.Novela homoerótica para mayores de edad.
 
Capítulo 2- Not So Long Ago (A Million Years Ago)

-Papá…

-Espera… estoy ocupado…- murmuró el hombre con el cigarro colgando de sus labios, agachado en el suelo con media cabeza metida dentro del frigorífico industrial, salía una peste terrible a anticongelante y de vez en cuando, alguna cucaracha correteaba por el suelo a toda prisa, huyendo de los movimientos del electrodoméstico –¿Por qué no te sientas y esperas?

-Vale…- susurró muy poco convencido, sentándose en el sofá de cuero de aquel local oscuro, observando el movimiento de la gente. A la vista de sus ojos, todos aquellos tipos vestidos de negro eran muy extraños. Pero no podía culpar a su padre, trabajaba como frigorista las 24 horas y aquello había sido una emergencia.

Él no había querido quedarse solo en la casa por la noche, le daba un miedo horrible. Sus ojos verdes se desviaron a cómo otra cucaracha correteaba hacia sus pies y los subió al cojín del sofá girándose de medio lado y cerrando los ojos, aún tenía sueño.

Los labios del chico que le observaba desde el otro lado del local, se extendieron en una sonrisa. Llevaba algo de tiempo observándolo, tratando de resistir la tentación de acercarse, pero algo en el chico lo llamaba. Tal vez porque era tan diferente a lo que estaba acostumbrado a ver por allí, o tal vez le daba pena verlo tan fuera de lugar. Se puso de pie sin pensarlo mucho ya y antes de que pudiese darse cuanta, se estaba sentando a su lado, susurrando. – “No es un buen lugar para dormir”.

El rubio abrió los ojos de golpe al sentir aquella voz que no conocía, esperando encontrarse a alguno de aquellos “frikis” a su lado y listo para correr con su padre. Se quedó mirando a aquel chico que parecía sólo unos cuantos años más mayor que él y permaneció donde estaba, observándolo y enrojeciendo por si había notado la maniobra de huida inicial. Sonrió levemente un poco cortado porque le hablase –Me aburro… y estaba durmiendo cuando salí de casa…- se abrió la cazadora para mostrarle el jersey del pijama.

- No te asustes, prometo no comerte – se rió, apoyándose con un brazo en el respaldar del sofá y recogiendo sus piernas también sobre el mismo.- Me llamo Kanki.

-Y yo, Yoru…- apoyó su brazo en el respaldo imitándolo, y la mejilla en el mismo observándolo, aún sonriendo nervioso –También vas de negro… ¿Por qué? ¿Por qué todos van de negro?

- No lo sé, sólo me gusta ese color. Así que supongo que a los demás también. – le sonrió tomándole la mano ya que le quedaba cerca al apoyarla en el respaldo. - ¿No te gusta?

-A mí…a mí me gustan los colores…- se quedó mirándolo sintiendo que se le encendían las mejillas y miró a su padre no fuera a verlo y después burlarse. Lo miró de nuevo, recogiendo los dedos y escondiendo las manos entre las piernas –A ti te queda bien… y eso…

- Gracias, a ti te quedan bien los colores. ¿Quieres...? – miró de reojo sus manos notando que las escondía y sonriendo un poco de nuevo. - ¿Crees que a tu padre le molestaría si vienes conmigo? Tan sólo afuera...

-Le digo…- se levantó, porque en realidad quería irse de aquel sitio y además le caía bien. Se subió a la banqueta arrodillándose –Papá…papá… papá!

-¿Qué?!- el hombre le contestó al fin, aunque sin sacar la cabeza del aparato.

-¿Puedo salir afuera? Con un niño que me encontré… - se quedó callado pensando que más bien lo habían encontrado a él.

-Si… pero no te vayas lejos…

-Vale- volvió frente al chico y lo observó parado delante de él–Le da igual, pero no me voy lejos…

Kanki se rió, tomándole la mano inmediatamente. – No nos iremos lejos, sólo quiero salir de aquí.

-¿Por qué te ríes?- se dejó llevar, pensando que de nuevo le cogía la mano pero ahora sí no podía huir. Además, así no le daba tanta vergüenza -¿No te gusta este sitio?

- No mucho, la verdad. Y me río porque.... no lo sé, eres gracioso. – confesó, saliendo afuera con él y dejándose acariciar por el aire frío de la noche.

-¿Y por qué estabas ahí si no te gusta? ¿Estás solo?- lo miró incrédulo olvidándose del tema de si era gracioso o no -¿Cuántos años tienes? ¿Catorce? ¿dieciocho? ¿dieciocho?- se quedó esperando al pensar que sería más efectivo que seguir contando sin parar.

- ¿Cuántos años crees que tengo? – le preguntó alejándose un poco para que lo examinase, juguetonamente. - ¿Por qué estabas allí tú?

-¿dieciocho?- lanzó al vuelo sólo porque estaba allí solo y además no se vestía como un niño normal –Y estaba porque mi padre tenía que hacer una urgencia en el frigorífico… es frigorista…- aclaró luego por si no era suficientemente obvio –arreglan neveras…

- dieciocho, di dieciocho....– lo tocó con un dedo, sonriendo y asintiendo.-Sé lo que es un frigorista, pero.... ¿no debiste quedarte en casa? ¿Con tu madre?

-No viene a casa hoy…- se rió porque lo hubiese tocado y le sujetó el dedo –Y me da miedo quedarme solo en casa por la noche, está oscuro… ¿Por qué estabas allí solo?- recordó preguntar de nuevo.

El albino permaneció donde estaba observándolo y pensando en cómo responderle a su pregunta de manera que no fuese demasiado extraño. – Pues.... vivo cerca y me dio hambre, así que salí. Y... terminé aquí.

