después.
- Sí comprendo... – refunfuñó molesto,
y pensando que tampoco tenía mucha ropa con agujeros pero
no era rico para andarse comprando ropa nueva todo el tiempo. Se
dirigió a la bañera, bajándose un poco la yukata
por los hombros y luego mirándolo. – Me gustaría
tener algo de privacidad.
-Me alegra saberlo- permaneció donde estaba, observándolo,
de pie, sin inmutarse lo más mínimo –¿Crees
que te vestiste solo anoche?
- No es lo mismo... – frunció el ceño, adivinando
que no le iba a conceder aquello y quitándose el yukata del
todo, entrando en la bañera y abriendo el grifo para tomar
una ducha, procurando no mirarlo.
-Te veías mejor dormido y con la boca cerrada, eso sí
es cierto…- se volteó saliendo del baño tras
haberlo molestado suficientemente a su parecer y se sentó
en el suelo limpiando una katana a la vista antiquísima.
Kin apenas dirigió la mirada en su dirección, frunciendo
el ceño de nuevo y dejando que el agua recorriese su piel,
apoyando los brazos contra la pared y suspirando, ahora que estaba
solo.
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