Capítulo 9- My Weakness
- ¿A dónde vas? No me digas que te vas a casa.... –
Toshi lo sujetó del brazo, impidiéndole que saliese,
seguro de que se iría a casa. – Te dije que te iba a
presentar a alguien...
- Te dije que no me presentes a nadie- protestó el chico,
suspirando. – Sólo quiero tomar un poco de aire.
- Que no... te vas a ir....
- No me voy a ir, pero me iré si no me dejas salir un rato.
– le advirtió Kin, mirándolo serio. No se sentía
bien entre tanto alboroto. Necesitaba un poco de calma. –
Vengo ahora – sentenció, saliendo ignorando los gritos
festivos del otro, diciéndole a saber qué cosa, y
bajó a la calle, respirando la brisa nocturna.
Unos ojos amatista lo observaban caminar por la oscuridad solitaria
de las calles, el kimono negro era lo único que cubría
a aquel hombre que parecía haber emergido del pasado, su
pelo negro recogido en una cola larga y alta. Sus brazos cruzados,
mientras caminaba sin apartar la mirada del chico. Un chico normal
y sano… para variar, era algo difícil de ver en el
Japón de hoy en día.
Kin caminaba a paso lento, aunque no pensaba alejarse mucho. Ya
sabía como era aquello, no se daría cuenta al principio,
pero luego tendría que recorrer todo ese camino de vuelta.
De pronto sintió un escalofrío a su espalda y cruzó
los brazos, seguro de que imaginaba cosas.
La fuerte mano del hombre se apoyó en su rostro con delicadeza
imposible para un humano, tan sólo transcurrió un
segundo para que el otro brazo rodease la cintura del joven ante
él, apretándolo con firmeza contra su cuerpo frío.
No tenía sed… había matado a más personas
de las que vampiro alguno pudiera alimentarse en sólo esa
noche pero no dejaría escapar algo así.
- ¿Qué demonios...? – protestó el chico
preguntándose si alguien lo habría seguido desde la
fiesta, y tratando de girarse para ver de quien se trataba. Estaba
helado para colmo.
- … sólo uno…el peor de todos- el moreno susurró
en su oído apretándolo más contra él
y le pasó la mano por el rostro, alzándole la cara
mientras bajaba el pulgar por su cuello rajándolo con una
de sus uñas apenas de forma superficial.
- Ahj... – se quejó el chico al sentir su uña,
y aquella voz desconocida, de pronto recordando todos los casos
de psicópatas y violencia que había estado leyendo
durante el día. – Suéltame... – murmuró
como si aquello pudiese surtir efecto.
-Desde luego que no- El moreno sonrió justo antes de hundir
los colmillos en su cuello, probando su sangre y observando más
allá, al final de las calles, alguien como él…
era un placer seguro para calmar su sed, tal vez lo único
que la aplacaba.
Kin gimió, sin poder hacer otra cosa más que sentir
cómo succionaba su sangre, su abrazo demasiado fuerte como
para que pudiese soltarse, su propia voluntad haciéndose
débil a pesar de que aún intentaba luchar, más
contrariado aún por encontrarlo extrañamente placentero.
El hombre se detuvo volteándolo hacia él, observando
su rostro y permitiéndole ver el suyo –Qué lástima
matarte…- susurró, acariciándole la mejilla
y observando su aspecto debilitado, la sangre bajando por su cuello.
Era hermoso, aunque aquella ropa no le hiciera justicia, claro que
no era la hermosura, si no su corazón fuerte y su ansia de
lucha lo que le hacía detenerse a observarlo. Le gustaba
ver cómo sus vidas se esfumaban entre sus brazos… cada
vez más hermosos… hasta extinguirse.
- No... – susurró el chico apenas con un hilo de voz,
aunque observando aquel rostro, como si estuviera viendo algo en
un sueño, mareado. Trató de empujarlo, apenas moviendo
la mano en la realidad de su cuerpo debilitado. – No voy a.....
-Quieres luchar… pero no puedes más…- sonrió,
tomando su mano como ayudándolo a aferrarse a la vida -¿Quieres
vivir? Kin…
Sus ojos castaños se agrandaron, sin comprender cómo
sabía su nombre, asintiendo, sin embargo. No deseaba morir,
no recordaba si habría dicho su nombre, o si.... no podía
pensar muy bien, pero no quería morir, eso estaba claro.
El hombre lo miró a los ojos, no le importaba mucho lo que
dijera con sus labios ya que leía sus pensamientos mediante
aquel vínculo que ya había sido establecido. Le recordaba
a sí mismo a punto de morir… desangrado… luchando
por sobrevivir, aferrándose a lo que fuera, incluso al deshonor
o a la incertidumbre de lo que pudiese esperarle.
Se rajó un poco el cuello abriéndose una cortadura
–Dejarás tu vida mortal…y permanecerás
a mi lado, al lado de tu asesino… hasta que yo lo decida…
elige… vivir como un demonio…o morir como un cobarde…sella
el pacto…- la sangre rojo fuerte manaba en pequeños
regueros sobre su piel pálida y se abrió un poco más
el kimono ofreciéndole beber de él y aproximándolo,
sujetándolo por la nuca, sintiendo su terrible debilidad.
El chico observó la herida, asustado y a la vez desesperado,
nada le parecía real ni lógico ya, sólo podía
pensar en que no deseaba morir. Dejó de pensar o intentar
pensar por un momento, su instinto de supervivencia adueñándose
de la situación, y se aferró al moreno, bebiendo de
su sangre, como si con eso pudiese reponer la que él mismo
había perdido ya.
Kanbei lo levantó un poco del suelo con la mano en su cintura,
como si no tuviese peso alguno. Sonrió al sentir la fuerza
con la que bebía su sangre, nunca había dejado a nadie
beber de él antes. Se rió al sentir la extraña
debilidad después de tantos y tantos años –Es
suficiente…- le ordenó en tono serio pero tranquilo.
Kin continuó bebiendo por unos segundos más, deteniéndose
finalmente para mirarlo, aún bastante débil pero por
otra parte, había una extraña fortaleza dentro de
su cuerpo, podía sentirla. – No quiero.... morir –
repitió inconscientemente.
-No morirás… - el moreno lo levantó en brazos,
llevándolo consigo, observando aquel gesto agotado en su
rostro. Sonriendo al pensar en si no desearía estar muerto
al día siguiente. Claro, que también podía
concederle ese deseo si es que era tan débil.
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