-Hum… pues debiste comer en otro lugar que no hubiera tantas cucarachas…- se rió soltándole el dedo y observándolo –No vives solo.

Kanki se echó a reír al escuchar su recomendación, aunque en cierto modo era cierto.- No, debía ir a otro lado...- le sonrió acercándose de nuevo. – Vivo solo... no tengo familia.

-¿No?!- lo miró notando que se acercaba más y se rió un poco echando un paso atrás -¿Cómo no tienes familia y vives solo? ¿Por qué no estás en… un sitio de esos?

- ¿Un orfanato? ¿Te gustaría vivir a ti en uno? Es mejor tener libertad de hacer lo que quiero. – sonrió acercándose de nuevo, no con la intención de asustarlo, si no más bien, porque le agradaba mirar en sus ojos. - ¿Me tienes miedo?

-No, me da vergüenza…- se rió enrojeciendo -¿Por qué te iba a tener miedo? No es como que seas mayor o algo así…- extendió las manos hacia él, pensando que seguro se sentía muy solo, odiaba esa sensación.

El chico tomó sus manos, sonriendo un poco, aunque su mirada era algo más seria.- Me alegró, no me gustaría que me tuvieras miedo. Y no sólo debes temer a los mayores, ¿sabes? – sonrió un poco más, pensando en que no debería ir por allí con extraños, pero él no era quien para hablar.

-No les temo… es sólo que tú no vas a hacerme daño pero una persona mayor… no me fío… ¿quieres que te abrace?- se puso un poco rojo observándolo –Yo te querría abrazar…

Kanki ladeó la cabeza, tomado por sorpresa, y sonriendo enternecido. - ¿Quieres? Me gustaría mucho....

-Claro- se rió nervioso y lo abrazó pensando que era más alto que él. Claro, era obvio, le llevaba bastantes años, olía distinto que nadie que hubiera abrazado antes -¿Tienes frío?

- Sólo un poco... – susurró, imaginando que sentía su cuerpo frío, en comparación con el suyo, cálido. Podía sentir la sangre fluyendo por sus venas, pero no era eso lo que deseaba de él. Se abrazó más, cerrando los ojos.

El rubio se separó un poco sonriendo y se sujetó la cazadora para que lo abrazase por dentro de esta –Te tapo…- propuso sacudiendo un poco las manos y mirándolo avergonzado y reído a la vez –Podríamos ser amigos… me agradas.

- Tú también me agradas. – le sonrió, observando aquella expresión que encontraba tan dulce. – Me gustaría ser tu amigo.

-Podrías venir a mi casa…- le tapó la espalda con el abrigo, cruzando los brazos en ella, sintiendo algo de frío al notarlo tan cerca de su piel sólo con el pijama -¿Mañana por la tarde? Yo salgo de clase a las seis… y luego me estoy solo todo el día…

La sonrisa de Kanki se hizo un poco más amarga, al comprender las imposibilidades, aún así, sin querer darse por vencido. – No podré.... verte por la tarde. ¿Está bien si nos encontramos cuando oscurezca?

-Hum… siempre que no se lo diga a mis padres… no pasa nada- sonrió pensando que de veras era un poco extraño, pero no quería ser demasiado cotilla aunque tuviera curiosidad –¿Tienes teléfono? ¿Cómo te pagas tu casa?...- preguntó de pronto al pensar en el teléfono y de nuevo en que vivía solo.

- No tengo teléfono y..... no pago, vivo en un lugar...... en el que no vive nadie. – se rió, separándose un poco y besándole los labios de pronto con suavidad, sólo porque no había podido contenerse.

Yoru lo soltó y se tapó los labios con las dos manos totalmente rojo, mirándolo a los ojos y luego lo señaló con un dedo –Eso! Eso no se hace…- se rió al notar que le decía como si fuera su madre riñéndole –No te burles… no hace gracia…- se sentó en un banco a pesar de todo riéndose y mordisqueándose el labio de abajo –Se supone que beses niñas…

- ¿Por qué? A mí me gustas tú – se rió aún, tocándole la mejilla con un dedo y sentándose a su lado. – No lo hice con mala intención, es sólo que te veías muy dulce.

-No hables como si me fueras a comer…- se rió mirándolo a los ojos y sujetando las manos en los bordes del banco luego, balanceándose de adelante a atrás pensando. Cogió un papel de la cazadora y un lápiz que llevaba para el colegio, le escribió su dirección y le apoyó el papel en la pierna -¿Sabes donde está?

El albino asintió, leyendo el papel. – Puedo encontrar la dirección. – le aseguró, mirándolo de nuevo.

Yoru apartó la mirada observando el local y enrojeciendo, preguntándose si lo iba a besar de nuevo y riéndose, mirando el suelo e inevitablemente deseándolo.

-Yoru! Nos vamos…- el hombre de pelo negro sólo lo miró un segundo antes de meterse en la furgoneta de la empresa de frío.

- … me tengo que ir…- se levantó pensando que no quería y se quitó la cazadora apoyándosela en la cabeza como por si dejársela así, diera menos vergüenza o cambiase su gesto restándole relevancia –Me la devuelves cuando me veas…así que tendrás que venir a devolvérmela- echó a correr hacia la furgoneta tratando de quitarse el rojo antes de subir aunque dudaba que su padre lo mirase siquiera.

Kanki sonrió, pensando en gritarle algo y conteniéndose por no echar a perder sus planes. Se bajo la cazadora, sujetándola contra sus hombros. No se había sentido tan feliz en mucho tiempo. Seguro era una tontería pensar así bajo sus circunstancias, pero por el momento no se sentía solo y le parecía largo el tiempo para verlo de nuevo.

 
 

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