| Capítulo 1- Because He isn't
You
Yoru se sujetó las manos a los tobillos apretando la mejilla
contra una de sus rodillas, era un alivio que fuera invierno, en
verano tardaba mucho más en ocultarse el sol y cuando salía,
todas las tiendas estaban cerradas y estaba todo muy oscuro. Pero
por otra parte, en invierno deambulaba mucha menos gente a esas
altas horas de la noche.
No le gustaba estar solo y raramente encontraba quien le hiciera
compañía salvo para una conversación incongruente
y poco trascendental que no duraba más de unos minutos si
es que no eran segundos. Echaba de menos cuando vivía con
su padre, tal vez no era el mejor padre del mundo, pero al menos
le prestaba atención a veces.
El caso era que no había gente de su edad, y mucho menos
solos, a esas horas de la noche, aunque cuando veía alguno
tampoco se atrevía a acercarse. Se mordió un poco
el labio inferior porque ya sabía lo que estaba a punto de
hacer sólo con notar el calor en sus ojos y no quería.
Apretó los párpados rozándose la frente con
las rodillas y abrió los ojos de nuevo observando el bultito
blanco sobre sus jeans.
Sujetó la gomita de aquel ambientador que había robado
en un coche y el peluche blanco se balanceó a los lados delante
de su rostro, sonrió un poco y lo apoyó sobre sus
rodillas. Alzó la vista rápidamente.
Había visto a alguien, corrió hacia él sin
pensarlo siquiera, parecía que tenía veintitantos
años, si no se equivocaba, era la edad que debía tener
ahora Kanki aunque no sabía cómo se vería…
después de siete años. Había pensado que se
parecía demasiado para ser una mera casualidad.
El chico no había parecido percatarse de su presencia hasta
que le sujetó la mano y se volvió rápidamente
como sorprendido por su tacto frío, él mismo, al percatarse
de lo que hacía la retiró abruptamente, no era el…
Aún así seguía recordándole a Kanki.
-Kanki…- Extendió el brazo hacia arriba y sus dedos
tocaron las hebras plateadas de su pelo, sonrió sin poder
evitarlo y después miró a los ojos del chico, abrazándose
a él. Este se dejó abrazar, desconcertado, obedeciendo
lo que aquellos ojos infantiles susurraban en su cabeza sin poder
poner resistencia alguna. Hipnotizado por su mirada.
Permaneció abrazado a él por un tiempo que sintió
eterno, notaba a la gente pasando a su lado, observándolos,
hablando, pero no dejó de abrazarlo. Todo se sentía
lejano menos aquel abrazo, su corazón palpitando contra su
rostro apoyado en aquel pecho caliente.
Le sujetó una mano y caminó con él por las
calles, prefería no mirarlo demasiado o recordaba que no
se trataba realmente de él.
Se detuvo en el banco de un parque y esperó a que el chico
se sentase para sentarse en sus piernas, le rodeó el cuello
con los brazos acariciándose la cara con el, sintiendo sus
caricias aunque supiese que se las daba sólo por culpa de
lo que él era. No le importaba ahora -¿Me quieres?
-Mucho…- el chico sonrió enredando los dedos en el
cabello rubio y Yoru alzó la vista frunciendo un poco el
ceño.
-¿Me das un beso?- preguntó, sus ojos verdes observándolo
fijamente. El albino se inclinó para besarle la frente y
el rubio bajó la cabeza rápidamente –No!...
no lo quiero…- se sujetó a su ropa ahora sí,
llorando silenciosamente contra su pecho, no le servía su
consuelo.
Se sentó a horcajadas en él y se abrazó de
nuevo, cerrando los ojos y sujetándose a su cuello, apoyando
los labios en su piel tratando de concentrarse en lo que debía
hacer y dejar de estar soñando despierto, nadie si no Kanki
mismo podría consolarlo jamás. Apretó las mandíbulas
negando mentalmente, no quería, no le gustaba, era asqueroso
tener que hacer aquello, pero el deseo era a la vez implacable…
le hacía temblar el cuerpo entero, no… no podía,
se parecía demasiado a Kanki… -Kanki…- se echó
hacia atrás observando su rostro y le pasó las manos
por las mejillas –nunca volviste… y ahora… porque
me dejaste solo… yo…- le tiró de la camiseta
apoyando la frente en la suya y sintiendo las lágrimas calientes
–ya no te voy a gustar nunca…- entreabrió los
ojos observando el rostro de aquel extraño.
Le pasó las puntas de los dedos por los labios y se los
apretó un poco pasándose el brazo por la nariz luego,
sin dejar de observarlo con aquella cara de “drama”.
Se abrazó a su cuello de nuevo, sus labios lo tocaron sintiendo
el fluir de la sangre y los entreabrió poco a poco, rozándose
con aquella piel suave que los colmillos rasgaron accidentalmente,
cortando como cuchillas afiladas. Un leve gemido escapó de
los labios del albino y la sangre llegó a la lengua del rubio
que como sorprendido y rendido a su instinto, cerró los ojos
por completo abrazándose a él, sumido en aquel placer
de saciar su sed. Hundió los colmillos en su piel notando
el fluir de la sangre por su garganta.
Su mente alejándose por completo de aquel lugar y momento,
volviendo al pasado donde le hubiera gustado permanecer, siete años
atrás, cuando él aún estaba…
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